RELATOS

Una vez iniciado el movimiento supe que no habría marcha atrás, sería difícil regresar a aquello que fui. Hoy soy otro ser: curtido, compañero del esfuerzo, amante de mis kilómetros. Sólo el fin de mis días debería obligarme a parar: ese es mi pequeño sueño.

jueves, 5 de septiembre de 2019

SERENDIPIA: EL TRAIL DE SIERRA NEVADA

Somos gotas

Primero se produce la evaporación, el gas sube y se forma la nube hasta que fruto de la condensación precipita en forma líquida, de forma que la gota viaja por el aire hasta que muere al chocar contra la superficie y ahí termina su camino.

Eso soy yo, una gota más que está cayendo y que sabe que terminará este tránsito en el momento de que llegue a su destino. Somos millones de efímeras partículas de agua sin nada más que aportar que continuar el ciclo. Si por un momento me engañase y me creyese importante por el mero hecho de ser capaz de pensar, o de, por ejemplo, escribir estas líneas, cometería la imprudencia de ensalzar mi ego y olvidarme de que no valgo más que cualquier pequeño animal de los que me cruzo mientras corro por la montaña, ni siquiera tengo más fundamento que una de esas viejas rocas moldeada por el viento a lo largo de miles de años; ella, al menos, goza del privilegio de permanecer mientras pasa el tiempo y  cambia el paisaje.

Sentirme vivo

Llegó a mis oidos el reto y lo hice mío creyéndome que era merecedor de recoger el testigo y asumir la aventura. Le dí al botón y en un tris ya estábamos inscritos, y es que resultó sencillo el pago a través de la pasarela; tampoco me llevó mucho tiempo reservar dos noches en Pradollano.

Y así, en esta guisa, renové por enésima vez el compromiso de aumentar el ritmo de entrenos y al paso preparar la resistencia al calor, pero no pude (o no quise) escuchar esa voz interior que me decía  que estaba envolviendo ese desafío en un colorido y temerario papel de regalo, convirtiéndose todo él en un paquete engañoso nacido sólo para alegrar mi 49 cumpleaños y al paso soñar con resucitar tiempos deportivos mejores que definitivamente ya han expirado.

Pero confieso que durante todo el proceso me sentí muy vivo a la sombra de algo que me superaba; sentí la emoción de volverlo a intentar pese a los inconvenientes, que tengo tan presentes, y que casi siempre me llevan al mismo oscuro rincón.

La extraña noche

Fichamos en el hotel y tenemos casi toda la tarde para recoger la bolsa y pasear. Eso hacemos y con ello nos sentimos felices ante las expectativas creadas de lo que está por llegar. Charlamos, la veo radiente y estoy seguro que ella no querría estar en otro sitio que no fuera allí en Sierra Nevada, en la antesala de una nueva locura.

Hay que madrugar mucho, en pie bien temprano, porque el autobús sale a las 02:30 y nos dejará en Beas de Granada, nuestro punto de partida. A las 5 de la mañana estaremos por fin en marcha... Pero aparece una variable con la que no contábamos: la pareja que ocupa la habitación de al lado parece que tiene otros planes, deben ser jóvenes a juzgar por el tono de sus voces, e intuyo que se acaban de conocer a tenor de la charla que se filtra por unas paredes que parecen de papel. Dos más dos son cuatro: jóvenes recién juntos si se atraen eso es igual a movimiento de muelles de cama. ¡Vaya si lo hubo! hasta el punto de no dejarnos prácticamente dormir.

Abierto hasta el amanecer en Beas

Superado el periodo de duermevela bajamos en el coche hacia el aparcamiento. Hemos recolectado a tres madrugadores que se alojan en el mismo hotel y que navegarán en el mismo barco; son de Albacete, Córdoba y Madrid, la locura no entiende de comunidades autónomas y no cuesta entablar conversación en este submundo repleto de empatía que es la montaña...

Ya en el autobús de la organización toca viaje corto en distancia pero largo en tiempo, muchas curvas. Al pisar las calles del pueblo huele a tierra mojada, aún queda más de 1 hora para que den la salida, pero no se nos hará pesado porque el ambiente es increible: medio pueblo está en la plaza en una especie de verbena con un mix perfecto de bebidas alcohólicas, isotónica, montados de chorizo y gominolas energéticas, la juerga y el trail unidos en el tiempo y en el espacio; los oriundos de Beas le tiran a una cosa mientras que la organización y los corredores andamos en otra. Mientras tanto van pasando los corredores del ultra de 101, que salió de Granada; llevan 25 duros kilómetros de batalla y a algunos se les ve ya demasiado cansados para distancia tan corta, quizá la humedad esté haciendo de las suyas.

José María, ese jienense que hemos conocido en el autobús nos arrienda gratis un rato de buena conversación hasta que por fin llega la hora: justo al salir comienza a chispear, tenemos por delante 63 duros kilómetros con +3700 metros y lo pienso, lo asimilo, lo mastico. Si me apunté a esto fue para tener miedo y a la vez emociones, para que las sensaciones se desbordaran, y a fe que lo están haciendo.

Con la música a otra parte

El experimento de correr un ultra con música ya está en marcha. Entremezcladas con mis zancadas se van sucediendo una serie de elegidas canciones que resuenan de forma especial, como si pudiera diseccionar cada sonido, cada nota  y es que marcho con  los sentidos tan abiertos que el oído va ensuflando un extra de motivación en una noche tan especial.

Se suceden las primeras pendientes en las que toca andar en fila de a uno y me impaciento, aunque inhibo las ganas de acelerar; finalmente me siento muy suelto que, pese a la autorepresión, por momentos no puedo evitar realizar locos adelantamientos entre las rocas saliéndome de la estrecha senda o intentar ceñidas pasadas a poco que el corredor de delante se despite un mieja.

