RELATOS

Una vez iniciado el movimiento supe que no habría marcha atrás, sería difícil regresar a aquello que fui. Hoy soy otro ser: curtido, compañero del esfuerzo, amante de mis kilómetros. Sólo el fin de mis días debería obligarme a parar: ese es mi pequeño sueño.

martes, 30 de mayo de 2017

CARTEL XIII CARRERA DE LA INDEPENDENCIA DE VALDEPEÑAS

Hace casi 209 años que la Calle Seis de Junio de Valdepeñas, vía principal de la población que atraviesa la misma de norte a sur, se convirtió en un auténtico campo de batalla cuando un montón de empecinados y valorosos valdepeñeros y otros habitantes de los pueblos vecinos trataron de impedir el paso de las tropas francesas que se dirigían al sur. Para ello hicieron todo lo que estuvo de su mano, con aperos y utensilios agrícolas como armas, y cualquier cosa que pudiera arrojarse desde un balcón e hiciese daño. Una parte importante de las casas del pueblo fueron incendiadas, y por supuesto hubo bajas civiles y muchas militares, como bien describía Benito Pérez Galdos en su famoso libro "Episodios Nacionales", el retraso que esta contienda supuso para las fuerzas de refuerzo francesas provocó el que se pudiera ganar la importante Batalla de Bailén y gracias a este episodio Valdepeñas tiene el título de "Muy Heroica Ciudad" desde enero de 1.885.

Hace ya algunos años que se decidió rendir homenajes a estos valientes a través de un 10.000 que con el tiempo creció y se consolidó, pero que por causas que ahora no vienen al caso dejó de organizarse. Pues bien, ¡lo hemos recuperado!, así que atrévete a recorrer la larga calle donde se libró la batalla, pero eso sí, sin temer más que por la carga de tus piernas o el ahogo de tus pulmones, que nadie te arrojará aceite hirviendo ni te perseguirá con una guadaña.  El Club Extenuación Valdepeñas, mi club,  pondrá su empeño en que este evento vuelva a ser lo que en su día fue, así que quedáis todos invitados al mismo y, además, es por una buena causa. 

Inscripción desde:

http://carreras.dxtchiprun.es/carrera/10km-valdepenas-xiii-carrera-de-la-independencia.




 




SÁBADO 27: ENTRENO DURILLO DE 15,7 KMS

Habíamos programado una salida larga por Despeñaperros para el domingo, pero yo necesitaba realizar un entreno rápido el sábado, y decidimos que Merche descansara. A eso de las 11:30 de la mañana me fui por el Camino del Peral para luego coger el camino que bordea el cementerio y llegar por caminos transversales hasta la Finca La Gatera. Cogí el recorrido "rosa" que el Ayuntamiento de Valdepeñas ha balizado subiendo la cuestecica de la citada finca y tomando 1 kilómetros más adelante por el camino que baja a la vega del Arroyo del Peral. Desde lo más bajo tocó subir hacia el Albergue El Cañaveral y de ahí a Las Aguas y al Peral. Cuando llegué hasta este último paraje estimaba una media que había ido mejorando conforme pasaban los kilómetros, y que por sensaciones sería de 5´15´´ o así. Me refresqué un poco en la fuente y ya tomé la cuesta pronunciada que lleva al pueblo por donde está la caballeriza. El mejor ritmo lo marqué bajando por el Camino del Peral, a pesar de la deshidratación porque hacía bastante calor. No sé el tiempo que tarde en cubrir los 15,70 kilómetros, pero tampoco me preocupa. Desde que se me rompió el Garmin utilizo poco eso de medir los tiempos, ni siquiera con el crono.


VIERNES 26: ENTRENO REGENERATIVO CON SUBIDA AL ANGEL

El viernes tampoco quise descansar y había que cerrar la semana, otros 7 días netamente positivos, en los que había conseguido conjugar un buen puñado de kilómetros con alguna sesión de calidad incluyendo un buen doblaje. Ni noticias de molestias de ningún tipo, con buenas sensaciones pese a que ya va costando correr a estas alturas del año debido a las altas temperaturas. Así que me tomé la sesión como un entreno transitorio en el que tras un rodeillo subí el Cerro del Ángel por el camino empinado de su vertiente sur, bajé por la misma pendiente por donde había subido y tras alcanzar el camino asfaltado lo cruce para tirar hacia la Avenida de las Tinajas por donde llegué a casa. Sesión suave, sin más propósito que acumular y regenerar, pero al fin y al cabo otros 8 kilómetros.

De esta forma la semana se terminaba con unos aceptables 85 kilómetros acumulados para mi y 54 para Merche, y todo a poco más de una semana del siguiente reto: La Pencona 2017.

