RELATOS

Una vez iniciado el movimiento supe que no habría marcha atrás, sería difícil regresar a aquello que fui. Hoy soy otro ser: curtido, compañero del esfuerzo, amante de mis kilómetros. Sólo el fin de mis días debería obligarme a parar: ese es mi pequeño sueño.

jueves, 27 de agosto de 2015

LA CRÓNICA DE LA MARATÓN DE HELSINKI: LA VIDA ES SUEÑO

QUE NO TE NUBLE EL ESPECTÁCULO EL POLVO DEL CAMINO...

¿Dónde lo dejamos?..., ¡ah ya!, le habíamos dado al botoncito de inicio y con ese sencillo acto daba comienzo de una vez por todas el parto de un larguísimo embarazo de elefante; digamos que todo lo anterior, esos interminables 10 meses, fueron preliminares, previos o llamales como quieras; lo que perciben ahora nuestros cuerpos nerviosos es que ha llegado ya el momento, ¡fuera ansiedad!. 

La adrenalina es vieja zorra y  lo vela todo: tergiversa las sensaciones, convierte el esfuerzo en algo agradable; miranos,  casi parecemos felinos en cada movimiento...; nada molesta, las articulaciones no se quejan y los músculos por fin ejecutan la orden que tu mente guardaba en la cola de su impresora:  "escuchad músculos, tenéis que conseguir que demos unas 50.000 zancadas con sus correspondientes golpetazos contra el suelo helsinqueño, todo eso sin pausa y sin descanso, por favor". 

Todos apretujados..., ya no corre el aire alrededor nuestro,  no hay tanto remilgo cultural ni tanto espacio vital; ha llegado el momento de los codazos y tropezones, de los traspiés y de los empujones. Mercedes me sigue a mi izquierda, como fiel escudera, ¿o el escudero soy yo y ella es Don Quijote?, bueno da igual, lo importante es que la contemplo al girar el cuello a mi siniestra, ¡como ha de ser!, ¡nada de ir a la diestra que me siento muy raro!.  Pienso, ¡ojalá puedas mantener esa cara alegre durante mucho tiempo!

Avenidas anchas, podriamos conquistar toda la calzada, pero estos escandinavos no le quitan todos los galones al tráfico rodado en día tan señalado para los de a pie; los coches avanzan siguiendo su curso y nosotros continuamos el nuestro de forma paralela. Los primeros repechos llaman a la puerta: ¡toc toc!, ¿quién es? "somos las cuestas", " pues no sois bienvenidas", "nos da igual, quieras o no quieras has de tomar el té con nosotras". Pero claro, estamos tan enteros que nos sentamos todos juntos y nos lo tomamos, y de paso unas pastas, que también caben.

Y escondido en la maraña de esa extraña y variopinta tribú urbana trato de describir con palabras lo que mis ojos ven casi incrédulos: delante nuestro corre un cocodrilo verde con larga cola y tan sólo lleva una rendija a la altura de la cabeza por donde se deja entrever que dentro va un runner medio loco, ¡apuesto que vas a pasar mucho calor!. A nuestro lado va una pareja de japoneses, él con camiseta de tirantes y pantalón corto, típico runner globalizado, pero ¡ay ella!..., a ver, de arriba a bajo: suéter gris de algodón con capucha incorporada, la cual tapa su cabeza, guantes de plástico brillante color oscuro, que parece que se ha dejado la Harley aparcada en la salida, mallas negras pero no ajustadas y para rematar una especie de falda corta, digamos que para terminar de crear "estilo propio", ¡otra que pasará también su ración de sofoco!. Pero hay más, veo gente pintada de un montón de colores, finlandesas y suecas con coletas extrañas, corredores forrados de ropa hasta los dientes, y hasta uno que en una extraña carrera a saltos porta una mochila estilo "vuelta al cole". Me da la sensación de que todos y cada uno de nuestros acompañantes llevan demasiada prisa porque la mayoría nos van echando adelante. Miro a Mercedes y trato de explicarle con un gesto que llegaremos a tiempo a nuestra cita allá en el estadio, no tenemos por qué apretar. Aún así y con todo pasamos los dos primeros dos kilómetros más rápido de lo planificado, en torno a 6´y unos pocos segundos, cuando el ritmo previsto estaba escrito que lo clavásamos en 6´15´´, pero se hace duro correr tan lento, así que nos dejamos llevar...

Me acompaña cierta paz; nosotros solitos nos hemos metido en todo este lío; teníamos la ilusión por el reto de su primera maratón escrita a fosforito en nuestras frentes y para lograr llegar a Helsinki nos habíamos encontrado por el camino mucho calor, indigestiones y un sinfín de molestias y dolores. A contrareloj y capeando el estrés habíamos avanzado y ahora ya hallaba ¡esta paz!, ¡por fin paz!. Disfrutando....

