RELATOS

Una vez iniciado el movimiento supe que no habría marcha atrás, sería difícil regresar a aquello que fui. Hoy soy otro ser: curtido, compañero del esfuerzo, amante de mis kilómetros. Sólo el fin de mis días debería obligarme a parar: ese es mi pequeño sueño.

viernes, 18 de agosto de 2017

LUNES 14: 11 CALUROSOS KILÓMETROS POR LA COSTA

El lunes le perdoné la vida a Mercedes y la dejé durmiendo. Me fuí demasiado tarde en otro día bastante caluroso y pegagoso por la humedad. Me costó entrar en faena, no me carburaba el motor, pero fui cogiendo poco a poco la onda. Me adentré por un camino paralelo a las calas y luego subí al carreterín asfaltado para luego coger la gran urbanización que en gran medida está sin edificar y que me regresaba al camino de vuelta a Peñíscola. En la segunda parte del recorrido pasé mucho calor pero al menos las piernas ya funcionaban y pude completar un buen entreno de 11 kilómetros.

DOMINGO 13: 24,4 KILÓMETROS POR LA SIERRA DE IRTA

El domingo por la mañana costó algo más madrugar, de hecho salimos demasiado tarde a correr, casi a las 10 de la mañana, y además el domingo iba a ser bastante más caluroso que los días anteriores. La idea era realizar una larga tirada por la Sierra de Irta, y eso hicimos.

Sin embargo desde el principio me dí cuenta de que no iba a ser el día de Mercedes. Tomamos una senda que nos llevó cercano a la costa, cogimos una carreterín asfaltado cuando el calor ya apretaba y Mercedes comenzó a quejarse un poco. Tras unos 6 kilómetros entramos en una pista de tierra blanca que se adentraba en la Sierra de Irta y comenzaron los toboganes subiendo y bajando, cruzándonos con algunos cicilstas de montaña y a una "loca" con chaleco de hidratación como nosotros. Cada vez si iba poniendo el paisaje más interesante lleno de bosques de pino y otra arboleda de tipo mediterráneo, hasta que llegamos a un merendero donde discurría un río, desafortunadamente seco y cogimos una bonita senda que se adentró profundamente en un barranco siempre ascendiendo. Precioso recorrido el que fuimos realizando, cada vez por sendas más difícilles y frondosas en las que Mercedes llevaba un ritmo algo cansino, y se quejaba de irse pinchando con las matas, pero mereció la pena. En el 12,5 alcanzamos una pista que cogimos en fuerte pendiente, y ahí tuvimos que andar un buen rato, para luego llanear y coger el camino de ida y vuelta que nos llevaría al Castillo de Santa Magdalena de Pulpi. Allí nos echamos un par de fotos y regresamos por el camino donde habíamos venido para luego coger el camino que luego se convertiría en senda hacia la Ermita de San Antoni. En esa parte Merche lo pasó muy mal, incluso se mareó, y tuve que racionar el agua, dándole casi toda la que llevaba a ella. Pero cuando llegamos a la ermita sólo cabía bajar y por pista, y ahí se recuperó. Alcanzamos el camino de vuelta a Peñíscola con mi mujer sufriendo un poco pero con el piloto automático y así llegamos al apartamento realizando una tirada dura y larga para ella, en la que entrenamos un poco la deshidratación y el calor.

24,4 kilómetros muy interesantes







El castillo al fondo

SÁBADO 12: CORRIENDO A BUEN RITMO EN PEÑÍSCOLA

El sábado por la mañana no me costó que Merche se levantara temprano, a pesar de que estásemos de vacaciones en la playa. A eso de las 9 de la mañana ya estamos corriendo por el paseo marítimo de Peñíscola sentido Benicarló. Cuando llevábamos algo menos de 4 kilómetros, giramos a la izquierda por un camino asfaltado dirección a la Nacional 340. El ritmo había ido incrementándose poco a poco y ya por en aquel momento íbamos a un ritmo apropiado para la preparación de su maratón. Cuando llegamos a la nacional cogimos ésta sentido Peñíscola, es decir, Castellón y un kilómetros y medio después llegamos a un rotonda donde me perdí un poco, pero decidí coger una vía de servicio y la cosa salió bien. El ritmo ya era bueno entonces, en torno a 5´25´´ y por fases por debajo del mismo. Alcanzamos la carretera comarcal que lleva a Peñíscola donde metí una marcha más y comprobé que mi mujer me seguía sin muchos problemas y por fases nos pusimos a 5´ pelados, y así como quien no quiere la cosa llegamos al apartamento donde nos alojábamos, haciendo 14,2 kilómetros en 1 hora y 22 minutos, pero he de decir que la segunda parte fue mucho más rápida que la primera. Salió un buen entreno de calidad para ella.