 




VIERNES 19: UNA DE INTERVAL DEL BUENO

El viernes había que cerrar una muy buena semana, otra más en positivo y ya son unas cuantas seguidas. Así que decidí meterme caña con un interval extensivo a razón de 2 fuertes y 2 minutos y medio suaves. Hice el circuito de las escombreras, 10,5 kilómetros y la verdad es que no me hallé muy fuerte al principio aunque luego la cosa mejoró y mucho, haciendo la segunda mitad con muy buenas sensaciones.

Merche volvía a salir para hacer unos 42 minutillos que se sumaban a lo ya hecho el día anterior conmigo.

Así yo cerraba una semana con casi 90 kilómetros y Merche, ella sí, se permitía una licencia merecida, cerrando con 45 kilómetros en una semana de transición con tan sólo 3 salidas (la Mineros Trail del domingo, y los entrenos del jueves y el viernes).


JUEVES 25: RAYOS Y LLUVIA CON MERCHE

El jueves fue uno de esos entrenos que si el alzheimer nos respeta no olvidaremos jamás. Hacía mucho bochorno y nada más y nada menos que 34 grados a las 20 horas, con nubes negras que no descargaban, pero Merche y yo fuimos a realizar el Circuito de los Pinares de 12,5 kilómetros sin mirar mucho al cielo y sin pensar demasiado en la fuerte ventisca que se estaba montando. Ya al llegar al Paseo del Cementerio se hacía complicado avanzar con el viento en contra y para colmo, ya en la carretera, nos comenzó a granizar, de forma que sentíamos el hielo como agujitas golpeándonos. Tuve que decidir si tomar una vía alternativa más corta o si seguir por la ruta marcada pero me resultó fácil porque unos minutos después dejó de precipitar y el viento dejó de molestar tanto por lo que tomamos el Camino de las Casas de Santa María dirección a los pinares, no sin dejar de sufrir el viento que por momentos nos frenaba totalmente. Cuando llegamos a los pinares y giramos para coger el Camino de Don Bernardo la cosa cambio radicalmente puesto que ahora tocaba llevar el viento a favor. Fue entonces cuando comenzó el entreno de ritmo. Pero unos minutos después comenzó el espectáculo de los rayos y truenos, que nos rodeaban por todas partes, y la verdad es que por momento yo llegué a sentir miedo, ni que decir de Merche. Pues bien, a dos kilómetros de Valdepeñas se puso a diluviar y tocó correr hacia casa yendo como dos sopas, eso sí, manteniendo un muy buen ritmo. Al final lo dicho, un entreno casi inolvidable, y no por las penurias, sino por las condiciones, por los miedos, por los olores a tierra mojada y a bacterias del campo (mi compañera de trabajo Carmen me dijo que el olor que desprende el campo cuando llueve se debe básicamente a las bacterias). Una hora y 14 minutos para 12,5 kilómetros, aunque en la segunda parte el ritmo medio estoy seguro que no subió de 5´20´´, pero es que la ida se hizo terriblemente lenta.


lunes, 29 de mayo de 2017

MIÉRCOLES 24: CIRCUITO 9,5 INTERVAL DE UN MINUTO

Merche iba a la piscina a nadar un poco y con 6 sesiones seguidas dejaba claro que también era capaz de meterse caña diaria sin morir en el intento. Por mi parte llevaba a cabo un buen entreno de interval de 1 minuto fuerte y 1 minuto y medio suave, que me dejó bastante cargado porque lo hice bastante intenso. El circuito fue el que yo llamo del aeródromo, 9,5 kilómetros.


MARTES 23: SERIES EN CUESTA EN EL ÁNGEL

De nuevo con Merche en un día algo más fresquito, menos mal. Dimos algún rodeo antes de ir a la falda del Ángel con el fin de alargar el calentamiento y el entreno en sí, de forma que cuando ya llevábamos unos 5 kilómetros comenzamos 3 series de máxima pendiente en el camino sur del cerro, unos 250 metros duros de verdad. Tiramos de "puntillas" y las bajadas las hicimos rápidas. Tras la tercera subida bajamos por el carreterín y de ahí a casa en unos casi 10 kilómetros fabulosos.