Salimos de las calles anchas y pasamos a zonas más viradas, pronto estaríamos en los bosques helsinqueños y la espesura verde los finlandeses no esconden al tio del mazo, no esconde "al del muro", ellos tienen un lobo blanco que te come las fuerzas. Yo lo esperaba aparecer no era, sino en la segunda vuelta. 

¡Ay los avituallamientos!; es imposible entrenarlos, a no ser que montes un circo en casa con un montón de mesas llenas de vasitos de plástico y contrates a un montón de figurantes, algunos tras las mesas y a otros muchos les haga corre en tu misma dirección ordenándoles que traten de coger uno de los vasitos a la vez que tú. El primer avituallamiento fue un desastre: le había dicho a Merche que no parase, que ya le cogería yo el agua y tras mil golpes y forcejeos, conseguí tres vasitos, pero la perdí de vista. Allí me ví voceando llamándola con vertiendo el poco agua a cada zancada. Como no podía correr rápido en esas circunstancias tiré uno y seguí llamándola entre la multitud. hasta que al final apareció a mis espaldas. Lo que le acabé dando tenía mucho de plástico y poco de líquido. 

De repente giramos y enfilamos por una lagunita preciosa pero cuál es mi sorpresa cuando nos vemos corriendo por un camino, llano eso sí, pero a fin de cuentas un camino. Cualquier mortal se puede imaginar qué pasa cuando una tropa de maratonianos atraviesa una vía de zahorra bien suelta, está claro: se forma ¡la de Dios! y cuesta avanzar entre tanto polvo. He de decir que esto de tratar de no ahogarse evitando que se te meta la tierra en los pulmones ya lo habíamos vivido Merche y yo en algunas de nuestras noches secas y mágicas por los caminos manchegos, así que no pude reprimir el decirle: "ves, esto también lo hemos entrenado".

Compruebo como siguen pasándonos y me veo jugando a la ruleta. Apuesto al negro que la mayoría de estos corredores desvocados pagarán su exceso de testosterona, algunos ni acabarán la carrera, pero también pienso que he visto llegar en la Madrid Segovia a gente que lo que les permitió alcanzar la meta fue su pundonor y no sus piernas. 

Kilómetro 5, miro el trasto de mi Garmin y compruebo que pasamos por la marca en 30 minutos largos, eso sí, hace 250 metros que según él habíamos recorrido esa distancia; desfasa un montón como siempre. En la tabla  cortesía de la organización se ve que íbamos a 06:30 de media y marcábamos un 32´26´´, pero claro, están contando con los casi dos minutos que estuvimos andando antes de cruzar el arco de salida. Mercedes iba la 2292, la 63 de su categoría...apunta ese dato que es importante


ENTRE LOS BOSQUES Y EL BÁLTICO. PAISAJE IDÍLICO PERO ¿PASA POR AQUÍ UNA MARATÓN URBANA?

Tocaba sacar la cámara de video, aunque fuese la cámara virtual, la de la memoria hecha con  tejidos humanos. Hablando claro, había que disfrutar de la parte más bonita y dura del circuito. Imagina una zona residencial muy verde, llena de árboles frondosos, el agua se cuela a veces a tu izquierda, otras a tu derecha y en alguna ocasión ves agua a los dos lados, huele a las antipodas de una gran ciudad. Corriendo sobre un carril bici al principio y luego por carreteristas y algún que otro camino, siempre rodeado de una naturaleza difícil de encontrar allí donde sólo se ven cepas, en mi Valdepeñas.











































Este exotismo hace nuestra aventura aún más especial. ¿Y Mercedes?, ahí sigue, disfrutando con una sonrisa que es difícil de olvidar. Cuidadín que llega otro avituallamiento, este en un camino que está embarrado debido a las duchas. Allí se monta un pimiento de tres pares de narices y volvemos a recordar nuestros trails, de hecho Merche dice: "Esto parece la CXM de Alpandeire", no podemos decir que no lo tuviésemos entrenado tampoco. Merche va aprendiendo a doblar el vaso cuando bebe para evitar así que se le vierta la isotónica, ¡aprende rápido!. Es lo que tiene estas maratones de semisupervivencia.

Y ya vamos dejando atrás tanto espléndor, cruzamos puentes para peatones que vibran a nuestro paso, barquitas y pequeños yates, lagos, el Báltico, árboles que nunca en mi vida he visto antes, helechos, ¡cómo podré retener todo esto en mi cabeza cuando pasen unos años!. Pero cruzar estas islitas tiene su peaje, y es que lo hacemos casi siempre subiendo o bajando, pero además con pendientes considerables que darían al traste con la organización de cualquier maratón europea que quisiera presumir de ser rápida. Ella no se queja, señal de que le van las piernas, y de que no ha aparecido el lobo blanco. 