No llevamos más de media hora de aventura cuando nos encontramos con una auténtica pared en forma de cortafuegos donde puedo comprobar que las piernas suben fuertes, pese a que por momentos hay que apoyar las manos en la tierra para conseguir avanzar. Es entonces cuando siento que todo va viento en popa, y que me puedo estar regalando un estupendo cumpleaños de seguir esto así.

Las sendas rápidas que vienen después me permiten soltar las piernas. La tranquilidad es la tónica dominante de esos minutos, con menos gente por delante y por detrás; el resultado es que voy disfrutando. Las bajadas técnicas que la organización nos había indicado en su web no son para tanto, al menos para mi, que me las prometo felices.

...Y antes de que las primeras luces del alba den testimonio del nuevo día compruebo que algo no funciona en el sistema musical que me he montado: uno de los protectores de goma del auricular se ha soltado y se ha quedado dentro de mi oido así que no he tenido más remedio que parar el reproductor. Cuando llegamos al primer avituallamiento me agobio sobremanera al no poder sacármelo, pido unas pinzas pero de eso no acostumbran a tener en los puestecillos de los trails. Afortunadamente mi empecinado dedo meñique consigue sacar el objeto extraño de mi cavidad auditiva y respiro aliviado; guardo el reproductor y el frontal en el chaleco y doy por finiquitado el cupo de problemas a resolver para toda esa mañana, o al menos eso me dice mi optimista ego.

Mi último desayuno en Quéntar

El trozo de pista no me pone nervioso, no acelero y dejo pasar a algunos enervados corredores que pareciera que llegan tarde a alguna fiesta. En el río cometo la torpeza de resbalar y empaparme las zapatillas en lo que es el segundo problema de la jornada, pero en este caso sólo habrá que esperar a que se sequen y rezar por que no me salgan ampollas. La larga subida que viene después me hace gozar de los paisajes, y apenas echo a andar en algún momento por lo que me siento empoderado.

Comenzamos a descender y ya en la pista oigo una voz tras de mi, es José María. Avanzamos juntos un buen rato hasta que el mete una marcha más y yo decido no seguir su ritmo con la máxima de la prudencia por bandera, que lo que toca será bien largo y duro. Su silueta blanca se hace cada vez más pequeña hasta que desaparece en unas de las curvas que enfilan a Quéntar.

En el avituallamiento que hay en dicha población, kilómetro 23, tengo claro qué he de hacer: 1) rellenar los softflask; 2) refrescarme; 3) no tomar nada de lo que allí ofrecen; eso es justamente lo que hago. Pero si pudiera volver atrás en el tiempo en una suerte de "Regreso al futuro" reharía mis prioridades y establecería nuevos protocolos: me sentaría tranquilamente en la piedra de la generosa fuente, dejaría pasar 5 minutos descansando bebiendo a sorbos tranquilos una generosa ración de agua fresca, comería de algunas cosas del avituallamiento, incluso carne de membrillo si se terciara; sin apreturas, sin prisas, llenaría mis softflask y tras comprobar durante varios minutos que todo está OK y que hay ganas de proseguir la aventura la reiniciaría con alegría. Pero Robert Zemeckis a estas alturas ya no va a venir a ayudarme; la realidad es que salí pitando bastante nervioso con la idea de no perder puestos, sin reparar en la humedad, sin darme cuenta de que estaba deshidratado y sin caer en la cuenta de que lo que venía después no era exactamente un paseo triunfal en los Campos Elíseos, pese a estar advertido de ello.     

La costumbre de zozobrar

Viene una subida tendida por una senda pedregosa, pronto me veo por una pista en constante ascenso y es allí donde me doy cuenta que que algo no va bien, me faltan las fuerzas, así que echo mano de las nueces para comprobar segundos después que me cuesta masticarlas, ¡mal asunto!. La isotónica que he elaborado está demasiado dulce o al menos eso me parece y lo único que tengo es sed de agua, pero no hace ni quince minutos que bebí. El cortafuegos que viene después no es gran cosa sobre el plano, pero se acaba convirtiendo en mi verdugo; comienza a adelantarme gente y me doy cuenta que me estoy muriendo.

Llegado al collado de constantes subidas y bajadas llevo una inconstante cadencia que alterna entre un "mal correr" y andar, hasta que llega el momento que incluso me veo incapaz de caminar. Así que primeramente decido parar agacharme y apoyar mis manos sobre mis rodillas mientras escucho mi contrariada respiración para seguidamente echarme directamente en el suelo. Pasan los minutos y con ellos pasan y pasan corredores, casi todos preguntan, algunos paran, me ofrecen agua, geles, sales, pero yo ya estoy amortizado y con la idea fija de que se ha terminado mi aventura. Y allí me hallo, ante mi enésima caída, casi inmunizado de todo sentimiento, por tanto, ni tan siquiera decepcionado, sólo quiero llegar al avituallamiento de Fuente de la Teja y no sé cómo demonios lo voy a conseguir, tan sólo tengo ese problema pero es mucho más peliagudo que el del protector en el oído o el de las zapas mojadas.

...El chico de Madrid que nos acompañó en el coche aquella mañana se acerca y se agacha, me ofrece agua la cual acepto; tras un par de sorbos generosos me cuesta convencerle para que se vaya y siga su carrera y cuando al final me deja encuentro la parcela de intimidad necesaria para poder vomitar mientras nadie me ve; de mi salen casi todo líquidos en un acto reflejo que busca conseguir que mi sistema digestivo descanse por fin.

... Dos o tres minutos después de gesto tan poco honroso me encuentro mucho mejor. Me incorporo y comienzo a andar y enseguida a correr, la última cuesta del collado se pasa rápido y agradezco la bajada. Por un momento me rehago e incluso vuelve el optimismo, pero es un espejismo, ya no hay ni habrá gasolina porque no tengo hambre, tan sólo sed de agua, sed insaciable. Los últimos 2 kilómetros antes de llegar al avituallamiento se me hacen duros  y cuando alcanzo el mismo ya he tomado la decisión de retirarme. Bebo agua pero no me consuela, la quiero más fresquita, y aunque creo que el cuerpo ya está más asentado y podría continuar, no hallo las fuerzas. Justo en ese momento veo a lo lejos aparecer a Mercedes, que avanza ágil ajena a mis males; me insta a que vaya con ella, pero ya he tenido suficiente por ese día.