LUNES 22: 7 KILÓMETROS CON CAMBIOS DE RITMO EN EL PARQUE

El lunes Merche me sorprendió con ganas de volver a salir a correr, en lo que suponía su quinta jornada consecutiva, así que decidí llevar a cabo un entreno corto pero intenso. Fuimos al Parque Cervantes y nos pusimos a realizar cambios de ritmo de unos 400 metros con 150 suaves. Quizá fueran los cambios más intensos que ha realizado Merche desde que corre, a ritmo que por momentos bajaban de 4´30´´. Me dejó sorprendido la capacidad que está adquiriendo y me quedé con la seguridad de que puede bajar ampliamente de 50´en un 10.000, no sólo es segura, sino que comienza a dejar de ser lenta.

Fueron cuatro vueltas muy bien empleadas y un regreso a casa que tampoco tuvo desperdicio, en definitiva unos muy buenos 7 kilómetros.


DOMINGO 21: CORRIENDO CON MERCEDES UNA BUENA MAÑANA DE DOMINGO

El calor había venido para instalarse, aunque esa mañana se estaba más agustito. Merche, que lleva tres sesiones seguidas, decidió venirse, fruto de que sentía la rodilla mucho mejor. Así que decidí tomárnoslo como una jornada de regeneración. Fuimos al parque pero pronto nos vimos haciendo cambios de ritmo, a pesar de que no era mi intención. Cogimos la Carretera de Daimiel y en seguida el camino que se bifurca donde siempre coge el de Huertezuelas, y en esta ocasión cogimos el otro, el que discurre paralelo a la Carretera del Moral. Pronto cogimos una senda que nos llevo a dicha carretera, la cual cruzamos y tiramos hacia el Polígono Entrecaminos. Buenas sensaciones para los dos pero sin ánimo de forzar. Regresamos a la rotonda donde comienza la circunvalación y desde ahí tomamos la misma para entrar en el pueblo por el Barrio de San Pedro, que también existe. Como anécdota un hombre mayor de aquel barrio nos dijo algo así como: "esa chica seguro que ya te gana". Cruzamos el puente peatonal que separa este barrio del resto del pueblo y subimos por la Calle Constitución para regresar a casa. Buen entreno de unos 10 kilómetros que nos sentó bien a los dos.


SÁBADO 20: ¡DOBLAJE 14,5 +13,5!

Definitivamente los cambios han venido y espero que quieran quedarse una temporada. Me siento 100% corredor y he consolidado mi estado de forma, ahora estoy donde pedí por activa y por pasiva estar en muchas ocasiones cuando no veía más que sombras.

Tanto es así que el sábado por la mañana Merche y yo nos aventurábamos a hacer una tiradilla calurosa saliendo de la Finca Castellanos. No vimos a nadie por allí así que tuve que poner un cartelito en el parabrisas que rezaba algo así como: "Estamos corriendo; he buscado a alguién a quien pedir permiso para dejar el coche aquí, pero no he encontrado a nadie; disculpen las molestias". 

Cogimos la senda que lleva a paso de la sierra por Finca Amparo y pronto notamos que el calor iba a ser protagonista. Merche bien con su rodilla pero algo falta de fuerzas. Subimos hasta alcanzar el Camino de Peñalba y mi intención era llegar hasta el cortafuegos, que dista a unos 8,5 kilómetros de Finca Castellanos, pero se nos echaba el tiempo encima y sólo nos dio para llegar a la zona de explanada de donde parte el camino hacia las antenas, y allí dimos media vuelta desandando el camino trazado. La vuelta la hicimos a mejor ritmo y en la zona de pendiente negativa nos pusimos a "meter caña", demostrando Merche una vez más que está fuerte. Llegamos al coche tras algo más una hora y treinta minutos y 14,5 kilómetros de casi trail. Lo mejor fueron las dos Coca Colas que nos esperaban entre hielo en el maletero.

No quedé muy conforme con el entreno por lo que por la tarde me calcé las zapas y me fui a hacer el Circuito de la Vega. Iba suelto y con ganas de apretar algo que hice en algunas fases. Me sentí en varias ocasiones muy afortunado por las sensaciones que me están regalando, nada que ver con lo vivido tantos meses seguidos en el pasado. Pasé por el Peral donde me refresqué y es que el calor hacía mella, y allí saludé a mi amigo Leandro que me regaló un "se te vé hecho un máquina", o algo así.

Había acumulado 28 kilómetros muy buenos en un doblaje que eso sí, me dejó las piernas bastante cargadas, pero era una muy buena manera de comenzar una semana de carga.


JUEVES 18: MERCHE SE PONE LAS PILAS. INSCRITOS A LA PENCONA 2017

Nos habíamos inscrito a la Carrera Pencona en Aldeanueva de la Vera, Cáceres, carrera muy conocida en el circuito extremeño de montaña y que en esta ocasión va a ser Campeonato Regional de Trail, así que este nuevo reto suponía una inyección de adrenalina y motivación que nos permitió echarle ganas aquel jueves. Hicimos el circuito de los Cerros de la Aguzadera comenzando por la Avenida de las Tinajas y la rodilla de mi mujer se comportó regular aunque le dejó correr a buen ritmo. En zona dura le molestaba más, pero la molestia no fue impedimento para que cuajásemos un buen entreno de 9 kilómetros.