miércoles, 16 de agosto de 2017

BUEN BALANCE DE LA PRIMERA SEMANA DEL PLAN PARA LA MARATÓN DE VALENCIA 2017

Puedo hacer un buen balance de esta primera semana en la que un servidor ha hecho lo siguiente:
  1. Sábado 5: tirada de 22,5 kilómetros con mucho calor y a ritmo suave, con Mercedes.
  2. Domingo 6: entreno a buen ritmo de14,3 kilómetros, aunque el comienzo fuera nefasto. El resto fue todo lo contrario, muy bueno. Merche hizo 13 kilómetros a una buena media de 5´40´´.
  3. Lunes 7: subida a los molinos eólicos por la senda realizando un total de 18,5 kilómetros bastante buenos. La parte final hecha a buen ritmo. Mercedes hizo por su parte 9 kilómetros a ritmo.
  4. Martes 8: 12 kilómetros hechos con bastante calor y tratando de ir por debajo de 5´el kilómetro. Las sensaciones quedaron empañadas por la alta temperatura. Por la tarde descalenté con otros 2 kilómetros. Merche hizo 8 kilómetros en el Parque Cervantes
  5. Miércoles 9: interval rápido en un circuito de 9,5 kilómetros, entreno hecho de menos a más.
  6. Jueves 10: descanso.
  7. Viernes 11: trail en Sierra de Irta con Mercedes, 17,4 kilómetros y ruta senderista de 12,5 kilómetros por la noche.

En estas conseguí acumular 109 kilómetros, aunque muchos de los cuales bastante suaves. Mercedes también hizo un buen puñado de kilómetros, un total de 83, en su caso hechos a un ritmo más apropiado para la maratón.

 

VIERNES 11: TRAIL EN LA SIERRA DE IRTA DE PEÑÍSCOLA

Tocaba terminar la semana haciendo un buen trail. El día anterior había sido un tanto raro: nada más salir de vacaciones con el coche se enciende la luz de la batería, lo llevo al taller y resulta que se ha ido el alternador. Toca dejar el coche en el taller y alquilar vehículo para podernos ir a Peñíscola. Eso hacemos...

Con todos los retrasos llegamos algo tarde a nuestro destino y sin muchas ganas de correr, pero eso sí, pudimos disfrutar de un buen paseo por la playa y por el castillo. 

Sin embargo al día siguiente yo ya tenía programado un buen trail por el Parque Natural de la Sierra de Irta:






















Fabuloso entreno, hecho sin prisas, eso sí, con una primera parte sencilla, por pistas, hasta subir a la Ermita de San Antoni, para luego transitar por sendas muy bonitas y terreno técnico. 17,4 kilómetros hechos en más de 3 horas y media con paradas incluidas, pero un buen entreno en definitiva.

Además, por la noche hicimos una ruta senderista bien larga los cuatro: subimos nuevamente a la Ermita de San Antoni y allí cenamos, para regresar ya de noche, es decir, otros 12 kilómetros y medio, que también computan.


MIÉRCOLES 9: INTERVAL COMO PREÁMBULO A LAS VACACIONES EN LA PLAYA

El miércoles había ido creciendo mi desmotivación conforme fue avanzando el día. No había ido a correr por la mañana por lo que me decidí a salir por la tarde. Merche se iba a tomar descanso después de haber corrido sábado, domingo, lunes y martes en un buen puñado de kilómetros, y en mi caso tenía que seguir con la buen racha. Sin embargo no me encontré a gusto en este entreno que me dejó sensaciones contrapuestas. Hice el entreno del circuito del aeródromo, un poco alargado, es decir, 9,5 kilómetros, con cambios de rimo de unos segundos pero con muy poca recuperación. Llegué bastante cargado al final, pero había completado unos buenos 5 días.


MARTES 8: DOBLAJE QUE ME EMPERRONÓ

Recién comenzadas las vacaciones se siente uno bien saliendo a correr por la mañana. Ese martes salí a correr nuevamente por la mañana, pero no tan temprano como el día antes. Me hice el circuito del Camino de Hortezuelas, de unos 12 kilómetros con un calor considerable y no al ritmo que me hubiera gustado, pero de esta forma daba continuación al buen comienzo de semana. El caso es que por la tarde Merche fue al parque a correr e Inés y yo fuimos a acompañarla. Ella hizo 8 kilómetros que le costaron un poco, se sentía floja, y yo no pude evitarlo y dí un par de vueltas muy suaves al recinto, que me dejaron más perro que si no lo hubiera hecho.

