RELATOS

Una vez iniciado el movimiento supe que no habría marcha atrás, sería difícil regresar a aquello que fui. Hoy soy otro ser: curtido, compañero del esfuerzo, amante de mis kilómetros. Sólo el fin de mis días debería obligarme a parar: ese es mi pequeño sueño.

sábado, 13 de octubre de 2018

SEMANA DEL 6 AL 12 DE OCTUBRE

Semana dura la que ha terminado que venía tras dos fines de semana seguidos de competición en montaña, justamente lo previsto de cara a nuestra preparación para la Doñana Trail. Había que dejar descansar las piernas un poco por lo que la idea fue hacer un mini e improvisado tapering, de forma que descansé sábado (el día antes de la carrera), lunes y miércoles. Merche, a su vez, descansó sábado, lunes y jueves. Eso sí, hemos terminado la semana a lo grande, con una macro tirada de 40,5 kilómetros aprovechando el festivo del 12 de octubre.

Esto ha acontecido:
  1. Sábado 6 de octubre: descanso.
  2. Domingo 7 de octubre: competición en ONIL, con calentamiento 26,5 kilómetros.
  3. Lunes 8 de octubre: descanso.
  4. Martes 9 de octubre: entreno de 9,5 kilómetros a ritmo exigente.
  5. Miércoles 10 de octubre: descanso.
  6. Jueves 11 de octubre: 8,5 kilómetros suaves.
  7. Viernes 12 de octubre: 40,5 kilómetros por la Sierra del Moral de Calatrava.
TOTAL: 85 kilómetros

A tres semanas del desafío de la Doñana Trail, toca ir bajando poco a poco el pistón. Algo así como 70, 60 y 50 kilómetros en las tres semanas que nos quedan.

 

CRÓNICA DEL TRAIL DE ONIL: SIEMPRE VUELVES DONDE TE TRATARON COMO EN CASA

Los antecedentes

Allá por mayo de 2016 Merche y yo nos inscribimos a un trail en Onil, Alicante. Había que coger fuerza durante la primavera para afrontar retos importantes, como la Doñana Trail. El caso es que cuando llegamos allí nos encontramos con que la prueba había sido suspendida por riesgo de incendio. Sin embargo contactamos con la organización y al día siguiente pudimos hacer el recorrido con ellos y tras el entreno disfrutamos de una "comilona". Nos agasajaron con dos bolsas de corredor sin haber competido y nos ganamos un montón de amigos. En ese mismo año, en octubre, tuvo lugar finalmente la prueba y allí estuvimos de nuevo, esta vez compitiendo, y Merche se trajo un trofeo, yo me llevé buenas sensaciones y nos volvieron a hacer sentir "como en casa". Un mes después fue la Doñana Trail, donde Merche sorprendió a todos con un fabuloso "primer ultra" en el que demostró que lo suyo eran los kilómetros.

Al año siguiente nos invitaron a la prueba pero ya estábamos comprometidos con otro trail y nos emplazamos a 2018 para regresar a tierras alicantinas, como finalmente así ha sucedido.

El preámbulo.

Habíamos alquilado un apartamento para cuatro en el centro de Onil, así que el sábado llegamos a dicha localidad y Marleen, la dueña del alojamiento, nos estaba esperando. Nos quedamos sorprendidos de lo bien montado que estaba todo, con muebles nuevos y a disposición para hacer vida directamente. Eso y la amabilidad de la dueña nos hizo pensar que es de tontos no repetir en el futuro.

Tras acercarnos al centro y charlar con algunos de nuestros amigos de la organización, cenamos pizza de horno mientras veíamos un "inolvidable" espectáculo de fuego que nos dejó literalmente "con la boca abierta".

Tras esto un fabuloso helado alicantino y a dormir. Descansamos bien, y cuando sonó el despertador me sentí motivado a iniciar una nueva aventura, eso sí, preparatoria de nuevo de la Doñana Trail, un deja vú de lo de 2016.

