RELATOS

Una vez iniciado el movimiento supe que no habría marcha atrás, sería difícil regresar a aquello que fui. Hoy soy otro ser: curtido, compañero del esfuerzo, amante de mis kilómetros. Sólo el fin de mis días debería obligarme a parar: ese es mi pequeño sueño.

domingo, 15 de enero de 2017

DOMINGO 25: EN SIETE DÍAS REGRESO AL PUNTO DONDE ESTABA

Como si del juego de la oca se tratara caí en en la casilla de "el pozo" y me quedé tres partidas sin jugar, ahí parado, todo un retraso que incluso pintaba peor, podría haber tenido que regresar a la casilla de salida. Sin embargo cuando por fin me tocó turno encadené dos seis dobles y en nada me veo otra vez donde estaba antes de que me saliera la fatídica jugada del pozo. ¿Qué quiere decir esto?, que 8 días después de lo que parece ser que finalmente ha sido una contractura en el biceps femoral de mi pierna izquierda (la buena, la nunca daba problemas), he podido correr prácticamente con molestias cero, y eso después de que ayer hiciera una tirada larga de 21,5 kilómetros con subida a las molinos eólicos incluida. Hoy iba a ser una sesión de transición, donde no había que forzar, prácticamente ir suave, pero me he sentido bien y he tratado de ir ganando terreno, apretando por fases, yendo cómodo, eso sí, no he medido ritmos. He podido seguir, de haber querido, pero ya llegando a casa me he encontrado con Mercedes que iba hacia la zona del Hotel El Hidalgo en su "tirada larga de ritmo medido", para ella un entreno muy importante, así que cuando he llegado a casa me he pasado rápidamente el rulo por los isquios, un par de minutos estirando y he cogido el coche para ir a buscarla y seguirle. La he encontrado en un punto de la vía de servicio entre el citado hotel y Bodegas Navarro López (empresa donde tuve el gusto de trabajar tres años), y la he seguido por la vía controlando con mi garmin su cadencia. Se le veía cómoda y cuando hemos llegado a la gasolinera Shell, donde normalmente solemos coger el Camino Carretas para regresar en oblicuo a casa, le he dicho que siguiera por la vía hacia Consolación, el barrio de Valdepeñas que se encuentra a 15 kilómetros entre mi localidad y Manzanares. Siempre a ritmo controlado entre 5´45´´ y 5´50´´ la he visto constante y cómoda. No le ha costado mucho alcanzar el puente que tenía que cruzar para su regreso. En la vuelta ha apretado, conforme estaba marcado en el plan, y se ha puesto a correr entre 5´30´´ y 5´40´´. El entreno ha terminado en el Hotel el Hidalgo justo para hacer 21 kilómetros a un ritmo medio de 5´50´´, pero claro, contando con que los primeros 5 kilómetros han sido de calentamiento casi todos por encima de 6´. Muy buen entreno para ella.

En estos momentos no barajo la posibilidad de no correr en Castellón, y estoy dudando si hacerlo con Mercedes o en solitario. La idea es correrla individualmente y si de aquí a la fecha marcada todo va rodado y lo de los isquios queda como un mal susto, así lo haré.