Por eso lo del doblaje, aunque fue un poco ficticio.


martes, 8 de agosto de 2017

LA SONRISA MÁS AMPLIA. DEDICADO A MI PADRE

Lo etéreo de la felicidad

En la Avenida de Linarejos el único sitio liso por donde ir es la del rail del tranvía, esa línea oscura y peligrosa que se aleja hasta donde alcanza mi vista; la llanta delantera de mi bicicleta zigzaguea bailando con el hueco de la doble estructura metálica tratándola de evitar para no caer en la trampa y terminar por los suelos. Pero no tengo miedo, sólo una emoción difícil de describir que crece y crece a cada nuevo giro que doy, cuando tras perder velocidad trato de recuperar la cadencia mientras oigo los aplausos y gritos del público que abarrota las aceras. Las piernas pesan como losas pero las ganas pueden con el dolor por lo que sigo avanzando como si visto desde fuera no costara hacerlo...

Todo es tan extraño que no parece real, no lo interiorizo, me digo ¡venga, un giro y ya está! y llegan los nervios, el ansia por finiquitar; hasta que en un acto reflejo bastante estúpido miro hacia atrás para vigilar a mis perseguidores y con ello dejo de controlar la rueda y el rail,..., un instante que me puede llevar a la antesala de un "todo" o conducirme a un "nada"; así que cruzo ese instante resignado a mi suerte, y la fortuna me acompaña ese mañana, ¡hoy extrañamente toca "todo"! para éste que se siente tan de espaldas a la suerte; así que continuo aliviado para llegar el último giro y encarar la meta;  levanto la mirada y veo acercarse a gran velocidad  la pancarta de tela blanca que representa aquello que he conseguido. 

Las excepción es especial por no ser habitual, y por ello ese día fue el más raro y extraordinario de mi vida. El peso del trofeo me duerme los antebrazos y allí me hallo subido en lo más alto de ese improvisado podium de una tela que cubre una serie de cajas de madera que otrora portaron garrafas del buen vino de Valdepeñas; esa es para mi la imagen de la felicidad más egoista, mi propia felicidad retratada en un instante efímero de mi vida.

...Regreso al presente, estoy asomado a la ventana divisando esa misma avenida: en la calzada sólo hallo asfalto grisáceo, ya no hay railes; pienso en todo aquello y es como algo que no sucedió: no conservo foto alguna y por ello no me puedo ver alegremente posando; habría guardado celosamente la copa si no la hubiera donado al club, coartando así la posibilidad de contemplarla y así subirme la moral en los días en los que me hubiese sentido con la autoestima por lo suelos, demasiados, por cierto; la artesanal pancarta de tela blanca o las cajas de vino ya sólo existen en mi memoria, y quizá de forma distorsionada, en cuanto a los testigos vivos de aquel evento de la Feria de Linares de 1952, seguramente no recordarán lo que allí ocurrió aquella soleada mañana de domingo...en el fondo es como si todo hubiera sido un dulce sueño...  Suelto el visillo me giro y vuelvo a la celebración que me ha traido de nuevo hasta esta ciudad.., en el salón los comensales rien, conversan en alto; y pienso que estamos casi todos los que somos, casi todos los que me importan, sólo echo en falta a los que ya no están. Miro a mi izquierda y me fijo en su sonrisa, la mano de mi hijo agarra la mano de su reciente esposa, y me siento como subido en aquel podium, un cosquilleo..., el tiempo se para y de nuevo como ocurriera cincuenta años antes, vuelvo a ser feliz en Linares.

100 metros es suficiente reto

En unos minutos habré terminado esta larga subida y alcanzaré el avituallamiento que se halla en lo más alto, no voy a parar, llevo suficiente bebida en los dos soft flask y no hay motivo para el descanso; y de forma inevitable me llega la imagen de aquella Madrid-Segovia dos años antes allí, en el Alto de la Fuenfría...

...las sienes me martillean con la periodicidad que marca cada pulsación, la cabeza me da vueltas de forma similar a la sensación que nos pilla en fuera de juego la primera vez que nos emborrachamos, los brazos me molestan tanto que no sé donde apoyarlos, el cuerpo es un peso muerto que sólo pide reposo, pero lo peor de todo son las tremendas naúseas, la necesidad de expulsar todo lo que mi organismo ha tratado de digerir sin éxito. La silla es incómoda, de esas de plástico blanco, y aún así mi voluntad se centra en convencerme de que me quede allíí sin moverme, que abandone la prueba, que me abandone. Claudio está echando fotos a diestro y siniestro en lugar de dedicarse a correr la prueba como ha hecho los últimos años, repara en mi presencia y se acerca, me mira y me dice: "Javier, si no te levantas y echas a andar te puedes dar por muerto". Y eso hago, no dejo pasar ni medio minuto y sigo sus instrucciones, le tengo demasiado respeto y admiración como para no obedecerle. Me levanto tambaleante, alguien de la organización me pregunta si soy capaz de seguir y le digo que sí, y me mira dubitativo; está en un tris de llamar al de la ambulancia que está a unos metros, pero en el último momento me deja ir. Claudio me hace un gesto arengador con los dos pulgares en alto, comienzo a andar cuesta abajo, empiezo a trotar un poco, pero de repente siento que me viene una avalancha y echo hasta la primera papilla. Al poco rato ya me siento mejor, muy flojo pero mejor y comienzo a corretear, y unos segundos después me veo corriendo, despacito pero corriendo, y entonces me adelanta Claudio en bicicleta, justo para preguntarme qué tal y justo para contestarle que gracias, que por fin me siento persona. 

