RELATOS

Una vez iniciado el movimiento supe que no habría marcha atrás, sería difícil regresar a aquello que fui. Hoy soy otro ser: curtido, compañero del esfuerzo, amante de mis kilómetros. Sólo el fin de mis días debería obligarme a parar: ese es mi pequeño sueño.

domingo, 29 de enero de 2017

SÁBADO 28: LA INDIGESTIÓN AL PODER

Mi sistema digestiva siempre está ahí marcando límites, y por el hecho de no irme a corretear ayer por la mañana me hipotequé a tenerlo que hacer tras la comida de trabajo de tipo "copiosa" que me esperaba. Para colmo el evento se demoró terminando a las tantas, con lo que salí de casa 45 minutos después de terminar aquella y sabiendo que se me iba a hacer de noche. No necesité más de 10 zancadas para saber que el estómago se me iba a poner del revés, pero os aseguro que fue peor que eso. Subí por el Camino del Peral avanzando y cada tramo peor que el anterior, no como una cuestión de ritmo, y sí como un problema de compatabilidad fisiológica: elegir entre que tu cuerpo digiera lo indigerible o continue haciendo el esfuerzo al que quieres someterlo. Como soy muy cabezón no le dí elección y así me fue. A la media hora tenía naúseas y una flojera y mareo considerable. Por ir no iban las piernas. Así que me lo tomé como un entreno de sufrimiento, porque volver andando como que no. Y como la idea era hacer unos 17 kilómetros y estaba marcando el circuito de la Vega que tiene poco más de 13, fui tan burro que cuando me llegó la posibilidad de seguir hacia el pueblo y no ir hacia la vía de servicio de la autovía, hice caso omiso a la voz prudente en off que me decía "vete a casa". Así que prolongué el suplicio hasta el borde del desastre. Por la vía de servicio estuve a una ralla de lápiz de echar los higadillos por la boca y no podía ni avanzar. Llegué con un malestar tremendo que podría haber evitado, pero yo ya sé como soy, difícil cambiarlo.

Merche, por su parte, había salido a correr por la mañana y se había marcado otros 17 kilómetros, en su caso mucho mejores que los míos, apretando en la fase final tal y como le había dicho. Ya no habrá más tiradas largas para ella antes de Castellón y quizá lo que hagamos sea alguna aventurilla de montaña a ritmo pausado, que aunque parezca que es perder el tiempo yo creo que es justamente lo contraroi: una oportunidad para relajarse y despreocuparse, que el "pescado ya está vendido" y hay pocas cosas que ganar ya, más al contrario, mucho que perder jugando a ser valientes.


VIERNES 27: CIERRO BIEN LA SEMANA

Ayer estaba de vacaciones, con mucho trabajo en el despacho, eso sí, pero de vacaciones y como del resfriado estaba mejor, aproveché para salir a correr a la luz del día, que se agradece. A eso de las 17:45 salía de casa con bastante tranquilidad, sin pretenciones. Cogí el Camino de Hortezuelas desde la Carretera de Daimiel, y no quiero ni saber al ritmo al que iba, algo lento, eso es seguro. Ya por el camino comencé a entonarme un poco, no sentía molestias, pero tampoco tenía lo bueno, las sensaciones, así que era cuestión de ir encontrándolas, y poco a poco fueron llegando. A mi regreso por el Camino de Moral-La Solana, el viento me daba de culo y comencé a apretar, con zancada corta, sin jugarme los isquios ¡que bastante cargados los tengo últimamente!, y la verdad es que cogí muy buen ritmo, el cual mantuve hasta llegar a casa, volviendo por el camino que tiene esa ristra de tinajas que siempre veo cuando hago el circuito largo de la Sierra del Moral de Calatrava. Completé mis 18 kilómetros y así he podido firmar una semana digna, teniendo en cuenta que no corrí el sábado, con 75 kilómetros. 

No es mi mejor momento pero sigo estando en ello. Si las cosas van hacia donde quiero que vayan esta primavera me veré corriendo una maratón del tipo "solo ante el peligro". Por otra parte ya está decidido que en Castellón haré de liebre, espero que de mejor manera que la última vez.

viernes, 27 de enero de 2017

MIÉRCOLES 25: ME LLEGA UN RESFRIADO

Creo que 2017 esta siendo la continuidad de 2016 para mi; si no es una cosa es otra. El miércoles amanecí con un tremendo resfriado con dolor de cabeza, muchos mocos y malestar general. En cualquier caso no me quise perdonar el entreno y decidí hacer interval de 1' fuerte 1´30´´ más suaves. En un circuito corto, de 9 kilómetros y medio, y sin forzar en demasía noté que el malestar que arrastraba me impedía ir bien. Me sentí pesado, cargado y sin fuerza, pero lo hice y al terminar me encontraba bien de moral.

Merche, por su parte, se fue al gimasio a hacer una sesión de elíptica y bicicleta y acabó contenta.

Ahora bien, el resfriado fue a más ayer jueves y no pude salir a correr; Merche fue al Parque e hizo 10 kilómetros de interval que le dejaron muy satisfecha, pero yo estaba para el arrastre. Hoy me he tomado el día de vacaciones porque tengo cosas que hacer en el despacho y al paso descansaba, y en un rato tengo que salir a rematar la semana haciendo 18 kilómetros. A ver qué tal se da.

 

MARTES 24: UN POCO DE CUESTAS CON MERCHE

La semana estaba siendo mucho más benévola en cuanto al tiempo que la anterior, así que no costó en demasía ponernos la ropa de correr e ir al Angel. Desde el comienzo no dejé que Merche se relajara mucho, teniendo en cuenta que había descansado el lunes, y que en esta semana interesaba cuidar el ritmo. Subimos campo a través muy bien, su mejor subida sin duda, a buen ritmo y sufriendo hasta el final, la bajada con soltura y en lugar e ir a casa fuimos al Parque Cervantes, pero no entramos en el recinto, sino que tiramos para casa. Por momentos nos pusimos a ritmos cercanos a 5´o por debajo de 5´ y me sentí aliviado cuando Merche terminó y me dijo que no tenía molestia alguna.