MIÉRCOLES 17. CIRCUITO 9,5 CON INTERVAL

El miércoles por la tarde tenía ganas de correr y elegí un clásico: circuito de 9,5 kilómetros por detrás del aeródromo haciendo intervals de 1 minuto fuerte y 1 minuto y medio suave. Me salió un muy buen entreno sobre todo en la segunda parte que fui bastante más cómodo. De nuevo se dejó notar el calor.

Por su parte Merche había vuelto a descansar debido a sus molestias en la rodilla.

MARTES 16: CORRIENDO A LAS 18 HORAS CON 30 GRADOS

Merche estaba aún convaleciente de sus molestias de rodilla después de toda la carga que estaba metiendo en mayo, así que decidimos que se tomara otro día más de descanso. Por mi parte, me había tomado la tarde libre por un tema laboral y salí a correr a una hora muy intempestiva, las 18 horas, me puse las zapatillas de trail y me fui a hacer una subida campo a través al Cerro del Ángel, bajé por el carreterín y acabe yendo al Parque Cervantes, donde no entré sino que fui ya a casa. Entreno corto pero intenso por el calor y por el ritmo. 8 kilómetros.

LUNES 15: 10 KILÓMETROS QUE SUMAN TRAS LA MINEROS TRAIL

Sensaciones raras las de aquel lunes por la tarde, en mi primer entreno tras mi primer podium. Es como si hubieran borrado rápidamente tantos episodios agrios, tantas jornadas amargas. Así que con la idea de seguir sumando kilómetros en esta primavera que tan bien me está sentando cogí el Camino del Peral y desvié hacia el camino que lleva al aeródromo, pero en seguida me tiré por una senda que creía que sabía dónde llevaba, pero no, pronto me ví pisando tierra de labranza, aunque eso no me importó. Las piernas cargadas y sueltas a la vez, con sensaciones que ya se vienen generalizando que me permiten sentirme bien, tomé el camino que me lleva al Carril del Yeso y todavía me dio para coger primeramente el Camino de Membrilla y luego subir por un caminín que me llevaba transversalmente a la falda, por donde bajé para luego tomar otra senda transversal y de ahí ya para casa. Aparte del calor y de la lógica carga contento por lo rápidamente que me había recuperado del esfuerzo del día anterior. Unos 10 kilómetros que sumaban y mucho.


domingo, 28 de mayo de 2017

MINEROS TRAIL 2017: YA ERA HORA DE LLORAR DE ALEGRÍA

A ver cómo me lo monto para que esta crónica sea algo más sencilla y directa, tal y como fue mi carrera, así que he intentado no meterle demasiados aditamentos, si notáis que lo hago en exceso me lo decís...eso si lo leeis, claro...

A zona minera y sin tener que picar

Otro madrugón, Merche y yo en pie y tomando rumbo hacia Cabezarrubias del Puerto, un pueblo de la zona minera cercana a Puertollano donde se iba a disputar la conocida Mineros Trail, casi 27 kilómetros y +1200 metros, pero por terrenos técnicos según había podido comprobar analizando  el track; poca pista, mucha senda pedregosa y un circuito rompepiernas y entretenido.

Merche "cogida con pinzas" aún con alguna molestia de su ultra y yo con sentimientos contrapuestos: cabreado por lo de dicho ultra, esperanzado por el momento en el que me encuentro y extrañamente "seguro" de lo que tenía que hacer. Saludamos a la gente, a Lucio, ganador del ultra, a Francisco Arreaza un pedazo de corredor bolañego que se había quedado tercero en el ultra y que en este caso no iba a disputar el trail y como no a algunos compañeros del Pozo Norte, como Pedro o Gregorio, club al que tanto cariño le tenemos. Recogemos los dorsales, calentamos un rato y en un pis pas nos vemos en línea de salida otra vez, sin tiempo de pensarlo mucho.

Me pesan las piernas y a la cabeza de carrera le pesan las dudas

Le doy un beso a Merche y oigo el pistoletazo; no necesito más que una docena de zancadas para comprobar que no es el día; quizá lo que quedó del trauma del domingo anterior, quizá no haber dejado descansar a mi cuerpo corriendo tanto, el caso es que todo me pesa. Comenzamos a subir por un carreterín asfaltado y a unos 100 metros va la cabeza y a no más de 30 metros veo a Juan Cano del Club de Atletismo Membrilla, al que querría que fuera mi referencia ya que sé que está mejor que yo pero pretendo ir lo más cerca posible; pero no, no voy bien. 

