RELATOS

Una vez iniciado el movimiento supe que no habría marcha atrás, sería difícil regresar a aquello que fui. Hoy soy otro ser: curtido, compañero del esfuerzo, amante de mis kilómetros. Sólo el fin de mis días debería obligarme a parar: ese es mi pequeño sueño.

domingo, 28 de mayo de 2017

MINEROS TRAIL 2017: YA ERA HORA DE LLORAR DE ALEGRÍA

A ver cómo me lo monto para que esta crónica sea algo más sencilla y directa, tal y como fue mi carrera, así que he intentado no meterle demasiados aditamentos, si notáis que lo hago en exceso me lo decís...eso si lo leeis, claro...

A zona minera y sin tener que picar

Otro madrugón, Merche y yo en pie y tomando rumbo hacia Cabezarrubias del Puerto, un pueblo de la zona minera cercana a Puertollano donde se iba a disputar la conocida Mineros Trail, casi 27 kilómetros y +1200 metros, pero por terrenos técnicos según había podido comprobar analizando  el track; poca pista, mucha senda pedregosa y un circuito rompepiernas y entretenido.

Merche "cogida con pinzas" aún con alguna molestia de su ultra y yo con sentimientos contrapuestos: cabreado por lo de dicho ultra, esperanzado por el momento en el que me encuentro y extrañamente "seguro" de lo que tenía que hacer. Saludamos a la gente, a Lucio, ganador del ultra, a Francisco Arreaza un pedazo de corredor bolañego que se había quedado tercero en el ultra y que en este caso no iba a disputar el trail y como no a algunos compañeros del Pozo Norte, como Pedro o Gregorio, club al que tanto cariño le tenemos. Recogemos los dorsales, calentamos un rato y en un pis pas nos vemos en línea de salida otra vez, sin tiempo de pensarlo mucho.

Me pesan las piernas y a la cabeza de carrera le pesan las dudas

Le doy un beso a Merche y oigo el pistoletazo; no necesito más que una docena de zancadas para comprobar que no es el día; quizá lo que quedó del trauma del domingo anterior, quizá no haber dejado descansar a mi cuerpo corriendo tanto, el caso es que todo me pesa. Comenzamos a subir por un carreterín asfaltado y a unos 100 metros va la cabeza y a no más de 30 metros veo a Juan Cano del Club de Atletismo Membrilla, al que querría que fuera mi referencia ya que sé que está mejor que yo pero pretendo ir lo más cerca posible; pero no, no voy bien. 

De repente compruebo que los de la cabeza hacen cosas raras: se paran, dudan, charlan, ¡están perdidos!, efectivamente no hay balizas, después de unos momentos de auténtica confusión nos damos cuenta de que todos, absolutamente todos,  vamos mal y que nos hemos pasado, sin darnos cuenta, la senda que teníamos que coger por lo menos un kilómetro antes. Así que todo el pelótón volvemos sobre nuestros pasos en busca de dicha senda. Los últimos serán los primeros, ya lo decía la Biblia. Encontramos la senda y ni rastro de la baliza, se la han llevado. Comienza la cuesta y siguen sin funcionarme las cosas, me siento mal, no voy a gusto; cinco minutos más tarde me pasa Juan y sé que se va "para no verlo más". La cosa se pone más dura aún, más pendiente, pero no es que el terreno o la ascensión sean muy exigentes, es que no me van las piernas...

Del pozo sólo cabe mejorar y Juan ayuda

Malas sensaciones, mal momento y todo tras lo que había vivido en el ultra trail días antes. Madre mía, ¡no hay forma!, pensé. Pero en la bajada me recupero un poco y comienzo a ser más optimista; me doy cuenta de que Juan no está a mucha distancia. Alcanzamos una pista en un falso llano y lo llevo ahí a poco más de 50 metros y mi negativismo se torna en positivo. Además, no llevo a nadie. Las piernas así casi sin querer empiezan a fluir.

En el primer avituallamiento Juan para pero yo no (llevo mi chaleco con dos soft flask a medias de isotónica y la idea es no parar en ninguno). Así que me pongo por delante. La pista continúa hacia lo que va a ser una subida algo exigente y allí me caza; mientras subimos charlamos, intercambiamos impresiones y yo ya comienzo a estar cómodo, por partida doble: por mis buenas sensaciones y porque voy relajado charlando. Siento que tengo que contenerme y no pienso "dejarme las piernas" como acostumbro en la montaña.

Comienza lo bonito

Ya en lo alto comienza el cresteo, una zona técnica de toboganes bien larga, con entrenimiento del bueno, hay que ir con cuidado para no dejarse un tobillo y esto será así  unos 3 o 4 kilómetros. la hago rápida, voy suelto y Juan me sigue de cerca, a veces oigo la maleza a su paso, de repente en una senda dejo de ver balizas y me paro, Juan aparece por detrás y me dice que vamos bien, efectivamente, unos metros más adelante oteo otra cintita, ¡a seguir que no nos hemos perdido!. Ahora una bajada pronunciada en la que me vuelvo a escapar, comprobando que estoy siendo algo más rápido que él cuando hay que echar mano de la técnica; otro cacho de pista cortito y toca ir por una senda entre jaras, muy bonita por cierto. Allí me pilla y volvemos a charlar. Llegamos a las pedrizas, una extensión de unos 400 metros llena llena de piedras que imposibilita correr, y allí nos alcanza y pasa un corredor, el único que nos va a pasar en toda la carrera, un tal Samuel. Me cantan que voy 11ª tras Samuel, duodécimo Juan y al terminar el pedragal me desoriento, me equivoco de camino y Juan me adelanta. Le sigo entonces por una senda técnica pero rápida, lo llevo a 10 metros y voy cómodo, verdaderamente estoy disfrutando. Toca bajar y bajar y ese tramo se hace rápido, pero no dejo que Juan se me vaya.