LUNES 23: 13 KILÓMETROS SIN DESCUIDAR EL RITMO

Tras el subidón del domingo tenía un sentimiento encontrado: por un lado muy contento con el rendimiento de Mercedes, que me está sorprendiendo en estas últimas semanas y se está cumpliendo lo que intuí: si con pocos kilómetros a sus espaldas había sido capaz de rendir como rindió en Doñana, con un poco de entreno de ritmo se pondría como una moto sin necesidad de hacer muchas florituras, y así ha sido. Creo sinceramente que puede hacer 3 horas 55 minutos si rinde bien. Por otro lado me sentía un poco decepcionado conmigo mismo por no poder contar con mis propios retos, pero es cierto que este último desazón es menos importante que la alegría que siento por ella. En cualquier caso tocaba entrenar con intensidad y últimamente me da miedo meterme caña, pero la cosa no salió mal del todo. Hice el circuito de La Vega, de algo más de 13 kilómetros, a ritmo controlado, sin relajarme, tratando de conservar la misma cadencia. La última parte, por el Camino del Peral estuvo bastante bien, me encontré suelto e hice un entreno de lo que quizá no recuerde, pero ni por lo bueno ni por lo malo, un entreno bien empleado.


DOMINGO 22: Y MERCHE HACE SU MEJOR ENTRENO DESDE QUE CORRE

Tras un descanso planificado el sábado, y mira que es raro descansar ese día, Merche y yo nos tomamos muy en serio el que quizá iba a ser su entreno más importante de cara a la Maratón de Castellón; lo que yo había definido como su última y única tirada larga y exigente. Hablo de "su" y no de "mi" por el hecho de que yo me he resignado y he perdido otro tren, el de correr una maratón para mi (ya me pasó en Málaga y ahora vuelve a ocurrir). En cualquier caso no está todo dicho, no me encuentro mal y si lo hago así es por precaución, así que espero correr una maratón esta primavera, esa es mi ilusión. Pero vamos al entreno: me colgué mi garmin, Merche hizo lo propio con el suyo y aprovechamos una mañana fría pero sin viento, para tirar hacia el norte por el Camino de Membrilla, hasta Camino Carretas, vuelta por vía de servicio hasta el Parque Cervantes y de ahí la circunvalación para regresar a casa por la Avenida del Sur: 25 kilómetros y pico tenían la culpa. La idea inicial era cuajar un entreno a 5´50´´ de media, lo que nos dejaría muy satisfechos de cara al reto de Mercedes de bajar de las 4 horas. En cambio "la vida te da sorpresas...".

Salimos calentando, pero el primer kilómetro le marco un 5´ 53´´, así que no le dejo que se relaje y ya desde ese momento comienza el carrusel: 5´42´´ le miro la cara y le veo fresca como una lechuga, así que meto un poco de ritmo en la subida tendida y aprovechando la bajadita de tierra el tercero en 5´28´´, lo que viene siendo casi ritmo de media para ella, sin embargo no se le oye respirar, incluso me quiere dar conversación; el cuarto y el quinto en terreno llano mantienen la tendencia, a 5´30´´ y 5´37´´, vuelvo a apretar un poquitín y caen el sexto y séptimo en 5´30´´ y 5´28´´, y lo mejor es que da la sensación de tener cuerda para largo rato, el octavo aún más rápido: 5´22´´ y ya vamos por el Camino Carretas y sus piedras; pasamos por la gasolinera Shell y cae el noveno en 5´31´´, casi siempre a ritmo constante, y ahora toca vérselas con la vía de servicio y su larga recta llena de repechos; pero Merche tiene su día, no se inmuta no se le ve sufrir y el diez y el once va a 5´29´´ y 5´32´´. el duodécimo vuelve a ser rápido, 5´22´´ y ahora toca llanear antes de la subida, nos da para hace el 13º en 5´32´´ y el catorece en 5´30´´ y comenzamos a subir, y es ahí donde se nota que mi mujer iba cómoda pero no tanto, porque se le nota un poco la caída de ritmo, aún así marca 5´46´´. La bajada hacia el pueblo es lo que se esperaba, bastante rápida, el número 16 sale a 5´16´´ y el siguiente a 5´25´´, hemos metido una marcha más y quizá ella lo nota pero se le ve bien; llegamos al parque cuando llevamos 17,71 kilómetros en 1 hora y 37 minutos a un ritmo medio de 5´32´´, ¡ahí es nada!. Allí bebemos un poco de agua y tres minutos después comenzamos otra sesión con la idea de descalentar, creo que ha sido suficiente, sin embargo mi mujer me dice que de eso nada, quiere seguir corriendo rápido. Así que salimos hacia la circunvalación tratando de coger de nuevo el ritmo; y lo hacemos, ya el siguiente kilómetro sale en 5´29´´, en 5´26´´ el segundo y el tercero y pese a sus repechos en 5´27´´ el cuarto; ya por la Avenida del Sur, no nos cuesta coger buena cadencia: Merche va genial y sale el siguiente en 5´24´´, el sexto, pese a la subida por la Calle Seis de Junio en 5´19´´ y el séptimo en 5´18´´, para completar otros 200 metros más hasta casa. Salen 7,20 kilómetros en 37´50´´ a 5´24´´ de media .

Sumando ambas sesiones resulta el MEJOR ENTRENO DE MERCHE desde que mi mujer corre: 25 kilómetros justos en 2 horas 15 minutos y 44 segundos a 5´26´´ de media

Tras esto tomo una decisión que creo acertada. se ha terminado forzar más hasta Castellón, creo que ya está preparada y más vale conservar lo que ya tiene que jugársela por ser ambiciosos.


VIERNES 20: MARCÁNDOME UN ENTRENO CORTO PERO SIN INCIDENCIAS

Aquel viernes tenía ganas de rematar la semana y sentir que no había descuidado mis deberes. No estaba en mi ánimo forzar, aunque ya por el Camino de Membrilla comencé a meter caña, quizá más de la que debía. la noche era fresca pero se podía correr, de hecho entré pronto en calor. Mi regreso por la vía de servicio se hizo sin incidencias, no me costó mucho subir y me dejé llevar bajando, alargando el entreno yéndome al Parque Cervantes donde y terminando a buen ritmo. Fue un buen entreno entre muchos entrenos regularez o mediocres.

Con él había conseguido rematar una semana de unos 85 kilómetros, no muchos pero al menos sigo corriendo tras las incidencias de este mes de enero. En cuanto a Merche le salieron 62 kilómetros, eso sí, bien escoltados por su buen entreno del sábado anterior, con sus 21 kilómetros a ritmo.