Pasamos el kilómetro 10 y esto es lo que nos dice la organización de nosotros:




¡Vaya!, mantenemos el buen ritmo, a una media de 6´08´´, lo que nos ha hecho bajar la media global. Creo que esto se merece un aprobado. A mi Garmin ya no le hago ni caso, y el de Merche va algo mejor, pero estamos disfrutando demasiado como para preocuparnos mucho por el tiempo. Eso sí, hemos perdido más de cien puestos en la general y un puesto en la categoría de mujeres, de seguir así nos vemos con el coche escoba.

En una zona donde avanzamos por un barrio algo más animado Merche se lia de chachara con un finlandés y yo unos metros más adelante voy haciendo lo propio pero con una finlandesa. La chica se ha pasado 3 años trabajando en Marbella y habla un casi perfecto castellano. No somos celosos así que están permitidas estas licencias, aunque no estoy del todo seguro que nuestro contrato matrimonial permita hacer estas cosas mientras se corre una maratón, pero teniendo en cuenta la cortesía de nuestros acompañantes bien merece la pena darles coba. ....La chica echa adelante y yo me uno a mi mujer y a nuestro finlandés, y me quedo alucinado de cómo domina el español y eso sólo con un Erasmus de un año en Castellón, el chaval no tiene ni acento con lo cual mi autoestima en esta fase de la maratón se ve muy tocada aunque mis piernas van intactas. Así que toca hablar y hablar y eso hacemos los siguientes tres kilómetros.

Entramos en la urbe, llega la animación del público y se agradece su apoyo. Cruzamos un largo puente sobre el Báltico y la cuesta abajo hace que las piernas vayan solas. Oigo algunos ¡Opas! que me recuerdan a mi maratón de Estocolmo, y también otras entonaciones que no soy capaz de recordar, pero de vez en cuando se escucha "Venga España", las banderas de nuestros muslos se hacen notar.

El chico finlandés nos lleva según nuestros gps por debajo de 5´50´´ y ha llegado el momento de dejarle partir, así que con lágrimas en los ojos comprobamos como poco a poco su  camiseta roja se va haciéndose cada vez más pequeña en el horizonte. En realidad no nos importa, nosotros tenemos que ir a lo nuestro, según el protocolo que hemos escrito. 

¿Qué por qué no corrí esta maratón yo solo?; puedes imaginarte unas cuantas razones pero la principal es que somos pareja, no podíamos dejar escapar esta oportunidad, así que cuando llegamos al punto en el que nos cruzamos de frente con los primeros clasificados de la prueba (el primero acabó haciendo 2 horas 38 minutos),  y sobre todo cuando veo pasar el globo de las 3 horas, no siento envidia. Además pienso que no hubiese podido ir con ellos en esta ocasión por falta de piernas y por la dureza del trazado. ¡Aquí estoy bien, aquí soy más feliz!. 

LAS MARUJAS ACELERADAS CORREN EN HELSINKI

El siguiente tramo se me había hecho muy duro en el entreno del jueves. Había de bordear por el puerto deportivo, atravesar una zona muy lineal, muy llana también, pero bastante larga. Sin embargo con Mercedes todo es más fácil. Mira usted por donde alcanzamos a una chica en cuya camiseta pone "Marujas Aceleradas". Miro a Merche y los dos sabemos isofacto que se trata del club ilicitano del cual iban a participar cuatro españoles. No cuesta trabajo entablar conversación: se llama Silvia, es andaluza pero afincada en Elche, y tenemos cuerda para rato con ella. Es una de esas corredoras duras que lo ha visto casi todo, ha hecho hasta ultrafondo y para ella es una maratón más. El kilómetro 15 viene con el siguiente pan bajo el brazo:







¡Hemos mejorado la media!, y hemos corrido los últimos cinco kilómetros a 5´53´´. Se notó el tramo con el chaval finlandés y se nota que hemos dejado atrás tanta cuesta. Aún así, ¿Merche, qué estás haciendo?, te sigue adelantando más gente, ¡la 2440 y 66 de tu categoría!. Aún así le doy un aprobado muy alto, casi notable.

Si en algún momento antes de la maratón pensé que "por la boca muere el pez"  y que Mercedes debía ahorrar fuerzas y no soltar prenda, después de oirla hablar sin parar durante tantos minutos aplico esa máxima que dice que a veces las cosas salen justo al revés de como las habías programado. Pero ¿sabes qué? daba igual, habíamos mejorado el ritmo haciendo ruido, pues ¡que siga la fiesta! y hará que todo sea más agradable y entretenido.

Llegamos a la zona del mercado donde aquella famosa Gaviota le robó a Merche su rico helado unos días antes  y pasamos por la que sin duda es la zona donde más gente se agolpa. Las piernas se activan y los egos se afilan, por lo que correr así es mucho más fácil. Sin embargo Mercedes sigue entera y por ahora no necesita muchos gritos de ánimo para sentirse bien, se basta sola. Vuelve a picar hacia arriba y hacemos algún kilometrillo algo más lento, pero por lo demás  seguimos yendo a un ritmo constante. Llegamos al 20 y esto dicen de nosotros:










La media de este tramo en 6`07`` , pero entre el 20 y la media maratón no marcamos un 5´58´´, la media global baja ligeramente. ¡Ojo!, algo ha cambiado, hemos adelantado 33 puestos...Le doy otro aprobado alto porque encima lo consigue hablando sin parar.