sábado, 14 de enero de 2017

SÁBADO 14: Y PRUEBO UNA TIRADA LARGA CON SUSTO INCLUIDO

Esta mañana, secundado por las buenas sensaciones que me transmitían los isquios de mi pierna izquierda, me he armado de valor y he salido dispuesto a intentar una tirada de más de 20 kilómetros. Las primeras zancadas me dicen que estoy mucho mejor, todo marcha mejor de los esperado, pero en el kilómetro 1,6 y sin avisar siento una especie de latigazo eléctrico que me sube hasta el glúteo. Ha sido tan sólo un segundo pero ahora siento la zona bastante molesta. Me paro, y por un momento dudo entre seguir o dar media vuelta y suspender el entreno. Decido continuar; los siguientes minutos discurren tranquilos, me va dejando de molestar y voy entrando en calor. Alcanzo el camino del Peral y me voy acercando a dicho paraje a un ritmo constante y cercano a 5´20´´, no más rápido. Subo por el camino paralelo a la carretera, alcanzo el Camino Carretas y acabo cogiendo el camino pedregoso que me llevará a la pista de subida a los molinos eólicos. Las dudas se han ido yendo, me siento bien, no noto apenas nada raro y puedo ir estirando zancada sin problemas. En la zona más irregular, con un montón de piedras resbalidizas, las zapas resbalan una y otra vez pero no siento nada raro, a pesar de los malos gestos, y alcanzo la pista con decisión y con la intuición de que voy a subir bien, y eso hago, subo bastante constante, con buen ritmo, sin molestias y quizá una de mis mejores ascensiones por estas duras pendientes. En lo alto estiro un poco a la vez que disfruto de las vistas. Estoy casi feliz porque una semana después de surgir el problema me veo otra vez corriendo una larga distancia, así que a la felicidad se une un sentimiento de agradecimiento. Bajo con precaución, y en la zona de ligera pendiente negativa meto una marcha más y me pongo por debajo de 5´, mido sensaciones y no noto molestias. En la carretera pasa lo mismo, todo va bien, y tomo el camino hacia la vega; la vuelta la hago sin incidencias, bueno sí, en la última fase vuelvo a apretar y todo termina sin más problemas, quizá falto de fuerzas, pero eso es harina de otro costal.

Al final 21,5 kilómetros que hubiera firmado hace 4 días.

Merche estuvo perezosa, como el sábado anterior, y ha terminado yendo al gimnasio donde ha hecho algo más de 10 kilómetros en la cinta, eso sí, muy buenos, a un ritmo medio por debajo de 5´30´´.

 


CERRANDO UNA SEMANA NEFASTA PARA EL RECUERDO

Ayer quedaba finiquitada otra semana, la que tendría que haber sido crucial de cara a la Maratón de Castellón y que finalmente ha terminado quedando en : "esos días en los que pensaba que no podría correr y que me sirvieron para recuperar, pero no para afinar ninguna maratón". Castellón quedó demasiado lejos, ya no pienso en su maratón; casi imposible correrla yo solo porque este tipo de lesiones me tienen comido el coco y temo mucho romperme; probable correrla con ella, pero para esto tendría que estar muy recuperado porque el riesgo también existe, y es alto, corriendo a sus ritmos, y cabe la posibilidad de que fuera la primera maratón que no disputo estando inscrito, de hecho sería la primera carrera a la que no asisto por culpa de una lesión.

Pero va, dejémonos de penas; Merche había terminado una discreta semana llena de accidentes también para ella: el sábado debido al frío y a la niebla no se atrevió a salir a la calle y corrió en la cinta, el domingo hicimos la salida de 14 kilómetros, bien hasta la mitad cuando ya no pude seguir y los últimos tres kilómetros los hicimos andando, el lunes descanso, el martes hizo un entreno discreto y el miércoles de nuevo gimnasio, que estuvo bien pero adolecimos de una buena tirada, que tampoco fue la del jueves día en el que no metió mucha caña debido a que iba con ella, y el viernes de nuevo descanso. Digamos que salieron unos discretos 56 kilómetros en los que hemos echado en falta una tirada larga y un entreno de intensidad. Lo mío, al fin y al cabo, diría que mejor: he podido hacer casi 52 kilómetros, pero sobre todo NO HE PARADO, que quizá habría sido lo más prudente, pero viendo como estoy ahora y como estaba hace unos días, siento que he progresado, y eso es mucho.