JUEVES 19: DE NUEVO EN EL GIMNASIO Y NEVANDO

El jueves hacía aún más frío que el día anterior, así que tuvimos que repetir la experiencia. En esta ocasión me marqué una sesión de bicicleta continua hasta completar 46 minutos, que también me sentaron bien. Merche hizo de todo un poco, los tres elementos: bici, elíptica y cinta, y tras esto estiramos bastante bien. Al salir todo estaba nevado, la nive había cuajado pero no lo suficiente para que se mantuviera.


MIÉRCOLES 18: LLEGA LA OLA DE FRÍO Y NOS TOCA IR AL GIMNASIO

Nos tocó desistir de salir a correr porque estábamos con un frío tremendo y decidí que debíamos ir al gimnasio. Al paso nos vendría bien hacer algún que otro ejercicio de fortalecimiento, algo que finalmente no llevamos a cabo. Nos pusimos a hacer elíptica, tras ésta hice bicicleta y completé una hora bastante intensa que me dejó buenas sensaciones. Merche también hizo algo de cinta, y tras esto estiramos un rato. Sentí que había sido un buen entreno.


MARTES 17: CON MERCHE EN EL PARQUE

El martes tocaba salir con Merche en una noche fresquita en la que costó decidirse, pero en fin, bien arropados el frío nos respetó bastante. Nos fuimos calentando, yo temoroso de nuevo de mis problemas en la pierna izquierda y Merche como últimamente, sin incidencias y con bastante optimismo. Ya en el parque comenzamos a realizar pequeños cambios de ritmo, cada vez más intensos y largos hasta que completamos un total de 8 kilómetros hechos a buen ritmo.

Lo mejor es que no me encontré mal, bastante mejor de lo esperado.

 


LUNES 16: UN INTERVAL QUE ME DEJA DE NUEVO SERIAS DUDAS

En estos días llenos de altibajos no podía faltar un entreno como el de aquel lunes. Me había vuelto a ilusionar tras comprobar que no había lesión grave, tan sólo contractura, sobrecarga, y quizá no dí el suficiente descanso al cuerpo porque me ví aquella noche volviendo a hacer un interval exigente de los de 1´fuerte y 1´y medio suave. El circuito elegido era ese de algo más de 13 kilómetros que parte del Camino de Membrilla y retoma hacia la vía de servicio de la A4 para regresar por la misma. El caso es que el inicio fue bastante halagüeño porque me sentía cómodo y suelto. Fue llevando los cambios a rajatabla y sin forzar mucho, pero bien es cierto que cuando llevaba una media hora me sentí más cargado de la cuenta, cuando realmente no había forzado lo suficiente. El caso es que no aflojé y seguí con mis cambios ya por la vía de servicio y fue antes de llegar a la cuesta cuando sentí que se me agarraba el soleo de la pierna izquierda, la que me viene dando la lata. Ese dolor subía hasta la parte de detrás de la rodilla y afortunadamente no subía más, pero me hizo pensar otra vez en posibles roturas, así que bajé un poco el pistón. Ya en la falda del Cerro del Ángel me encontré algo mejor y bajé hacia casa de nuevo apretando, pero no estaba dispuesto a fastidiarlo todo así que el último kilómetro lo hice suave.

Merche se tomó el día de descanso

domingo, 15 de enero de 2017

DOMINGO 15: EN SIETE DÍAS REGRESO AL PUNTO DONDE ESTABA

Como si del juego de la oca se tratara caí en en la casilla de "el pozo" y me quedé tres partidas sin jugar, ahí parado, todo un retraso que incluso pintaba peor, podría haber tenido que regresar a la casilla de salida. Sin embargo cuando por fin me tocó turno encadené dos seis dobles y en nada me veo otra vez donde estaba antes de que me saliera la fatídica jugada del pozo. ¿Qué quiere decir esto?, que 8 días después de lo que parece ser que finalmente ha sido una contractura en el biceps femoral de mi pierna izquierda (la buena, la nunca daba problemas), he podido correr prácticamente con molestias cero, y eso después de que ayer hiciera una tirada larga de 21,5 kilómetros con subida a las molinos eólicos incluida. Hoy iba a ser una sesión de transición, donde no había que forzar, prácticamente ir suave, pero me he sentido bien y he tratado de ir ganando terreno, apretando por fases, yendo cómodo, eso sí, no he medido ritmos. He podido seguir, de haber querido, pero ya llegando a casa me he encontrado con Mercedes que iba hacia la zona del Hotel El Hidalgo en su "tirada larga de ritmo medido", para ella un entreno muy importante, así que cuando he llegado a casa me he pasado rápidamente el rulo por los isquios, un par de minutos estirando y he cogido el coche para ir a buscarla y seguirle. La he encontrado en un punto de la vía de servicio entre el citado hotel y Bodegas Navarro López (empresa donde tuve el gusto de trabajar tres años), y la he seguido por la vía controlando con mi garmin su cadencia. Se le veía cómoda y cuando hemos llegado a la gasolinera Shell, donde normalmente solemos coger el Camino Carretas para regresar en oblicuo a casa, le he dicho que siguiera por la vía hacia Consolación, el barrio de Valdepeñas que se encuentra a 15 kilómetros entre mi localidad y Manzanares. Siempre a ritmo controlado entre 5´45´´ y 5´50´´ la he visto constante y cómoda. No le ha costado mucho alcanzar el puente que tenía que cruzar para su regreso. En la vuelta ha apretado, conforme estaba marcado en el plan, y se ha puesto a correr entre 5´30´´ y 5´40´´. El entreno ha terminado en el Hotel el Hidalgo justo para hacer 21 kilómetros a un ritmo medio de 5´50´´, pero claro, contando con que los primeros 5 kilómetros han sido de calentamiento casi todos por encima de 6´. Muy buen entreno para ella.

