RELATOS

Una vez iniciado el movimiento supe que no habría marcha atrás, sería difícil regresar a aquello que fui. Hoy soy otro ser: curtido, compañero del esfuerzo, amante de mis kilómetros. Sólo el fin de mis días debería obligarme a parar: ese es mi pequeño sueño.

miércoles, 24 de mayo de 2017

SÁBADO 13: COMENZANDO UNA NUEVA SEMANA "DE MÁS CAMBIOS"

Había completado una buena semana sin dejar de correr tras la mala experiencia del domingo, pero hasta esa experiencia sirvió para sumar y supuso un magnifico entreno para mi programación. No había mucho para relajarse porque el domingo teníamos una cita con la dura Mineros Trail, la prueba de montaña más antigua y reconocida de Ciudad Real. A regañadientes había accedido a dejar que Merche se inscribiera, teniendo tan reciente lo de su ultra, pero en lo que a mi respecta, tenía claro que me tocaba dar el callo y, a poder ser, lavar el malestar que me había ensuciado la moral con lo de la semana anterior.

El sábado no quise descansar a pesar de ser el previo a una competición, así que me fui por el Camino de Don Bernardo, el del tanatorio y de nuevo sintiendo buenas sensaciones, que son la tónica general en los dos últimos dos meses. Subí en oblicuo por el camino que me lleva al Camino de las Casas de Santa María, a la altura de la escombrera y al llegar a dicho camino regresé hacia la Carretera de San Carlos del Valle, tratando de echar el freno porque las piernas iban solas y no quería forzar ante la dura competición que tenía a unas horas vista. Llegado a la carretera continué por el camino que bordea y lleva al Camino del Peral y fui creciendo aun más en sensaciones. Al final tuve que contenerme un poco y no aumentar, porque me salieron unos 11 kilómetros bien empleados que no se parecieron a una sesión previa a una competición, desde luego. Antes de llegar a casa me crucé con mi amigo Leandro Pintado, otro runner que conozco desde la adolescencia y recuerdo que le dije estas palabras: "mañana tengo la Mineros Trail, presiento que se va a dar bien".

Merche descansó, e hizo bien


MIS VIVENCIAS DE LA ULTRA TRAIL DE LOS CASTILLOS: "EXPULSANDO LOS DEMONIOS"

Nunca un fracaso me sentó menos amargo. No tenía volcadas grandes ilusiones en el Ultra Trail de los Castillos y de hecho mi grado de motivación no es que fuese muy alto. En cualquier caso desde la salida tuve buenas sensaciones, acordes con el que creo que es un buen estado de forma, y mantuve el ritmo yendo bien situado en la clasificación. Los kilómetros fueron pasando y el ritmo no decaía, además tuve el placer de correr mucho tiempo con Raúl Fernández Donado, lo cual le dio más emoción a la prueba. Recuerdo que en el kilómetro 30 le pregunté la media (yo sólo llevaba mi viejo crono) y me dijo que 5´15´´, lo cual teniendo en cuenta que hablabámos de 63 kilómetros y de que habíamos atravesado zonas de fuertes repechos me dejó sorprendido. Parece ser que estábamos marcando algún que otro kilómetro en torno a 4´30´´ y yo sin darme cuenta. En cualquier caso unos minutos antes de llegar al avituallamiento del 33 noté que mi sistema digestivo caía en picado, sintiendo como la sangre se me iba allí, al estómago, incapaz éste de digerir lo que había tomado en el último avituallamiento (quizá cogí demasiadas cosas que me comí demasiado rápido). El malestar creció tanto que en el avituallamiento le dije a Raúl que siguiera sin mi, y aunque trate de arreglar lo irreperable con agua y sales, lo que vino después fue un considerable empeoramiento con falta de fuerzas, y tras esto los vómitos y mi final. Demasiado tuve con llegar hasta las inmediaciones del castillo, justo antes de la maratón. Los últimos 4 kilómetros fueron horribles, grabados quedarán en mi memoria, y ya sabía entonces que me iba a retirar, algo que no suelo hacer, pero me veía incapaz de completar la prueba.

