RELATOS

Una vez iniciado el movimiento supe que no habría marcha atrás, sería difícil regresar a aquello que fui. Hoy soy otro ser: curtido, compañero del esfuerzo, amante de mis kilómetros. Sólo el fin de mis días debería obligarme a parar: ese es mi pequeño sueño.

jueves, 6 de diciembre de 2018

LO HECHO EL RESTO DE NOVIEMBRE

He estado sin rumbo fijo, entrenando casi por entrenar, a pesar de que este próximo domingo tenemos nuevamente una ultra, que por razones obvias me tiene preocupado. La semana posterior a Doñana no hice nada hasta que el sábado siguiente me metí una pedazo de tirada de 47 kilómetros y esa semana pude conseguir 80 kilómetros en cinco sesiones (la larga, gimnasio el domingo, dos días de interval y un entreno suave). La semana siguiente empezó con un entreno que no me acabó de sentar muy bien, 25 kilómetros por Finca Castellanos, Gasolinera Shell y vuelta por la vía de servicio, hechos con Merche donde se constato que no tengo ritmo ninguno. Al día siguiente de nuevo salíamos Merche y yo para hacer unos 10 kilómetros que me dejaron mejor sabor de boca. Del resto de semana apenas me acuerdo: una sesión de gimnasio y otros dos sesiones para que me salieran 70 kilómetros. La semana entre el 24 y el 30 fue la peor, la más desmotivante, haciendo apenas 60 kilómetros, ya que el sábado lo pasamos entero viendo a Jorge en una competición de Taekwondo y el domingo hice una tirada de unos 12, que se vieron acompañadas por otras tres sesiones similares.

Y así pasé este nefasto mes de noviembre en el que no ocurrió nada positivo, casi no pasó nada reseñable, salvo el desastre de la Doñana, claro, y la tirada larga que me sirvió para curar un poco el mal. Días de impás en los que no sé a donde voy ni lo que quiero, pero con el problema de tener otros 50 kilómetros que correr el próximo domingo.


SÁBADO 10: 47 KILÓMETROS DE UN TIRÓN

Entre el 4 y el 9 de noviembre no hice absolutamente nada, ni tan siquiera reflexioné sobre lo ocurrido en la Doñana. Ya el lunes estaba para haber salido a correr si así lo hubiera querido pero mi moral no estaba para ello, simplemente necesitaba parar. Conforme avanzó la semana se me fue metiendo en la cabeza la idea de hacer una larga tirada a un ritmo suave y sin obligaciones y el viernes ya lo tenía todo dispuesto. El circuito elegido era bastante distinto a lo hecho hasta ahora ya que tomaba el camino de En Medio, que así se llama, en paralelo al Río Jabalón, para luego tomar un camino atravesar el río, cruzar la Carretera de Moral de Calatrava, subir a la Sierra del Moral en la zona donde fue el incendio este pasado verano, tomar el Camino de Peñalba y regresar a casa pasando por las Fincas La Peralosa, Amparo, Castellanos. Originalmente 44,70 kilómetros. 

Me levanto temprano, me pongo el chaleco, un montón de turroncillos, y dos geles, para variar (hace años que no los tomo); también llevo nueces, rompiendo los principios creados como barrera, esos que dicen que mi estómago no tolera casi nada mientras corro. Salgo y desde el principio que la experiencia va a ser larga, pero cuando apenas llevo un kilómetreo me doy cuenta que me he dejado los softflask en casa; regreso y otra vez a empezar, eso sí, sin para el recorrido que se va grabando en el smartphone. Avanzo por la Avenida Primera de Julio, hasta la circunvalación, paso por la vieja depuradora donde otrora (hace más de 33 años solíamos entrenar a hacer "las horas" las sesiones más largas. Me cruzo con un antiguo alumno que también corre y me dice que por la pinta que llevo toca tirada larga, y le contesto afirmativamente. Voy lento, no quiero llevar prisa, tan sólo quiero llegar a casa con fuerza para borrar de mi casa la idea de que no valgo para cubrir distancias largas. Por el camino que va paralelo al jabalón la sensaciones no son de disfrute pero al menos voy bien, a ritmo constante y voy comiendo y bebiendo sin mayores problemas. Paso por la Finca Las Agrupadas y continuo por el camino, ya llevo unos 12 kilómetros y las fuerzas van casi intactas. Llega el momento de coger el camino de la derecha, atravieso el puente del Jabalón que no lleva agua y subo una cuesta. Me voy acercando a la carretera. Cuando alcanzo esta ya llevo una media maratón.