En estos momentos no barajo la posibilidad de no correr en Castellón, y estoy dudando si hacerlo con Mercedes o en solitario. La idea es correrla individualmente y si de aquí a la fecha marcada todo va rodado y lo de los isquios queda como un mal susto, así lo haré.


sábado, 14 de enero de 2017

SÁBADO 14: Y PRUEBO UNA TIRADA LARGA CON SUSTO INCLUIDO

Esta mañana, secundado por las buenas sensaciones que me transmitían los isquios de mi pierna izquierda, me he armado de valor y he salido dispuesto a intentar una tirada de más de 20 kilómetros. Las primeras zancadas me dicen que estoy mucho mejor, todo marcha mejor de los esperado, pero en el kilómetro 1,6 y sin avisar siento una especie de latigazo eléctrico que me sube hasta el glúteo. Ha sido tan sólo un segundo pero ahora siento la zona bastante molesta. Me paro, y por un momento dudo entre seguir o dar media vuelta y suspender el entreno. Decido continuar; los siguientes minutos discurren tranquilos, me va dejando de molestar y voy entrando en calor. Alcanzo el camino del Peral y me voy acercando a dicho paraje a un ritmo constante y cercano a 5´20´´, no más rápido. Subo por el camino paralelo a la carretera, alcanzo el Camino Carretas y acabo cogiendo el camino pedregoso que me llevará a la pista de subida a los molinos eólicos. Las dudas se han ido yendo, me siento bien, no noto apenas nada raro y puedo ir estirando zancada sin problemas. En la zona más irregular, con un montón de piedras resbalidizas, las zapas resbalan una y otra vez pero no siento nada raro, a pesar de los malos gestos, y alcanzo la pista con decisión y con la intuición de que voy a subir bien, y eso hago, subo bastante constante, con buen ritmo, sin molestias y quizá una de mis mejores ascensiones por estas duras pendientes. En lo alto estiro un poco a la vez que disfruto de las vistas. Estoy casi feliz porque una semana después de surgir el problema me veo otra vez corriendo una larga distancia, así que a la felicidad se une un sentimiento de agradecimiento. Bajo con precaución, y en la zona de ligera pendiente negativa meto una marcha más y me pongo por debajo de 5´, mido sensaciones y no noto molestias. En la carretera pasa lo mismo, todo va bien, y tomo el camino hacia la vega; la vuelta la hago sin incidencias, bueno sí, en la última fase vuelvo a apretar y todo termina sin más problemas, quizá falto de fuerzas, pero eso es harina de otro costal.

Al final 21,5 kilómetros que hubiera firmado hace 4 días.

Merche estuvo perezosa, como el sábado anterior, y ha terminado yendo al gimnasio donde ha hecho algo más de 10 kilómetros en la cinta, eso sí, muy buenos, a un ritmo medio por debajo de 5´30´´.

 


CERRANDO UNA SEMANA NEFASTA PARA EL RECUERDO

Ayer quedaba finiquitada otra semana, la que tendría que haber sido crucial de cara a la Maratón de Castellón y que finalmente ha terminado quedando en : "esos días en los que pensaba que no podría correr y que me sirvieron para recuperar, pero no para afinar ninguna maratón". Castellón quedó demasiado lejos, ya no pienso en su maratón; casi imposible correrla yo solo porque este tipo de lesiones me tienen comido el coco y temo mucho romperme; probable correrla con ella, pero para esto tendría que estar muy recuperado porque el riesgo también existe, y es alto, corriendo a sus ritmos, y cabe la posibilidad de que fuera la primera maratón que no disputo estando inscrito, de hecho sería la primera carrera a la que no asisto por culpa de una lesión.

Pero va, dejémonos de penas; Merche había terminado una discreta semana llena de accidentes también para ella: el sábado debido al frío y a la niebla no se atrevió a salir a la calle y corrió en la cinta, el domingo hicimos la salida de 14 kilómetros, bien hasta la mitad cuando ya no pude seguir y los últimos tres kilómetros los hicimos andando, el lunes descanso, el martes hizo un entreno discreto y el miércoles de nuevo gimnasio, que estuvo bien pero adolecimos de una buena tirada, que tampoco fue la del jueves día en el que no metió mucha caña debido a que iba con ella, y el viernes de nuevo descanso. Digamos que salieron unos discretos 56 kilómetros en los que hemos echado en falta una tirada larga y un entreno de intensidad. Lo mío, al fin y al cabo, diría que mejor: he podido hacer casi 52 kilómetros, pero sobre todo NO HE PARADO, que quizá habría sido lo más prudente, pero viendo como estoy ahora y como estaba hace unos días, siento que he progresado, y eso es mucho.


JUEVES 12: Y CORRO CON MERCHE AUNQUE ME CUESTA SEGUIRLA

Tocó el jueves probar la pierna a ver qué tal. Antes de cenar iniciamos el circuito de los cerros de la aguzadera, por mi parte cargado de esperanza y por parte de ella sin tensiones, pero le venía bien ir acompañada ya que sola por los caminos y de noche no es lo más recomendable. A los no más de 15 minutos comienzo a sentir como las sensaciones iniciales, que fueron buenas, dejan de serlo tanto, y siento una carga desagradable y un ligero dolorcillo espontáneo que se repite a cada pisada, no me gusta nada, pero al menos no tengo tirantez y puedo correr, son sólo molestias no incapacitantes. Con el paso de los minutos la cosa no va a peor y aprovecho para continuar la sesión lleno de esperanza. El ritmo es quizá en torno a 6´ y siento que Merche se va aburriendo un poco. En la subida de la vía de servicio de la A4 me siento más cómodo y lo hacemos los dos con bastante brio, pero al llegar a la falda del Cerro del Ángel siento que ya ha estado bien para hoy y decido dejar de forzar, así que le digo a Merche que tire para adelante, a pesar de que el único frontal lo lleva ella. Bajo por la parte derecha de la vía de único sentido, de frente, así que es casi imposible que un coche me pille, además hay luna casi llena y se ve bastante bien; en esta tesitura voy comprobando como la estela que deja la luz del frontal de ella se va viendo cada vez más alejada, y recuerdo la situación similar, pero más dolorosa, que se produjo en la Doñana Trail; es inevitable pensar que ella cada vez está mejor y yo, por el contrario, estoy entrando en barrena. En cualquier caso, aflojando el ritmo no voy nada mal, apenas me molesta el isquio y eso para mi es un premio inesperado, impensable unos días antes; soy optimista, probablemente todo ha sido una contractura, un acortamiento del músculo que hay que trabajar, pero pareciera que no hay rotura y esto es vital. Ya en casa hago lo que con buen criterio he venido haciendo estos días: rulo, estiramientos variados centrados en la zona afectada y algo de abdominales. Se me olvidó comentar que Merche tiró hacia el parque y no hacia casa, alargando un poco la sesión, con lo que unos 10 minutos después de mi llegada aparecía ella, bastante optimista, había hecho unos 11 kilómetros frente a los 8,5 míos.