JUEVES 12: Y CORRO CON MERCHE AUNQUE ME CUESTA SEGUIRLA

Tocó el jueves probar la pierna a ver qué tal. Antes de cenar iniciamos el circuito de los cerros de la aguzadera, por mi parte cargado de esperanza y por parte de ella sin tensiones, pero le venía bien ir acompañada ya que sola por los caminos y de noche no es lo más recomendable. A los no más de 15 minutos comienzo a sentir como las sensaciones iniciales, que fueron buenas, dejan de serlo tanto, y siento una carga desagradable y un ligero dolorcillo espontáneo que se repite a cada pisada, no me gusta nada, pero al menos no tengo tirantez y puedo correr, son sólo molestias no incapacitantes. Con el paso de los minutos la cosa no va a peor y aprovecho para continuar la sesión lleno de esperanza. El ritmo es quizá en torno a 6´ y siento que Merche se va aburriendo un poco. En la subida de la vía de servicio de la A4 me siento más cómodo y lo hacemos los dos con bastante brio, pero al llegar a la falda del Cerro del Ángel siento que ya ha estado bien para hoy y decido dejar de forzar, así que le digo a Merche que tire para adelante, a pesar de que el único frontal lo lleva ella. Bajo por la parte derecha de la vía de único sentido, de frente, así que es casi imposible que un coche me pille, además hay luna casi llena y se ve bastante bien; en esta tesitura voy comprobando como la estela que deja la luz del frontal de ella se va viendo cada vez más alejada, y recuerdo la situación similar, pero más dolorosa, que se produjo en la Doñana Trail; es inevitable pensar que ella cada vez está mejor y yo, por el contrario, estoy entrando en barrena. En cualquier caso, aflojando el ritmo no voy nada mal, apenas me molesta el isquio y eso para mi es un premio inesperado, impensable unos días antes; soy optimista, probablemente todo ha sido una contractura, un acortamiento del músculo que hay que trabajar, pero pareciera que no hay rotura y esto es vital. Ya en casa hago lo que con buen criterio he venido haciendo estos días: rulo, estiramientos variados centrados en la zona afectada y algo de abdominales. Se me olvidó comentar que Merche tiró hacia el parque y no hacia casa, alargando un poco la sesión, con lo que unos 10 minutos después de mi llegada aparecía ella, bastante optimista, había hecho unos 11 kilómetros frente a los 8,5 míos.


MIÉRCOLES 11: YENDO AL GIMNASIO PARA SENTIRME EN MOVIMIENTO

La experiencia del martes había sido sólo a medias positiva, pero la verdad es que el miércoles sentí una considerable mejoría, la zona no me dolía al tacto y el hematoma seguía sin salir, por lo que se iban retrasando los malos presagios. Así que esperé a que Merche saliera del trabajo y nos fuimos al gimnasio. La sesión estuvo bien: primero elíptica que me dejó las piernas muy cargadas y eso que sólo trabajé a algo menos de 100 vatios durante 20 minutos; afortunadamente nada de dolor ni molestias realizando ese ejercicio. Merche hizo lo propio, y tras esto yo me fui a la bicicleta tumbada y ella se fue a la cinta. En la bici estuve otros 20 minutos en los que fui aumentando paulatinamente el nivel y me sentí más cómodo que en el anterior aparato. Se puede decir que entre el trote de ida y vuelta al gimnasio más las distancias hechas en los dos ejercicios terminé realizando el equivalente a 10 kilómetros. Lo mejor vino al final cuando Merche fue aumentando el ritmo en la cinta y acabó a una velocidad de 12,4 kilómetros/hora, claramente por debajo de 5´el kilómetro. Realizó una distancia equivalente similar a la mía.

Ya en casa volví a pasarme el rulo y a estirar y terminé mucho más contento que en la sesión del día anterior. Estaba haciendo más cosas de las que había pensado hacer cuando me encontraba tan maltrecho el domingo.