Y bajo hacia mi destino, Segovia, experimentando el dolor y la impotencia empeñándome en llegar a meta cueste lo que cueste aunque lo prudente fuese estarse quieto, que es eso justamente lo que yo concibo por vida, algo a lo que aferrarse cueste lo cueste. Tengo mucho tiempo para reflexionar y lo utilizo en pensar en mi padre y en sus duros paseos; él apenas puede con sus 100 metros y yo apenas puedo con mis 100 kilómetros, la diferencia es que a él ya le invadió la más absoluta decadencia y no le queda más remedio que seguir adelante y continuar sin descanso hacia la meta. Lección de vida en la que te das cuenta que no importa la distancia sino el simple movimiento, la obcecación por proseguir tu camino para que la acción se convierta en resistencia y la resistencia se torne en final.

...He pasado por delante de la silla blanca y sólo la he mirado de refilón, no he querido girar la cabeza no fuera que me atrajese hacia ella para retenerme y vinieran a mi malos momentos pasados. Apenas he dispensado una rápida sonrisa acompañada de un breve saludo y he oido decir a alguién de la organización algo así como "mira como va, pareciera que no lleve 83 kilómetros". Ahora viene la zona pedregosa y técnica de la bajada empinada, es la quinta vez que paso por allí y no me canso de esa zona. Hoy los pinos me susurran cosas al oído y estoy tan atento, voy tan despierto que alcanzo a enterarme de todo lo que me dicen: me cuentan que floto, que me siento muy vivo, y pienso intensamente en él: mi esfuerzo es la suma de todos sus esfuerzos pasados y el movimiento, aunque  forma parte de este mundo, atraviesa la variable tiempo, la parte en dos, escapando a otra dimensión,..., me lo imagino corriendo en Linares, en esa historia que alguna vez nos contó y que por extraordinaria que parecía el temía que no la creyésemos; también lo veo aparecer por el marco de la puerta de casa, es domingo soleado, finales de los ochenta, viene cansado, tiene más de 60,  y regresa de dejarse el alma haciendo un porrón de kilómetros en su restaurada bicicleta, mi madre le está recriminando, ella no puede entender qué se siente cuando la extenuación castiga  a tu cuerpo que tu alma se siente tan libre..., y ahora le veo años después, ya muy viejecito, le voy animando acompañándole calle abajo en un corto paseo en el que oigo sus jadeos pugnando por realizar unos pocos metros de ida, un larga parada para tomar resuello,  media vuelta y a por los metros finales de vuelta, siempre acompañado de sus indispensables muletas. Y avanzo en mi mente entrando en un terreno más sensible, más duro, más reciente, quiero cruzar ese arco, no lo evito, y ahí está su andador, su temblor de piernas, sus ahogos..., pero afortunadamente también veo sus ganas de vivir, su esfuerzo por continuar; veo su final rodeado de todos lo que le importan, brotan las lágrimas y meto una marcha más, voy demasiado rápido pero no me importa, seguiré yendo así hasta que esa sensación me acompañe... y sin darme cuenta llego al cruce de "La Cruz" y un voluntario me dice que voy 6º, sin embargo mi ego no crece, hoy no corro yo, hoy corre él por mi.

Y el resto de aquella carrera no es más emocionante, las piernas extrañamente no me dejaron de arder, una sensación dolorosa y cálida a la vez que me hizo vaciarme por completo. Alcancé el Acueducto aquél sábado por la tarde sintiendo el calor de la gente, no tuve que ir a la ambulancia como ocurriera dos septiembres atrás, pero el peso de aquellos 102 kilómetros cayó sobre mi cuerpo con tanta rotundidad que tuve que desconectar y dejar que mi mente tomara  el mando de todo mi ser, liberada de un envoltorio inservible. El agua tibia de la ducha del hotel me deja adormecido y decido echarme unos minutos en la cama. Sin darme cuenta caigo en un sueño profundo, pero no es un sueño, más bien es una visión del pasado: mi padre mira por la ventana hacia la Avenida de Linarejos, hay tanto jaleo en la celebración de mi boda que cuesta oirnos y de repente suelta el visillo y nos mira,  esboza una sonrisa, al principio leve pero cada vez más ostensible, hasta ser la más amplia que jamás le he visto; no dice nada, pero con eso lo dice todo...