MIÉRCOLES 11: YENDO AL GIMNASIO PARA SENTIRME EN MOVIMIENTO

La experiencia del martes había sido sólo a medias positiva, pero la verdad es que el miércoles sentí una considerable mejoría, la zona no me dolía al tacto y el hematoma seguía sin salir, por lo que se iban retrasando los malos presagios. Así que esperé a que Merche saliera del trabajo y nos fuimos al gimnasio. La sesión estuvo bien: primero elíptica que me dejó las piernas muy cargadas y eso que sólo trabajé a algo menos de 100 vatios durante 20 minutos; afortunadamente nada de dolor ni molestias realizando ese ejercicio. Merche hizo lo propio, y tras esto yo me fui a la bicicleta tumbada y ella se fue a la cinta. En la bici estuve otros 20 minutos en los que fui aumentando paulatinamente el nivel y me sentí más cómodo que en el anterior aparato. Se puede decir que entre el trote de ida y vuelta al gimnasio más las distancias hechas en los dos ejercicios terminé realizando el equivalente a 10 kilómetros. Lo mejor vino al final cuando Merche fue aumentando el ritmo en la cinta y acabó a una velocidad de 12,4 kilómetros/hora, claramente por debajo de 5´el kilómetro. Realizó una distancia equivalente similar a la mía.

Ya en casa volví a pasarme el rulo y a estirar y terminé mucho más contento que en la sesión del día anterior. Estaba haciendo más cosas de las que había pensado hacer cuando me encontraba tan maltrecho el domingo.


MARTES 10: TRATANDO DE CORRER E I.M.P.O.T.E.N.T.E

El domingo por la noche no podía estirar, así que el lunes tocó descanso. Por aquel entonces creía que no podría correr al menos en toda la semana y estaba a la espera de que me saliera el hematoma como chivato inequívoco de una rotura. Pero a lo largo del martes una sensación en forma de deseo irrefrenable de correr me asaltó; juro que me había mentalizado a no hacer nada, a descartar Castellón, a relajarme, pero lo del martes fue una reacción física y la mente hizo caso al cuerpo. Cogí el coche y mientras Mercedes iba al parque corriendo yo fui al mismo lugar, aparqué y me puse a dar lentas vueltas, al principio con una sensación muy desagradable y tirante, que fue disminuyendo muy lentamente, a pesar de que no iba forzando nada, calculo que a más de 8´el kilómetro. Me cruzaba con mi mujer y me daba envidia verla tan suelta; ya no digamos lo que sentía cuando otros corredores, algunos con pinta de correr poco, me adelantaban levantando aire a su paso. 

Mercedes dio unas buenas 8 vueltas y yo tan sólo fui capaz de dar 4 a Dios gracias. Tras esto, Merche tiró hacia casa corriendo y yo hice lo propio en coche. Ya en el calor del hogar me puse a pasarme el rulo por los isquios y no era muy doloroso, también estiré un poco.

Con esta breve y casi testimonial salida había conseguido algo para mi importante: sentir que no estaba parado, y a la postre me ayudó a que la semana sirviera, como luego podréis leer.


lunes, 9 de enero de 2017

DOMINGO 8: AHORA VEO LEJOS CASTELLÓN

Comimos en la ciudad que vio crecer a mi mujer y tras una corta digestión salimos a hacer el circuito que lleva por la vía verde a la Estación Linares-Baeza para regresar por la carretera. Hace una temperatura estupenda y el solecito calienta, así que no pienso en el susto del día anterior, porque además no noto apenas molestias. Salimos y en las primeras zancadas soy optimista, no me encuentro mal. Por la vía verde, pendiente a favor nos vamos lanzando a buen ritmo, en eso consiste este entreno: que Merche coja ritmo hasta el kilómetro 7 cuando ya se llanea y luego toca la segunda fase, las fuertes subidas. Todo va bien, no siento la zona cargada, voy suelto, pero no quiero forzar, sin embargo en el kilómetro 4,5 las sensaciones van dejando se ser tan buenas, y comienza el hormigueo que había sentido el día anterior. Tanto es así que en un punto cercano al 6 decido parar y estirar, no me gusta lo que estoy sintiendo y el pesimismo me invade, comienzo a pensar que no podré correr la Maratón de Castellón. Unos metros más adelante el dolor se torno eléctrico y sube hacia el glúteo, no es punzante pero indica una clara carga, así que bajo el pistón y desde ese momento vamos correteando a un ritmo mucho más suave, de forma que de vez en cuando tengo que parar a estirar por que las molestias son insostenibles. Lo peor está por llegar cuando toca subir, porque la pierna se me queda medio tiesa y me recuerda a las sensaciones sufridas en la Maratón de Málaga. Estoy padeciendo y quiero llegar a casa de mis suegros cuanto antes, Merche me propone andar pero yo no quiero tardar mucho en llegar, así que corriendo de punteras, sin talonar voy más cómodo y consigo subir todo el cuestón hasta la Avenida de Úbeda a la entrada de Linares, pero eso sí, llegado al llano no puedo seguir y ya el resto del recorrido lo hacemos andando, mi pierna no da para más.

Ya en casa de mis suegros compruebo que no puedo estirar en noventa grados, siento un dolor horrible al hacerlo, pero al tacto no siento dolor, sí carga. Ya en Valdepeñas intento estirar y apenas lo consigo, cuesta bastante. Así que tomo decisiones rápidas: no correr en Castellón y parar, para cuanto sea suficiente, si soy capaz de hacerlo, ¡no quiero romperme!, eso si no me he roto ya; aunque a día de hoy no veo hematoma.

Merche por su parte se encontró bien, y me temo que todo esto mío puede afectarle en su recta final a Castellón


SÁBADO 7: LO QUE ME TRAJERON LOS REYES: UNA LESIÓN

El sábado no tuve un buen despertar y me levanté sin ganas de salir a correr, máxime cuando me asomé a la ventana y ví lo helado que estaba todo; pero había programado una tirada de un poco menos de 23 kilómetros en progresión y eso iba a hacer, no podía relajarme. 