Recogimos el dorsal a las 08:15 horas, regresamos al apartamento para preparar todos los complementos y a las 08:40 ya estábamos calentando sin darnos más tiempo a más, hasta que sonó el pistoletazo.

¡Javi!, te estás haciendo viejo muy rápido

No recordaba de lo exigente de este trail, pero pronto se me refrescó la memoria. Los primeros kilómetros son bien duros con subidas que invitan a andar, pero ¡nadie andaba!, así que a costa de asfixiarme subo cómo puedo, sufriendo más de la cuenta. La senda da algún respiro y trataba de lanzarme pero no había forma, ahí iba yo siguiendo a un corredor de verde, con quien a la postre haría la goma durante casi toda la prueba.

Ya en la pista trato de coger un poco de ritmo pero nada, resultaba casi imposible. En el paso por el primer avituallamiento Javi, de la organización, me da ánimos al tiempo que veo que el de verde se queda bebiendo. Hasta ese momento llevamos 3,7 kilómetros, hemos subido unos +300 metros, eso sí, con algunas bajaditas, y he marcado 25´, a poco más de 6´el kilómetro.

Aprovecho para coger la senda ascendente para abrir el primer turroncillo y descubir que las piernas comenzaban a querer ir y eso que la senda pedregosa tuebe fuerte pendiente. Ya en el kilómetro 5 nos toca subir por una senda en el bosque de esas que machacan las piernas, bajamos un poco y luego toca ascender una pared considerable, ¿se me había olvidado esto o es que soy mucho más viejo?.

El de verde y otro corredor bajito con gafas de sol van a mi acecho, pero me resisto a dejarme coger. Tras adelantar a un corredor en otra pared de fuerte pendiente enfilo hacia el avituallamiento del 7,5 donde estaría, Santi, de la organización. Parece que me he recuperado un poco y que es tiempo de comenzar a disfrutar. Tras marcar en el avituallamiento 55´ y unos pocos segundos, ficho sin parar. En ese momento no lo sé, pero dos años atrás había marcado por ahí 54´pelados, tan sólo había perdido 1 minuto.

Ahora viene lo técnico

La bajada tras el avituallamiento es rápida y no muy técnica. Pero un kilómetro después ya me veo otra vez subiendo al 20% de desnivel positivo, luego un tobogán bien duro, un verdadero rompepiernas y tras esto viene una de las dos bajadas de fuerte pendiente y complicadas. La hago bien, fuerte, además el pie derecho no se resiente lo cual me hace pensar que he superado los problemas que he estado teniendo las últimas semanas, y sin darme cuenta, tras mil piedras entre frondosos bosques me veo subiendo y mientras mis dos compañeros de viaje (el de verde y el bajito) siguen con el cuchillo entre los vientes tras mi cogote.

En el 10, cuando todavía estoy subiendo hago balance: sólo llevo un turroncillo comido, una pastilla de sales y, eso sí, voy tomando buenos sorbos de isotónica. Me preocupa el no ir comiendo, pero es que la carrera no da tregua y no encuentro momentos de esos largos en subida para poder comer tranquilo. He marcado los segundos cinco kilómetros en 38´11´´ lo que me da un total de algo más de una hora y 14 minutos en los 10 primeros (dos años antes lo había hecho en 1 hora y 11 minutos 43 segundos, lo que significa que he perdido otros minuto y pico más en este tramo).

Afronto la segunda bajada, la complicada, con confianza; las piernas me siguen yendo y no me siento débil, aunque tampoco es que vaya que me salga. Caemos 200 metros de desnivel en unos 800 metros lineales avanzando por un barranco complicado lleno de piedras y agujeros que nos invitan a ir pegando saltos como las cabras. En mitad del obtáculo me pasan uno, dos, tres corredores, entre ellos van, como no, el de verde y el bajito. Esto supone una caída en picado de mi moral. Aún así les sigo en la distancia hasta que llegamos a lo más bajo y nos indican que toca subir.