Paso bordeando la cadena con el cartel que indica que es coto privado de caza, toca subir un +180. No llevo ni la mitad de la subida cuando me encuentro con un cazador que se acerca y me paro. Me dice que no puedo pasar por ahí, es privado. Yo le digo que he trazado el circuito y que desde el ordenador me pareció un camino público. Me dice que por mi seguridad me he de dar la vuelta, pero le insisto que a un kilómetro y medio tengo el camino de Peñalba. Finalmente me da un toque en el móvil, que suena en mi brazo y le digo que bajo mi responsabilidad seguiré el trayecto. Afortunadamente no ocurre nada raro, atravieso toda la zona quemada hasta coger el Camino de Peñalba. En esa zona probablemente es el momento de mayor disfrute. Por primera vez paso por esa zona en en sentido, ya que en sentido contrario lo he transitado multitud de veces. Por la zona de la escorrentía me siento algo agarrotado, no en vano ya llevo más de 24 kilómetros. Me tomo un gel de magnesio y curiosamente siento sus efectos a los pocos minutos. Atravieso el camino en la zona de las antenas y continuo por el camino hasta pasar por Finca La Peralosa, kilómetro 29. 

No puedo evitar pensar como iba la semana anterior, no puedo evitar preguntarme qué me pasó. El caso es que no andado y aunque voy a un ritmo suave la media es cercana a los 9 kilómetros por hora. Alcanzo el carreterín en franca bajada, paso por Finca Amparo y de ahí el trayecto hasta Finca Castellanos, que se me hace más pesado. Llego a esa finca cuando llevo casi 36 kilómetros y sé que el final va a ser lo más duro porque comienzo a estar algo agarrotado. Sin embargo me siento fuerte. Me tomo un segundo gel en una zona en la que se va subiendo y cuesta a esas altura y tras esto comienzo a bajar hacia el cruce caminos que se encuentra a 7 kilómetros de casa, cuando paso por ahí ya llevo 40 kilómetros y voy echando el resto tratando de no andar, aunque un rato después ando unos segundos para retomar fuerzas. La zona de la carretera se hace algo dura, pero ya en el carreterín me propongo coger ritmo y lo hago, llegando al pueblo en buena disposición. Se hace duro llegar a casa pero finalmente lo hago en 5 horas 35 minutos, paradas incluidas (en movimiento he estado 5 horas y 18 minutos).

Y sólo por esto siento que he hecho lo que tenía que hacer, me siento nuevamente corredor. No es una redención, probablemente tampoco un castigo, es simplemente un acto que lo que busca es mi equilibrio interior.

El gran dagnificado de todo ello es mi rodilla izquierda, bastante cargada, el mal de la cintilla. Al día siguiente teníamos la carrera sin crono y no pude hacerla, sólo pude ir al gimnasio un rato.






LA CRÓNICA DEL TRAIL DE DOÑANA 2.018: ¿RETO O ROTO?

En el arca de los sueños extraviados

Una segunda oportunidad y así poder limpiar los restos de los recuerdos de aquella Doñana Trail de 2.016 (que incluyó en mi bolsa de corredor vómitos, ambulancia y vía en vena). Casi olvidado el juguetón vaivén de la falda de mi mujer  alejándose ante mi impotencia tras no poder seguir su ritmo; habían desaparecido aquellas malas sensaciones: el dolor al vomitar, los calambres dentro del saco de dormir, el quemazón de mi esófago, todo lo que había que esconder había sido desechado y se nos brindaba la ocasión de una estupenda llegada al Rocío cogidos de la mano en la restauración perfecta del sueño extraviado.