A las 11:30 salía a completar la primera vuelta de un circuito de unos 11.250 metros, con la idea de hacerla en algo menos de 5´el kilómetro pero no mucho menos, y apretar en la segunda para ir ya a un ritmo crucero de 4´35´´ o 4´40´´ de media. Todo iba bien, quizá demasiado frío y también cierta sensación de carga. Pensé que quizá me debería haber puesto mallas en lugar de ir tan expuesto con el pantalón corto, pero nunca pensé lo que me esperaba unos minutos más tarde...

El primer kilómetro casi calentando a 5´15´´, el segundo ya en 5´pelados y de ahí mejorando y sintiendo buenas sensaciones, sin apretar, conteniendo. Así en el kilómetro 6 alcanzo el Carril del Yeso y viro hacia el pueblo, no me cuesta ir marcando los últimos kilómetros aproximadamente en 4´40´´-4´45´´, cae el séptimo, el octavo y me quedan poco más de 3 kilómetros, voy a gusto, y justo antes de llegar a la puerta del aeródromo siento una carga in crescendo en los isquios parte baja de la pierna izquierda, la buena, la que nunca me ha dado la lata. Conozco esa sensación, ya le he sentido en la otra pierna, sé de la gravedad de esa molestia que ya terminó en rotura en 2013 y que supuso para mi el inicio de mi declive en la Media Maratón de Benidorm, cuando me tuve que retirar a dos semanas de la Maratón de Málaga, y en la propia maratón de la capital andaluza cuando la molestia se convirtió en dolor en el 11 y completé el recorrido casi cojeando y por cabezonería, para unos días después romperme del todo, con hematoma incluido, fisio, etc. Con estos antecedentes intuyo que tengo que aflojar inmediatamente, suspender el entreno y eso hago; no acabo de entender que hecho mal, no iba forzando, no me sentía cargado, no sé de qué va esto ni por qué me pasa esto a mi otra vez, pero me pasa, vaya si me pasa. Así que el resto del recorrido hasta casa lo hago a trote suave, con una cadencia con la que la molestia es menos. Llego a casa y me cuesta estirar la zona, no siento un dolor intenso, no siento pinzadas, pero siento la carga, la tirantez, y no me gusta.

Pero como soy tan cabezón salgo a trotar por la tarde para ver sensaciones con la esperanza de poder comprobar que todo ha sido un susto. Inés con su patinete y yo correteando por el parque damos cuatro vueltecillas suaves en las que siento el dolorcillo localizado que me invita a no apretar, ya digo, sensaciones que ya conozco que me asustan.

Todo queda en stand by a la espera de ver qué tal va todo al día siguiente corriendo con Merche en Linares

VIERNES 6: REMATANDO LA SEMANA CON UNA BUENA TIRADA CON MERCHE

Aprovechando el festivo de los Reyes mi mujer y yo nos "regalamos" una tiradilla cuasilarga en un día de la semana en la que no solemos meternos caña, un viernes. Pero de esta forma podríamos desquitarnos del inicio flojo de semana motivado por el fin de año. Así que hicimos de nuestra capa un sayo y nos fuimos por el Parque Cervantes hacia el Camino de Hortezuelas, ese que sale de la Carretera de Daimiel y lleva hacia la Sierra Prieta. Con la comida aún dando vueltas en nuestros sistemas digestivos, algo que siempre llevo yo pero que Mercedes, pero lo peor era el frío que desde luego no preví bien, ya que íbamos sin guantes y no hacia tarde para eso. Fuimos cogiendo ritmo y alcanzamos el Camino de La Solana- Moral de Calatrava y de ahí hacia la derecha con la esperanza de que la gélida brisa que nos daba de frente dejara de molestarnos, pero no fue así, siguió haciéndolo. Sin embargo esta zona es más rápida y Merche se puso algo más las pilas poniéndose claramente por debajo de 6´el kilómetro, aproximadamente a 5´45´´ ritmo que ha entrenado bastante en estas semanas. Llegado al cruce de caminos que te encuentras en el 10,5 viramos a la derecha por el camino que nos lleva hacia Valdepeñas; la otra alternativa hubiese sido continuar de frente hacia la Carretera de Daimiel y llegado el caso seguir hacia el Hotel el Hidalgo, pero eso hubiera supuesto kilómetros extra y no llevábamos foco, a sabiendas de que íbamos muy justos de luz natural. En el último camino hacia casa la brisa, sin dejar de molestar del todo, si que ya no daba tanto y pudimos calentarnos un poco, pero ya casi caía la noche, por lo que al llegar al cruce con la Carretera de Daimiel en lugar de seguir por la misma hacia la rotonda decidí continuar por el carreterín hacia el puente de la autovía que hay tras el Parque Cervantes, cuando ya las sombras se alargaban en las penumbras. Y así entramos en el pueblo ya con luz artificial y pudimos completar una más que digna tirada de 17 kilómetros que finalmente salió a una media de 6´el kilómetro exactos. Buen entreno para Mercedes que le permitía culminar una difícil semana con unos más que dignos 68 kilómetros y cinco sesiones, y en mi caso, terminaba bastante contento con 93 kilómetros y un pleno de días de entreno.


jueves, 5 de enero de 2017

JUEVES 5: A VER SI LOS REYES ME ECHAN UNAS PIERNAS NUEVAS

Hoy he vuelto a salir antes al mediodía. Me encontraba cansado y además corría una desagradable brisa del norte que ha hecho que la ida de mi entreno, por el camino de la vega, se haya hecho desgradable y un tanto decepcionante porque no había forma de coger buen ritmo. Ya en el regreso, con el viento de cola, la cosa ha mejorado mucho y en seguida he cogido ritmo. Lo mejor ha venido a falta de 4 kilómetros para llegar a casa, en el Camino del Peral, donde he cogido ritmo de crucero y he podido hacer 17 minutos y 20 segundos a una media de 4´20´´, pero no he terminado satisfecho del todo debido a la carga considerable que llevaba en las piernas. Está claro que correr a esos ritmos no es fácil para mi ya.