Ahora llegan las cuestas y toca "tirar de cuadriceps"

Por fin llegamos a un cortafuegos en una acusada bajada, al final del mismo se ve el puesto de otro avituallamiento y compruebo como Samuel arranca del mismo tras avituallar; al llegar al avituallamiento Juan para y yo continúo. Ahora toca zona bonita de bosques, miro atrás y Juan no viene, pero tampoco veo a Samuel por delante. Pienso en contenerme para no venirme abajo en la última parte porque sé que ahora viene una parte dura, me vuelven a cantar que voy 11º y justo llegamos a una carretera y marchamos por la pista paralela. Ante mi una larga cuesta, toca salvar algo más de 200 metros y tengo dos opciones forzar corriendo o andar, decidó lo segundo. Juan me da caza, pero cuando me pilla no sigue corriendo, se pone a mi lado, lo cual significa que no va sobrado. Pasamos a un nuevo capítulo: una senda que se pone cada vez más empinada y estoy disfrutando como no recordaba hacerlo en un tramo de subida por montaña; echo el cuerpo hacia adelante, me agacho y pongo las manos en mis cuadriceps y me chupo toda la subida con buen ritmo, dejándome de nuevo a mi compañero rezagado. Ahora toca llanear y subir y en este tramo siento molestias, pequeños agarrotamientos en las pantorrillas, pero no son calambres. Decido no tomar sales y por suerte se van las molestias tan pronto como cojo ritmo y llego al avituallamiento del 21,6, para nosotros casi 24 ya, por lo de la pérdida inicial. Allí sí paro y me tomo un poco de isotónica de la organización, pero no como nada sólido, no quiero sorpresas.  Unos segundos después aparece Juan y no lleva muy buena cara; yo arranco y sé que quedan dos subidas durillas, así que me pongo de nuevo en modus "reservón" corriendo por la pista a un ritmo fluido pero sin prisas, siento que podría meter dos marchas más pero no lo hago porque sé que de hacerlo castigaría mis piernas en las duras subidas.

Las cruces blancas

Un voluntario me indica que hay que salirse de la pista y subir por la dura pendiente "siguiendo las cruces blancas" de una trocha pedregosa; recuerdo que son no más de 300 metros lineales pero de fuerte pendiente; miro atrás pero no viene nadie, así que me relajo. Veo los signos que me habían indicado hasta alcanzar lo alto donde hay una cruz grande y bancos para el asueto. Ahora toca llaneo y toboganes de sendas muy pedregosas y me veo otra vez subiendo, en esta ocasión hay que salvar otros 100 metros en unos 800 metros, pero hay cachos de mucha pendiente, no importa, ni aunque haga calor, las piernas responden y corono sin problemas, sé que es el último escollo y me siento orgulloso de como he gestionado la carrera.

Viviendo emociones desconocidas

Tras una senda llena de jaras con terreno ya más fácil alcanzo un punto donde está Francisco Arriaza y me dice que no queda nada y que voy sexto, yo le digo que no, que voy 11º  y alcanzo otro avituallamiento donde no paro, ¡para parar voy yo!, ahora toca una trialera muy técnica y complicada llena de matas, donde me pego varios sustos porque dejo de ver balizas y en más de una ocasión temo haberme perdido, como me ocurrió en Casares cuando ya lo tenía todo hecho, pero ¡no. no me he perdido gracias a Dios!, siempre acabo viendo la cintita ante mi, en este tramo me dejo la piel literalment con mil matorrales que me quieren saludar. Llego de nuevo a la pedriza, donde me dicen que me quedan poco más de dos kilómetros y que he recuperado un puesto, y ando perdido ¿sexto?, ¿décimo?, ¿undécimo?, ¡que más da!

Toca bajar, cachos técnicos, llenos de piedras y matas, donde sufro por la impaciencia de llegar, por fin alcanzo terreno de siembra y por mirar atrás tropiezo y casi caigo, ¡no viene nadie no la vayas a liar ahora!. Voy emocionado y pienso que si voy 11º quien sabe si con un poco de suerte tengo premio en la categoría entre 40 y 49. Alcanzo el pueblo y es la primera vez en mi vida, la primera vez desde que corro, la primera vez tras haber recorrido en estos últimos seis años y medio más de 21.000 kilómetros que siento que el kilómetro que estoy haciendo tiene expectativa de premio y me llega un irrefrenable sentimiento de emoción que me llena y que da más gasolina a mis piernas. Giro tras la cuesta abajo y enfilo cuesta arriba sintiendo que las piernas se entumecen, pero ya es tarde, voy a llegar con fuerza, último giro y ahí está el arco.

Todo en su sitio menos la clasificación

Cuando cruzo la meta me agacho por el cansancio, pero no necesito echarme en el suelo, estoy bien; ando, me muevo y me siento muy contento, 3 horas 14 minutos en 29 kilómetros (según el garmin de Mercedes), y una prueba dura, bastante complicada. Me acerco al puesto de tiempos y ahí está nuestro gran atleta Javier Bermejo, olímpico puertollanero de salto altura, para más referencias, le pregunto y me dice: 11º y has mojado, 3º de la categoría Veterano, ¡no me lo creo!, tanto es así que no reacciono ni para bien ni para mal. Busco la fuente de agua fresquita en la que había pensado en algún momento a lo largo de la carrera y me abandono a la entrada de líquido tan precioso en mi gaznate. Juan aparece ocho minutos después que yo, visiblemente cansado pero ha hecho un carrerón, sin lugar a dudas. Ir cuando las piernas fluyen no tiene tanto mérito. Todo está en su sitio, no siento molestias de ningún tipo, no tengo calambres, no tengo naúseas, bueno, todo está en su sitio salvo la clasificación, porque no es lo normal, mejor dicho, nunca jamás estuve en puesto de podium. Bajo al coche a cambiarme y entonces me sucede algo que tan sólo me ha ocurrido en otras dos ocasiones desde que corro y que es muy emocionante: como me ocurriera minutos después de cruzar la meta en el 10.000 de Daimiel donde bajé mi marca dos minutos tras el trauma hospitalario de la Maratón de Valencia, como tambien sucediera al rato de cruzar la meta en la Maratón de Roma con mi inesperado sub 3 horas, siento que me viene el llanto en forma de ahogo, lloro a lo bestia durante no más de 10 segundos, la emoción me pone los pelos de punta y unos segundos después me calmo, ¡ya se ha pasado!, ahora vuelve la contención, Javi.

Lo de Merche no tiene nombre

Sólo queda completar la jornada con la llegada de Merche. Estoy viendo llegar a chicas seniors, unos minutos después aparece Rosa María y su marido, la veterana que le ganó en el Corretrail e intuyo que está a punto de llegar. Voy al coche y espero, y justo veo su silueta por el retrovisor, ¡ahí viene!. De nuevo entera, aunque no ha sido un paseo, desde luego; siete días después de un esfuerzo tan mayúsculo como un ultra de 8 horas y media aparece mi mujer terminando segunda veterana en un trail de los duros, y lo hace en 4 horas y 18 minutos, quinta mujer, pero segunda de su categoría; de nuevo me tengo que frotar los ojos para creérmelo.