Merche, ¿cómo vas?, asiente con la cabeza, buena señal. En el siguiente kilómetro tras un avituallamiento Silvia se nos queda un poco para tomarse una pastilla, pero en seguida nos alcanza. Merche ya lleva en el cuerpo un plátano y una barrita, y ¡todo le sienta bien!, ¡qué suerte!. Ya no hablan tanto, señal de que la cosa no va tan fluida; algún repecho y vamos por una especie de canal con un carril bici, estamos cerca de la Central Station, y por tanto cerca de completar la vuelta larga. Aquí disfrutamos del calor de esas gentes, que al fin y al cabo no son tan fríos como dicen y pasamos por un precioso lago que es justamente la antesala al paso por la salida. El kilómetro 25 canta:









El ritmo se nos ha caido un poco en este tramo, yendo a 6´13´´, pero aún así hemos adelantado otros 100 puestos. Y es que cada vez se ve más gente que va muy muy regular. Giramos a la izquierda, de hecho ya nos hemos cruzado con las asistencias médidas que atendían a un corredor que tenía mala pinta, y también hemos visto a algún helsinqueño con los músculos bien agarrados, ¡calambres!. ¡Y vemos el arco de salida!, el speaker me nombra ¡menudo subidón!, en seguida enfilamos por la avenida y Silvia tiene un trapiés cayendo al suelo, pero no hace falta más de un segundo para verla de nuevo corriendo como si nada. Tras esto nos meten por una serie de lomas, las de alrededor del estadio, con alguna cuesta puesta a "mala leche"; suerte que Merche sigue redonda, no así nuestra compañera, que la veo algo más cansada; así que miro a Merche y parece entenderme, tenemos que irnos.

SUBIDÓN SUBIDÓN QUE NOS PILLA EL LOBO HELSINQUEÑO

El hecho de echar adelante nos da un considerable subidón, yo comienzo a meter una marcha más y le digo a Mercedes que a partir del 30 tenemos que poner toda la carne en el asador; pero va tan bien que asiente y acepta el reto. Pasamos ya por lugares transitados en la primera vuelta y eso es una ventaja, de hecho en un pis pas nos vemos ya en el camino donde "mordimos el polvo" pero ahora no se levanta tanta tierra, vamos bastantes menos. Nos adentramos en la zona más verde, también en la más dura, kilómetro 30 y ¡sorpresa!




 




Hemos ido a una media de 6´03´´ y hemos ganado la friolera de más de 170 puestos en este tramo. Mercedes se siente fuerte, no hay más que verle la cara y encima nos dan dos geles Maxim. ¿qué más se puede pedir?.

Subimos las grandes cuestas y tras los árboles no aparece ningún lobo blanco. Alcanzamos a un francés que no habla ni papas de inglés, pero con el lenguaje de signos me dice que esta es su doscientos treinta y tantos maratón y que su mujer que va al lado lleva, no sé cuántas, más de doscientos cincuenta, y viéndoles sus caras curtidas no me extraña, pero les dejamos atrás, como a la mayoría de lo que nos vamos encontrando. En las cuestas mucha gente no puede más y anda pero nosotros no podemos parar, ni tan siquiera en el avituallamiento de tierra, ni tan siquiera en el pedazo de subida que hay después, vamos fagocitando gente que está en las últimas. ¡Adiós lobo de los bosques, no hemos tenido el disgusto de conocerte!.

ASÍ SE LAS PONÍAN A FELIPE II

Como se suele decir, así se las ponían a ese famoso rey. Hubiéramos firmado antes de salir el estar en el kilómetro 32 rodando tan casi tan entera como al principio, ver para creer. En la zona donde en la vuelta anterior habíamos coincidido con el chico finlandés no hubo charla en esta ocasión, pero si ritmo, mucho ritmo. El pedazo de cuesta pronunciada quede deja un largo rastro de corredores moribundos. Merche la acomete apretando los dientes y así abandonamos lo más duro que nos queda hasta el final. Habíamos llegado al 35 donde nos esperaban los plátanos, que tanto le gustan. Esto es lo que habíamos hecho:



 





¡Vaya!, parecería que la cosa había empeorado mucho, pero no, estos 5 kilómetros habían sido exigentes, y los habíamos sacado adelante, yo creo que con otro aprobado alto. Ojo, de la posición 2116 habíamos pasado a la 1957, eso son más de 150 puestos ganados.