Esperando al Sol mi tren en Guéjar

Regreso en la "furgoneta de los que abandonan" junto con unos cuantos desertores más y al llegar a Guéjar el Sol calienta de forma agradable restañando mis heridas, me siento como una planta que sólo necesita luz y agua para salir adelante, así que la fuente fría de al lado hace las delicias de mi persistente sequía hasta que consigo convencer a un buen samaritano de que me lleve a Pradollano. Ya en el camino me da a probar cerezas que ha cogido esa misma mañana en el campo; me bastan 4 o 5 para sentir la energía fluir por mis venas. Me doy cuenta que ya estoy para correr, "demasiado tarde" me dice Zemeckis.

Viendo el rótulo del hotel hago un juego de palabras con sus siglas GHC, ¿Gran Hoyo en mi Corazón?, quizá no signifique eso porque mi corazón no está demasiado tocado, tampoco siento que mi ego esté sufriendo en demasía. La ducha sirve para quitar la tierra negra adherida a mis pantorrillas y al paso arrancarme otras malas hierbas de raíz; el adormilamiento que viene después me lleva a echarme la siesta y a atravesar un extraño y solitario desierto en un singular sueño. Cuando despierto mi mente sólo tiene un propósito: seguir la carrera de Mercedes, la única merecedora de ser protagonista en toda esta historia.

La ultra resistencia de sus huesos

Ver atravesar el arco de meta a un montón de los que para mi son auténticos héroes no ayuda a sentirse mejor, más bien me provoca una sana pero intensa envidia. La aplicación que localiza a los corredores muestra el "ML" de mi mujer en cada uno de los controles de paso que ha ido alcanzando y puedo comprobar que le está resultando dura la última parte del recorrido, aunque dudo, por la experiencia que me toca, que sea fácil que un ultra trail le haga morder el polvo.

El coche está hirviendo, 30 grados a pesar de que estamos a 2100 metros de altura. Ella ha debido atravesar zonas a más de 34 grados pero tengo la intuición de que le está yendo bien. La espera llega a su fin cuando en el avituallamiento del Botánico la veo aparecer junto con otros dos corredores, es inevitable que mi corazón dé un alegre respingo, el antídoto perfecto a mi indiferencia ante el fracaso, mecanismo compensador que sólo mi mujer sabe proporcionarme.

...La veo muy cansada tras haber atravesado un duro tramo de carretera que ha minado sus fuerzas. Pero ella es como si fuera irreductible, bebe, come y en un pis pas le cambia el color de la cara y su boca se vuelve sonrisa. Reanuda la marcha junto a sus dos compañeros y unos minutos después la veo aparecer de entre el bosque ya a tan sólo 2 kilómetros de la meta. Ha dejado atrás a sus acompañantes y luce más fresca que una lechuga. O me doy prisa y aparco rápido o no la veré llegar; afortunadamente logro captarla en un estupendo vídeo que se quedará para nuestro recuerdo. Me aborda el mito de que sus huesos son especiales, no dan nunca contra el suelo: 11 horas 42 minutos en la prueba más dura a la que jamás se había enfrentado, 5ª veterana.



Charlas y gotas

Charlamos con José María, también con los corredores que han coincidido con Mercedes y en esencia somos felices. Regresamos al hotel y todavía tengo carrete para una segunda siesta en la que ya no hay desierto que atravesar, resultando un sueño aséptico y sin recuerdos.

Ya en la noche disfrutamos de una estupenda cena y al regresar al hotel veo caer gotas del cielo, pero no está lloviendo. Pienso que somos gotas, gotas en tránsito y con un único fin, caer..., así comenzó mi historia...somos gotas. Puede que quisiera detener mi caída unos instantes y sentir que podía captar el movimiento del resto de las partículas de H2O, fotografiar la lluvia, quizá por eso me inscribí a esta aventura. Está claro que no logré inmortalizar nada porque solo soy una gota que no deja de caer.


Serendipia

"Dícese de un descubrimiento o un hallazgo afortunado, valioso e inesperado que se produce de manera accidental, casual o por destino, o cuando se está buscando una cosa distinta".
 

Al día siguiente por la mañana estoy a punto de sentar mi culo en el cuero de mi coche cuando Mercedes dice: "¿Por qué no vamos a dar un paseo?". La subida por las interminables e imponentes pistas de esquí luce increible e invita a la aventura, así que le digo que sí sin dudarlo.

Al principio es un paseito breve, no llevamos ropa adecuada, ni agua, ni comida, vamos de turistas, ni tan siquiera de senderistas, pero poco a poco eso se va convirtiendo en otra cosa, en algo purificador, entre risas, esfuerzos y fotos. Llegamos hasta el punto que habíamos decido alcanzar y una vez allí continuamos hasta el siguiente que nos fijamos; subimos por unas increibles rocas, giramos y alcanzamos La Laguna de las Yeguas, continuamos por la senda que se abre y tras la senda unas preciosas lagunitas, continuamos hacia los Tajos de la Virgen, hasta que nos acojonamos y regresamos sobre nuestros pasos, y cuando llegamos nuevamente a las lagunitas, pregunto a un senderista si la empinada trocha que se ve enfrente lleva a El Veleta; por allí subimos, disfrutamos en el Refugio de la Carihuela donde los que allí reposan andan bien abrigados y yo sin embargo voy en manga corta; alcanzamos la pista y luego cogemos las senditas campo a través hasta alcanzar el punto donde un año antes terminamos nuestra aventura de la Subida al Veleta desde la capital granadina; y seguimos campo a través hasta alcanzar el punto geodésico, donde orgullosos lucimos en una foto que unos alegres ciclistas nos echan. 