Lo que viene después suele ser estupendo

Tras las carreras viene lo mejor: la organización agasaja con comidas y bebidas; hay cháchara con unos y con otros: estuvimos hablando con Pedro de Membrilla, un chaval que conocemos del gimnasio donde vamos, y que se desvive echándonos un montón de fotos en el podium, hablamos con Pedro del Pozo Norte que ha corrido y sufrido como un campeón y hablamos con Pilar Sánchez a la que le dedico el siguiente párrafo.

Va por Pilar Sánchez

Se nos acerca una chica, Merche me dice que la tengo agregada en facebook desde hace tiempo y charlamos. Ha corrido la prueba corta 14 kilómetros, ha sido tercera absoluta con un muy buen tiempo de 1 hora 31 minutos y lo ha hecho sin apenas visión, así como se lee. Normalmente lleva guía en asfalto, así que hacer una prueba como la del domingo, ella sola, sin apenas ver es más que una proeza, para mi fue la auténtica protagonista del evento. Para poder correrla tuvo que memorizar el recorrido en un montón de ocasiones y durante unas cuantas semanas, ¡eso es pundonor!. Así que Pilar, ahora cuando felicites a Merche por sus carreras ya sabremos que las felicitaciones vienen de una crack auténtica, de las de verdad, de las que tienen mérito. Todo un honor tenerte como amiga en las redes sociales y a partir de ahora también en la vida "real".. 

A la organización

Felicitaciones sinceras a la organización por una prueba tan bonita, tan bien señalizada (lo de aquella baliza fue culpa de alguno/a del pueblo, con avituallamientos tan completos y gente tan maja. Menudo reportaje fotográfica, menudas migas y vaya manera de cubrir el evento. Os llevaré siempre en mi recuerdo porque además habéis supuesto mi primer y quizá último podium.

¡Gracias!

Y aquí las fotos






































Merche contenta pero algo acojonada



 Salida explosiva


Primera subida, pérdido entre la maleza



Igual de perdido entre la maleza pero ahora más cerca



Juan pisándome los talones




Merche disfrutando aunque diga que no



Merche adelantando a un runner

 

Segunda subida haciendo piña con Juan

 

Se nos ve entre los carrascos



Merche en plena pelea



Zona rápida entre jaras tras las pedrizas: Juan disfrutando



Entre jaras y a ritmo



Se me en la cara que tengo ganas de no pifiarla






Paso de largo uno de los avituallamientos. Parece que voy buscando la cintita roja y blanca.



Se nota el calor y hay que avituallar








Merche aprieta los dientes en segunda subida
























Bajando el cortafuegos


















Con la boca llena poniéndose hasta arriba


 






Exultante en mi primer podium

 



Otro podium más de Merche y estaba contenta por ella y por mi



 

Estas dos fotos probablemente no se vuelvan a repetir jamás


















Pilar, la de la derecha, ¡menuda crack!

 






















Pilar y un servidor

miércoles, 24 de mayo de 2017

SÁBADO 13: COMENZANDO UNA NUEVA SEMANA "DE MÁS CAMBIOS"

Había completado una buena semana sin dejar de correr tras la mala experiencia del domingo, pero hasta esa experiencia sirvió para sumar y supuso un magnifico entreno para mi programación. No había mucho para relajarse porque el domingo teníamos una cita con la dura Mineros Trail, la prueba de montaña más antigua y reconocida de Ciudad Real. A regañadientes había accedido a dejar que Merche se inscribiera, teniendo tan reciente lo de su ultra, pero en lo que a mi respecta, tenía claro que me tocaba dar el callo y, a poder ser, lavar el malestar que me había ensuciado la moral con lo de la semana anterior.

El sábado no quise descansar a pesar de ser el previo a una competición, así que me fui por el Camino de Don Bernardo, el del tanatorio y de nuevo sintiendo buenas sensaciones, que son la tónica general en los dos últimos dos meses. Subí en oblicuo por el camino que me lleva al Camino de las Casas de Santa María, a la altura de la escombrera y al llegar a dicho camino regresé hacia la Carretera de San Carlos del Valle, tratando de echar el freno porque las piernas iban solas y no quería forzar ante la dura competición que tenía a unas horas vista. Llegado a la carretera continué por el camino que bordea y lleva al Camino del Peral y fui creciendo aun más en sensaciones. Al final tuve que contenerme un poco y no aumentar, porque me salieron unos 11 kilómetros bien empleados que no se parecieron a una sesión previa a una competición, desde luego. Antes de llegar a casa me crucé con mi amigo Leandro Pintado, otro runner que conozco desde la adolescencia y recuerdo que le dije estas palabras: "mañana tengo la Mineros Trail, presiento que se va a dar bien".

Merche descansó, e hizo bien


MIS VIVENCIAS DE LA ULTRA TRAIL DE LOS CASTILLOS: "EXPULSANDO LOS DEMONIOS"

Nunca un fracaso me sentó menos amargo. No tenía volcadas grandes ilusiones en el Ultra Trail de los Castillos y de hecho mi grado de motivación no es que fuese muy alto. En cualquier caso desde la salida tuve buenas sensaciones, acordes con el que creo que es un buen estado de forma, y mantuve el ritmo yendo bien situado en la clasificación. Los kilómetros fueron pasando y el ritmo no decaía, además tuve el placer de correr mucho tiempo con Raúl Fernández Donado, lo cual le dio más emoción a la prueba. Recuerdo que en el kilómetro 30 le pregunté la media (yo sólo llevaba mi viejo crono) y me dijo que 5´15´´, lo cual teniendo en cuenta que hablabámos de 63 kilómetros y de que habíamos atravesado zonas de fuertes repechos me dejó sorprendido. Parece ser que estábamos marcando algún que otro kilómetro en torno a 4´30´´ y yo sin darme cuenta. En cualquier caso unos minutos antes de llegar al avituallamiento del 33 noté que mi sistema digestivo caía en picado, sintiendo como la sangre se me iba allí, al estómago, incapaz éste de digerir lo que había tomado en el último avituallamiento (quizá cogí demasiadas cosas que me comí demasiado rápido). El malestar creció tanto que en el avituallamiento le dije a Raúl que siguiera sin mi, y aunque trate de arreglar lo irreperable con agua y sales, lo que vino después fue un considerable empeoramiento con falta de fuerzas, y tras esto los vómitos y mi final. Demasiado tuve con llegar hasta las inmediaciones del castillo, justo antes de la maratón. Los últimos 4 kilómetros fueron horribles, grabados quedarán en mi memoria, y ya sabía entonces que me iba a retirar, algo que no suelo hacer, pero me veía incapaz de completar la prueba.