Me tuvieron que atender con signos claros de deshidratación motivados por los vómitos, ya que era incapaz de tomar nada. La solución fue una vía, y a la hora o poco más comencé a sentir una mejora evidente que terminó en una recuperación completa. Allí estuve en lo alto del castillo bebiendo y bebiendo, después comí, mientras veía llegar a los héroes de la ultra. Casi por intuición decidí bajar corriendo por la calzada con la idea de que Merche estuviera a punto de llegar y mi instito no me falló, la ví subiendo justo al inicio de la calzada y la acompañé hasta meta viviendo unos momentos que no olvidaremos fácilmente. Final feliz para un tan accidentada e infeliz experiencia en lo personal, pero me quedo con lo bueno: mi buen estado de forma, la ausencia de molestias y que noto claramente la progresión, algo que no ocurría hace años.

sábado, 20 de mayo de 2017

LA CRÓNICA DEL ULTRA TRAIL DE LOS CASTILLOS: desde sus ojos

"Mi mujer me va a permitir que os cuente lo que sucedió desde el prisma de una ficción generada en mi imaginación; no estuve allí con ella viviendo uno de sus momentos más felices, por ello, tras obtener su permiso, me aventuro a narraros un relato sobre lo acontecido salpicado de aderezos de mi cosecha; ¿cuan fiel es a la versión original?, eso en mi humilde opinión creo que no es lo importante, pero como dicen en algunas películas, está basado en hechos reales..."

Los largos minutos de la madrugá...

No puedo evitar mirar en un sinfín de ocasiones el destello verde de la led del despetador de la mesita de Javier; ¡otra vez desvelada! ; está siendo una larga noche como ya había previsto que ocurriría al caer en la cama unas horas antes. Me dan la una, las dos, las tres y media, las cuatro y pico y así me acerco a la meta puesta en el kilómetro "05:30". Cuando el tiempo te acerca a una cita tan importante, sientes como si te estuvieras arrimando demasiado a un gran fuego, hasta rozar la inmolación a lo bonzo, pero afortunadamente aqui las llamas son la ilusión y el nerviosismo. 

Desayunando ilusiones

Bajo tambaleante las escaleras y al cruzar el umbral de la puerta de la cocina veo a Javier terminando de desayunar. Con semblante tranquilo, quizá acostumbrado a librar muchas batallas como la que se nos venía encima. Pienso en la importancia de ese desayuno, mi primera gasolina, que sea de calidad, por favor; memorizando el sabor del pan integral y la mermelada, intensificado en mis pupilas gustativas, quizá porque mis sentidos están ávidos de  percibir, ansiosos de no perderse nada de va a suceder.

Mañana no estaré aquí pero hoy me siento viva

Como explicar tanta emoción si se debe a algo tan fútil como es una carrera a pie; no importa que esa carrera tenga una distancia de 15 de las viejas leguas castellanas (75.000 varas), 63 kilómetros en medida universal actual, como hacer entender a un extranjero en esto del running que deseas trasladar tu cuerpo desde el punto A al punto B y ello te supondrá echar al menos lo que dura una jornada laboral completa, no te remunerarán con dinero por ello, no cotizarás para tu pensión, y probablemente sufrirás bastante; ¿qué puede pensar un profano que obtenemos con tan semejante borriquería?; a ojos de cualquier observador ajeno a este maravilloso mundo no somos más que extraños locos que hacen locuras sin explicación alguna, y encima presumimos de sentirnos vivos haciéndolas...

La Mancha es mucho más que casas de cal vistas desde el tren

Está amaneciendo en Aldea del Rey, ese pueblito de La Mancha profunda, esa Mancha que viene acogiendo a esta andaluza desde hace más de 15 años, vivo en un tierra grande en todos los sentidos, habitada por gente humilde pero soñadora, llena de esperanza. ¡Qué diferente a la visión que tenía de ella cuando mi conocimiento no se extendía más allá de la observación de sus casas encaladas y sus gentes humildes, vistas a través de la ventanilla del tren que une Linares con Madrid..