Desde ahí bajamos correteando, hasta que a Merche le da una pájara, pero no de las mías, lo suyo es falta de alimento, así que la naranja que le presta ese desprendido senderista le salva la vida, le cambia la cara y le sirve para que ambos bajemos alegres por un precioso recorrido hasta alcanzar la Hoya de la Mora donde sentados al solecito nos comemos una sencilla pero inolvidable comida en un chiringuito.

...Y entonces siento que he tenido fortuna al encontrarme con este regalo inesperado el día de mi 49 cumpleaños, ya ni me acuerdo de lo del día anterior, incluso pienso que si reuno fuerzas volveré a intentar lo de tratar de detener la caída de esa gota que soy, en una suerte casi imposible de parada del tiempo. 




Una historia no es nada sin gente






















La verbena especial de Beas de Granada














Merche y sus dos acompañantes tras haber atravesado meta















Las increibles rocas de "nuestro paseito dominical"














Una de las preciosas lagunitas












Víctor de Albacete y un compañero junto con Merch



El crack de José María Delgado, menudo carrerón subiendo a podium como máster. Con él su mujer y Mercedes














Un corredor de Elche que conocimos. Nos emplazamos ambos a volver a intentarlo otro año con mejor suerte.













Merche y sus huesos cruzando meta tras una batalla increíble


lunes, 19 de agosto de 2019

EL LARGO CAMINO HACIA NOSOTROS MISMOS

CAMINO PRIMITIVO: OVIEDO-SANTIAGO 315 KILÓMETROS CORRIENDO EN 6 DÍAS...
Creo que vale más unas imágenes que mis palabras. Lloramos como niños al llegar


LA CRÓNICA DE LA CXM MANCHA REAL: UNA LARGA SONRISA


Miro el despertador de nuevo, media hora desde la última vez..., en mi cabeza hay demasiado peso como para dejarme dormir...

La misión

"Una misión ajena a mí, doble felicidad lo de intentar hacerte feliz"

Tras una mala noche no hay necesidad de madrugar, no tenemos un largo viaje por delante, así que ya entrada la mañana Mercedes va acompañada en el coche por la señora ilusión quien le entretiene con sus cávalas y en cuanto a mi, la del google map me lleva sin pérdida hasta la  piscina municipal de Mancha Real. 


Cuando llegamos nos vemos sorprendidos y rodeados por un montón de gente de nuestra misma subespecie, unos andan ajetreados en la recogida de su dorsal, otros entretenidos en sus íntimas conversaciones. Mientras hacemos cola Merche escudriña a sus rivales, en una especie de juego de la naturaleza que resulta inevitable. Ahí veo aparecer a Victor, Quique y Paqui, de nuestro Club de Montaña Linares....

 ...El ritual de preparar los complementos, algo bien aprendido a estas alturas, y sin más nos vamos corriendo hacia la plaza. Ya en marcha me dice una voz interna "te pesan las piernas, la lesión refunfuña y el calor apunta directo sobre tu cabeza", pero nada de eso que oigo me preocupa, de hecho nada es un obstáculo esa tarde.

Al llegar nos marcamos un selfie con Aurelio y Paco, nos agolpamos en el corralito y me preparo para la misión de esa noche: sacar a Mercedes la más amplia y duradera sonrisa  que jamás le haya visto.


Mi querido planeta

"El mundo comienza a agonizar mientras nosotros compartimos fotos en instagram"

Ya nos vemos dando zancada tras zancada y lo de callejear por el pueblo no me entusiasma. Oímos como nos saludan a nuestra izquierda, son Víctor y Paqui en tándem que corren la corta..., van a ritmo más vivo, se alejan.

Las afueras de Mancha Real huelen a olivo pero el asma no está llegando, no es bienvenido, así que escucho la respiración forzada pero limpia de mi mujer y a su vez yo respiro tranquilo, válgame el juego de palabras. La generosa cuesta entre esos árboles andaluces es dura y toca echar las manos en los cuadriceps, pero el bosque de pinos que nos recibe después agrada la vista y achica la fatiga.

Seguimos ganando metros hacia el cielo ahora por una pista y nos encontramos en un limbo en el que no se sabe si toca correr lento o andar rápido. Merche quiere lo segundo pero yo quiero sacarle una amplia sonrisa esa noche, así que no le dejo.

La Ermita del Rosario se ve acompañada del primer avituallamiento, pero rechazamos la parada y nos adentramos en una estrecha senda que es justo lo que estábamos necesitando.

Un breve pensamiento en un instante, una inquietud recurrente que me asalta últimamente de improviso: ¿cuánto nos queda por disfrutar de estos bosques?; nuestro hogar se va al traste y nosotros nos iremos con él. Me imagino arroyos abundantes, helechos, musgo y hierba muy verde, un olor que inunda todo..., y luego me imagino la nada...

Carpe diem

"Una vida no es un par de miles de millones de segundos, una vida son 100 instantes imborrables" 

Lo que viene después es un placer con apellido de montaña, fuertes subidas entre sendas que discurren por bosques de pinos. No nos importuna echar casi 13 minutos en recorrer ese kilómetro, porque ha merecido la pena vivirlo. Toca la versión más fuerte de Mercedes, me va a poner fácil obtener su sonrisa y ya voy viendo como su cara es un viejo CD en el que el lector muestra una canción feliz.

La bajada coincide con las primeras sombras así que inauguramos las luces de nuestros frontales; atentos vamos esquivando a saltos las piedras y eso nos gusta. En la noche aparece un chaval espigado, un saludo, un encuentro breve y tras esto reduce la marcha para esperar a su mujer...