Pero aún quedaba lo mejor, el bajón no llegaba, y el tio del mazo helsinqueño tenía demasiado trabajo fastidiando a tanto escandinavo como para preocuparse de dos españolitos, así que ahora tocaba correr más rápido, así que se mete la sexta y...sí, el coche puede. Desde el largo puente las piernas pedían guerra, un par de dos buenos kilómetros donde bajamos claramente de 6 minutos. Delante de nosotros tenemos a alguién con camiseta roja, sí, efectivamente es el chico finlandés de perfecto castellano, un saludo, y un adiós, ¡nos vamos! y en nada nos metemos  en el canal, que al principio picaba un poco, pero ¿quién podía parar a estas alturas?. En el 39 le pregunto qué tal y ella me dice con total naturalidad: "voy un poco cargada", ¡la madre que te ha parido!, ¡si te quedan sólo 3 kilómetros! cómo quieres ir, ¿fresca?. El paso por la Central Station es de subidón, adelantando a ciento y una madre, entre ellos, curiosamente, a la pareja de japoneses y al cocodrilo y en el 40 ocurre que:









Esto pinta bien, la media se queda en 6´01´´, la más rápida de todas las de intervalos de 5, ya vamos en el puesto 1828 y aún hay carrete. Por la zona del lago todo se vuelve frenético, Merche se agobia un poco, pero poder puede, vaya si puede. Alcanzamos el 41 y se me ponen los pelos como piel de erizo al pensar lo que estamos viviendo. Giramos hacia el arco de salida pero luego tenemos que subir hacia el estadio, 700 metros, 600 metros, descontando..., entonces recuerdo la cuesta de 200 metros bien pronunciada que hay antes de la entrada al tartán. No importa, Mercedes tira de trails para subirla como una campeona adelantando a otros 10 o 11, y ahí está la puerta del estadio...

Quisiera que se parase el tiempo, quisiera recordar siempre aquello, pero lo cierto es que lo viví y ahora lo rememoro. Basta ya de tantas palabras y mejor unas imágenes que lo dicen todo:
























 Muchas cosas nos dieron: chucherías, café, batidos, isotónicas, bollitos, todo muy rico y todo sentaba bien. Pero lo que mejor sentó fue posar con nuestros amigos españoles, los de las Marujas Acelerás, y otro par de amigos ilicitanos: de derecha a izquierda, Gonzalo, Alicia, Ignacio (el marido de Silvia) y Silvia. En la foto de más abajo también posan Maria de los Ángeles y Francisco.



Difícil no mostrar satisfacción.





Por cierto, se me olvidaba:















Merche hizo 4 horas 15 minutos, que no entraba en nuestras previsiones, por buen crono. Los últimos 2,2 kilómetros conseguimos ir a 5´38´´, dejamos la media total en 6´07´´ y ganamos en sólo esa distancia, ¡59 puestos!. Todavía pienso que si hubiera durado un poco más habríamos adelantado a otros 500. En esta fase le tengo que dar un notable alto, casi un sobresaliente. La 1769 de un total de 3744, y la 53 de su categoría de un total de 128. Me reservo mejores notas para la Maratón de Málaga que es la próxima estación.


Y lo paradójico de todo es que tras terminar pudimos estirar y que las molestias que tantas preocupaciones nos habían causado decidieron quedarse en España. Son las cosas de los sueños, que a veces se cumplen. Quizá lleve razón Mercedes y el bueno de Fray Leopoldo en forma de estatua, quitase los males a mi mujer allá en Alpandeire. No puedo terminar esta crónica sin pegar algunas fotos para el recuerdo:









Y como decía Calderón de la Barca, "La vida es sueño y los sueños sueños son...". Así fue como vivimos este sueño, esta representación de la realidad y pudimos mostrar un final feliz como el de los cuentos de toda la vida. No quiero cerrar el telón sin antes agradecer al público que ha asistido a esta función, y no sólo hoy, sino a los que nos han apoyado en estos meses durillos. ¡Gracias a tod@s!, sois un verdadero acicate.

lunes, 24 de agosto de 2015

LA CRÓNICA DE LA MARATÓN DE HELSINKI: EL MEJOR TESORO DE MI ALMACÉN DE SUEÑOS

CONSUMIENDO SUEÑOS DEL ALMACÉN DEL PARAISO

"Reflexiona..., piensa en algo que por imposible ni te atreves a soñar...no osas a hacerlo porque crees que nunca sucederá... Si ya lo has pensado guárdalo lo más adentro posible y comienza el camino que te lleva hasta lo deseado. Ya estás en movimiento..."

Mercedes había almacenado uno de esos sueños por el que merece la pena luchar, y había recorrido un largo trecho durante 10 meses justo para llegar al lugar donde quedó aislada esta quimera que hoy iba a ser recogida e iba a dejar de ser utopía. Caminando juntos yo había convertido su sueño en el mío y ahora por fin era sábado 15 de agosto, de una bonita mañana de cielo despejado, y Helsinki era el escenario perfecto donde representar esta función. Imposible no notar el cosquilleo de la emoción recorriendo nuestro cuerpo..