Upps, sin darme cuenta han pasado dos horas, o espabilo o no veré llegar a mi mujer, y ella no me perdonaría que me perdiera esa ocasión, ¡la primera vez que supera los 100 kilómetros!. El Sol está cayendo en Segovia y la estampa es preciosa, repleto de tonos anaranjados que se mezclan con el color crema de la piedra milenaria;  preparo el móvil para echar buenas fotos cuando por megafonía dicen que llega la cuarta mujer, la primera de la categoría veteranas, dicen su nombre y no me lo puedo creer, ¡lo ha vuelto a conseguir!. Cuando la veo girar la calle hacia el arco de meta dos lagrimones se escurren por mis ojos y la escena es casi perfecta en ese atardecer casi perfecto. Ya tras recibir su enésimo trofeo, los dos nos vamos cogidos de la mano hacia el hotel, los dos molidos, y de repente pienso que si miro hacia atrás, hacia el Acueducto, veré a mi padre en uno de sus arcos sonriéndonos; sé que es una tontería, un pensamiento convertido en ilusión, pero aún así vuelvo la mirada y lo veo allí, está con su bicicleta, no con su andador, sé que es mi imaginación pero realmente lo veo .

Todos los caminos llevan a Linares

Nunca hablamos mucho, realmente no supimos qué decirnos, o quizá no tuvimos la oportunidad, o puede que no tuviéramos el valor de sincerarnos, de hablar con el corazón. Ahora ya es tarde, no oigo apenas, y no se me entiende lo que digo, pero a pesar de todo estoy en equilibrio viéndole ahí cuidándome, lo siento más cerca que nunca, veo que saca la pluma de la insulina y sé lo que va a hacer antes de que lo haga: me va a decir con gestos que me pinche en la tripa, siempre lo hace... Mis hijas siempre me pinchan, diría que son mejores enfermeras que él, pero en cualqueir caso me encanta que me haga ese gesto instándome a que consume el pinchazo yo mismo. Soy obediente, no dudo de que ha preparado la dosis correcta, así que agarro el aparatito, aprieto el botón y gira la ruedecita. La insulina entra de forma indolora y entonces pienso en otros tiempos, en los que comunicarse era más fácil porque mis oidos aún funcionaban, porque se me entendía lo que decía.., ahí mismo podríamos haber hablado de mil anécdotas vividas, le podría haber preguntado por sus carreras, que pocas veces le pregunte por los detalles y siempre tuve curiosidad,  y sin embargo hoy sólo podemos mirarnos y hacernos gestos, y pese a todo sentirnos más unidos que nunca.

Tengo la mente ágil, es lo único que me funciona al 100% así que puedo viajar rápidamente a unos años atrás: estamos comiendo los tres, él todavía vive con nosotros, aunque está en proceso de independizarse, ¡ya era hora por otra parte!; nos está diciendo que ha conocido a alguien por internet  y que la va a traer a casa ese mismo fin de semana. Veo el brillo de sus hijos y sé que está enamorado, nunca le ví así. La sorpresa llega cuando nos dice que ella es de Linares..., y me acuerdo de aquellos railes, de aquella copa, de aquella felicidad. Me muevo dando saltos en el tiempo sin necesidad de máquina alguna y ahora me veo hablando con mi mujer, él todavía no ha nacido, mis hijas sí, encima de la mesa se debate una oferta de trabajo que puede cambiarlo todo, pero hay que trasladar a toda la familia a Linares, mi mujer pone mala cara, también pone inconvenientes y siento que mis alas se acortan hasta no poder volar, no debo hacerle eso, no podemos escapar de aquello que conocemos, de su zona cómoda, de su zona tranquila...ella no podría llevarlo bien.

...De vuelta a mi dura realidad mi hijo me hace señas que entiendo a la primera, me está preguntando si quiero ir a descansar, miro a mi mujer y me pone peros con los ojos, no quiere quedarse sola en la habitación, pero me hallo tan tan cansado que hoy no puedo complacerla, así que asiento con la cabeza, hago el esfuerzo de incorporarme y sé que tocará recorrer los escasos 7 metros que me separan de mi cama con la única ayuda del andador y de mis ridículas fuerzas. Cuando logro reposar en el lecho él se despide y yo pienso en Linares y en la casualidad.