La larga subida a las antenas

Por delante tengo casi 3 kilómetros de subida sin descanso, a veces técnica y lenta, otras corrible. He logrado pillar al de verde y al bajito en la primera parte de la subida, la más complicada, y cuando alcanzamos la pista en franca subida, comparto metros con ellos para comprobar que en llano el de verde se me va, tiene mucho ritmo. Ha comentado que es su primera prueba de montaña y me cuesta creerlo a juzgar por cómo se desenvuelve. El bajito y yo compartimos algo de charla, aunque no tengo muchas ganas de hablar. Siento que no estoy rindiendo en esta parte como merece la ocasión, porque creo que estoy andando más de lo que anduve hace dos años y, por tanto, corriendo menos de lo que entonces corrí.

Finalmente el bajito se me acaba yendo también, justo cuando se ve la cima ahí delante. Cuando alcanzo el avituallamiento de lo alto no paro y compruebo que el de verde y el bajito están ahí parados, ¡alguna ventaja tenía que tener eso de llevar peso!. En ese punto llevo 1 hora 55 minutos y 40 segundos (tres minutos más que hace dos años).

Desde las antenas hasta el mismo Onil

Bajo por la pista y cojo la senda llena de indicaciones botánicas, justo cuando el de verde me alcanza y se pone a mi altura. Los últimos 5 kilómetros los he marcado en 44´42´´ a casi 9´el kilómetro.

Hacemos el tobogán técnico que nos ha de llevar al avituallamiento del 17,5 (que es el mismo que el del 7,5) sintiendo que estoy haciendo las cosas bien. Unos minutos después el corredor bajito se nos une y comenzamos la última subida importante del recorrido. Llegamos al avituallamiento en 2 horas y casi 59 minutos (más de 4 minutos pérdidos respecto a Onil 2016). Por supuesto no paro, y ellos dos sí, así que enfilo la bajada con ganas de dejarles atrás y no volverles a ver, ¡pero no!, a la altura de la pista me alcanza el de verde y hacemos un kilómetro y medio bien rápido, de hecho el 18º me sale en 4´40´´. Nos alcanza el bajito y los tres acometemos la senda técnica que nos ha de llevar a la pista, y ahí se me van un poco. La última bajada pedregosa la hago como puedo, algo contrariado por el hecho de que se me hayan vuelto a ir, y al alcanzar la pista y el último avituallamiento los alcanzo nuevamente porque han parado unos segundos. Los últimos 5 kilómetros han caído en 32´ 53´´, bastante rápidos.

Desde ahí tobogán por pista por el mismo sitio por el que fuimos a la ida, hasta que cogemos la escorrentía del arroyo, divertida y técnica, donde tanto sufrí dos años atrás. En esta ocasión voy algo mejor, siguiendo a esos dos corredores pero sé que no podré pasarles, voy con la gasolina justa. Por fin dejamos el río en una subida corta pero muy empinada que me deja las piernas tiesas. Justo en ese punto, el 22 y medio, marco 2 horas 46 minutos y 50 segundos (dos años antes 2 horas 45 minutos 16 segundos, es decir había mejorado bastante este último tramo). El problema es que siento que las piernas no me van, se han quedado agotadas tras el tute del río y de la última subida, y necesito comer pero ya es tarde. Se me ha ido el de verde y se me va el bajito, me siento mal y en un repecho que es casi un falso llano doy unas zancadas andando, aunque en seguida retomo la carrera y sufro lo que es un mal kilómetro hasta alcanzar el pueblo, que ya es en franca bajada; me dejo caer y la última avenida la hago sensiblemente más lenta a como la hice en 2016, y paro el crono en 2 horas 58 minutos 18 minutos (2 horas 56 minutos 12 segundos por aquel entonces). Me he quedado descolgado en mi categoría, pero si hubiera tenido 50 años, para lo cual me falta un año y medio, habría sido primer clasificado máster; ¡a ver si las piernas aguantan un poco más!.