MARTES 10: TRATANDO DE CORRER E I.M.P.O.T.E.N.T.E

El domingo por la noche no podía estirar, así que el lunes tocó descanso. Por aquel entonces creía que no podría correr al menos en toda la semana y estaba a la espera de que me saliera el hematoma como chivato inequívoco de una rotura. Pero a lo largo del martes una sensación en forma de deseo irrefrenable de correr me asaltó; juro que me había mentalizado a no hacer nada, a descartar Castellón, a relajarme, pero lo del martes fue una reacción física y la mente hizo caso al cuerpo. Cogí el coche y mientras Mercedes iba al parque corriendo yo fui al mismo lugar, aparqué y me puse a dar lentas vueltas, al principio con una sensación muy desagradable y tirante, que fue disminuyendo muy lentamente, a pesar de que no iba forzando nada, calculo que a más de 8´el kilómetro. Me cruzaba con mi mujer y me daba envidia verla tan suelta; ya no digamos lo que sentía cuando otros corredores, algunos con pinta de correr poco, me adelantaban levantando aire a su paso. 

Mercedes dio unas buenas 8 vueltas y yo tan sólo fui capaz de dar 4 a Dios gracias. Tras esto, Merche tiró hacia casa corriendo y yo hice lo propio en coche. Ya en el calor del hogar me puse a pasarme el rulo por los isquios y no era muy doloroso, también estiré un poco.

Con esta breve y casi testimonial salida había conseguido algo para mi importante: sentir que no estaba parado, y a la postre me ayudó a que la semana sirviera, como luego podréis leer.


lunes, 9 de enero de 2017

DOMINGO 8: AHORA VEO LEJOS CASTELLÓN

Comimos en la ciudad que vio crecer a mi mujer y tras una corta digestión salimos a hacer el circuito que lleva por la vía verde a la Estación Linares-Baeza para regresar por la carretera. Hace una temperatura estupenda y el solecito calienta, así que no pienso en el susto del día anterior, porque además no noto apenas molestias. Salimos y en las primeras zancadas soy optimista, no me encuentro mal. Por la vía verde, pendiente a favor nos vamos lanzando a buen ritmo, en eso consiste este entreno: que Merche coja ritmo hasta el kilómetro 7 cuando ya se llanea y luego toca la segunda fase, las fuertes subidas. Todo va bien, no siento la zona cargada, voy suelto, pero no quiero forzar, sin embargo en el kilómetro 4,5 las sensaciones van dejando se ser tan buenas, y comienza el hormigueo que había sentido el día anterior. Tanto es así que en un punto cercano al 6 decido parar y estirar, no me gusta lo que estoy sintiendo y el pesimismo me invade, comienzo a pensar que no podré correr la Maratón de Castellón. Unos metros más adelante el dolor se torno eléctrico y sube hacia el glúteo, no es punzante pero indica una clara carga, así que bajo el pistón y desde ese momento vamos correteando a un ritmo mucho más suave, de forma que de vez en cuando tengo que parar a estirar por que las molestias son insostenibles. Lo peor está por llegar cuando toca subir, porque la pierna se me queda medio tiesa y me recuerda a las sensaciones sufridas en la Maratón de Málaga. Estoy padeciendo y quiero llegar a casa de mis suegros cuanto antes, Merche me propone andar pero yo no quiero tardar mucho en llegar, así que corriendo de punteras, sin talonar voy más cómodo y consigo subir todo el cuestón hasta la Avenida de Úbeda a la entrada de Linares, pero eso sí, llegado al llano no puedo seguir y ya el resto del recorrido lo hacemos andando, mi pierna no da para más.

Ya en casa de mis suegros compruebo que no puedo estirar en noventa grados, siento un dolor horrible al hacerlo, pero al tacto no siento dolor, sí carga. Ya en Valdepeñas intento estirar y apenas lo consigo, cuesta bastante. Así que tomo decisiones rápidas: no correr en Castellón y parar, para cuanto sea suficiente, si soy capaz de hacerlo, ¡no quiero romperme!, eso si no me he roto ya; aunque a día de hoy no veo hematoma.

Merche por su parte se encontró bien, y me temo que todo esto mío puede afectarle en su recta final a Castellón