Y llega la noche cerrada, con ella aumenta la dificultad pero Merche se mueve con agilidad. Un rato después somos alcanzados nuevamente por José Luis, el "chico espigado",  pero ahora marcha junto a Inma, su mujer. En esta ocasión da para charlar un rato más largo y nos cuenta que son de la organización de la carrera. En el cruce está el segundo avituallamiento y nosotros lo obviamos, pero ellos se quedan a reponer brevemente fuerzas. 

Y es así como comenzamos la oscura subida por ese barranco  por sendas repletas de vegetación que asientan nuestra gula de sierra. Miro hacia atrás para situar a mi mujer y veo allá a lo lejos el final del valle, el cielo se empapa de tonos anaranjados oscuros propios del anochecer y allí a la izquierda se sitúa una gran luna llena en el justo lugar donde reinvindicar una estampa perfecta. Es uno de esos 100 instantes que conforman una buena vida.

Una sonrisa amplia y perfecta

"Sólo necesito tu sonrisa para sentir que estamos los dos en el buen camino"

Merche quiere andar y yo quiero verla sonreir, por lo que avanzamos más rápido de lo que a ella le gustaría. Conseguimos alcanzar a dos corredores mientras cruzamos el Barranco de los Moraguillos y seguimos subiendo por una senda fácil que no deseamos que termine.

A punto de llegar a un collado, en la zona de la Peña del Águila, alcanzamos a Catalina, una corredora máster y en el tobogán natural de lo alto veo por mi retrovisor que la luz del frontal de aquella chica se va haciendo cada vez menos brillante, más lejana. .

En la larga bajada Mercedes se mueve rápido mientras somos perseguidos por un par de luces que intuyo que pertenecen a Inma y José Luis, hasta que en un bosque tan bonito como  endemoniadamente inclinado nos dan caza nuestra pareja de nuevos amigos. 

En el cruce está el último avituallamiento y allí nos cantan que Merche va tercera, pero el piloto que indica su nivel de gasolina ya anda encendido e Inma parece inalcanzable a pesar de ir a unos pocos metros por delante. Conseguimos adelantar a otros dos corredores justo cuando las luces de Mancha Real aparecen abajo a nuestra derecha.

Así que salimos del collado descendiendo hasta un cruce que nos deja en una ancha pista, pero para nuestra sorpresa no vamos hacia el pueblo, nos alejamos y es en franca subida. Las piernas se sienten engañadas y gritan, pero a no más de 100 metros vemos los frontales de Inma y José Luis; mis sanas arengas no sirven para conseguir cambiar el ritmo en tramo tan duro para las piernas de mi mujer.

Enfilamos hacia Mancha Real atravesando entre olivos una trepidante bajada. Cuando tomamos la calle asfaltada del pueblo que nos enfoca hacia meta, siento la emoción brotar  en el vello de mis antebrazos; atravesamos el arco de meta en unas estupendas 3 horas y 6 minutos y cuando la miro comprendo que he logrado mi misión: es una bonita, larga y dulce sonrisa la que tiene.

Los buenos ratos 

"Hazme pasar un buen rato y me ganarás el corazón"

Allí nos esperan Paqui y Víctor que nos dan la enhorabuena. Paqui va a subir a podium y tras preguntar descubrimos que mi mujer también, y lo harán ambas como ¡terceras de la general!.

Charlamos con Inma y José Luis, que llevan un cartel en la frente que dice "somos ante todo buena gente". También hablamos con Lola y con Jesús, amigos del circuito. Él está con el pie metido en el agua de la piscina, se ha lastimado un tobillo pero en esta subespecie a la que pertenecemos eso no es suficiente motivo para abandonar la aventurilla, y si hay que dejar de moverse que sea tras cruzar la meta.

La recogida de trofeos es emocionante, como siempre, y es que no me canso de ver a  Mercedes subir, por muchas veces que ocurra...

...Y así nos vemos regresando a Linares con una plácida sensación de estar en perfecto equilibrio. La tarde noche ha tenido de todo: una misión, una inquietud, un instante mágico, una sonrisa perfecta y sobre todo un buen rato con amig@s.

Agradecimiento

A la organización; nos gustó mucho la prueba por el recorrido, por ser nocturna, por la zona de llegada y por los avituallamientos..., también por su cariño.


Unas fotos desordenadas








Un selfie para el recuerdo. Viejos pero guapos























Paqui en su merecido cajón



Y Merche en el suyo


Las dos orgullosas



Aurelio "volando a meta"





Un adelantamiento entre miembros de la misma tribu dentro de la misma subespecie


Una llegada arrolladora


Una llegada tranquila


El superhéroe del club ayudando


Una foto de los miembros de nuestra tribu que allí nos desplazamos
















Y una foto de los protagonistas: José Luis, un servidor, Paqui, Merche e Inma


sábado, 27 de julio de 2019

LAS ALPUJARRAS: CONQUISTAR LA TIERRA DE LA QUE TE HABLARON

"He hecho cosas que nunca jamás hubiera imaginado que iba a hacer, y una de ellas es esta que os voy a narrar"...

Prólogo

Estuve en Granada en varias ocasiones, recuerdo siendo un currela sin estudios como soñé con el paraíso universitario de la manzana de Pedro Antonio de Alarcón; también me hablaron de Nigüelas, ese que lucía en una preciosa foto del piso de mis tíos en Móstoles, y el mismo que acabé viviendo en primera persona años después, enamorándome de aquel barranco que enfila hacia el Pico del Caballo. Y como no, Capileira nos acogió en un frío invierno y aún tengo grabados el olor a obrador y a leña recién cortada...

...pero todas esas vivencias no suponen conquista alguna....no son más que el bagaje de un simple turista.

Capítulo 1: locos en la noche

...Salimos de Durcal con prisas, Mercedes me va pasando el suculento bocata de bacon, tomate y queso que servirá de recarga para la aventura que nos espera. Cuando llegamos a Lanjarón y alcanzamos la gasolinera desde donde partiremos apenas se ve movimiento; ya es noche cerrada y en mi fuero interno respiro esa emoción que es inconcebible y desconocida para las gentes cuerdas.