Eso sí, he llegado muy cansado, pero sin calambres, nada que ver con lo de la semana anterior. Se puede decir que he aprobado el examen, pero no con gran nota.

Bebo, me refresco en la fuente, voy renqueante al apartamento, me ducho y regreso para ver llegar a Merche, pero cual es mi sorpresa cuando compruebo que ya ha llegado, ha hecho 3 horas 40 minutos, frente a los 3:54 de 2016, ¡menuda crack!. Ha sido 4 mujer de la general y segunda de su categoría.

El resto es lo mejor. La entrega del trofeo a mi mujer, también le ha tocado un juguete por sorteo y a Inés le acaba regalando la organización un muñeca muy chula, ¡totalmente agasajados nuevamente!. Charlamos con Javi, Vicente, Santi, y un montón más. La barbacoa les ha salido estupenda y la organización ha sido casi perfecta por no decir perfecta.

Regresamos al apartamento donde Merche se ducha y recogemos todo y nos vamos a Alcoi a saludar a nuestro amigo Juan Manuel Talens. Por el camino vamos satisfechos sabiendo que todo ha salido de 10 y que a buen seguro que regresaremos en otra edición.

Agradecimientos

Gracias otro año más a toda la familia que hemos dejado en Onil. En ningún lugar nos tratan como allí. 

He aquí unas fotos.






























sábado, 6 de octubre de 2018

SEMANA DEL 29 DE SEPTIEMBRE AL 5 DE OCTUBRE

Semana marcada por, de nuevo, los problemas de horarios por la vendimia y también por el tute del pasado domingo en el Trail de Valdepeñas de Jaén. El lunes estaba tan tocado que decidí descansar, y el martes aún tenía molestias. En la parte final de la semana me he sentido mucho mejor, pero el bagaje de la semana no ha sido muy fructífero, quedando sólo el consuelo de que lo de Valdepeñas de Jaén haya servido de cara a la preparación.

Esto aconteció:
  1. Sábado 29 de septiembre: hice un entreno para mover las piernas en la vía verde de Linares. 5 kilómetros.
  2. Domingo 30 de septiembre: entre pitos y flautas unos 29 kilómetros, con el calentamiento. Fue una competición que sirvió mucho más que como un mero entreno.
  3. Lunes 1 de octubre: descanso, estaba hecho polvo.
  4. Martes 2 de octubre: Merche y yo fuimos a hacer 6 kilómetros de trote más un poco de bicicleta estática, unos 3 kilómetros extras.
  5. Miércoles 3 de octubre: Merche y yo hicimos un buen entreno nocturno de 10 kilómetros, a ritmo suave, eso sí.
  6. Jueves 4 de octubre: pude hacer un buen entreno en el gimnasio con 45 minutos de elíptica metiendo caña, unos 10 kilómetros extras.
TOTAL: 63 kilómetros

Pocos kilómetros, pero hubo competición por medio. Veamos qué acontecen en las próximas tres semanas. Por lo pronto, mañana día 7 toca Trail de Onil, a ver cómo están esas piernas.

 

CRÓNICA DEL TRAIL: PRIMER DESAFIO EXTREM VALDEPEÑAS DE JAÉN

Los preámbulos

El sábado al mediodía poníamos rumbo los 4 a Linares, a casa de mis suegros. Casi todo el sábado lo pasé enganchado al móvil tratando de resolver problemas de la vendimia, por lo que parecía que el estrés laboral no me lo había dejado en la puerta del trabajo a la salida. Ya por la tarde casi anocheciendo me fuí a mover un poco las piernas, más por remordimientos que por otra cosa, e hice unos 5 kilómetros por un viejo circuitín que realizaba cuando esto del running no era nada más que una dedicación puntual de allá para cuando. 

Nos acostábamos pronto porque al día siguiente tocaba madrugón, pero me costaba pegar ojo. El caso es que a eso de las 6 de la mañana tocó estar en pie, y algo me decía que la jornada no iba a salir muy redonda.