De repente compruebo que los de la cabeza hacen cosas raras: se paran, dudan, charlan, ¡están perdidos!, efectivamente no hay balizas, después de unos momentos de auténtica confusión nos damos cuenta de que todos, absolutamente todos,  vamos mal y que nos hemos pasado, sin darnos cuenta, la senda que teníamos que coger por lo menos un kilómetro antes. Así que todo el pelótón volvemos sobre nuestros pasos en busca de dicha senda. Los últimos serán los primeros, ya lo decía la Biblia. Encontramos la senda y ni rastro de la baliza, se la han llevado. Comienza la cuesta y siguen sin funcionarme las cosas, me siento mal, no voy a gusto; cinco minutos más tarde me pasa Juan y sé que se va "para no verlo más". La cosa se pone más dura aún, más pendiente, pero no es que el terreno o la ascensión sean muy exigentes, es que no me van las piernas...

Del pozo sólo cabe mejorar y Juan ayuda

Malas sensaciones, mal momento y todo tras lo que había vivido en el ultra trail días antes. Madre mía, ¡no hay forma!, pensé. Pero en la bajada me recupero un poco y comienzo a ser más optimista; me doy cuenta de que Juan no está a mucha distancia. Alcanzamos una pista en un falso llano y lo llevo ahí a poco más de 50 metros y mi negativismo se torna en positivo. Además, no llevo a nadie. Las piernas así casi sin querer empiezan a fluir.

En el primer avituallamiento Juan para pero yo no (llevo mi chaleco con dos soft flask a medias de isotónica y la idea es no parar en ninguno). Así que me pongo por delante. La pista continúa hacia lo que va a ser una subida algo exigente y allí me caza; mientras subimos charlamos, intercambiamos impresiones y yo ya comienzo a estar cómodo, por partida doble: por mis buenas sensaciones y porque voy relajado charlando. Siento que tengo que contenerme y no pienso "dejarme las piernas" como acostumbro en la montaña.

Comienza lo bonito

Ya en lo alto comienza el cresteo, una zona técnica de toboganes bien larga, con entrenimiento del bueno, hay que ir con cuidado para no dejarse un tobillo y esto será así  unos 3 o 4 kilómetros. la hago rápida, voy suelto y Juan me sigue de cerca, a veces oigo la maleza a su paso, de repente en una senda dejo de ver balizas y me paro, Juan aparece por detrás y me dice que vamos bien, efectivamente, unos metros más adelante oteo otra cintita, ¡a seguir que no nos hemos perdido!. Ahora una bajada pronunciada en la que me vuelvo a escapar, comprobando que estoy siendo algo más rápido que él cuando hay que echar mano de la técnica; otro cacho de pista cortito y toca ir por una senda entre jaras, muy bonita por cierto. Allí me pilla y volvemos a charlar. Llegamos a las pedrizas, una extensión de unos 400 metros llena llena de piedras que imposibilita correr, y allí nos alcanza y pasa un corredor, el único que nos va a pasar en toda la carrera, un tal Samuel. Me cantan que voy 11ª tras Samuel, duodécimo Juan y al terminar el pedragal me desoriento, me equivoco de camino y Juan me adelanta. Le sigo entonces por una senda técnica pero rápida, lo llevo a 10 metros y voy cómodo, verdaderamente estoy disfrutando. Toca bajar y bajar y ese tramo se hace rápido, pero no dejo que Juan se me vaya.

Ahora llegan las cuestas y toca "tirar de cuadriceps"