...Hace un frío inusitado en Linares pese a estar en noviembre, y pese a todo hoy salimos a dar una vuelta, ¡que nos apetece!. Jorge ha quedado con una amiga que ha conocido a través de las redes sociales  y que curiosamente, y como no podía ser de otra forma, es de Linares, suerte que Inés es demasiado peque aún para pensar en amoríos. Me abrocho hasta el último botón de mi abrigo negro y tras aparcar paseamos un rato: hoy toca ir al cine, pero antes callejeamos para ir a una cafetería que han abierto nueva. Nada más entrar al local me siento como en casa, con un toque de años cincuenta y repleto de recuerdos colgados por las paredes y también repartidos en mil enseres. Nos vamos al rincón más apartado de todo el recinto y allí charlamos como siempre de entrenos, sensaciones y como no de la Maratón de Valencia, la cual tenemos a unos días vista,..., por unos segundos la mirada se va a la pared donde cuelgan un montón de fotos antiguas, se ve la Plaza de Toros, el Paseo de Linarejos, la Calle Julio Burell, el día a día de una ciudad que antaño fue bulliciosa, ...de repente una foto llama mi atención y cuando me fijo en ella un escalofrío recorre todo mi cuerpo. En un improvisado y rudimentario podium se ven tres figuras, en seguida reconozco la que posa en lo más alto, se pelea por mantener a media altura un trofeo que claramente apenas puede sostener y pese a todo su amplia sonrisa le delata, es feliz.



Este relato está basado en hechos reales. Como se aprecia en la foto el trofeo no era muy pesado, y no había podium improvisado, seguramente el rail no era tan peligroso, pero mi padre ganó aquella carrera, al igual que ganó la otra carrera, la más dura, la de la vida.

Dedicado a tí Papá.




LUNES 7: 18,4 KILÓMETROS CON SUBIDA POR SENDA A LOS MOLINOS EÓLICOS

El lunes por la mañana bien temprano me sentía pesado, lleno de líquidos, y es que había cometido algún exceso en el fin de semana anterior y eso unido a la ingesta de tanta agua debido al calor suponía sentirme lleno. Como estaba en periodo vacacional, y así será hasta mi regreso al trabajo el día 21, decidí realizar un entreno largo, así que cogí el Camino del Peral y a ritmo constante avancé hacia la sierra del mismo nombre, pero desviando por el camino que en oblicuo lleva al cruce del Peral y las Aguas. Subí a la parte alta ya al pie de la sierra y notaba que las piernas iban bastante bien, continuación de las buenas sensaciones del día anterior. Y lo mejor fue la subida por senda hasta lo alto, para salvar los más de 200 metros que hay de desnivel positivo en unos 800 metros. En lo alto me senté a contemplar las vistas y también a recuperar un poco y tras esto bajé al principio de forma un poco torpe pero en seguida retomando mis limitadas habilidades técnicas de bajada en la montaña. Tomé el camino hacia Las Aguas, pasé por dicho paraje sin parar a beber y subí la cuesta para coger el cruce por el que había venido a la ida. El regreso fue bueno, suelto y sintiéndome fuerte, tanto es así que metí ritmo y los últimos kilómetros fueron casi un calco a los del día anterior.

Sin darme casi cuenta había hecho 18,5 kilómetros que suponen un buen entreno tras el fin de semana. estas son las sesiones que me dan un plus a la hora de coger el punto de forma que necesito.

Por su parte Mercedes salió con todo el calor del mundo a correr por la tarde e hizo 9 kilómetros a buen ritmo.


DOMINGO 6: BUEN ENTRENO 14,3 KMS

El domingo bien temprano seguía con el buen hábito de madrugar y me disponía a meter un poco de ritmo después del largo pero suave entreno del sábado. Desayuné demasiado y en seguida me dí cuenta que había metido la pata, ya que cuando me ví corriendo, además de sentirme cansado y pesado también me sentía indigesto, tanto es así que a pesar de llevar un trote "cochinero" no me sentía con fuerzas de continuar y tuve que parar en dos ocasiones, la última a la altura del cementerio. El caso es que a partir de esa segunda parada, me recuperé prácticamente del todo y sentí que me iban las piernas. Subí por la Finca la Gatera estupendamente y bajé hacia el valle del Arroyo del Peral bastante fuerte. Había cogido un buen ritmo crucero que no quería abandonar. Subí sin problema alguno al Albergue Juvenil El Cañaveral y bajé a las Aguas muy suelto, tanto es así que sentía que me estaba saliendo uno de esos entrenos que se quedan grabados. La cuesta que sube al camino de vuelta a casa, pese a ser considerable, no me cortó el buen ritmo y me ví bajando a casa como si fuera compitiendo, tanto es así que casi no me enteré que estaba finalizando el entreno de lo que estaba disfrutando. Ya en las inmediaciones del final me crucé con Mercedes quien iniciaba su entreno. Yo terminaba realizando unos 14 kilómetros y medio bastante buenos y ella, pese que le había dicho que no forzara e hiciera un entreno regenerativo, finalmente hizo unos 13 kilómetros a una media de 5´37´´ pero que le costaron bastante. Luego le eché la bulla por haber forzado tras el considerable tute del día anterior.