No me pares ahora

Alguien nos regaló un jueves soleado que supimos pasar en Linares. Inés se quedó con sus abuelos aquella tarde en la que estuvimos con Jorge justo en el mismo café donde tiempo atrás su madre y yo charlamos de proyectos de vida mientras nos enamorábamos. Los tres juntos en una sesión de cine en el mismo bowling donde otrora ella y yo compartimos ficciones en aquellos magníficos sábados. En la pantalla un divo cuyo nombre artístico es Freddie con un mensaje: la vida es demasiado corta como para desaprovecharla. Al final de la película suena "Don´t stop me now" y no quiero parar, no podemos parar.

Busco un color especial para Sevilla

Veo la expectativa agarrada al parabrisas del coche, como si fuera un folleto publicitario de esos que dejan bajo el limpia. Mercedes va contenta y segura hacia su destino: correr sin descanso como si no hubiera un mañana. Nos vemos cargados con dos grandes bolsas por la Avenida de la Constitución, pasando ante las imponentes piedras de la catedral, justo por donde hace unos años me moría de vergüenza mientras caminaba en plena maratón entre las arengas de los sevillanos. Llegamos a la Plaza de Jérez; identifico el lugar donde montaron el arco de salida y siento inquietud, no me llegan buenas ondas del pasado. 

En el centro comercial ya venden ilusiones

El google map nos lleva fácilmente al centro comercial donde recogeremos los dorsales. dos años atrás resultó más difícil encontrarlo y pienso que así ocurrirá con el reto, que será más fácil su logro. La bolsa, unas fotos y aparece Mariano Moya, ese crack con el que nos tomamos un café e intercambiamos charla de corredores. Paseamos ella y yo por los largos pasillos del mamotreto de hormigón y acero y pienso que estoy completamente seguro de se nos dará bien. Compramos la cena y el desayuno previo a la aventura y nos recogemos en la habitación del hostal. Mientras repongo energías conecto el portátil y veo a mi Alba ganar. Mi vicio por este equipo ya viene de hace casi 30 años y al igual que lo de correr es como un mal veneno que una vez probado es casi imposible prescindir de él.

En el punto de reinicio del día de la marmota

La mañana nos sorprende tras haber descansado. Se amontona la logística por la habitación y ultimamos los detalles antes de bajar. En la calle no hace frío, no llueve como lo hiciera en 2.016. Dejamos las bolsas que viajarán al Rocio en un traslado menos emocionante que el nuestro, calentamos un poco y nos vemos de nuevo ahí, con 71 kilómetros por delante.

Merche ya no es la que fue, no es novata, y en cuanto a mi, soy un proyecto de lo que quiero ser, de lo que un día fui. Atrapados en la Puerta de Jérez vivimos nuestro día de la marmota tratando de moldear la jornada a nuestra conveniencia para obtener un final más feliz que el que en su día tuvimos. 

De igual a igual

Dan la salida, Merche y yo en tándem, parejas mixtas, "igualdad" llaman a esta nueva categoría. No voy de maestro, ya ejercí como tal en mi primera marmota y así me fue, no quiero hacerlo en esta segunda. El scouting nos ha dicho que hay poco que hacer en esta categoría, demasiado nivel, así que salimos sin la presión añadida de elocubrar con podiums.

El ritmo es vivo y mi pierna no quiere aguarnos la fiesta; parece que no tuvo sentido tanta preocupación por ella en los días anteriores. Ahora bien, no esperaba el flow y sé que no va a venir, no en esta nueva etapa que me toca vivir.

Vamos en pareja, de igual a igual y alcanzamos San Juan de Azanalfarache, rodeados de corredores nerviosos que quieren comerse el camino de la romería y llegados a la cuesta no andamos, no hay que reservar fuerzas, o al menos eso creo en ese momento. 

La protagonista de esta historia


Antes de llegar al primer avituallamiento un corredor ciudadrealeño se pone en paralelo y nos da charla, se saca una grabadora y nos hace una improvisada entrevista, es de un diario deportivo que no recuerdo. Ella es la protagonista de esta historia común, de este tándem que hacemos. Alcanzamos a una conocida corredora también de nuestra provincia justo en el puesto del 10 lo que me hace pensar que probablemente marchemos por encima de nuestras posibilidades. Esa chica es buena pero también es posible que vaya guardando energías ante la exigencia de la prueba.