Por fin llegamos a un cortafuegos en una acusada bajada, al final del mismo se ve el puesto de otro avituallamiento y compruebo como Samuel arranca del mismo tras avituallar; al llegar al avituallamiento Juan para y yo continúo. Ahora toca zona bonita de bosques, miro atrás y Juan no viene, pero tampoco veo a Samuel por delante. Pienso en contenerme para no venirme abajo en la última parte porque sé que ahora viene una parte dura, me vuelven a cantar que voy 11º y justo llegamos a una carretera y marchamos por la pista paralela. Ante mi una larga cuesta, toca salvar algo más de 200 metros y tengo dos opciones forzar corriendo o andar, decidó lo segundo. Juan me da caza, pero cuando me pilla no sigue corriendo, se pone a mi lado, lo cual significa que no va sobrado. Pasamos a un nuevo capítulo: una senda que se pone cada vez más empinada y estoy disfrutando como no recordaba hacerlo en un tramo de subida por montaña; echo el cuerpo hacia adelante, me agacho y pongo las manos en mis cuadriceps y me chupo toda la subida con buen ritmo, dejándome de nuevo a mi compañero rezagado. Ahora toca llanear y subir y en este tramo siento molestias, pequeños agarrotamientos en las pantorrillas, pero no son calambres. Decido no tomar sales y por suerte se van las molestias tan pronto como cojo ritmo y llego al avituallamiento del 21,6, para nosotros casi 24 ya, por lo de la pérdida inicial. Allí sí paro y me tomo un poco de isotónica de la organización, pero no como nada sólido, no quiero sorpresas.  Unos segundos después aparece Juan y no lleva muy buena cara; yo arranco y sé que quedan dos subidas durillas, así que me pongo de nuevo en modus "reservón" corriendo por la pista a un ritmo fluido pero sin prisas, siento que podría meter dos marchas más pero no lo hago porque sé que de hacerlo castigaría mis piernas en las duras subidas.

Las cruces blancas

Un voluntario me indica que hay que salirse de la pista y subir por la dura pendiente "siguiendo las cruces blancas" de una trocha pedregosa; recuerdo que son no más de 300 metros lineales pero de fuerte pendiente; miro atrás pero no viene nadie, así que me relajo. Veo los signos que me habían indicado hasta alcanzar lo alto donde hay una cruz grande y bancos para el asueto. Ahora toca llaneo y toboganes de sendas muy pedregosas y me veo otra vez subiendo, en esta ocasión hay que salvar otros 100 metros en unos 800 metros, pero hay cachos de mucha pendiente, no importa, ni aunque haga calor, las piernas responden y corono sin problemas, sé que es el último escollo y me siento orgulloso de como he gestionado la carrera.

Viviendo emociones desconocidas

Tras una senda llena de jaras con terreno ya más fácil alcanzo un punto donde está Francisco Arriaza y me dice que no queda nada y que voy sexto, yo le digo que no, que voy 11º  y alcanzo otro avituallamiento donde no paro, ¡para parar voy yo!, ahora toca una trialera muy técnica y complicada llena de matas, donde me pego varios sustos porque dejo de ver balizas y en más de una ocasión temo haberme perdido, como me ocurrió en Casares cuando ya lo tenía todo hecho, pero ¡no. no me he perdido gracias a Dios!, siempre acabo viendo la cintita ante mi, en este tramo me dejo la piel literalment con mil matorrales que me quieren saludar. Llego de nuevo a la pedriza, donde me dicen que me quedan poco más de dos kilómetros y que he recuperado un puesto, y ando perdido ¿sexto?, ¿décimo?, ¿undécimo?, ¡que más da!

Toca bajar, cachos técnicos, llenos de piedras y matas, donde sufro por la impaciencia de llegar, por fin alcanzo terreno de siembra y por mirar atrás tropiezo y casi caigo, ¡no viene nadie no la vayas a liar ahora!. Voy emocionado y pienso que si voy 11º quien sabe si con un poco de suerte tengo premio en la categoría entre 40 y 49. Alcanzo el pueblo y es la primera vez en mi vida, la primera vez desde que corro, la primera vez tras haber recorrido en estos últimos seis años y medio más de 21.000 kilómetros que siento que el kilómetro que estoy haciendo tiene expectativa de premio y me llega un irrefrenable sentimiento de emoción que me llena y que da más gasolina a mis piernas. Giro tras la cuesta abajo y enfilo cuesta arriba sintiendo que las piernas se entumecen, pero ya es tarde, voy a llegar con fuerza, último giro y ahí está el arco.