Me tuvieron que atender con signos claros de deshidratación motivados por los vómitos, ya que era incapaz de tomar nada. La solución fue una vía, y a la hora o poco más comencé a sentir una mejora evidente que terminó en una recuperación completa. Allí estuve en lo alto del castillo bebiendo y bebiendo, después comí, mientras veía llegar a los héroes de la ultra. Casi por intuición decidí bajar corriendo por la calzada con la idea de que Merche estuviera a punto de llegar y mi instito no me falló, la ví subiendo justo al inicio de la calzada y la acompañé hasta meta viviendo unos momentos que no olvidaremos fácilmente. Final feliz para un tan accidentada e infeliz experiencia en lo personal, pero me quedo con lo bueno: mi buen estado de forma, la ausencia de molestias y que noto claramente la progresión, algo que no ocurría hace años.

sábado, 20 de mayo de 2017

LA CRÓNICA DEL ULTRA TRAIL DE LOS CASTILLOS: desde sus ojos

"Mi mujer me va a permitir que os cuente lo que sucedió desde el prisma de una ficción generada en mi imaginación; no estuve allí con ella viviendo uno de sus momentos más felices, por ello, tras obtener su permiso, me aventuro a narraros un relato sobre lo acontecido salpicado de aderezos de mi cosecha; ¿cuan fiel es a la versión original?, eso en mi humilde opinión creo que no es lo importante, pero como dicen en algunas películas, está basado en hechos reales..."

Los largos minutos de la madrugá...

No puedo evitar mirar en un sinfín de ocasiones el destello verde de la led del despetador de la mesita de Javier; ¡otra vez desvelada! ; está siendo una larga noche como ya había previsto que ocurriría al caer en la cama unas horas antes. Me dan la una, las dos, las tres y media, las cuatro y pico y así me acerco a la meta puesta en el kilómetro "05:30". Cuando el tiempo te acerca a una cita tan importante, sientes como si te estuvieras arrimando demasiado a un gran fuego, hasta rozar la inmolación a lo bonzo, pero afortunadamente aqui las llamas son la ilusión y el nerviosismo. 

Desayunando ilusiones

Bajo tambaleante las escaleras y al cruzar el umbral de la puerta de la cocina veo a Javier terminando de desayunar. Con semblante tranquilo, quizá acostumbrado a librar muchas batallas como la que se nos venía encima. Pienso en la importancia de ese desayuno, mi primera gasolina, que sea de calidad, por favor; memorizando el sabor del pan integral y la mermelada, intensificado en mis pupilas gustativas, quizá porque mis sentidos están ávidos de  percibir, ansiosos de no perderse nada de va a suceder.

Mañana no estaré aquí pero hoy me siento viva

Como explicar tanta emoción si se debe a algo tan fútil como es una carrera a pie; no importa que esa carrera tenga una distancia de 15 de las viejas leguas castellanas (75.000 varas), 63 kilómetros en medida universal actual, como hacer entender a un extranjero en esto del running que deseas trasladar tu cuerpo desde el punto A al punto B y ello te supondrá echar al menos lo que dura una jornada laboral completa, no te remunerarán con dinero por ello, no cotizarás para tu pensión, y probablemente sufrirás bastante; ¿qué puede pensar un profano que obtenemos con tan semejante borriquería?; a ojos de cualquier observador ajeno a este maravilloso mundo no somos más que extraños locos que hacen locuras sin explicación alguna, y encima presumimos de sentirnos vivos haciéndolas...

La Mancha es mucho más que casas de cal vistas desde el tren

Está amaneciendo en Aldea del Rey, ese pueblito de La Mancha profunda, esa Mancha que viene acogiendo a esta andaluza desde hace más de 15 años, vivo en un tierra grande en todos los sentidos, habitada por gente humilde pero soñadora, llena de esperanza. ¡Qué diferente a la visión que tenía de ella cuando mi conocimiento no se extendía más allá de la observación de sus casas encaladas y sus gentes humildes, vistas a través de la ventanilla del tren que une Linares con Madrid..

Cervantes sabía lo que nos iba a pasar a los terrícolas del siglo XXI

Y me veo inmersa en una aventura quijotesca que paradojícamente discurrirá en parte por vías con mojones marcados  en verde con la marca "la ruta de Don Quijote"; nuestro personaje universal es un loco que lleva a cabo cosas imposibles, aventuras sin sentido, ajeno al mundo real.., estos 70 locos soñadores que nos encontramos en esa plaza somos imitadores del caballero de la triste figura, deseosos de escapar de nuestra rutina que nos ata a lo mundano; hoy es nuestro domingo mágico; ya habrá tiempo mañana de regresar a nuestras anodinas vidas...Con toda la soberbia que soy capaz de sacar de mi corazón me llena un sentimiento especial, me siento orgullosa de que estemos allí, de lo que estamos a punto de hacer; no concibo mejor lugar ni cita más idónea, no hallo manera más excitante de consumir mi asueto. 

No me gustaba correr por donde había piedras

Hace tiempo que claudiqué. Al principio no le sacaba gusto a eso de moverme, luego un médico provocó que pensara en correr, pero sólo fue un pensamiento; acabé sintiendo la asfixia cuando por fin corrí un poquitín, después me acostumbre a que mis pies patearan brevemente el asfalto; evolucioné pero seguí odiando las piedras, aunque con el tiempo, al igual que las lentejas, si las acompañas de buenos ingredientes, aprendes a quererlas, y tras más cambios inadvertidos aquí me hallo...  me desplazo por donde me digan con la ilusión que conlleva sortear la dificultad. Voy pensando mientras mis pies se hunden en terreno de siembra y de labranza, mis tobillos pugnan por no luxarse, y disfruto siendo un ser que ya no es el que era. Pronto me veo sola, mi aventura y yo, mis piernas y una servidora, sin Sancho Panza, siguiendo las balizas y entre baliza y baliza una reflexión..., esto va a ser largo y dará para pensar mucho.