Merche es la actriz principal de su disfrute, yo soy el actor secundario de mi confusa preocupación.

No hay regocijo en ello

Pasan los kilómetros y suman en el gps pero no suman en mí. Comparo el paisaje con el de mis recuerdos y comparo mis sensaciones con buenos momentos que ya olvidé. En el avituallamiento del 20 tras hacer la goma con ella, volvemos a cazar a la corredora de Ciudad Real, justo cuando pienso que me está costando más de la cuenta comerme el tercer turroncillo .

Mercedes es como una máquina, sus piernas son los émbolos y no deja de moverlos como si pudiera perpetuar su inercia. Pensar en eso no me ayuda, mis piernas no las siento así, no hay regocijo en todo esto, al menos para mi.

Si a un kilómetro sumado le restas dos en sensaciones

A la altura de Aznalcázar nos topamos con una laguna que ocupa todo el camino. Nos mojamos hasta la rodilla y ese handicap resta unas cuantas líneas de vida a mi acumulado. El pie comienza a fastidiarme, pero ese dolor puedo soportarlo. Paro a hacer un pis y me cuesta alcanzar a Mercedes, demasiado impetú para empresa tan liviana. Volvemos a coincidir con aquella chica, que en esta ocasión nos adelanta subida en un quad llevado por alguien de la organización. Pienso en Mercedes y en como va engrasada y no la veo remolcada por nadie

Y mi motor luce viejo, sin lubricante en un avance sin alegría restando prestaciones a cada avance.

La recta hacia ninguna parte

Alcanzamos el avituallamiento del 30. Recargo líquido para elaborar mi isotónica y bebo demasiado agua, demasiada sed que ha salido de no sé donde. No siento el escalofrío que me sorprendió en la primera marmota cuando allí mismo nos cantaron que ella iba cuarta. Lo que está por llegar no va a ser emocionante.

Y en la larga recta que nos ha de llevar a Villamanrique de la Condesa me veo inmerso en una situación estúpida: realizando una actividad que sólo traerá consigo cosas malas. Se resiente mi camino, como el óxido en una cadena de una bici vieja y desusada; y hago una improvisada tesis sobre el acercamiento de los árboles que se presentan en mi horizonte, descontando los metros que duramente conquisto. Son muchos los que aún quedan por delante, la cuenta atrás es demasiado larga.

De igual a desigual

Y en algún punto antes de llegar a Villamanrique tomo conciencia de que ese día será  negro. A menos de un kilómetro de esa localidad mi cuerpo me obliga a andar y se lo hago saber a mi mujer, que se queda perpleja ante mi hundimiento. Llegar al avituallamiento de la plaza es casi una cómica experiencia: malestar por sentirme sin fuerzas y decepción por lo que ello significa. Ya en la caseta no puedo comer, pero no tengo ganas de vomitar. Descansaría si no fuera por ella, así que cojo un cacho de sandwich de jamón york y  reanudo la marcha tras su estela; va tirando de mí toda incrédula.

Competimos en la categoría "desigualdad" así que hago esfuerzos por complacerla, pienso en cómo puedo resolver ese acertijo; si doy con la solución me recuperaré y todo volverá a ir en positivo, pero ella está impaciente, no puede perder el tiempo en acertijos, sólo quiere volar.

La subidita a la desolación

El camino es en ligera pendiente ascendente y está ideado para rematarme; sólo me apetece andar y hasta eso me cuesta. Cuando nos comienza a adelantar la gente la impaciencia de mi mujer se multiplica; el acertijo no se resuelve con un gel, que me trago, ni con una pastilla antiácido que no me aporta nada; no hay solución para este enigma, tan sólo podré desistir. En un punto cercano al 45 se lo hago saber a Mercedes y aún han de pasar dos largos kilómetros hasta que la consigo convencer de que tiene que proseguir ella sola. 