...Van llegando todos, seres premeditadamente anónimos en estas líneas que os escribo, y cuando hacemos recuento caemos en la cuenta que ya no hay excusa para seguir esperando, así que nos echamos una foto para el recuerdo y se da inicio a aquello que está por venir que será mucho y muy muy bueno...



Capítulo 2: desde que encendemos los frontales hasta que nos ponemos las polainas

Ha quedado echado el candado a la inmovilidad y comenzamos a desplazarnos por sitios mágicos. Ya me dijeron que las Alpujarras tienen el poder de ganar, con suma facilidad, los corazones de las gentes que las visitan, así que estoy totalmente dispuesto a darme en ese sacrificio. Vislumbro lo que tengo por delante esa estupenda noche y se me eriza el vello...

Ya en el barranco repleto de finas sendas y agudos cortados compruebo como las luces lejanas de Cañar se van acercando lentamente, así que tirando de paciencia, zancada a zancada, conseguimos que este pueblo nos reciba en el silencio de las gentes que duermen. Cuando llegamos a su plaza hacemos parada técnica en la generosa fuente que corona su plaza. Sólo llevamos 7 kilómetros y resta un mundo, pero no nos preocupa lo que queda, en el camino estarán las emociones.

Los siguientes kilómetros son los que bautizo como "los del agua" la cual nos grita en medio de la noche. El misterioso dique 24 es un agujero oscuro en el que el sonido de las cascadas hacen imaginar la belleza a contemplar a la luz del día. Desde ahí tomamos la acequia, y como se dice, "en sólo un segundo puede cambiarte la vida": en el estrecho camino que deja el negro barranco a nuestra derecha piso mal y resbalo, cayendo al vacío a la vez que Mercedes aulla un ahogado grito; pero no nos engañemos, esta narración tiende a ser más dramática de lo que la realidad supuso...; traer rodar dos metros me agarro a una mata y no llegamos a comprobar cuantas vueltas habría dado hacia abajo. 

...avanzamos y avanzamos hasta que la bruja de Soportújar nos recibe con sus imponentes ojos azules y tras un breve descanso reanudamos la marcha, no sin antes sentir cada vez más el dolor punzante en mi tobillo izquierdo, sin duda un recordatorio de la suerte que he tenido en la caída de la acequia.




La senda se hace estrecha, vamos en fila de a uno, y en ese tramo siento por momentos el peso de la noche, me hallo cansado..., pero pronto toca entretenerse cuando en una parada aprovechamos para ponernos las polainas y las medias de compresión; dice el señor X, el organizador, que vendrán 4 kilómetros llenos de maleza, ¡y yo sin nada con que proteger mis piernas!. Suerte que estoy acostumbrado a las espigas y pinchos manchegos.

Capítulo 3: el encanto reunido en mil partes


En cualquier caso el camino por el precioso barranco se hace duro en un lento avance entre tanta flora, y parece que las luces de Pampaneira nunca van a ser nuestras, pero todo llega y por fin alcanzamos la carretera que nos sitúa en ese precioso pueblo. Aquí la parada es más pausada, recargamos energía, bebemos agua de las estupenda Fuente de San Antonio La Chumpaneira y ganamos en seguridad para lo que nos resta de aventura, que aún es mucho.



La senda que sube a Bubión es preciosa y me he crecido. Me aventuro a abrir la expedición y cuando llego a las primeras casas del pueblo lo que me encuentro es una fuente que está diciéndome a gritos "mete tu cabeza bajo el caño". La noche es perfecta y por momentos siento que no quiero que se termine nunca... 

Pronto dejamos las casas atrás y tras pasar por la Ermita de San Sebastian comenzamos un verdadero gozo de senda que nos hará ascender 300 metros más. De nuevo me he echado adelante, en solitario, y por momentos tengo que esperar al siguiente compañero para elegir el cruce correcto. Cuando corono, espero sentado en una piedra mientras contemplo unas vistas que aún en la oscuridad son espectaculares. Van llegando uno tras otro todos los expedicionarios y tras un breve receso toca continuar....yo querría seguir allí un rato más.



Ahora toca bajar y bajar por pistas y sendas hacia Capilerilla. Las fuerzas acompañan pero preferiría subir y subir. Las casas de dicha aldea son testigos mudos de nuestro breve encuentro y en un santiamén llegamos a Piltres. En la fuente de la plaza toca parar, quizá ese sea mi peor momento, el cansancio me apura, pero sé que pronto amanecerá...ya reanudada la marcha unos jabalíes se desorientan al ver unos humanos bien locos y se tiran por el barranco, no les seguimos, por supuesto, y la senda nos baja al Tajo de Cortes, remontamos y rozamos Atalbeítar hasta que sin casi darnos cuenta cruzamos Ferreirola; hacemos alto en la Fuente de la Gaseosa y nos amigamos con la frondosa vegetación en el curso del Río Trevélez justo en el instante en el que las primeras luces del día nos dan la bienvenida. 


Capítulo 4: la mañana nos sonríe

El ánimo nos cambia al instante, todo se alinea a nuestro favor: ya vemos los impresionantes paisajes, el camino es propicio y sabemos que nos queda todo lo mejor del recorrido.



En Busquistar reponemos agua en la enésima fuente y la pista nos mete en el precioso Barranco de ese mítico y reconocido río. 





Las piernas pesan pero el alma va inspirada así que cuando llegamos al magnifico puente de piedra y madera hacemos un receso que hace nuestra delicia.



Lo que viene después me pone las pilas, una subida por una senda imponente, con toro acechador incluido, me vengo arriba y aprieto, junto con una compañera montañera llevamos a cabo una especie de disfrute compartido. Cuando llegamos a lo alto nos acercamos a un arroyuelo cuyas aguas atraviesan la piedra.