El día avanza, el sol calienta..., el castillo se acerca

El Sol se decide a calentar y yo sigo mi camino sin apenas ver otros seres humanos, algún , voluntario me arenga, me dice que voy primera y me echa una foto y ese acto me regresa a la realidad de este proyecto de carrera. Otro avituallamiento y mi estómago agradecido recibe lo que le eche. En las largas rectas, cuando la pendiente se allana pienso en Javier, en nuestros entrenos, sus consejos, no siempre sabios, pero siempre bien intencionados y siempre bien recibidos, extiendo mis ojos al horizonte veo allá el castillo, pero no es el principal, ese es el de Salvatierra. Mis pasos me acercan a mi destino con paciencia y por un momento me imagino que aquel castillo es un obstáculo de los muchos que tiene esta vida, que una vez sorteado sigues tu camino con la convicción de que has ganado otra pequeña batalla y eso te acerca un poco más al final.

La emoción crece con la pendiente y a la dificultad

Paro brevemente en el avituallamiento del restaurante donde una semana antes tan bien comimos toda la familia; Javier habrá pasado por allí hará más de una hora;estoy segura que lo está haciendo muy bien, pienso que se merece ya una experiencia buena, y que ya toca lechuga entre tanta col. El terreno se complica y eso no importa; se pone empinado, lleno de carrascos y piedras y toca "entretenimiento". El Sol me vocea y esto se convierte en un trail veraniego; puedo soportarlo, puedo hasta disfrutarlo. Las balizas se esconden, quieren ponérmelo difícil y llega el momento de estar atenta, pero me pierdo unas cuantas veces, tantas como las que me vuelvo a encontrar. Llego a lo alto del cerro colindante y ahí está majestuoso el Castillo de Calatrava la Nueva. Me he visto días atrás bajando por el cortafuegos a buen ritmo soñando con una emoción que quiero recibir, pero hay sorpresa, ¡no se baja por el cortafuegos!, toca jugar al "gato y al ratón" con las cintitas blancas y rojas que quieren esconderse para ponerlo todo una pizca más emocionante.

¡Ha del Castillo! quiero mi turroncillo

Llego a la calzada, saludo, cruzo y ahora toca subir por la dura pendiente entre mil plantas y otros inconvenientes; esto es peor de como lo habíamos imaginado. Me desespero, miro atrás, me imagino a la segunda con cara de mala leche dándome caza, me pierdo entre las piedras, no puedo avanzar,  me peleo con un gato (me araño las piernas con los matorrales) y alcanzo "literalmente" y como en Hollywood, la alfombra roja. En la vorágine, con la megafonía, la gente, desenchufo y me abstraigo buscando mi bolsa, ¡necesito mis turroncillos!, energía vital. Y allí me veo de nuevo, corriendo cuesta abajo, con el reflejo de mi sombra en las piedras milenarias de la calzada.

Las pedrizas son como los días duros

Me crezco, va ya una maratón y en unos pocos minutos sobrepasaré por segunda vez en mi vida los 44 kilómetros de desplazamiento; recuerdo una frase leída en no se donde: "las batallas hacen al guerrero y los kilómetros al fondista"; y vuelvo a comprender que amo el movimiento, la antitesis de la tele, y por ende del sedentarismo. Llegan ante mis ojos un montón de piedras en una gran extensión, toca tirar de paciencia, ¡muchos días duros hay aquí, uno por cada piedra!; la vida es un montón de días duros hasta que llega uno maravilloso. ¡Casi amo las piedras, casi amo los días duros!. Atravieso las ruinas del Castillo de Salvatierra que fue testigo de aventuras más sangrientas que esta y pienso que queda un obstáculo menos que salvar en esta vida.


Siempre hay unas antenas que subir en el desierto

Ya no estoy sola, tiempo de charlar, ya no de reflexionar. La casualidad ha puesto a otros mortales a mi lado para acometer la larga cuesta, larga, larga hasta las antenas. El calor está expectante para darnos un buen hachazo, pero mis compañeros de viaje, que en experiencias así sería posible convertirlos en amigos para toda la vida, me animan, me halagan, me ensalzan y eso me pone las pilas, pese a que siento que necesito ¡agua!. Suelo decirle a menudo a Javier que en todo trail que se precie ha de haber unas épicas antenas de móvil que conquistar, ¡no va a ser menos en este caso!.  

¡Agua por favor!


Estamos hechos básicamente de agua, pero algo tan aparentemente tan nimio como las sales, esas que estudiábamos en 1º del antiguo BUP puede llevar al traste un sueño tan largo como el que nos traemos ese día entre manos.El avituallamiento no llega y noto que me estoy secando como una pasa, sólo la compañía hace más llevadero este pequeño suplicio y por fin atisbo en el horizonte el puestecillo bajo la sombra de unos árboles. Se hace largo el encuentro pero cuando por fin lo alcanzo exclamo :. ¡Agua por favor!, y la hay bien fresca. Tiro de cápsulas de sales, y eso no lo aprendí en primero de secundaria, sino de los calambres de mi marido y un compañero corredor amenaza con echarse una siesta a la sombra de un árbol, pero yo no he llegado hasta ahí para reposar así que reemprendo la marcha para afrontar mi último tramo.


Lo que piensas cuando sientes que lo estás consiguiendo

No hace muchos meses corrí un diez mil en Manzanares. Parecería que hace mucho tiempo, pero no, no hace tanto. Hacía calor y me vine abajo, Javier me hacía de liebre y la experiencia se convirtió en un pequeño drama salpicado de impotencia entre el calor y la falta de fuerzas. Aunque han pasado muchas cosas desde entonces, esas historias no se te olvidan y te obligan a comparar a analizar y sobre todo a sentirte afortunada. Me siento muy afortunada, voy bajando a buen ritmo y llevo más de 50 kilómetros bajo mis pies, hoy no es un infierno y por primera vez voy primera, válgame esto de redundar. Siento que lo estoy consiguiendo y ese sentimiento es indescriptible, ni siquiera sé casarlo con palabras. Y este tramo se hace rápido en ritmo y rápido en tiempo, se consume bajo el combustible del disfrute de más octanaje.