SÁBADO 5: 22,40 KILÓMETROS QUE HICIERON SUFRIR A MERCHE

Costó madrugar el sábado, y es que a Mercedes no hay quien la levante a la primera si hablamos de las 7 de la mañana. El caso es que a las 08:30 ya estabámos dando las primeras zancadas, yo provisto con el chaleco y un litro de líquido entre isotónica y agua, así como tres turroncillos. La idea era realizar una tirada cercana a 25 kilómetros sin grandes pretensiones de ritmo y en definitiva sin prisa. Cogimos el Camino de Don Bernardo yendo suavito y poco a poco fui apretando para que fuera saliendo una media cercana a los 6 minutos el kilómetro. Llegamos a lo alto, a los pinos del kilómetro 6 en 36´ muy largos, casi 37´con lo cual íbamos acercándonos a la media deseada. El siguiente tramo fue más rápido pero el calor comenzaba a apretar, y pese a ir bebiendo cada rato comencé a ver que Merche no iba bien. Así fue como en el kilómetro 8, cuando llevábamos unos 47 minutos paró y me dijo que necesitaba descansar, que sentía mucha carga en los cuadriceps. Paré el crono, le dí de beber y un par de minutos después reanudamos la marcha, pero ya veía venir lo que iba a pasar. Llegamos al cruce de caminos del kilómetro 10, tras la bajada que hay en otra plantación de pinos justo al ritmo que yo quería, pero mi mujer iba con el piloto rojo, se le veía en la cara. Tomamos el camino de la derecha que sube hacia la Carretera de Infantes y en la primera cuesta grande se me puso a andar. Fue un rato complicado, con tanto calor y Mercedes me pedía que acortáramos la sesión, porque se sentía cansada y con molestias estomacales. A trancas y barrancas seguimos avanzando ya sin andar y llegamos al cruce con el Camino de Ruidera, a sabiendas que podíamos acortar yendo por él (el pueblo estaba a 8 kilómetros y medio), pero como se deja a hacer la engañé y continuamos, cruzamos la Carretera de Infantes y seguimos por el mismo camino hasta llegar a otro camino que nos regresaba al pueblo, y que nunca había transitado. Yo iba animando a mi mujer pese a que necesitaba algo más que ánimos y se hizo bastante duro avanzar, pese a que no abandonó el ritmo en ningún momento ya. Tras una cuesta pronunciada divisamos el pueblo y eso le ánimo, hicimos la última parada técnica con parada de crono, justo en una finca con sombra a menos de un kilómetro de la gasolinera que hay en la Carretera de Infantes, y avanzamos hasta la misma pero el calor ya no perdonaba así que volvímos a parar en la misma para refrescarnos bien. Los últimos tres kilómetros fueron a ritmo constante hasta llegar a casa. Habíamos consumido todo el líquido, y llegábamos bastante deshidratados tras 22,5 kilómetros que a buen seguro que le sirvieron bien a mi mujer. Hecho en 2 hora y 10 minutos, eso sí, con dos o tres paradillas.




JUEVES 3: SERIES EN EL CERRO DEL ANGEL Y MINI TRAIL

Otra vez tocó correr con el caloruzo, pero con los cambios en el horario laboral de mi mujer, quien ya podrá salir de su trabajo a las 18:30 la cosa pinta mejor, aunque sobre todo de cara a este otoño e invierno. Nos pusimos en "modo trail", ella se calzó sus Saucony Peregrine y yo mis Sportiva Bushido (que me están saliendo geniales), y nos fuimos al camino sur del Cerro del Angel. En mitad del mismo con una temperatura que rondaría los 38 grados, nos pusimos a hacer series de 150 metros, bajando al trote, y nos salieron un total de 6, las primeras más duras quizá por el hecho de la adaptación. La sexta la alargamos hasta el carreterín de arriba y bajamos por el mismo suavemente para coger la vía de servicio sentido Madrid y luego coger el camino que bordea por el norte el cerro, para entrar en terreno "trail" y bajamos super bien por terreno de labranza y de siembra (ví a Merche ágil en este tramo). Regresamos por el Camino de Membrilla donde tuvimos la oportunidad de meter algunas marchas y terminar los últimos tres kilómetros a buen ritmo. 