En el cruce de carreteras el Mulhacén muestra su lado más benévolo y mientras esperamos al resto cojo fuerzas, aunque mi tobillo maltrecho me sigue aguando un poco la fiesta. Un ibupreno es la solución para no sufrir más de la cuenta.



La bajada por la calzada romana es preciosa y a la par dolorosa para mi, pero Castaras acaba llegando, y tras desorientarnos un poco por primera vez en todo el recorrido, nos toca remontar por la carretera hasta llegar al punto que nuestros estómagos estaban esperando: Nieles. 

Capítulo 5: desayuno de gloria


No recuerdo mejor desayuno que aquel: allí sentados en esa terraza dominando unas increíbles vistas, con un perfecto café y un montado de lomo que me deja tan satisfecho que siento algo lo más parecido a la felicidad.
Retomamos la marcha por una carreterita llena de moreras, charlando con dos viejos amigos cuyos nombres omito, por el carácter anónimo de esta entrada; bajamos al barranco y llegamos a La Rambla de Nieles, un arroyo y su curso, una acequia y llegamos a Lobras por una pista. En ese momento estoy enteramente recompuesto y pensando que podría seguir corriendo todo el día. 

En las sendas siguientes suelto una continua verborrea con unos y con otros hablando de nuestro duro proyecto del Ultra de Sierra Nevada; las advertencias que oigo por sus bocas finalmente han resultado hoy ser como un mal presagio para mi, no así para Mercedes, ¡pero eso es de otra entrada!. 

El río Cadiar se nos cruza en el camino, lo remontamos un poco hasta que llegamos a nuestro destino, la Alquería de Morayma, 50 kilómetros realizados en 11 gozosas y pausadas horas que llenaron esta bella empresa.

Capítulo 6: la alegría de los guerreros felices

El baño en las frías aguas de la piscina no corrobora más que un estupendo cúmulo de grandes sensaciones. 




Las cervezas y coca-colas bien fresquitas saben especiales en esas circunstancias y el Sol se ha empeñado en redondear el premio calentando nuestros sentidos en una especie de ritual que termina para alguno de nosotros en una breve siesta antes de la comida.
 

Los entrantes y sobre todo el arroz con conejo nos deja boquiaquiertos. La charla que ponemos en común es de esas de gentes que sin apenas conocerse tienen un montón de cosas que compartir, se rezuma empatía, y eso ocurre cuando el grado de enajenación es similar.



Cerramos con un buen postre hasta que nos recoge el autobús que nos regresa a Lanjarón, no sin antes darnos el organizador, señor X, la medalla de finisher, un grabado dibujado por él que nos permitirá visualizar en una pared por muchos años aquella jornada tan inolvidable.



Epílogo

Cuando llego al coche y nos despedimos de todos y cada uno de nuestros amigos sé que lo que hemos hecho durante esas horas no se borrará jamás de nuestra memoria, al menos si el Alzheimer no dice lo contrario.

 Al arrancar rumbo a Granada sonrío satisfecho: he conquistado con mis cinco sentidos aquellas tierras, ya no me siento un turista; sin embargo acto seguido pienso que en realidad no soy más que un ser decadente y limitado en el tiempo, las Alpujarras seguirán respirando vida cuando yo ya no esté, de hecho cuando tenga que partir, no me llevaré a la nada más que un hermético pero preciado recuerdo recluido en mi disoluta alma.

viernes, 12 de julio de 2019

SUEÑOS RETROACTIVOS

Año 2005. Tan sólo tengo 35 pero estoy en un estado de forma deplorable. De vez en cuando me da por salir un rato a  correr y hoy es un día de esos...

...regreso por el camino del Cerro del Ángel justo cuando noto un fuerte dolor en la rodilla. La sensación  es tal que creo que mis días haciendo deporte se han terminado...

Afortunadamente lo que sentí aquella vez no fue más que la tensión en la cintilla iliotibial. Ya en 2010 comencé a correr en serio y en estos 9 años me ha pasado de todo pero lo que no ha ocurrido es lo de dejar de correr. No he parado.

Pero no se me escapa que .conforme amplio la cantidad de kilómetros aumenta la incertidumbre: 6 ultras de más de 60 kilómetros, 3 retiradas y dos asistencias en ambulancia en meta, ¡menudo bagaje!...

Esta madrugada tengo otro reto. Quizá ni en mis mejores citas estuve más nervioso. El Trail de Sierra Nevada se presenta ante mi con sus potentes argumentos: 62 kilómetros, +3700, mucho calor. No sé con qué contrargumentar, quizá con ilusión, con la idea de que he hecho las cosas bien y si ese Tourmalet es demasiado para mi tendré que saberlo aceptar...

Por lo pronto se trata de montaña, eso que tanto he aprendido a amar. Saldremos por separado, yo por delante, Mercedes por detrás...quizá me alcance, quizá la vea llegar tras haberme retirado, o quizá no.

En definitiva será una buena ocasión para sentirme hipervivo, eso es lo verdaderamente importante

LA CRÓNICA DEL CROSS DE CÁSTULO: EL FUTURO PASA POR NO OLVIDARNOS DEL PASADO

Linares y Cástulo

Mi padre siempre nos narraba con un brillo especial en sus ojos lo de su proeza en Linares: cuando venció en aquella carrera superando a ciclistas a priori con más cartel que él. Quedo grabado en mi recuerdo lo de su brega para que las ruedas de la bicicleta no se  encajaran en los viejos raíles del tranvía, que por aquel entonces discurría por la Avenida de Linarejos, y evitar así dar con sus huesos en el adoquinado.



Y Linares, en el segundo año de este nuevo milenio, un buen día de febrero pasó de ser el lugar de aquella bonita historia familiar para convertirse definitivamente en mi segunda ciudad... 