La larga cuesta hacia el final de la aventura

Alcanzo la carretera y ya está claro qué resta, el castillo desde allí abajo se ve inexpugnable, inalcanzable pero sé que no habrá trabas para conquistarlo, ya hemos llegado demasiado lejos. De nuevo la calzada y toca andar, larga, larga, paso a paso. Levanto la mirada y veo la silueta de un corredor que baja, y en seguida reconozco la manera de moverse, ¡es mi marido!. Ha venido a acompañarme en el final, lo más dulce. Ese momento no habrá azheimer duro que tenga fácil borrármelo de mi mente. Le pregunto que tal su aventura y he aquí la sorpresa, su aventura terminó mal, con vía incluida en su brazo, y el moratón que lleva así lo atestigua. ¡No! este relato no es para contar ese tipo de cosas, así que toca completar el kilómetro y pico que nos queda para terminar esta aventura. En Doñana no pudimos pero aquí sí lo haremos, lo viviremos juntos. Me anima a correr y me cuesta hacerlo, así que ando y corro, corro y ando; nos marcamos como meta bajar de las 8 horas y 30 minutos (finalmente más de una jornada laboral aunque aquí en La Mancha nos gusta eso de currar hasta las 9 horas) y no os voy a engañar, no se hace muy duro llegar, no si lo hago con tan buenas especias, que cocinar así es siempre más fácil: la compañía bien merece apretar los dientes, el reto es tan exigente que llevarlo hasta su fin dispara la adrenalinza y el premio de ser la primera mujer es doble, por inesperado y por lo que costó conseguirlo.

Este episodio de mi vida se titula "felicidad"

Y llegamos a lo alto y no es como lo había soñado porque no lo había soñado. Este episodio de mi vida se titula "Felicidad", felicidad contenida, no desbordada, reposo en mi alegría, la sensación de que el tiempo se para y te recompensa con algo que es para siempre. Y esa recompensa tan personal es gracias a todas y cada una de las personas que hacen posible que unos locos como nosotr@s podamos vivir experiencias así. ¡Gracias de corazón a la organización por todo!, y gracias a mi marido por haber estado ahí siempre, sobre todo en los malos momentos.

(Y gracias a Mercedes que me inspiró para escribir estas líneas como si todo lo hubiera vivido yo).

 




lunes, 15 de mayo de 2017

JUEVES 11: MERCHE ESTABA QUE SE SALÍA: RECUPERADA

El jueves salimos los dos a correr para evaluar cómo se encontraba ella tras el gran esfuerzo de los 63 duros kilómetros disputados. Nos fuimos por el Camino de Membrilla para hacer el circuito de los cerros de la aguzadera y pronto sentí que iba bien, incluso le imprimí ritmo y ella respondió. Por mi parte iba muy muy suelto, mejores sensaciones incluso que las de los días anteriores. Capeamos bien la cuesta de la vía de servicio y una vez llegados al inicio de la Avenida de las Tinajas tiramos hacia el Parque Cervantes para que nos salieran 10 kilómetros. Fue una buena finalización de entreno, sin molestias para ninguno de los dos y demostrando mi mujer su buen estado de forma y su rápida recuperación.

Con este entreno daba por finalizada la semana que entre pitos y flautas me había llevado hasta los 85 kilómetros, con competición traumática incluida. Sentía para mis adentros que mi estado de forma es bueno, que hacía tiempo que no me encontraba tan bien, pero una cosa es sentirlo y otra cosas es plasmarlo.

Por su parte Mercedes cerraba la semana con unos muy buenos 79 kilómetros, y tan sólo en tres sesiones, pero claro, es que el sábado había disputado la ultra. Muy bien en su recuperación y aceptando el reto de volver a competir en un duro trail a tan sólo 7 días de un esfuerzo tan grande como el del domingo anterior. Mentiría si no admitiera que temía que se lesionase.


MIÉRCOLES 10: CIRCUITO C/DON BERNARDO REGRESO POR MEMBRILLA

El miércoles estaba pletórico, tenía ganas de entrenar. Salí por la tarde con bastante fresquito y tiré por el Camino de Don Bernardo; no iba forzando pero podría haberlo hecho y al llegar a la escombrera y regresar por el asfalto no pude contenerme y apreté, sintiendo como me respondían las piernas. Llegué a la Carretera de San Carlos y en lugar de tirar hacia casa cogí el camino oblicuo de detrás del cementerio que lleva al inicio del Carril Bici de la Carretera de La Solana, y podía sentir el ritmo en mis piernas, así que metí una marcha más y terminé el entreno con bastante satisfacción. Poco a poco había conseguido olvidar el disgusto del fin de semana anterior, y ahora me centraba en la batalla que me tocaría librar en la Mineros Trail, carrera a la que finalmente Merche decidió inscribirse también, tras un entreno suave de 30 minutos por el Parque Cervante tras comprobar que no tenía molestias reseñables.

Había conseguido acumular otros 11 kilómetros encarrilando totalmente la semana.

 


MARTES 9: UN MINITRAIL SON SUBIDA INICIAL AL CERRO DEL ÁNGEL

Había decidido continuar con la estrategia de entrenos extensivos llenos de kilómetros, es decir, no dar descanso al cuerpo, y esa misma tarde me inscribí a las Mineros Trail del domingo 14. Había que buscar la manera de pasar página rápido, tras la experiencia vivida y que mejor manera de hacerlo que poniéndose otra competición.

Durante la mañana había sentido una "más que molestia" en la parte posterior de mi rodilla izquierda" en la inserción de los isquios, y me temía lo peor. Aún así me calcé las zapas de trail y me fui al Cerro del Ángel tras dar un pequeño rodeo; pronto comprobé que la molestia no surgía corriendo y no sólo eso, me hallaba más suelto que el día anterior, sintiéndome bien. Subí campo a través y fue ahí donde si note un poco el cansancio, pero me recuperé bien bajando. Luego tomé la vía de servicio y en seguida giré a la derecha para bordear el cerro por la parte de atrás y tomé por terreno irregualar y de labranza hasta encontrar el camino paralelo al de Membrilla y luego cogí éste ya cerca de casa. La última parte la hice rápida y me encontraba muy bien. En casa estiré bien y no noté molestias, así que me sentí bien.