Hicimos unos 10,5 kilómetros en un buen entreno, aunque muy caluroso, eso sí, y con esto se terminaba esta semana, la de los primeros días de este mes de agosto, ya que al día siguiente descansábamos ambos. Merche cerraba con algo más de 61 kilómetros, que resultan más que suficientes, y yo con unos 74 que se me antojan un poco cortos.



MIÉRCOLES 2: INTERVAL ESCOMBRERAS CON MUCHO CALOR

Aquel miércoles tenía en mente realizar un entreno medio con interval. Se hace complicado alargar las sesiones en los días laborables. Por eso creo que no fue una coincidencia que el punto de inflexión a la hora de coger el buen punto de forma en esta primavera fue las duras y largas sesiones que durante una semana pude realizar en las vacaciones de 8 días que tuve en Semana Santa. 

El caso es que sin encontrarme mal, ya no soy el mismo de mayo o junio, pero por suerte es verano y de poco me serviría tener el pico de estado de forma ahora. Así que estoy en esas de no descuidarme en agosto para pegar el apretón en septiembre y octubre, cuando el calor nos deje un poco, y ver si puedo llegar a Valencia en buenas condiciones y disputar por fin una digna maratón yo solo, no de liebre.

Salí por la tarde después del trabajo y eso significa mucho calor. Alargué el circuito de las escombreras que hay en la zona de la Carretera de La Solana realizando un interval corto de 1 minuto y medio a ritmo moderado y unos segundos de recuperación y me salieron en torno a unos 11 kilómetros en los que volví a cumplir, nada más.

Mercedes fue a la piscina cubierta a nadar y a hacer unos buenos 40 minutos de elíptica.



miércoles, 2 de agosto de 2017

MARTES 1: BUEN INTERVAL PARA MERCEDES

Mi mujer venía quejándose de unas molestias considerables en la parte de atrás de su tobillo. Por un momento pensé que se trataba de tendinitis del Aquiles, pero no, por la descripción del dolor y por la ausencia de dolor al presionarle dicho tendón deduje que se trataba de una molestia menor en la articulación. En cualquier caso, el martes se calzó las Saucony que suele usar sólo cuando se trata de montaña o caminos pedregosos y yo hice lo propio con las Sportiva. Salimos dando un pequeño rodeo al Camino del Peral y subimos hasta cruzar la Carretera de La Solana, para pasar por las escombreras que hay en la zona y regresar por el Carril del Yeso. El interval contratado consistía en 3 minutos fuertes y 2 lo más suaves posibles. Le costó a Merche llevar a cabo el entreno, sobre todo en mitad del mismo, cuando se le subieron en demasía sus pulsaciones, pero la última parte la llevó mejor. Buen ritmo el que salió al final con 11 kilómetros recorridos en 1 hora justa, y eso que los primeros 7 minutos fueron de un calentamiento muy suave y que los intervalos lentos eran muy muy suaves. No sintió molestias apenas en su tobillo.


LUNES 31: SE DESPIDE JULIO Y COMIENZA EL DURO PLAN A VALENCIA

Esta semana es la primera del plan que nos ha de llevar en buena disposición a Mercedes y a un servidor al a Maratón de Valencia. Por lo pronto el fin de semana había sido fructífero con una tirada larga buena para ella pero de poco ritmo para mi, y con una sesión más acorde a mis ritmos la del domingo que me dejó sensaciones claras en las piernas: "necesita progresar".

El lunes había que volver a salir y aprovechando que mi mujer se lo iba a tomar de descanso salí por la tarde, de nuevo con temperaturas complicadas para eso de mover las piernas, ¡pero es lo que toca!, en realidad es lo que viene tocando ya desde hace siete años (parece mentira). 

Sin embargo, de nuevo el estrés laboral, y es que mi trabajo no termina cuando regreso a Valdepeñas de Manzanares, sino que aún tengo un desordenado despacho que atender, me llevó a salir sin motivación alguna, más pensando en terminar que comenzar el entreno, y eso es mala señal. Aún así comencé pronto a realizar cambios de ritmo intensos cada 200 zancadas alternados con breves descansos, y lo que trataba con ello era desperezar mis piernas y minimizar la recuperación para comprobar cuan pronto eran mis piernas testigos del llenado de ácido láctico. Sin embargo el recorrido fue tan corto, 7,5 kilómetros, que apenas me dio tiempo a darme cuenta, aunque sí que notase carga importante en mis extremedidades. Por desgracia, la conclusión que vengo sacando en estas sesiones es que ya no tengo el mismo tono físico que tenía en mayo o en junio, y es que con los acontecimientos habidos he perdido "el ritmo". Espero que con los días de vacaciones que voy a tener pueda realizar un par de semanas de buen kilometraje que me permitan orientarme bien a septiembre, el cual será un mes clave.