Es primavera, un sábado por la tarde, mi recién estrenada "novia sin anillo", Mercedes, me está guiando para así llegar a un sitio del que no había oído hablar antes, un poblado íbero. Paseamos de la mano por los caminos disfrutando de la diversidad de colores del florido campo, mezclado con piedras y a medio escavar, y cuando llegamos al castillo tengo dos sentimientos contrapuestos: admiración por la historia que aquel sitio respira y frustración por el grado de abandono al que está sometido,  se trata de Cástulo, ¡no es un lugar cualquiera!. Ya a nuestro regreso a casa de mi suegros quiero pensar que ella es Himilce y yo soy Anibal, que he venido desde muy lejos para conquistar su corazón y de paso revivir una historia casi olvidada.

El club al que pertenezco: el Club de Montaña Linares

Primero me conquistó mi mujer, luego la montaña y ahora compaginamos todo como podemos: una familia, las sendas, las rocas, y el Club de Montaña de Linares. 

...Es una bonita mañana dominical de mayo, ya en el año actual. Bajo andando por una pronunciada cuesta, comprobando que todas las balizas blancas están en su sitio, ¡lo están!. El punto kilométrico 2 intacto, sigue ahí de pie, ¡todo está dispuesto!.
 
Mi misión será la de servir de punto de referencia para esos valientes que pasaran corriendo y al paso tendré la oportunidad de grabarles en vídeo a través del artilugio que me han dejado.

Mientras espero la llegada de los corredores compruebo con alegría que Cástulo ya no es lo que era. Afortunadamente allí se ha trabajado para no dejar que el magnifico pasado se muriera con motivo de la desmemoria de las gentes y del expolio.



 

 
Me asomo a la llanura por donde vendrá la comitiva y compruebo que se acercan irremisiblemente los primeros, ¡vienen como balas!...


 
Asumiendo mi rol periodístico veo pasar a todos y cada uno de los corredores. Algunos se muestran expertos bajando a buen ritmo por el camino pedregoso, otros sortean la dificultad como pueden, incluso andando, pero desde el primero al último forman parte de este acto que hace que aquel paraje resucite un poco en nuestras vidas.

Ya estoy regresando hacia el punto en el que se encuentra Andrés, el cual está echando unas magníficas fotos con su cámara profesional. Lo veo allí volcado en su tarea y no puedo evitar sentirme orgulloso de pertenecer a un grupo, a un club, en el que el todo es más importante que sus partes.






Enfilo andando hacia meta, me paro a menos de un kilómetro de la llegada, donde más de una docena de figurantes perfectamente ataviados con los ropajes de la época arengan sin parar a cada uno de los esforzados corredores, justo en una zona donde la pendiente hace que se dejen literalmente el alma.




Ya en meta charlo con Mercedes, que ha terminado muy cansada, quizá debido al calor,  también con Paqui, la otra valiente que también se ha dejado la piel. Merche, está crónica tenía otros protagonistas que no eran ni tú ni yo, ¡bastante salimos ya en otras entradas!.


El futuro de los niñ@s

Aún queda una penúltima tarea: tenemos que correr con una docena de niños una prueba de 800 metros. Ellos también tienen derecho a formar parte del espectáculo y al paso poder iniciarse en esto del running.  Apenas levantan un metro desde el suelo pero temo que "en frío" me cueste seguirles.




Dan la salida y descubro que mis temores se hacen realidad, la espalda y los isquios me avisan nada más arrancar; los primeros valientes salen volando y decido asociarme con una niña que es todo pundonor. La cuesta se le resiste un poco, pero con mis ánimos la acomete hasta vencerla. Ya en la bajada se viene arriba y alcanzamos meta justo cuando por detrás acechan la segunda y la tercera clasificada. Ya reposando la observo de reojo y compruebo que me está mirando con cara de admiración. No me cabe duda que esa niña irá escribiendo su futuro justo en los años en los que yo ya esté comenzando a retirarme de todo proyecto.



Víctor y su dedicación

Asistimos a una magnífica representación de una lucha entre un romano y un íbero. Gana el íbero, ¡estaba amañado!, claro está. 



Ahora viene la entrega de trofeos, y puedo comprobar como todo se va desarrollando conforme a lo planificado. La cara de Víctor se relaja por momentos, pasando de la tensión y nervios iniciales a la satisfacción que conlleva saber que todo está saliendo a la perfección. 

Echo unos fotos a Mercedes en el fabuloso tinglado íbero que es el perfecto pódium para la ocasión, ¡ha sido segunda veterana +45!. 





Paquí también exhibe su sonrisa como segunda clasificada en su categoría...



Y luego posan juntas, con la mismísima representación de Himilce...


Y otras valientes corredoras también salen en los créditos, como nuestra amiga Encarni que también se ha batido el cobre con éxito esa mañana 



 
 
Recogemos las carpas, las vallas, y queda por retirar las balizas para otro día, seguro que quedará allí un rato largo de trabajo. No me atrevo a preguntar a Víctor, nuestro presi,  cuántas horas de sueño y dedicación ha conllevado organizar algo así, pero a juzgar por su rostro deduzco que le ha merecido la pena.




El Cross de Cástulo: muchas razones para conocerlo

Si queréis venir a pasar una inolvidable e histórica mañana de running, no debéis olvidar esta cita. Aconsejo que primeramente leáis un poco la historia de Cástulo, donde el mismísimo Ánibal, el de los elefantes, ese que estuvo a las puertas de conquistar Roma, vivió con el amor de su vida, la íbera Himilce. Seguro que si lo hacéis vuestra carrera no os sabrá igual. Los casi 200 protagonistas de la última edición lo pueden corroborar. Al paso podréis disfrutar las Fiestas Íbero Romanas que se celebran a la vez. Mi padre ya no está entre nosotros para poderlo disfrutar, pero a buen seguro que él y su bicicleta me abrieron el camino que ahora transita hacia esta maravillosa vida que me está tocando vivir.