LUNES 8: CASTIGADO A CORRER EL DÍA DESPUÉS PARA REDIMIR MI CULPA


Lo ocurrido el domingo 7, el día anterior, en el Ultra de los Castillos me dio que pensar, no fue un periodo de reflexión muy largo, porque tenía las cosas claras, pero si intenso; volver a mirar la cara del fracaso, y sin tener noticias desde hace mucho tiempo de eso que llaman "alegrías", invitaba nuevamente a la reflexión, aunque la solución al problema es siempre la misma: volver a levantarse si lo que ha pasado es que te has caído.

Así fue como sali a entrenar el lunes, con sentimientos encontrados: muy contento y orgulloso por el éxito de Mercedes y hundido y decepcionado con mi rendimiento y mi mala experiencia; hice de mi capa un sayo y me centré en lo que interesaba: "Javi, estás en buena forma y para ello has tenido que superar muy malos momentos en los que la pubalgia o los isquios apenas te dejaban salir a correr, así que céntrate en eso... ya puedes entrenar y lo estás haciendo bien"...

Quizá  se puede pensar que es una burrada lo de entrenar al día siguiente de haber hecho  45 kilómetros catastróficos con vía incluida en vena, pero las piernas me pedían guerra, totalmente recuperadas, ajenas al varapalo sufrido. Elegí el circuito de los 11,5, Camino de Membrilla hasta el 5 camino hacia el Oeste y regreso por el Carril del Yeso, y mis sospechas se confirmaron: las piernas no sólo no me molestaban, sino que querían ritmo. ¿Pero cómo puede ser esto?; la explicación no era complicada: el día anterior había conseguido correr 33 kilómetros a una media de 5´15´´ por caminos y montes llenos de repechos, sin costarme mucho conseguirlo y todo con la ambición de completar un ultra de 63; las piernas cumplieron su cometido, fue mi sistema digestivo el que se reveló, como otras tantas veces.

Así que aproveché el momento y corrí haciendo pequeños cambios de ritmo procurando no forzar la marcha durante muchos minutos; mentiría si dijera que no sentía la carga, pero era de esos hormigueos que me gusta experimentar. 

Completé el entreno sin molestias reseñables y apretando, así que dentro del disgusto sufrido al menos podía decir que lo de las buenas sensaciones en los entrenos seguían siendo una realidad.

 

sábado, 6 de mayo de 2017

JUEVES 4: ¡FIN DE LA SEMANA Y FIN DEL TAPERING". HOLA CASTILLOS

El jueves volvía a convencer a mi mujer para mover un poco las piernas. De nuevo el escenario elegido fue el Parque Cervantes, pero en esta ocasión la única pretensión era que circulara un poco la sangre por nuestras perezosas extremidades, y creo que lo conseguimos. Dimos tres vueltas con pequeños cambios de ritmo y tras estirar un rato hicimos cuatro rectas en progresión, que nos soltaron un montón. La vuelta a casa fue rápida y ligera.

Con este breve pero buen entreno conseguía acumular 87 kilómetros, es decir, no he estado de descanso, aunque quizá debería de haber descansado, pero ya da igual. Mercedes tampoco ha tenido mal registro al final, ya que en cuatro sesiones (sábado, la pedazo sesión del domingo y las breves del miércoles y jueves) acumulaba 58 kilómetros. Además, mejores sensaciones para ella en este jueves que las experimentadas el día anterior.

Ya no hay vuelta atrás, en unas horas estaremos envueltos en una aventura de esas que me atemorizan, ¡otro ultratrail! y es el sexto que intento, y en uno me tuve que retirar (aquella primera Madrid Segovia de 2013). Llego a esta cita con una extraña mezcla de ilusión, contención y conformismo. Ilusionado porque me encuentro bien y por fin siento que las cosas, después de mucho tiempo, vuelven a funcionar, contenido porque no tengo intención de demostrar nada y querría dejar mi impetu en casa mañana y por último conforme porque creo que lo que tenía que hacer en esto del running ya está hecho, lo que venga será sólo un premio.




MIÉRCOLES 3: ENTRENO SUAVE CON MERCEDES

El miércoles pasado por fin Merche se volvió a calzar las zapas, tras dos días seguidos de descanso, pereza relativa que se perdona debido a que se encuentra en pleno periodo de la marmota, ese periodo previo a una gran cita como la que tenemos el domingo, ni nada más ni nada menos que 63 kilómetros que nos tienen asustados a los dos. La sesión fue cortita: fuimos al parque, dimos un par de vuelta de de ahí fuimos a la circunvalacíón para regresar al pueblo por la Avenida que construyeron y que es la continuación del canal (de la Calle Primero de Julio). Nos salieron unos 9 kilómetros, en los que en la última fase apretamos un poco. Yo me encontré bastante suelto y con ese acumulaba ya 80 kilómetros, que no estaba mal para estar de tapering.


MARTES 2: SIGO SIN HACER EL PERTINENTE TAPERING

Ayer por la tarde Merche se volvía a perdonar el entreno por hallarse algo cargada y por estar de TAPERING, algo que parece que yo he olvidado. Así que me calcé las New Balance Vazee Rush y salí nuevamente a correr, cogiendo el borde de la falta del Cerro del Angel de izquierda a derecha, llegando al final de la parte asfaltada del Camino de Membrilla y de ahí bajando al Carril del Yeso para luego tirar hacia el Camino del Peral y de ahí a casa. Cada vez más suelto, pero conteniéndome y al final las sensaciones fueron muy buenas, sumando otros 11 kilómetros, y a eran 71 en cuatro días.

Hoy saldré con Mercedes un rato, y espero no forzar. la idea es volver a salir mañana y acumular unos 90 kilómetros en un tapering que ha brillado por su ausencia. Eso sí, el viernes y el sábado me los pienso dar de descanso que bastante tendré el domingo con los 63 kilómetros que me tengo que echar entre pecho y espalda.


DOMINGO 30: FABULOSO ENTRENO LARGO EN DESPEÑAPERROS. GRACIAS AL CLUB DE MONTAÑA DE LINARES

Una invitación de las que hace ilusión aceptar

El bueno de Raúl Fernández nos había invitado vía guasap a realizar una tirada larga por Despeñaperros junto con un grupo de aventureros. El pequeño evento era idea de los organizadores de la Iber Linx Trail para que la gente que se había inscrito al evento y se había quedado con la miel en los labios (había sido suspendida por no haber el suficiente número de corredores)  al menos pudiera matar el gusanillo y disfrutar en vivo del recorrido. Era la primera vez que ibamos a estar con Raúl, amigo agregado a facebook al que no conocíamos en persona y que también formaba parte del Club de Montaña de Linares . Así una linarense que hasta hace unos pocos años no quería ni oir hablar de eso llamado deporte ahora iba a Despeñaperros a "batirse el cobre" con un montón de tíos gracias al club de montaña del pueblo que le vio crecer.