El agua de los valientes

La veo alejarse pero no hay emoción en ello, no hay nada más que oscuridad. Ya estoy solo y no siento alivio, sí decepción, pero ni siquiera pienso en ello. Hinojos a 2 kilómetros y es una dura distancia a salvar en mi estado. Aparece un quad de la organización, y como hizo con Miriam, me recoge y me lleva al avituallamiento. Allí me preguntan por cómo me encuentro, "ni tan mal como para la ambulancia ni tan bien como para sonreir". Me dicen que Mercedes ha pasado como un tiro y que iba algo contrariada por no saber muy bien si terminar la prueba le reportaría algo. Bebo agua, mucha agua, y no hace calor como para beber tanto. No tengo hambre, y estoy muy muy cansado. Oficialmente me he retirado, sin embargo no hay forma de que nadie me lleve al Rocío y de repente pienso que puedo continuar continuar. El agua me ha envalentonado, aunque dicen que es incolora, insípida, etc, ese H2O es mucho más que eso.

Besando el sello en vano

El chico que nos entrevistó kilómetros atrás sale del avituallamiento conmigo, al principio vamos andando hasta que decidimos ponernos a correr. Pero pronto descubro que no puedo seguirle, el agua no da para tanto, y se va con su grabadora bien guardada. Aún así, la determinacion de proseguir me ha cambiado el ánimo, beso el sello que llevo en mi mano izquierda y que perteneció a mi padre, a quién pretendía dedicar el reto. Me digo ¡tú puedes, vas a terminarla!. Sin embargo no pasan muchos minutos para verme otra vez sintiendo el efecto de la gravedad multiplicado por 10. 

De linces y de mi padre: ya no están

Paso por los parejes donde antaño ví moverse y alejarse la falda de Mercedes. No estoy triste por ello, ni por aquel pasado ni por este presente. Avanzo por donde soñé con linces y ví a mi padre y su decadencia. Es un eco apagado, no aparecen en mi recuerdo ni los viejos ni los nuevos duros entrenos,  y como un tonto simplemente me muevo, simplemente repito una terapia que a esas alturas me es dañina.

Se me hace un mundo llegar al avituallamiento del kilómetro 57, llego hundido y cuando veo la silla de plástico deseo sentarme pero no lo hago, no quiero remomorar lo de mi tercera Madrid Segovia en el Alto de la Fuenfría. Bebo agua, y dejo caer el peso de mis hombros sobre mi; ¡ahora sí que abandono!. El camino por donde continua el parque no se abre tentador ante mi, no hallo resquicio en mi alma que justifique la locura de adentrarme en él y claudico mientras pienso en vías en vena, calambres y ambulancias. 

Permanezco sentado al borde de la carretera mientras compruebo como bullen todos y cada uno de los músculos de mis piernas, en un espasmo continuo; no son calambres fuertes, es que estoy tan exhausto que han dicho basta. 

Llegando al Rocío

Para un todoterreno al que le echado el alto, les pregunto si son tan amables de llevarme y sí lo son. Ir sentado es un suplicio, ahora sí que me acalambro. Me cuesta llegar a meta incluso montado en un vehículo. Cuando me dejan al lado de la ermita me acerco  con un sigilo obligado al arco de llegada, el crono marca 7 horas 25 minutos. Hago de testigo indolente y veo llegar a todo tipo de héroes, alguna heroina, y sé que no tendré que esperar mucho a Merche. A esas alturas de la tarde estoy invadido por una profunda y densa resignación y ello me consuela.

Cuando veo aparecer a mi mujer sí que brota la emoción, redescubro la idea de en lo que se ha convertido, y la envidia se hace hueco; 7´54´´, fulminando su marca de 2016 en veinticinco minutos.

Estoy aquí pero en realidad nunca estuve

En esa tarde aprendo sobre mis enseñanzas, el fracaso es como Sócrates, un ávido discente; la lección dice bien claro que toca escuchar y sentir respeto. Charlo con Mariano Moya, que como decía al principio de mi entrada es un crack, 7 horas 14 a sus 55 años y se le ve tan entero, tanto como se le ve a mi mujer. Están hechos de otra pasta, distinta a la mía. Fuera lamentaciones, las rehuyo, pero intuyo en Mercedes una rabia que la mantiene confusa, tras mezclarse con su gen más competitivo. Ha sido tercera mujer absoluta, pero no computa.