Mercedes demostró serenidad y durmió casi como un bebé, justo lo contrario de lo que le suele ocurrir a la mayoría de los mortales que afrontamos nuestra primera maratón: nos enroscamos en la almohada, contamos ovejitas, rezamos , maldecimos hasta que tras una dura pelea logramos por fin descansar un par de horas.  Como siguiendo el protocolo que vive un preso condenado a muerte en su última cena, nosotros salimos de nuestra habitación que como ya comenté en las dos anteriores entradas era en realidad una celda; recorrimos los pasillos del pabellón donde nos alojábamos y bajamos hasta las antiguas mazmorras, donde el hotel tiene habilitado su comedor. Ni éramos reos en el corredor de la muerte, ni nos esperaba la inyección letal, ni mucho menos íbamos a cenar lo que eligiéramos por ser nuestra última ingesta antes de desaparecer; tan sólo éramos un matrimonio ilusionado ante el desayuno previo de la tan esperada maratón, la primera de mi mujer. Varias tostadas y muchos hidratos después regresábamos a la habitación. Merche visitó a Roca, que allí en Finlandia no existe como tal, no llega nuestra empresa de sanitarios tan lejos, y pensé que Mercedes estaba cerrando círculos bastante bien para ser su primera experiencia con Filipides (durmiendo a pata suelta, teniendo sus momentos all-brand y dando muestras de un autocontrol digno de mención). 

Preparar las bolsas es casi un ritual para cualquier maratoniano; no puede olvidarse ningún detalle, y más vale así porque una mala logística puede pasarte factura. Barritas, geles, ibuprofeno por si acaso (aunque yo no lo recomiendo), imperdibles, ¡los dorsales como no!, la camiseta bien estiradita, etc, etc. Hasta atarse los cordones es un acto importante, porque piensas que esa lazada es la que  tendrá que resistir bien ajustada durante tu reto. Pero lo que no debería faltar nunca es la foto previa en la que se plasma tu felicidad, con tu dorsal bien claro en tu pecho, en el que quieres demostrar al mundo mundial que estás preparada para esto, y si hace falta para mucho más...


DESCUBRIENDO EL PORON COMO COMBUSTIBLE SÓLIDO NO FÓSIL. LA VEJIGA SE REVELA

"Mercedes, ahora deseáriamos tener unas sesiones de meditación para gestionar las siguientes tres horas", ¡lástima!, no sabemos meditar así que simplemente vamos a tratar de abrir bien nuestros ojos, afinar nuestros oidos, tratar de sentir las yemas de nuestros dedos, agudizar en definitiva todos nuestros sentidos, porque el previo es también importante, no es ni más ni menos que la preparación para la batalla. Cogimos el tranvía a eso de las 12:15, en un día que cada vez pintaba más luminoso, el de más luz de todos lo que habíamos contemplado desde nuestra llegada. Los corredores locales no tenían necesidad de acercarse tan pronto al lugar del acontecimiento, pero a nuestra llegada sí apreciamos que había ambiente de runners foráneos, tratando de matar el tiempo aunque fuese a cañonazos.

En cuanto ví la loma supe que debía ser nuestra y la conquistamos, ¡vaya si lo hicimos!;  subimos a paso lento por una senda verde, casi el único color que tiene el campo en Helsinki y llegamos hasta nuestra roca llana, esa que llevaba escrito nuestro nombre. Nos sentamos y respiramos el aire puro; desde ahí se oteaban muchas cosas: la esplanada con autobuses aparcados y otros que iban llegando, el arco de salida, las vallas, dispensarios, carteles publicitarios, un escenario para los speakers de la carrera; y más a la derecha el estadio con el guardarropa habilitado. ¡Ah que no se me olvide!, el bueno de Paavo Nurmi todo revestido de bronce en mitad del tinglado rememorando viejas reuniones atléticas&nbsp. 


Abrí la mochila y saqué el arma secreta de Mercedes; en ese momento no sabíamos realmente que lo fuera aunque hubiésemos bromeado con la posibilidad de que ese alimento no dopante actuase como un combustible mágico que la transportara haciendo que las piernas se movieran solas. Nuestro as escondido bajo la manga no era tal, tan sólo  se trataba de unos sandwich con pan de semillas rellenos con Poron, osease reno finés, embadurnado de queso blanco con cierta verdura que desconocíamos por no saber leer idioma tan endemoniado. Tres bocadillitos, un plátano y un par de barritas después habíamos completado la última ingesta antes del gran desgaste.

Mercedes que no es de piedra sufrió uno de los síntomas que suelen acompañar al maratoniano nervioso: unas irrefrenables ganas de hacer pipí, y esto ocurrió no una vez, ni dos, visitó los dispensarios de la organización hasta en tres ocasiones y no fue por haberles cogido cariño.