Tras realizar todos los preparativos cogimos el coche y nos fuimos a nuestro destino, pasamos por Jaén capital y desde ahí algo más de 30 sinuosos kilómetros. Llegamos al Centro BTT La Pandera, donde tendría lugar la salida y tuvimos suerte de encontrar fácilmente aparcamiento. Recogimos los dorsales y nos pusimos a calentar

Las dudas previas

Pese a tratarse de un entreno de cara a la Doñana Trail, Merche mostraba sus dudas y miedos, muy presentes en los previos de las carreras por montaña. Yo en cambio parecía más seguro de mi mismo, pese a partir de una situación de forma mucho peor que la de mi mujer, que se encuentra casi en el top. Correteamos un poco y pronto nos vimos en línea de salida. Todos juntos, los de la larga, 28 kilómetros, los de la corta 20 kilómetros y senderistas.

El beso previo, que no falta y ¡ya!, vuelta a la competición.

Hasta el final de la primera subida

Las sensaciones iniciales no son malas, son más bien neutras. No tengo molestias pero noto que no voy suelto. Así que me pongo en modo reservón y me dejo llevar. Atravasamos el pueblo hasta llegar a una zona bonita paralela a un río el cual atravesamos en varias ocasiones, se trata de "Las Chorreras". Tras esto salimos a campo abierto y atravesamos un polígono, hemos regresado a la zona de la salida y en seguida cogemos una pista ascendente y las piernas comienzan a notarlo. Atravesamos un bosque bastante chulo, pero no es hasta el kilómetro 6 donde la cosa comienza a ponerse más seria. Hasta ese punto me había mantenido realizando una media en torno a 5´50´´el kilómetro pese a subir casi 300 metros positivos, 29 minutos en los primeros 5 kilómetros

Los siguientes 5 kilómetros son más duros pero también más chulos. Vamos por sendas subiendo y subiendo hasta rozar los 1700 metros de altura, y el +500 se nota, realizando en 47 minutos, a más de 9´de media, una hora y 16 minutos en los primeros 10 kilómetros. Sensaciones como de no ir mal, pero tampoco como para tirar cohetes. Además voy fogeándome con otros corredores de la corta que me hacen forzar de más la máquina.

En cuanto a la logística, bien, sin parar en los avituallamientos, bebiendo sorbitos de isotónica y comiendo un par de turroncillos que me sientan bastante bien. 

Hasta aproximadamente el 11,5 seguimos subiendo, y en esta parte vienen rampas durillas, pero justo en la cresta toca bajar, en una zona técnica donde temo que mi pie derecho, últimamente maltrecho, me dé guerra, sin embargo no es así. Esquivo bien las piedras, voy dando saltos y compruebo que la gente no se me va. Es ahí donde se separa la carrera corta de la larga y por fin me veo con la gente con la que compito directamente.

La soledad y el quiero y no puedo

En esta parte resulta incómodo agachar el lomo para no toparte con las ramas de los pinos, lo cual es un serio inconveniente, pero me siento menos estresado, por momentos disfruto. Eso sí, los dos corredores que había dejado atrás en el último avituallamiento acaban cazándome y pese a no llevar mucho mejor ritmo que yo se me van alejando poco a poco.

En el 15 he hecho un tercer parcial de 38 minutos, a 7´37´´, que no está nada mal ya que se ha tratado del cacho más técnico tanto en subida como en bajada, y ahora cogemos una pista de esas que odio, con toboganes en medio del calor. Van a ser 2 kilómetros y medio eternos, en los que en las rampas me cuesta correr y el cuerpo me invita a andar, algo que hago en ocasiones. En esta tesitura, dos corredores que hacen tándem y van de negro me alcanzan, y me invitan a seguirles pero no puedo continuar su ritmo. Me siento bastante mal por ello. Pero a partir del 17,5 de nuevo comienza el llano y bajadas por pista que me llevan a coger nuevamente ritmo. Llego al kilómetro 20 donde está el avituallamiento y termina la bajada y justo veo que los dos corredores de negro cogen la senda ascendente tras un refrigerio. Estos 5 kilómetros han salido en 37´30´´ minutos pelados, pero han sido los peores en cuanto a sensaciones.