Cervantes sabía lo que nos iba a pasar a los terrícolas del siglo XXI

Y me veo inmersa en una aventura quijotesca que paradojícamente discurrirá en parte por vías con mojones marcados  en verde con la marca "la ruta de Don Quijote"; nuestro personaje universal es un loco que lleva a cabo cosas imposibles, aventuras sin sentido, ajeno al mundo real.., estos 70 locos soñadores que nos encontramos en esa plaza somos imitadores del caballero de la triste figura, deseosos de escapar de nuestra rutina que nos ata a lo mundano; hoy es nuestro domingo mágico; ya habrá tiempo mañana de regresar a nuestras anodinas vidas...Con toda la soberbia que soy capaz de sacar de mi corazón me llena un sentimiento especial, me siento orgullosa de que estemos allí, de lo que estamos a punto de hacer; no concibo mejor lugar ni cita más idónea, no hallo manera más excitante de consumir mi asueto. 

No me gustaba correr por donde había piedras

Hace tiempo que claudiqué. Al principio no le sacaba gusto a eso de moverme, luego un médico provocó que pensara en correr, pero sólo fue un pensamiento; acabé sintiendo la asfixia cuando por fin corrí un poquitín, después me acostumbre a que mis pies patearan brevemente el asfalto; evolucioné pero seguí odiando las piedras, aunque con el tiempo, al igual que las lentejas, si las acompañas de buenos ingredientes, aprendes a quererlas, y tras más cambios inadvertidos aquí me hallo...  me desplazo por donde me digan con la ilusión que conlleva sortear la dificultad. Voy pensando mientras mis pies se hunden en terreno de siembra y de labranza, mis tobillos pugnan por no luxarse, y disfruto siendo un ser que ya no es el que era. Pronto me veo sola, mi aventura y yo, mis piernas y una servidora, sin Sancho Panza, siguiendo las balizas y entre baliza y baliza una reflexión..., esto va a ser largo y dará para pensar mucho.

El día avanza, el sol calienta..., el castillo se acerca

El Sol se decide a calentar y yo sigo mi camino sin apenas ver otros seres humanos, algún , voluntario me arenga, me dice que voy primera y me echa una foto y ese acto me regresa a la realidad de este proyecto de carrera. Otro avituallamiento y mi estómago agradecido recibe lo que le eche. En las largas rectas, cuando la pendiente se allana pienso en Javier, en nuestros entrenos, sus consejos, no siempre sabios, pero siempre bien intencionados y siempre bien recibidos, extiendo mis ojos al horizonte veo allá el castillo, pero no es el principal, ese es el de Salvatierra. Mis pasos me acercan a mi destino con paciencia y por un momento me imagino que aquel castillo es un obstáculo de los muchos que tiene esta vida, que una vez sorteado sigues tu camino con la convicción de que has ganado otra pequeña batalla y eso te acerca un poco más al final.

La emoción crece con la pendiente y a la dificultad

Paro brevemente en el avituallamiento del restaurante donde una semana antes tan bien comimos toda la familia; Javier habrá pasado por allí hará más de una hora;estoy segura que lo está haciendo muy bien, pienso que se merece ya una experiencia buena, y que ya toca lechuga entre tanta col. El terreno se complica y eso no importa; se pone empinado, lleno de carrascos y piedras y toca "entretenimiento". El Sol me vocea y esto se convierte en un trail veraniego; puedo soportarlo, puedo hasta disfrutarlo. Las balizas se esconden, quieren ponérmelo difícil y llega el momento de estar atenta, pero me pierdo unas cuantas veces, tantas como las que me vuelvo a encontrar. Llego a lo alto del cerro colindante y ahí está majestuoso el Castillo de Calatrava la Nueva. Me he visto días atrás bajando por el cortafuegos a buen ritmo soñando con una emoción que quiero recibir, pero hay sorpresa, ¡no se baja por el cortafuegos!, toca jugar al "gato y al ratón" con las cintitas blancas y rojas que quieren esconderse para ponerlo todo una pizca más emocionante.