Hace 5 años una reconocida marca de electrodomésticos decidió promocionar no recuerdo que artilugio a través del regalo de un stick con cera de color rojo y amarillo, y todo para convencernos de que debíamos pintarnos los colores de nuestra bandera con motivo del Mundial de Fútbol de Sudáfrica. Los responsables de marketing de Philips España nunca hubieran sospechado que un matrimonio loco y manchego iba a utilizar su juguetito para un fin también muy loable; dejamos las marcas que son santo y seña de nuestro país en nuestros cuatro gemelos y en número igual en nuestros muslos.¡Ya estábamos fichados como españoles!, eso por si quedaban dudas.
El rock duro, el heavy incluso el metal..., dicen que esos estilos musicales hacen las delicias de los finlandeses, y para no escapar del tópico lo altavoces iban pasando un montón de canciones bastante cañeras, algunas más conocidas que otras, así que sin muchas herramientas afiladas para decapitar los minutos nos acercamos con paso lento hacia el estadio. Hicimos bien porque sentarse en esos viejos asientos de madera para contemplar espacio tan rico en historia atlética es una experiencia recomendable; no digamos si encima pretendes terminar tu maratón pisoteando tartán tan legendario como el que besaron Martin Fiz, Diego García y Alberto Juzdado en su gran proeza del triplete de la maratón de los europeos de 1994.

Mientras sonaba "My Michelle" de Gun n Roses decidí que había llegado el momento de levantar nuestros traseros e ir a dejar la bolsa en la guardarropía; ¡había llegado el momento de empezar a mover el esqueleto!, y sabíamos que se iba a mover mucho en las siguientes horas.

Y así fue como dos anónimos populares dejaron durante unos minutos de ser tan anónimos, y tuvieron esos minutos de gloria que ya dijo Andy Warhol que todo mortal debía tener aunque fuese una vez en la vida; y es que ser pareja con la misma equipación, dorsales correlativos y llevar marcadas mil veces nuestra bandera es bocado demasiado apetitoso para los de la organización: hasta tres fotografos distintos nos hicieron posar, y calculo que hicieron clic en más de 10 ocasiones. Nosotros encantados, por supuesto. 






HEMOS VENIDO A CORRER Y ESO VAMOS A HACER DE AQUÍ A UNOS MINUTOS. ESTAMOS MUY VIVOS. SIENTE  COMO CORRE LA SANGRE POR TUS VENAS

Fui novio hace ya demasiados años de una chica con la que compartí nueve años de mi vida. Mercedes vivió una experiencia similar en su caso dirante casi diez años. El destino nos unió hace ya casi 14 años y medio y puedo decir que las horas que dividieron el tiempo de ese sábado fueron más intensas que todas las experiencias vividas con mi ex durante tantos años. Cosas que tiene eso de compartir tus días con la persona adecuada. Y encima la quiero un montón, así que, ¿qué más puedo pedir?

Ah, pero no todo es tan bonito, no lo voy a negar, en los minutos previos a la salida tuve cierto canguelo y comencé a hacerme preguntas estúpidas del tipo: ¿y si Merche se derrumba y no hay forma de que siga?, ¿y si mi pubalgia me impide correr y no puedo acompañarla?, ¿y si ....?, ¡que leches, deja de pensar y disfruta del momento!. Lo mejor que pudimos hacer fue alejarnos un poco del ruido e ir a calentar a unas lomas que contenían un parque frondoso. Allí estuvimos estirando más de lo que suelo estirar antes de cualquier competición. El dispensario volvió a tener noticias de Mercedes y ¡pis pas!, ya son las tres menos veinte, ¡vamos a la zona de salida!...

Casi un metro alrededor suyo es lo que necesita cada finés en la salida. Es su espacio vital, ese que no quieren que sea invadido. Nada que ver con lo que experimentas restregado contra toda una horda de andaluces sudorosos y apelotonados mientras cuentan chistes antes de darse la salida en la Maratón de Sevilla. Este estilo militar y de aire escandinavo mirando al frente nos llevó a cumplir la máxima de "donde fueres haz lo que vieres", y alrededor nuestro cuadramos el mismo espacio, para que corriera el aire. Eso sí, casi imposible el que Merche y yo no bromeásemos casi en silencio  sobre las pintas de algunos y algunas, y es que estamos lejos de España y el choque cultural es grande, por más que la globalización haga su agosto. Seguro que ellos pensarán lo mismo cuando bajan a nuestras latitudes.
















Sonó el pistoletazo, ¡por fin!, pero ¡no, no vamos a correr aún!, toca andar los 150 metros que nos separan del arco de salida, y es que aquí son muy civilizados y hasta que no se cruza la alfombra no se comienza a trotar. Con una pulsación pongo mi Garmin en marcha, Merche hace lo propio y comienza la aventura....pero eso os lo cuento en la próxima entrada, si os parece.










jueves, 20 de agosto de 2015

SÁBADO 15: EL PREVIO A LA MARATÓN DE HELSINKI.