Pero la parte positiva es que sumo otros 10,50 kilómetros, que más lo que haga mañana, con casi toda probabilidad en Linares, me llevarán a una semana fructífera en cuanto a distancia y a intensidad, mucho más no puedo hacer


MIÉRCOLES 4: INTERVAL 1´FUERTE-1´30´´ SUAVE QUE ME DEJÓ HECHO POLVO

Ayer salí antes de comer, justo cuando el sol hacía agradable correr. Cogí el camino de la vega con mi protocolo de 1´fuerte y 1´30´´, pero como llevaba el Garmin me obsesioné con los ritmos que iba marcando y eso me agobió un poco, tanto es así que me ví corriendo demasiado fuerte y me desfondé. Logré, eso sí, hacer, tras un kilómetro de calentamiento, 5,2 kilómetros a un ritmo medio de 4´35´´ que puede que parezca que no es muy exigente pero realizando los cambios fue para mi bastante duro, sobre todo partiendo del hecho de que los últimos cambios fueron más rápidos; así que tuve que parar tomar un poco de resuello, descalentar durante unos minutos y entonces comenzar de nuevo, ya por el Camino del Peral. Con pendiente favorable los primeros cambios salieron muy bien, un primer kilómetro en 4´27´´un segundo en 4´30´´ pero ya en llano, y los dos últimos algo más pausados, para realizar una nueva media de 4´43´´. Por tanto satisfecho con los algo más de 11 kilómetros realizados.

Por su parte Merche vino de trabajar sin ganas de correr, pero de nuevo sacó fuerza de donde no la había y se cambió. Yo no quise dejarla sola así que le seguí en la noche con el coche; realizó un circuito de 11 kilómetros y medio a ritmo constante y vivo, no en vano se marcó 1 hora y 4 minutos, terminando muy satisfecha.


MARTES 3: CORRIENDO CON MERCHE Y SUBIENDO EL ANGEL

El día anterior Merche llegó del trabajo a las 20:30 horas y lo que menos le apetecía era salir a correr, pero ella también tiene metida en su cabeza la Maratón de Castellón, por lo que se cambió y salió a correr. Me daba palo dejarla sola por lo que me fui en coche al parque y estuve viéndole pasar vuelta tras vuelta a su ritmillo. Hizo 10 kilómetros justos en 55´y pico, osea que fue un entreno de calidad.

Pero el martes sí quería correr con ella, así que la esperé a que saliera de su trabajo y nos fuimos por el Camino de Membrilla a hacer el circuito de los cerros que hay detrás del cerro del Ángel. Le fui marcando el ritmo a aproximadamente 5´50´´, y por el camino irregular le costó un poco más, aunque subió bien por la vía de servicio y aún mejor subió al cerro por el carreterín, quizá la vez que mejor lo ha hecho desde que está corriendo. Bajó también fuerte y ya en el asfalto nos pusimos a meter caña y sus piernas respondían. Alargué tirada yendo al Parque Cervantes y nos salieron más de 12 kilómetros muy majos hechos en 1 hora y 11 minutos, con la subida incluida, osea, muy bien.

LUNES 2: YA ESTÁ AQUÍ ENERO NO QUEDA NADA PARA CASTELLÓN

No cabe relajarse; el resultado será luego el que tenga que ser, a juzgar por las últimas experiencias no será satisfactorio, pero no quiero luego pensar que no puse toda la carne en el asador. Tengo ganas de afrontar otra maratón competitiva, la última sin acompañar a mi mujer fue en Valencia 2014, así que no cabe más remedio. En cualquier caso tenía toda la semana de vacaciones y eso se agradecer porque puedes salir a correr en horas en las que no hace mucho frío. Eso hice, a eso de las cinco menos cuarto salí dispuesto a realizar una tirada a ritmo medido cercano a 5´el kilómetro, nada de hacer el burro. Fui marcando ese ritmo hasta que me dí cuenta de que ya iba más rápido, pese a ir subiendo camino del Peral, pero no me importó, me dejé llevar, tampoco es que fuera muy rápido. El regreso fue más amable para mis piernas y sobre todo cuando me ví bajando por el camino que corta en el 4,2 con la Carretera de San Carlos del Valle. Estaba forzando y las piernas lo notaban así que justo cuando el garmin marcó el kilómetro 9 paré (había hecho el último kilómetro en 4´24´´); unos segundos después reanudé la marcha iniciando un nuevo recorrido; el anterior había salido a una media de 4´54´´ que no es que fuera gran cosa, pero había forzado en demasía al final. Sin embargo el hecho de ir caliente me hizo ponerme nuevamente por debajo de 5´casi sin quererlo e ir marcando cada uno de los cuatro kilómetros y pico que me quedaban a un ritmo cercano a 4´45´´.

Al final había acumulado 12,7 kilómetros y había cumplido el objetivo, aunque estaba cargado de más.


DOMINGO 1 DE ENERO DE 2017: TODO COMIENZA OTRA VEZ

Todo comienza de nuevo. Tras un largo viaje de regreso a casa, pude llegar a tiempo de ponerme las zapatillas e irme a correr. No quería perdonarme esta sesión para así correr el primer día del año, acumular otro entreno de cara a Castellón y compensar un poco los excesos cometidos el día anterior. Hacía mucho mucho frío y mucha niebla, y como todo iba a ser un tanto especial decidí estrenar zapatillas: las NB Vazee Pace. Cogí la Avenida de las Tinajas un tanto taciturno tratando de evaluar las primeras zancadas con estas nuevas ruedas, y la verdad es que las sensaciones no eran malas. Cuando hube llegado a la falda del Cerro del Ángel, me dejé de historias y me puse a realizar uno de mis cansinos interval de 1´fuerte y 1´30´´. Desde el comienzo de los cambios de ritmo las cosas rodaron mejor de lo esperado. Eso sí, las condiciones climatológicas no eran las mejores, porque la luz del foco se reflejaba en la niebla y no se veía nada. Fui avanzando respetando cada uno de los cambios y mentiría si dijera que iba disfrutando un montón, pero tampoco se me iba a haciendo desagradable. La vuelta por la vía de servicio contraria es bastante más dura con repechos considerables y me costó un poco, pero al final alcancé nuevamente la avenida y continué realizando cambios hasta que ya en las cercanías de casa los dí por terminados. Había hecho entre pitos y flautas unos 12 kilómetros y medio, de los cuales un poco menos de 10 habían estado dedicados a los cambios. Ya en el calor del hogar sentí que había hecho bien mis deberes.

Merche no salió a correr, pero era normal. Además la semana anterior había cumplido bien y en esta cabía cierta relajación.