¡Ha del Castillo! quiero mi turroncillo

Llego a la calzada, saludo, cruzo y ahora toca subir por la dura pendiente entre mil plantas y otros inconvenientes; esto es peor de como lo habíamos imaginado. Me desespero, miro atrás, me imagino a la segunda con cara de mala leche dándome caza, me pierdo entre las piedras, no puedo avanzar,  me peleo con un gato (me araño las piernas con los matorrales) y alcanzo "literalmente" y como en Hollywood, la alfombra roja. En la vorágine, con la megafonía, la gente, desenchufo y me abstraigo buscando mi bolsa, ¡necesito mis turroncillos!, energía vital. Y allí me veo de nuevo, corriendo cuesta abajo, con el reflejo de mi sombra en las piedras milenarias de la calzada.

Las pedrizas son como los días duros

Me crezco, va ya una maratón y en unos pocos minutos sobrepasaré por segunda vez en mi vida los 44 kilómetros de desplazamiento; recuerdo una frase leída en no se donde: "las batallas hacen al guerrero y los kilómetros al fondista"; y vuelvo a comprender que amo el movimiento, la antitesis de la tele, y por ende del sedentarismo. Llegan ante mis ojos un montón de piedras en una gran extensión, toca tirar de paciencia, ¡muchos días duros hay aquí, uno por cada piedra!; la vida es un montón de días duros hasta que llega uno maravilloso. ¡Casi amo las piedras, casi amo los días duros!. Atravieso las ruinas del Castillo de Salvatierra que fue testigo de aventuras más sangrientas que esta y pienso que queda un obstáculo menos que salvar en esta vida.


Siempre hay unas antenas que subir en el desierto

Ya no estoy sola, tiempo de charlar, ya no de reflexionar. La casualidad ha puesto a otros mortales a mi lado para acometer la larga cuesta, larga, larga hasta las antenas. El calor está expectante para darnos un buen hachazo, pero mis compañeros de viaje, que en experiencias así sería posible convertirlos en amigos para toda la vida, me animan, me halagan, me ensalzan y eso me pone las pilas, pese a que siento que necesito ¡agua!. Suelo decirle a menudo a Javier que en todo trail que se precie ha de haber unas épicas antenas de móvil que conquistar, ¡no va a ser menos en este caso!.  

¡Agua por favor!


Estamos hechos básicamente de agua, pero algo tan aparentemente tan nimio como las sales, esas que estudiábamos en 1º del antiguo BUP puede llevar al traste un sueño tan largo como el que nos traemos ese día entre manos.El avituallamiento no llega y noto que me estoy secando como una pasa, sólo la compañía hace más llevadero este pequeño suplicio y por fin atisbo en el horizonte el puestecillo bajo la sombra de unos árboles. Se hace largo el encuentro pero cuando por fin lo alcanzo exclamo :. ¡Agua por favor!, y la hay bien fresca. Tiro de cápsulas de sales, y eso no lo aprendí en primero de secundaria, sino de los calambres de mi marido y un compañero corredor amenaza con echarse una siesta a la sombra de un árbol, pero yo no he llegado hasta ahí para reposar así que reemprendo la marcha para afrontar mi último tramo.


Lo que piensas cuando sientes que lo estás consiguiendo

No hace muchos meses corrí un diez mil en Manzanares. Parecería que hace mucho tiempo, pero no, no hace tanto. Hacía calor y me vine abajo, Javier me hacía de liebre y la experiencia se convirtió en un pequeño drama salpicado de impotencia entre el calor y la falta de fuerzas. Aunque han pasado muchas cosas desde entonces, esas historias no se te olvidan y te obligan a comparar a analizar y sobre todo a sentirte afortunada. Me siento muy afortunada, voy bajando a buen ritmo y llevo más de 50 kilómetros bajo mis pies, hoy no es un infierno y por primera vez voy primera, válgame esto de redundar. Siento que lo estoy consiguiendo y ese sentimiento es indescriptible, ni siquiera sé casarlo con palabras. Y este tramo se hace rápido en ritmo y rápido en tiempo, se consume bajo el combustible del disfrute de más octanaje.