El tramo final
 
Me siento mejor tanto moral como físicamente y comenzamos los tres la subida de casi kilómetro y medio que nos llevará a sumar otro +150 pero con rampas bastante duras. Aunque me cuesta seguirles la estela no se me acaban de ir, y esas alturas ya me he tomado la tercera pastilla de sales porque noto la deshidratación, de hecho, los gemelos me dan de vez en cuando algún calambrazo que no sé si vienen provocados por el esfuerzo o por la falta de sales. Tras la subida vienen el llano y tras este la bajada, siempre por pista. He alcanzado de nuevo a la pareja y compruebo que uno de ellos va sufriendo, lo cual me hace ponerme guerrero. Les adelanto y me propongo llegar a Valdepeñas de Jaén a ritmo crucero. Siento que las piernas arden un poco, siento que muscularmente voy justo, pero aún así no bajo el ritmo. Miro atrás y no veo a la pareja, lo que me hace crecer. Y así llego al 25 donde se gira y se baja con bastante pendiente hacia el pueblo, que se ve bien cerca ya. He hecho los 5 kilómetros que van del 20 al 25 en 31 minutos y siento que está todos los deberes terminados, ahora tan sólo hay que rematar la faena, así que aguanto la tensión en mis piernas y sufro bajando todo lo fuerte que puedo, llevando mal el tramo de cemento de más de un kilómetro que nos han puesto. Miro para atrás y veo a la pareja que está a no más de 200 metros y vienen a por mi, me vuelvo a agobiar, hasta que en el 27 me pillan, no sólo ellos, sino otra pareja con la que van compitiendo y un quinto corredor. Ante mi una rampa de 200 metros que se me hace eterna y trato de correr, pero se me van. Ya bajando, en la zona del polideportivo, el corredor que competía en solitario está parado acalambrado y le paso lo que me insufla un poco de moral y acometo los últimos 500 metros con toda la fuerza que me queda. Finalmente 3 horas y 13 minutos para casi 28 kilómetros.

Lo peor y lo mejor

Tras parar siento que las cosas van a empeorar. No quiero sentarme, tengo sed, bebo, no paro de moverme pero poco a poco siento que me estoy viniendo abajo. Muscularmente estoy muy justo y comienzan a darme calambres, pese a haberme tomado 4 pastillas de sales. Mientras espero a Merche bebo agua, me bebo una Coca Cola bien fría, no como, porque no me apetece nada y sufro un montón para cambiarme las zapas, porque se me montan los gemelos, los tibiales y también los abductores, ¡un desastre!.

En esta tesitura llega Merche, en 3 horas 53 minutos y no la he visto, no le he podido echar una foto. Está sonriente y ha disfrutado un montón, ¡segunda de la general!

Los minutos siguientes no van a mejor, sigo indispuesto hasta que llegado el momento lío una buena vomitona. Merche llama al de la ambulancia que en mi coche me toma la tensión, todo bien. Tras desalojar me encuentro mucho mucho mejor, nos tomamos otra coca cola y siento que las piernas se recuperan. Miro en la clasificación para comprobar que he sido el 19 de la general, 9º veterano, pero es que compito en la de 40-49, y con año y medio más hubiera sido segundo. Esperamos a que sea la entrega de trofeos, vuelvo a ver a mi mujer en un podium, fotos y para Linares.

Un entreno que fue más que un entreno y que rozó el trauma. Ahora tocará afrontar el Trail de Onil como segunda prueba preparatoria, pero mucho tienen que cambiar las cosas de cara a la Doña Trail.







SEMANA DEL 22 AL 28 DE SEPTIEMBRE

Con la oportunidad de terminar de engancharme al ritmo exigente de entrenos acometía esta semana de septiembre, bajo el handicap de la campaña de vendimia, que este año venía especialmente exigente y complicada. Tras el entreno de Despeñaperros del sábado, que quedará en nuestro recuerdo por el continuo sonido de la berrea, y el buen entreno del domingo. El resto de la semana vino condicionada por el estrés laborales y las largas jornadas de trabajo.