Y así fue como ésta que tenía que haber sido nuestra segunda oportunidad tiene por veredicto un segundo fracaso, más estrepitoso que el primero, la marmota no quiso despertar y tocó tropezar con una piedra mucho más grande que la primera. 

Paseamos por la aldea y siento algo extraño: no estoy allí, en realidad nunca he estado. Bien entrada la noche trato de mostrar mi mejor perfil ante vicisitud tan amarga; cenamos, charlamos, sentimos la calma y al paso evito verme como un perdedor y hago saber a Merche que es una ganadora; ya en la cama del hostal no sueño, simplemente descanso, sin calambres y sin sacos de dormir, afortunadamente.

Ceremonias impostadas en mi ser

El desayuno campero hubiera sido otra cosa a lo que fue; los premios también, el regreso a Sevilla se hubiera vivido de otra forma; sea como fuere estos ingredientes matutinos fueron todos añadidos sin sabor, ni color, como Sevilla, que para mi es agua insípida e incolora,  agua que da coraje, pero sólo es valentía ficticia y efímera.

La vuelta a Linares torna a un blanco apaciguador, el que pinta mis 48 años; ni verde de la esperanza, ni gris de desaliento, ni negro de desamparo, blanco calma, blanco sabio.

Los días siguientes no los uso para reflexionar, no hay pensamiento tras esa cortina. Pero sí hago algo distinto, 8 años después de un casi no parar dejo de correr, casi como un desaire al engaño de tu ser amado. Eso sí, al sábado siguiente ya tengo preparado un cruel castigo que me redima: 47 kilómetros en solitario para sentirme capaz de llegar a casa sin morir en el intento, pero eso es harina de otra entrada de este blog.

PD: tengo fotos, pero esta entrada iba sólo de palabras.





jueves, 22 de noviembre de 2018

LA SEMANA PREVIA A EL TRAIL DE DOÑANA

Es como si hubiera pasado mucho tiempo, ya ni me acuerdo, y como no apunté los entrenos pues es como si no hubiera existido. Solo tengo las anotacoines del día 27 y 28. Pero ¡qué puedo decir!, si relleno esta entrada es por costumbre; además lo que aconteció el sábado 3 es para olvidarlo, aunque me consta que me costará borrarlo de la memoria

El día 27 de octubre sábado hice 12 kilómetros a ritmo, pero a decir verdad no logro recordar por donde corrí. Si recuerdo el nefasto entreno del domingo 28 de octubre, hecho por la mañana. Nos fuimos a hacer un circuito desde el Peral cogiendo el Camino Carretas y tirando hacia la zona de las canteras, y sufrí un montón en la parte alta de atrás de mi pierna izquierda, hasta tal extremo que me costó completar el entreno. Suerte que en la parte final mejoró un poco y sentí algo menos de molestias. Si no recuerdo mal el lunes descansé, debido a que me preocupa el problema de la pierna y el martes 29 fui al gimnasio para hacer bicicleta y elíptica, hasta completar 55 minutos, unos 11 kilómetros. El miércoles 30 fue mi penúltimo entreno antes de Doñana, con 7,5 kilómetros por el circuito del aeródromo; por último el jueves 1 hice un entreno cortito de 5,5 kilómetros por la tarde unos 7 kilómetros y medio, por lo que finalmente cerré una escase semana de tapering con 48 kilómetros y muchas dudas.