La larga cuesta hacia el final de la aventura

Alcanzo la carretera y ya está claro qué resta, el castillo desde allí abajo se ve inexpugnable, inalcanzable pero sé que no habrá trabas para conquistarlo, ya hemos llegado demasiado lejos. De nuevo la calzada y toca andar, larga, larga, paso a paso. Levanto la mirada y veo la silueta de un corredor que baja, y en seguida reconozco la manera de moverse, ¡es mi marido!. Ha venido a acompañarme en el final, lo más dulce. Ese momento no habrá azheimer duro que tenga fácil borrármelo de mi mente. Le pregunto que tal su aventura y he aquí la sorpresa, su aventura terminó mal, con vía incluida en su brazo, y el moratón que lleva así lo atestigua. ¡No! este relato no es para contar ese tipo de cosas, así que toca completar el kilómetro y pico que nos queda para terminar esta aventura. En Doñana no pudimos pero aquí sí lo haremos, lo viviremos juntos. Me anima a correr y me cuesta hacerlo, así que ando y corro, corro y ando; nos marcamos como meta bajar de las 8 horas y 30 minutos (finalmente más de una jornada laboral aunque aquí en La Mancha nos gusta eso de currar hasta las 9 horas) y no os voy a engañar, no se hace muy duro llegar, no si lo hago con tan buenas especias, que cocinar así es siempre más fácil: la compañía bien merece apretar los dientes, el reto es tan exigente que llevarlo hasta su fin dispara la adrenalinza y el premio de ser la primera mujer es doble, por inesperado y por lo que costó conseguirlo.

Este episodio de mi vida se titula "felicidad"

Y llegamos a lo alto y no es como lo había soñado porque no lo había soñado. Este episodio de mi vida se titula "Felicidad", felicidad contenida, no desbordada, reposo en mi alegría, la sensación de que el tiempo se para y te recompensa con algo que es para siempre. Y esa recompensa tan personal es gracias a todas y cada una de las personas que hacen posible que unos locos como nosotr@s podamos vivir experiencias así. ¡Gracias de corazón a la organización por todo!, y gracias a mi marido por haber estado ahí siempre, sobre todo en los malos momentos.

(Y gracias a Mercedes que me inspiró para escribir estas líneas como si todo lo hubiera vivido yo).

 




lunes, 15 de mayo de 2017

JUEVES 11: MERCHE ESTABA QUE SE SALÍA: RECUPERADA

El jueves salimos los dos a correr para evaluar cómo se encontraba ella tras el gran esfuerzo de los 63 duros kilómetros disputados. Nos fuimos por el Camino de Membrilla para hacer el circuito de los cerros de la aguzadera y pronto sentí que iba bien, incluso le imprimí ritmo y ella respondió. Por mi parte iba muy muy suelto, mejores sensaciones incluso que las de los días anteriores. Capeamos bien la cuesta de la vía de servicio y una vez llegados al inicio de la Avenida de las Tinajas tiramos hacia el Parque Cervantes para que nos salieran 10 kilómetros. Fue una buena finalización de entreno, sin molestias para ninguno de los dos y demostrando mi mujer su buen estado de forma y su rápida recuperación.

Con este entreno daba por finalizada la semana que entre pitos y flautas me había llevado hasta los 85 kilómetros, con competición traumática incluida. Sentía para mis adentros que mi estado de forma es bueno, que hacía tiempo que no me encontraba tan bien, pero una cosa es sentirlo y otra cosas es plasmarlo.

Por su parte Mercedes cerraba la semana con unos muy buenos 79 kilómetros, y tan sólo en tres sesiones, pero claro, es que el sábado había disputado la ultra. Muy bien en su recuperación y aceptando el reto de volver a competir en un duro trail a tan sólo 7 días de un esfuerzo tan grande como el del domingo anterior. Mentiría si no admitiera que temía que se lesionase.


MIÉRCOLES 10: CIRCUITO C/DON BERNARDO REGRESO POR MEMBRILLA

El miércoles estaba pletórico, tenía ganas de entrenar. Salí por la tarde con bastante fresquito y tiré por el Camino de Don Bernardo; no iba forzando pero podría haberlo hecho y al llegar a la escombrera y regresar por el asfalto no pude contenerme y apreté, sintiendo como me respondían las piernas. Llegué a la Carretera de San Carlos y en lugar de tirar hacia casa cogí el camino oblicuo de detrás del cementerio que lleva al inicio del Carril Bici de la Carretera de La Solana, y podía sentir el ritmo en mis piernas, así que metí una marcha más y terminé el entreno con bastante satisfacción. Poco a poco había conseguido olvidar el disgusto del fin de semana anterior, y ahora me centraba en la batalla que me tocaría librar en la Mineros Trail, carrera a la que finalmente Merche decidió inscribirse también, tras un entreno suave de 30 minutos por el Parque Cervante tras comprobar que no tenía molestias reseñables.