Tras el desastroso entreno del jueves, había que recuperar mi moral y tratar de divertirse un poco, por lo que cogimos un ferry que nos llevaría a la isla de Soumenlinna, que en finés significa fortaleza o castillo, y lo que había que ver era precisamente una fortaleza que se mandó construir en el siglo XVIII con carácter defensivo. Hoy en día la isla es un barrio más de Helsinki con unos 1000 habitantes y un marcado acento turístico, no en vano es como si fuera un parque temático en el que paseas libremente viendo cosas bastante curiosas y bonitas. He aquí unas fotos:

Era preso de mi inseguridad, como casi siempre. Tras el mal entreno no me veía ni capaz de correr la maratón con mi mujer con garantías, a pesar de que tenía que hacerlo en casi 1 hora y media más lento de mi mejor marca




En el ferry tuvimos la suerte de ver unas vistas magnificas. El día era muy luminoso y bonito, pero mi mujer lo es más...





En la isla pareciera que todo está dispuesto para el visitante. Se recomienda visitarla si vas a Helsinki..





Como fortaleza defensiva que fue, está llena de cañones que provienen de finales del siglo XIX...




Bajamos a una playita bañada por el Mar Báltico. Una gozada poder estar ahí.



Y nos mojamos hasta un poco más arriba de los tobillos. El agua casi se puede beber debido a su baja concentración de sal.




En parte sur de la isla está la fortaleza propiamente dicha. Las fotos no hacen justicia a paraje tan bello...



Esto fue ya tras comer en una pizzería una muy rica ensalada y una exquisita pizza, aderezada, eso sí, por las hojas de verdura que acostumbran a echar encima de la misma.




El único y último submarino con el que cuenta la flota finlandesa es de los años treinta. Tras el tratado que puso orden a las cosas después de la Segunda Mundial, Finlandia fue despojada del derecho a contar con submarinos, obligada a venderlos todos como chatarra, salvo el que hay en la isla que se quedó como museo.




 

Antes de la vuelta compramos comida en un supermercado que hay para visitantes y habitantes, todo para aprovisionarnos para la cena, la cual pretendíamos que fuese tranquila en la habitación. Y por la tarde, tras llegar al hotel, volvimos a salir a dar un paseo por Helsinki

 


 

Y llegó el día previo al "GRAN DÍA". Tocaba recoger el dorsal en la feria del corredor sita al lado del Estadio Olímpico. A la salida del hotel una pareja nos preguntó si íbamos a correr la maratón: se trataba de Antonio y Leo, un matrimonio madrileño. Él iba a correr su cuarta maratón y estaba muy ilusionado con su reto. No nos costó entablar conversación, porque el running da para hablar mucho. Así que cogimos el tranvía y nos dirigimos hacia la zona donde al día siguiente tendría lugar el evento. Pero antes de eso hicimos parada en el monumento a Sibelius, un famoso compositor del siglo XIX y XX oriundo de Helsinki, ¡vaya! helsinqueño como digo yo.




Tocaba recoger el dorsal y la bolsa, momento muy importante en toda vivencia de una maratón. No tuvimos problemas de aglomeración de gente, hubo la talla de camiseta adecuada para los tres (S para Antonio y para mi y XS para Merche). La bolsa no contaba con muchas cosas, pero eso sí, la camiseta Asics color rojo es muy muy chula. Tras la foto al gran panel del recorrido y las correspondientes fotos tras el panel fotográfico posando con el dorsal, nos dirigimos a la feria propiamente dicha, con pocos stands, pero es que se trata de una maratón mediana tirando a pequeña, como pueda ser, por ejemplo, Málaga.



 



Tras esto fuimos al estadio, pero no podíamos pasar porque estaban preparando la tramoya de un concierto. No faltó la foto en la mítica estatua de Paavo Nurmi y algo inolvidable: la subida a la torre del estadio, la cual se construyó junto con todo el complejo en el año 52 con motivo de los Juegos Olímpicos de Helsinki. Las vistas son maravillosas.
 
 





Antonio y Leo se fueron a comer y nosotros nos fuimos a ver la Iglesia de Piedra, una iglesia construida aprovechando el hueco natural que dejó la roca. Muy bonita también, y además, al lado teníamos un Pizza Hut donde Mercedes se infló de pasta, para poder ir completando una buena recarga.





Y tras la comida, dimos la última vuelta por Helsinki antes de recogernos en el hotel, para descansar en el previo.





Con esto ya habíamos agotado todo el tiempo destinado a lo lúdico y turístico. Ahora tocaba descansar para tomar con afrontar con fuerza la maratón, que era para lo que habíamos ido tan lejos. Nos volvimos a pasar por otro supermercado donde compramos comida para la cena y también para el temtempié previo a la carrera: más pasta, y otras comidas ricas en hidratos junto con unas lonchas de fiambre de "Poron", lo que viene siendo reno helsinqueño. Ese sería reservado para echarlo en los sandwichs del citado temtempié y, yo me pregunto, ¿fue el Poron la gran arma secreta de mi mujer?. Es como si hubiese actuado como doping