Esto aconteció:
  1. Sábado 22: estupendo aunque caluroso entreno por Despeñaperros, 26 kilómetros a ritmo bastante constante.
  2. Domingo 23:13 kilómetros matutinos por la zona del Peral. Buen ritmo inicial.
  3. Lunes 24: circuito de los Cerros de la Aguzadera a ritmo exigente, 8,5 kilómetros.
  4. Martes 25: descanso.
  5. Miércoles 26: 10 kilómetros madrugadores por la ruta Camino de Don Bernardo y Camino de Casas de Santa María.
  6. Jueves 27: 10 kilómetros con Merche por la vía de servicio de la A4 y regreso por Carretera de Daimiel.
  7. Viernes 28: descanso
TOTAL: 67,5 kilómetros insuficientes aunque en vísperas de competición.

 

domingo, 23 de septiembre de 2018

DOMINGO 23: CORRIENDO CON LAS PIERNAS BIEN DOLORIDAS

Esta mañana tocó salir a correr justo cuando ambos teníamos las piernas bastante cargadas del esfuerzo del día anterior, que había sido considerable. El caso es que cuando eché las primeras zancadas noté que me encontraba bien. Merche lo llevó algo peor. Fuimos al Peral por el camino del mismo nombre y regresamos por el camino que lleva a la Carretera de San Carlos del Valle, desviando por los olivos hasta encontrar nuevamente el Camino del Peral.

13 kilómetros que me sentaron bien y que para ella fueron una buena sesión de aumento de estrés a sus cansadas piernas.



SÁBADO 22: TIRADA EN DESPEÑAPERROS OYENDO LA BERREA

Estupenda tirada la hecha por Merche y un servidor ayer en Despeñaperros. No madrugamos excesivamente lo que nos llevó a que comenzamos a correr en Miranda del Rey ya pasadas las 9 de la mañana. Sabíamos que iba a hacer calor y sólo llevábamos 2 litros repartidos en cuatro solft flasks, además, en el recorrido no íbamos a encontrar ninguna fuente de agua potable.

El comienzo fue bueno, con ritmo, y enchufé a mi mujer para que así fuera. En el llano nos pusimos con buena cadencia y en las subidas anduvimos lo justo, aprovechando cualquier buen momento para echar a correr. Así subimos el Pico de la Estrella de una forma fabulosa y bajamos bastante bien, yo con alguna molestia en mi pie derecho, algo que me tiene preocupado. Merche con cautela, pero bien con sus Salomon. Tras esto hicimos una parada técnica obligada en el pequeño pantanito que tienen los de Miranda, y nos refrescamos, incluso yo llené uno de mi soft flasks, porque aún quedaban más de 10 kilómetros. Pero el recorrido nos era ahora más propicio y corriendo comenzamos a bajar la media hasta dejarla por debajo de 8´el kilómetro. Cuando llegamos al vado del Arroyo del Rey, a 3 kilómetros y medio del final, me llevé una grata sorpresa cuando comprobé cómo corría el agua, transparente. Allí estuvimos parados unos minutos refrescándonos y yo volví a beber, pese a las recomendaciones de mi mujer. El final fue bien duro, en el tobogán lleno de cuestas de mucha pendiente que lleva a Miranda, pero bien, llegamos medio deshidratados a más de 30 grados de temperatura, por lo que habíamos entrenado el calor y el aspecto psicológico.

26 kilómetros que recordaremos por el continuo sonido de la berrea, y es que los machos de ciervos estaban un poco nerviosos en esta época. Como anécdota, nos encontramos con un ciclista que nos preguntó cómo llegar a Miranda y resultó que vive en Valdepeñas y que nos conocía del gimnasio. ¡El mundo es un pañuelo!.