Había conseguido acumular otros 11 kilómetros encarrilando totalmente la semana.

 


MARTES 9: UN MINITRAIL SON SUBIDA INICIAL AL CERRO DEL ÁNGEL

Había decidido continuar con la estrategia de entrenos extensivos llenos de kilómetros, es decir, no dar descanso al cuerpo, y esa misma tarde me inscribí a las Mineros Trail del domingo 14. Había que buscar la manera de pasar página rápido, tras la experiencia vivida y que mejor manera de hacerlo que poniéndose otra competición.

Durante la mañana había sentido una "más que molestia" en la parte posterior de mi rodilla izquierda" en la inserción de los isquios, y me temía lo peor. Aún así me calcé las zapas de trail y me fui al Cerro del Ángel tras dar un pequeño rodeo; pronto comprobé que la molestia no surgía corriendo y no sólo eso, me hallaba más suelto que el día anterior, sintiéndome bien. Subí campo a través y fue ahí donde si note un poco el cansancio, pero me recuperé bien bajando. Luego tomé la vía de servicio y en seguida giré a la derecha para bordear el cerro por la parte de atrás y tomé por terreno irregualar y de labranza hasta encontrar el camino paralelo al de Membrilla y luego cogí éste ya cerca de casa. La última parte la hice rápida y me encontraba muy bien. En casa estiré bien y no noté molestias, así que me sentí bien.

LUNES 8: CASTIGADO A CORRER EL DÍA DESPUÉS PARA REDIMIR MI CULPA


Lo ocurrido el domingo 7, el día anterior, en el Ultra de los Castillos me dio que pensar, no fue un periodo de reflexión muy largo, porque tenía las cosas claras, pero si intenso; volver a mirar la cara del fracaso, y sin tener noticias desde hace mucho tiempo de eso que llaman "alegrías", invitaba nuevamente a la reflexión, aunque la solución al problema es siempre la misma: volver a levantarse si lo que ha pasado es que te has caído.

Así fue como sali a entrenar el lunes, con sentimientos encontrados: muy contento y orgulloso por el éxito de Mercedes y hundido y decepcionado con mi rendimiento y mi mala experiencia; hice de mi capa un sayo y me centré en lo que interesaba: "Javi, estás en buena forma y para ello has tenido que superar muy malos momentos en los que la pubalgia o los isquios apenas te dejaban salir a correr, así que céntrate en eso... ya puedes entrenar y lo estás haciendo bien"...

Quizá  se puede pensar que es una burrada lo de entrenar al día siguiente de haber hecho  45 kilómetros catastróficos con vía incluida en vena, pero las piernas me pedían guerra, totalmente recuperadas, ajenas al varapalo sufrido. Elegí el circuito de los 11,5, Camino de Membrilla hasta el 5 camino hacia el Oeste y regreso por el Carril del Yeso, y mis sospechas se confirmaron: las piernas no sólo no me molestaban, sino que querían ritmo. ¿Pero cómo puede ser esto?; la explicación no era complicada: el día anterior había conseguido correr 33 kilómetros a una media de 5´15´´ por caminos y montes llenos de repechos, sin costarme mucho conseguirlo y todo con la ambición de completar un ultra de 63; las piernas cumplieron su cometido, fue mi sistema digestivo el que se reveló, como otras tantas veces.

Así que aproveché el momento y corrí haciendo pequeños cambios de ritmo procurando no forzar la marcha durante muchos minutos; mentiría si dijera que no sentía la carga, pero era de esos hormigueos que me gusta experimentar. 

Completé el entreno sin molestias reseñables y apretando, así que dentro del disgusto sufrido al menos podía decir que lo de las buenas sensaciones en los entrenos seguían siendo una realidad.