Todo en su sitio menos la clasificación

Cuando cruzo la meta me agacho por el cansancio, pero no necesito echarme en el suelo, estoy bien; ando, me muevo y me siento muy contento, 3 horas 14 minutos en 29 kilómetros (según el garmin de Mercedes), y una prueba dura, bastante complicada. Me acerco al puesto de tiempos y ahí está nuestro gran atleta Javier Bermejo, olímpico puertollanero de salto altura, para más referencias, le pregunto y me dice: 11º y has mojado, 3º de la categoría Veterano, ¡no me lo creo!, tanto es así que no reacciono ni para bien ni para mal. Busco la fuente de agua fresquita en la que había pensado en algún momento a lo largo de la carrera y me abandono a la entrada de líquido tan precioso en mi gaznate. Juan aparece ocho minutos después que yo, visiblemente cansado pero ha hecho un carrerón, sin lugar a dudas. Ir cuando las piernas fluyen no tiene tanto mérito. Todo está en su sitio, no siento molestias de ningún tipo, no tengo calambres, no tengo naúseas, bueno, todo está en su sitio salvo la clasificación, porque no es lo normal, mejor dicho, nunca jamás estuve en puesto de podium. Bajo al coche a cambiarme y entonces me sucede algo que tan sólo me ha ocurrido en otras dos ocasiones desde que corro y que es muy emocionante: como me ocurriera minutos después de cruzar la meta en el 10.000 de Daimiel donde bajé mi marca dos minutos tras el trauma hospitalario de la Maratón de Valencia, como tambien sucediera al rato de cruzar la meta en la Maratón de Roma con mi inesperado sub 3 horas, siento que me viene el llanto en forma de ahogo, lloro a lo bestia durante no más de 10 segundos, la emoción me pone los pelos de punta y unos segundos después me calmo, ¡ya se ha pasado!, ahora vuelve la contención, Javi.

Lo de Merche no tiene nombre

Sólo queda completar la jornada con la llegada de Merche. Estoy viendo llegar a chicas seniors, unos minutos después aparece Rosa María y su marido, la veterana que le ganó en el Corretrail e intuyo que está a punto de llegar. Voy al coche y espero, y justo veo su silueta por el retrovisor, ¡ahí viene!. De nuevo entera, aunque no ha sido un paseo, desde luego; siete días después de un esfuerzo tan mayúsculo como un ultra de 8 horas y media aparece mi mujer terminando segunda veterana en un trail de los duros, y lo hace en 4 horas y 18 minutos, quinta mujer, pero segunda de su categoría; de nuevo me tengo que frotar los ojos para creérmelo.

Lo que viene después suele ser estupendo

Tras las carreras viene lo mejor: la organización agasaja con comidas y bebidas; hay cháchara con unos y con otros: estuvimos hablando con Pedro de Membrilla, un chaval que conocemos del gimnasio donde vamos, y que se desvive echándonos un montón de fotos en el podium, hablamos con Pedro del Pozo Norte que ha corrido y sufrido como un campeón y hablamos con Pilar Sánchez a la que le dedico el siguiente párrafo.

Va por Pilar Sánchez

Se nos acerca una chica, Merche me dice que la tengo agregada en facebook desde hace tiempo y charlamos. Ha corrido la prueba corta 14 kilómetros, ha sido tercera absoluta con un muy buen tiempo de 1 hora 31 minutos y lo ha hecho sin apenas visión, así como se lee. Normalmente lleva guía en asfalto, así que hacer una prueba como la del domingo, ella sola, sin apenas ver es más que una proeza, para mi fue la auténtica protagonista del evento. Para poder correrla tuvo que memorizar el recorrido en un montón de ocasiones y durante unas cuantas semanas, ¡eso es pundonor!. Así que Pilar, ahora cuando felicites a Merche por sus carreras ya sabremos que las felicitaciones vienen de una crack auténtica, de las de verdad, de las que tienen mérito. Todo un honor tenerte como amiga en las redes sociales y a partir de ahora también en la vida "real".. 

A la organización

Felicitaciones sinceras a la organización por una prueba tan bonita, tan bien señalizada (lo de aquella baliza fue culpa de alguno/a del pueblo, con avituallamientos tan completos y gente tan maja. Menudo reportaje fotográfica, menudas migas y vaya manera de cubrir el evento. Os llevaré siempre en mi recuerdo porque además habéis supuesto mi primer y quizá último podium.

¡Gracias!

Y aquí las fotos






































Merche contenta pero algo acojonada



 Salida explosiva


Primera subida, pérdido entre la maleza



Igual de perdido entre la maleza pero ahora más cerca



Juan pisándome los talones




Merche disfrutando aunque diga que no



Merche adelantando a un runner

 

Segunda subida haciendo piña con Juan

 

Se nos ve entre los carrascos



Merche en plena pelea



Zona rápida entre jaras tras las pedrizas: Juan disfrutando



Entre jaras y a ritmo



Se me en la cara que tengo ganas de no pifiarla






Paso de largo uno de los avituallamientos. Parece que voy buscando la cintita roja y blanca.



Se nota el calor y hay que avituallar








Merche aprieta los dientes en segunda subida
























Bajando el cortafuegos


















Con la boca llena poniéndose hasta arriba


 






Exultante en mi primer podium

 



Otro podium más de Merche y estaba contenta por ella y por mi



 

Estas dos fotos probablemente no se vuelvan a repetir jamás


















Pilar, la de la derecha, ¡menuda crack!