Algo parecido hizo Merche, pero ella estaba en otra onda.





sábado, 27 de octubre de 2018

¡CH, CH, CH, CHANGES!. VIENEN ALGUNOS CAMBIOS. SEMANA DEL 20 AL 26

Justo a dos semanas del desafío más importante que he tenido en estos dos últimos dos años: la Doñana Trail compitiendo en parejas con la crack de mi mujer, parece que las cosas han comenzado a cambiar y como decía la canción del gran Davi Bowie:


I still don't know what I was waiting for (No sabía aún qué estaba esperando)
And my time was running wild (y mi tiempo pasaba deprisa)
A million dead-end streets (hacia un millón de callejones sin salida)
Every time I thought I'd got it made (cuando pensé que que ya estaba hecho)
It seemed the taste was not so sweet (resultó que el sabor no fue tan dulce)
So I turned myself to face me (así que me enfrenté conmigo mismo)
But I've never caught a glimpse (pero nunca conseguí vislumbrar)
Of how the others must see the faker (como ven los demás al farsante)
I'm much too fast to take that test (soy demasiado rápido para hacer la prueba)

[Chorus]
Ch-ch-ch-ch-Changes (C, c, c, cambios)
(Turn and face the strange) (date la vuelta y enfrentate a lo desconocido)
Ch-ch-Changes (c,c,c, cambios)
Don't want to be a richer man (no quiero ser un hombre rico)
Ch-ch-ch-ch-Changes   (c,c,c, cambios)
(Turn and face the strange) (date la vuelta y enfrentate a lo desconocido)
Ch-ch-Changes (c,c,c, cambios)
Just gonna have to be a different man (tendré que se un hombre nuevo)
Time may change me (podrá cambiarme el tiempo)
But I can't trace time (pero yo no puedo seguirle a él)


I watch the ripples change their size (veo como las ondas cambian de tamaño)
But never leave the stream (sin abandonar nunca la corriente)
Of warm impermanence and (de lo efímero, así que)
So the days float through my eyes (los días flotan ante mis ojos)
But still the days seem the same (pero todavía los días parecen lo mismo)
And these children that you spit on (y estos niños a los que escupes)
As they try to change their worlds (mientras tratan de cambiar sus mundos)
Are immune to your consultations (son inmunes a tus preguntas)
They're quite aware of what they're going through (son muy conscientes de lo que están viviendo)


Ch-ch-ch-ch-Changes
(Turn and face the strange) (date la vuelta y enfrentate la desconocido)
Ch-ch-Changes
Don't tell them to grow up and out of it (no les digas que crezcan)
Ch-ch-ch-ch-Changes
(Turn and face the strange) (date la vuelta y enfrentate a lo desconocido)
Ch-ch-Changes
Where's your shame (dónde está tu verguenza?)
You've left us up to our necks in it (nos has dejado hasta el cuello)
Time may change me (el tiempo podrá cambiarme)
But you can't trace time (pero yo no puedo seguirle)



Strange fascination, fascinating me (una extraña fascinación me fascina)
Changes are taking the pace I'm going through (los cambios siguen el ritmo que yo llevo)

Ch-ch-ch-ch-Changes
(Turn and face the strange) (date la vuelta y enfrentate a lo desconocido)
Ch-ch-Changes
Oh, look out you rock 'n rollers (oh, cuidado con los del rock and roll)
Ch-ch-ch-ch-Changes
(Turn and face the strange) (date la vuelta y enfrentate a lo desconocido)
Ch-ch-Changes
Pretty soon you're gonna get a little older (dentro de poco serás viejo)
Time may change me (el tiempo puede cambiarme)
But I can't trace time (pero yo no puedo seguirle)
I said that time may change me (digo que el tiempo puede cambiarme)
But I can't trace time (pero yo no puedo seguirle)


Toca revisar lo que dice esta canción, la cual expresa a la perfección las distintas etapas de la vida: cuando te quieres comer el mundo, cuando estás absorto en tus obligaciones y todo parece lo mismo  y cuando comienzas a ser demasiado viejo como para entender que los cambios que vienen son los que te harán desaparecer y te vas justo cuando el mundo te está comiendo justamente a ti. LA VIDA ES CAMBIO y tú estás siempre ahí para encarar el tiempo y cambiar, justo hasta que llegue tu último cambio, porque el tiempo siempre es más rápido que tú, y porque tú eres más efímero que el tiempo.