SÁBADO 31: CORRIENDO A -10º EN SORIA

El viernes 30 salimos a eso del mediodía dirección a Soria capital, donde íbamos a pasar el Fin de Año. Tuvimos que parar en algún punto de la autovía A2 pasada ya Guadalajara y tras una reponedora comida al lado de una acogedora chimenea reanudamos el viaje. Llegamos a eso de las 17 horas a la capital soriana y poco tiempo nos dio a hacer muchas cosas; el hotel, Hotel Cadosa, estaba a unos 4 kilómetros de la ciudad en la nacional que une Soria con Zaragoza y una vez hechos el check in y dejadas las maletas nos fuimos a dar una vuelta por esa ciudad a "orillas del Duero". Mucho frío el que nos esperaba pero pudimos disfrutar callejeando, viendo edificios, iglesias, comiendo castañas asadas y contemplando como un montón de locos calentaban motores para correr la San Silvestre. Cenamos un bar y a eso de las 10 de la noche regresábamos al hotel.

Era obvio que tanto Merche como yo nos habíamos tomado el día de descanso en cuanto a correr se refiere pero a la mañana siguiente nos esperaba una buena: correr antes del desayuno por un circuito que me había hecho en la wikiloc

















Lo había elaborado cruzando los dedos ya que no sabía de si al realizarlo nos encontraríamos alguna valla u otro impedimento que nos chafara el plan. Lo que es cierto es que sobre el papel pintaba bien ya que se podía apreciar extensiones grandes de árboles, probablemente pinos, como así acabo siendo.

El despertador sonó a las 7:45 y costó un poco desperezarse, pero había correr por obligación y por tradición (siempre lo hacemos el día 31 allá donde estemos). Sabíamos que Soria sería de los sitios más fríos de toda España en esa ola invernal que nos estaba atravesando así que esperábamos más de 8 grados bajo cero, sin embargo al salir a la calle la sensación térmica no fue muy ostensible, eso sí, íbamos forrados de tela hasta las cejas. Puse el garmin en marcha y comenzamos el recorrido, con un primer kilómetro por la carretera para luego coger una pista bastante llanita, y afortunadamente sin vallas. Pronto comenzaron a aparecer los primeros árboles para amenizar mañana tan fría, todo blanco como si hubiera nevado, y el único impedimento era que los dedos iban semicongelados, pero esperábamos que entraran en calor. Del ritmo no hablamos, bastante lento, pero no era día para correr rápido, sino para llevar a cabo la aventurilla. Giramos a la derecha conforme las indicaciones de la pantalla y el paisaje comenzo a embellecerse a marchas forzadas, siempre por pista o sendas llanitas rodeadas de vegetación y TODO PÚBLICO.  En el kilómetro 3 tomamos una pista ancha y blanca bordeadas por pinos y castaños muy altos, íbamos corriendo entre bosques frondosos, todo un privilegio, siempre subiendo hasta alcanzar los 1.150 metros de altura, pero no es que hubiese sido duro, tan sólo habíamos ascendido unos 100 metros, ya que el punto de partida era bien alto. Después vino una zona preciosa, con zig zags en las pistas, bajando entre una gran espesura entre helechos congelados. Pero en el kilómetro 8 viramos por otra pista hacia la izquierda y desde ese momento notamos mucho más el frío, y no es que hiciera brisa, aunque la nueva orientación nos había hecho meternos en una zona donde había al menos 3 o 4 grados menos. Desde ese momento comencé a notar como se congelaban nuevamente mis dedos, y a Merche le pasaba lo mismo. Cruzamos un puente encima de unas viejas vías de tren y en los siguientes dos o tres kilómetros lo pasamos casi mal con la exposición al frío. Sin embargo en el 12, en una zona de menos vegetación el sol comenzó a calentarnos levemente y en seguida la cosa mejoró. Estábamos llegando a la Ermita del Cristo de los Olmedillos, y no se nos olvidará lo que allí nos encontramos





Fue acercarnos a las inmediaciones de lo que parecía una finca privada junto a la ermita vimos aparecer un pedazo mastín de 3/4 de metro de alto y que nos ladraba con un tono de pocos amigos. Mercedes le tiene pánico a los perros así que la situación no fue lo más agradable. Ella dio media vuelta y comenzó a correr en sentido contrario y el perro por instinto arrancó; yo me quedé parado y le voceé tratando de amedrentarle a la vez que le decía a mi mujer que parase, que no corriera. Afortunadamente funcionó, el perro se paró, aunque siguiera ladrando, y nosotros nos fuimos andando hacia la vía de ferrocarril que discurría casi en paralelo. Merche de los nervios y el perro que no dejaba de acecharnos, mientras corríamos saltanto de viga en viga por la vía. TRas unos minutos un tanto acalorados, remontamos la margen izquierda de la vía y fuimos campo a través hasta encontrarnos nuevamente con el camino, ya a unos trescientos metros de la finca. El perro seguía ladrando pero ya no iba a ir a por nosotros. Está claro que no pudimos ver la ermita, y aunque el camino es público, seguro que el perro no tenía ganas de compañía. Los siguientes minutos fueron rápidos, quizá fruto de la adrenalina y de la pendiente favorable y en el 14 llegábamos al cruce por el que habíamos pasado a la ida. Si seguíamos todo recto iríamos corriendo sobre los pasos ya hechos, pero el recorrido nos llevaba a la derecha, eso hicimos. Subimos por una cuesta hasta casi alcanzar un repetidor de telefonía y por ahí vimos un loco corriendo como nosotros. El recorrido nos desviaba por un recorrido distinto al que llevaba nuestro compañero, y luego descubrí que esta parte de la ruta esta muy difuminada, pero es igual, fue un poco más aventurera. Llegamos a unas canteras y de ahí para abajo hasta llegar a la carretera, por último unos 400 metros más y FINAL, habíamos completado unos magníficos 17,5 kilómetros, muy fríos pero inolvidables. 

Ya en el hotel, tras la ducha de agua muy caliente pudimos disfrutar de un magnífico desayuno. Después pudimos pasar un magnífico día visitando un poco más Soria, Burgo de Osma (también muy bonito) y una maravilla de la naturaleza llamada El Cañón de Rio Lobos, muy muy recomendable. Colgaré las fotos en cuanto pueda.

La cena fue magnífica y despedimos ese 2016 con las ganas que te da el desear que vengan tiempos mejores, los tiempos que nos ha de traer 2017.