 






















Pilar y un servidor

miércoles, 24 de mayo de 2017

SÁBADO 13: COMENZANDO UNA NUEVA SEMANA "DE MÁS CAMBIOS"

Había completado una buena semana sin dejar de correr tras la mala experiencia del domingo, pero hasta esa experiencia sirvió para sumar y supuso un magnifico entreno para mi programación. No había mucho para relajarse porque el domingo teníamos una cita con la dura Mineros Trail, la prueba de montaña más antigua y reconocida de Ciudad Real. A regañadientes había accedido a dejar que Merche se inscribiera, teniendo tan reciente lo de su ultra, pero en lo que a mi respecta, tenía claro que me tocaba dar el callo y, a poder ser, lavar el malestar que me había ensuciado la moral con lo de la semana anterior.

El sábado no quise descansar a pesar de ser el previo a una competición, así que me fui por el Camino de Don Bernardo, el del tanatorio y de nuevo sintiendo buenas sensaciones, que son la tónica general en los dos últimos dos meses. Subí en oblicuo por el camino que me lleva al Camino de las Casas de Santa María, a la altura de la escombrera y al llegar a dicho camino regresé hacia la Carretera de San Carlos del Valle, tratando de echar el freno porque las piernas iban solas y no quería forzar ante la dura competición que tenía a unas horas vista. Llegado a la carretera continué por el camino que bordea y lleva al Camino del Peral y fui creciendo aun más en sensaciones. Al final tuve que contenerme un poco y no aumentar, porque me salieron unos 11 kilómetros bien empleados que no se parecieron a una sesión previa a una competición, desde luego. Antes de llegar a casa me crucé con mi amigo Leandro Pintado, otro runner que conozco desde la adolescencia y recuerdo que le dije estas palabras: "mañana tengo la Mineros Trail, presiento que se va a dar bien".

Merche descansó, e hizo bien


MIS VIVENCIAS DE LA ULTRA TRAIL DE LOS CASTILLOS: "EXPULSANDO LOS DEMONIOS"

Nunca un fracaso me sentó menos amargo. No tenía volcadas grandes ilusiones en el Ultra Trail de los Castillos y de hecho mi grado de motivación no es que fuese muy alto. En cualquier caso desde la salida tuve buenas sensaciones, acordes con el que creo que es un buen estado de forma, y mantuve el ritmo yendo bien situado en la clasificación. Los kilómetros fueron pasando y el ritmo no decaía, además tuve el placer de correr mucho tiempo con Raúl Fernández Donado, lo cual le dio más emoción a la prueba. Recuerdo que en el kilómetro 30 le pregunté la media (yo sólo llevaba mi viejo crono) y me dijo que 5´15´´, lo cual teniendo en cuenta que hablabámos de 63 kilómetros y de que habíamos atravesado zonas de fuertes repechos me dejó sorprendido. Parece ser que estábamos marcando algún que otro kilómetro en torno a 4´30´´ y yo sin darme cuenta. En cualquier caso unos minutos antes de llegar al avituallamiento del 33 noté que mi sistema digestivo caía en picado, sintiendo como la sangre se me iba allí, al estómago, incapaz éste de digerir lo que había tomado en el último avituallamiento (quizá cogí demasiadas cosas que me comí demasiado rápido). El malestar creció tanto que en el avituallamiento le dije a Raúl que siguiera sin mi, y aunque trate de arreglar lo irreperable con agua y sales, lo que vino después fue un considerable empeoramiento con falta de fuerzas, y tras esto los vómitos y mi final. Demasiado tuve con llegar hasta las inmediaciones del castillo, justo antes de la maratón. Los últimos 4 kilómetros fueron horribles, grabados quedarán en mi memoria, y ya sabía entonces que me iba a retirar, algo que no suelo hacer, pero me veía incapaz de completar la prueba.

Me tuvieron que atender con signos claros de deshidratación motivados por los vómitos, ya que era incapaz de tomar nada. La solución fue una vía, y a la hora o poco más comencé a sentir una mejora evidente que terminó en una recuperación completa. Allí estuve en lo alto del castillo bebiendo y bebiendo, después comí, mientras veía llegar a los héroes de la ultra. Casi por intuición decidí bajar corriendo por la calzada con la idea de que Merche estuviera a punto de llegar y mi instito no me falló, la ví subiendo justo al inicio de la calzada y la acompañé hasta meta viviendo unos momentos que no olvidaremos fácilmente. Final feliz para un tan accidentada e infeliz experiencia en lo personal, pero me quedo con lo bueno: mi buen estado de forma, la ausencia de molestias y que noto claramente la progresión, algo que no ocurría hace años.