Y yo soy ya un poquito más viejo... así que afronto mis muchos cambios y sigo adelante en esta penúltima semana en la que he conseguido virar la proa de mi embarcación y respirar un poco del aroma de los cambios y todo para poder disfrutar de una efímera pero deseada Doñana Trail con Mercedes, que en el fondo no es más que una de esas segundas oportunidades, como revivir lo que ya estaba muerto, como esos sueños que tengo en los que mi abuela regresa a casa y yo le pregunto, ¡abuela! que bien que has vuelto de nuevo con nosotros, no estaba muerta, y siento que está más viva que nunca, la siento intensamente...aunque sea en mis sueños...

Así que no sin esfuerzo, esta semana tuvo 6 sesiones bastante constantes e intensas. No hubo ningún entreno de transición, y poco a poco sentí una pequeña transformación en mi, que al menos me hace esbozar una leve sonrisa:

  1. Sábado 20 de octubre: entreno muy saludable en Las Virtudes con Merche. Por momentos me sentí algo pesado, por momentos me sentí bien, pero lo mejor fueron los 14,5 kilómetros por un circuito durillo en una fase en la que se inició el tapering.
  2. Domingo 21 de octubre: la jornada fue muy fructífera porque hicimos una estupenda tiradilla con algunos miembros del Extenuación. Dejamos los coches abajo en la pista y subimos por la misma, bajamos por la senda técnica que tanto transitamos Merche y yo, regresamos a la pista campo a través, volvimos a subir a lo alto por la pista y fue entonces cuando yo me quedé sin piernas por tratar de seguir al bueno de David Jiménez, y por último bajamos por una senda que no conocíamos, muy chula, y que nos volvió a dejar cerca de la pista para por último regresar a los coches. 12 kilómetros que se complementaron bien con el entreno del día anterior.
  3. Lunes 22 de octubre: me sentía mal, fuera de forma, así que inicié un plan alimenticio de contención junto con el propósito de correr todos los días más de 12 kilómetros a lo largo de la semana. Hice le Circuito de la Vega, que hacía mucho tiempo que no recorría, y las sensaciones no fueron buenas, siendo como una especie de castigo, de penitencia en pos de alcanzar el objetivo. El ritmo fue discreto a pesar de darme la sensación de ir más rápido de lo que realmente iba.
  4. Martes 23 de octubre: fue un buen entreno con Merche, haciendo 14,5 kilómetros nocturnos, por la zona del Camino del Don Bernardo, hasta los pinos, y regreso por el Camino de las Casas de Santa María, para coge la cuesta de "la mujer", pasar por la gatera y de ahí atravesar la Carretera de San Carlos subir por el camino que lleva al Peral y regresar por el camino transversal hasta el Camino del Peral hasta casa. El ritmo fue bueno e in crescendo, lo cual sentó genial a Merche, siendo para ella un entreno de calidad, y para mi un entreno digno.
  5. Miércoles 24 de octubre: tenía la tarde de vacaciones en mi trabajo convencional, aunque videoconferencia en mi trabajo alternativo, así que cuando hube terminado la misma salí a correr sin muchas ganas, justo antes de anochecer. Me sentía muy cansado, quizá por el cambio de dieta y el ajetreo. Hice 7,5 kilómetros y tras ello recogí a Merche y nos fuimos al gimnasio donde hice 5,5 kilómetros con fuertes cargas de watios, que reconducieron el entreno a mejor.
  6. Jueves 25 de octubre: de nuevo de noche y con Merche, tocó volver a dar el callo, pero con mucha más calma que lo del martes. Fuímos al Peral regresando por la parte de atrás, en ritmo progresivo pero sin forzar. Me sentí bien, noté que surgían cambios. Otros 12 kilómetros.
  7. Viernes 26 de octubre: ya no puedo cambiarlo. Fue ayer un día horrible, mejor olvidarlo, y ello provocó que rompiese mi plan de correr todos los días de la semana al menos 12 kilómetros, y me diese un descanso mental, que espero que me haya sentado bien.
TOTAL: 78 kilómetros que me enfilan hacia Sevilla y me han de permitir llegar con otro espíritu, el necesario para lo que busco.

 
 Ch, ch, ch, ch, ch, changes!!!