Para Mercedes y para mi se iba a tratar del último entreno serio antes del UltraTrail de los Castillos, 63 kilómetros que fulminar al domingo siguiente (en el momento de escribir estas líneas estaba a poco más de 12 horas de esa aventura). Mi mujer se encontraba en un claro tapering pero en mi caso acumulando kilómetros hasta última hora (87 concretamente entre el sábado 29 y el viernes 5). No hablemos de Rául, inscrito también en el citado ultra trail, aunque para él esa prueba no es más que una estación de paso hacia su gran reto el Ultra Trail De los Bosques del Sur,  de 107 kilómetros, que supone para quien la termina 5 puntos para la Mont-Blanc y sumados a los tres a conseguir por la de los castillos vería sumados los 8 necesarios para acceder al sorteo de la gran prueba alpina. Esta claro con todo esto que lo de Raúl a estas alturas es un caso aparte distinto al de Mercedes y al mío, acumulando y acumulando para lo que se le viene encima de aquí a nada.

Madrugones de los que merece la pena

Hubo que madrugar, y ciertamente que a Merche le costó. A las 07:15 recogíamos a Raúl y nos íbamos los tres directos al Centro de Visitantes "Llano de las Américas" de Despeñaperros, entre Santa Elena y Miranda del Rey, desde donde, de no ser por la cancelación comentada, hubiera tenido lugar la salida y la llegada tanto del trail corto como del largo.

Cuando llegamos nos estaban esperando algunos valientes, entre ellos un miembro del citado club, Víctor, uno de los principales promotores de la Iber Linx Trail y otra docena de locos, que venían desde La Solana, Santa Elena, incluso Madrid, incluyendo un conocido de Valdepeñas, Juan Manuel Fernández. Una mañana fresquita, perfecta para el propósito que nos ocupaba: unos 32 kilómetros con un desnivel positivo de unos +1500. Aunque también se daba la posibilidad de realizar una ruta cortita de 10 y otra intermedia de 20 para los que no tuvieran ganas de inflarse.

Haciendo contactos: realmente no hace falta el facebook para ello

Tras las presentaciones y la cháchara pertinente, de la cual no podemos escapar ni queríamos, iniciamos la marcha, ya desde el comienzo a buen ritmo, por un camino paralelo a la carretera sentido Santa Elena, y pronto enfilamos hacia La Aliseda por una senda preciosa. Merche y yo en el vagón de cola, pero no teníamos prisa ni miedos porque había cargado el track en el móvil. Aún así pronto comprobamos que iba a haber reunificaciones para que nadie se perdiera. Cinco kilómetros después llegábamos a la Aliseda, estupendo sitio de recreo que en alguna ocasión hemos tenido la suerte de disfrutar; el campo estaba precioso, aunque estaba echando en falta que hubiese llovido con más generosidad en estos últimos meses para poder ver en todo su esplendor parque tan impresionante. Subimos por una senda, donde unos metros más adelante hicimos una parada técnica. Allí nos dividiamos entre los que seguiríamos para hacer la larga y los que habían ido a entrenar la de 10; a Víctor, que curiosamente había estudiado en el Huarte, el instituto donde mi suegro ha sido Jefe de Estudios media vida, se le pudo entrever cara de pena al vernos partir, porque a buen seguro que le hubiera apetecido venir con nosortos. Así que con cuatro o cinco efectivos menos reanudábamos la marcha.

Por mi parte, como en las últimas semanas, buenas sensaciones, casi olvidadas ya, sin costarme correr, sin molestia alguna, bastante suelto, y por parte de Mercedes algo similar. Además no teníamos estrés de ningún tipo ya que se trataba del último entreno duro de cara a otro reto más, aunque he de decir que se trataba de una extraña manera de hacer tapering.

El asfalto me gusta pero a la montaña la amo

Pude soñar con girar el Coliseum romano y mirar el garmin y comprobar un "2 horas 57 minutos" a pocos metros de la meta, pero no sólo eso, ¡pude vivirlo tal y como lo había soñado!, y todo corriendo sobre el asfalto; pero hace tiempo que la montaña me ganó, me robó, me secuestró, y creo que a Mercedes también. Así que cada minuto de experiencias como la de aquel domingo son un puro disfrute.., pero en fin, sigamos con la narración.

Seguíamos las pisadas de un compañero del grupo, Valentín, del club de Santa Elena que por razones obvias conoce hasta cada piedra que pisamos y nos guia bien por las sendas y caminos. Llegamos a la zona apícola donde se acumulaban un montón de recipientes al uso para aprovisionarnos de rica miel (miel que por cierto acabamos comprando en el Centro de Visitantes al final). Toca nueva parada técnica y tocaba echar alguna foto que otra. Desde allí se divisaba el Pico de la Estrella, al que tenía ganas de subir desde hacía tiempo, no en vano había creado a mano un track en la wikiloc meses atrás que incorporaba esa parte del parque, pero nunca llegamos a "vivir" dicho recorrido, ¡hoy era el momento!. Los siguientes kilómetros siguieron siendo bonitos y variados, por pistas entre bosques de pinos, por una preciosa senda por la que tuvimos que subir en uno de los tramos más vistosos del que hubiera sido un gran trail, y así hasta llegar al cortafuegos que nos llevaba a lo más alto del recorrido. Allí hubo que echarse las manos en los cuadriceps y salvar los casi 300 metros de subida en tan sólo 2 kilómetros, con zonas de pendientes por encima del 25%. Pero se hizo bien, todos lo hicimos bien, incluso uno de los valientes, Jose Antonio, que había venido para entrenar la corta y se había animado a realizar la larga aún a sabiendas de que ese día iba a batir su propio récord de kilómetros, hasta entonces  clavados en la distancia de una media en asfalto, y encima este iba a ser su bautizo montañero, que bien sabemos que un buen kilómetro de montaña no equivale a un suave kilometro asfaltero.

En lo alto tocó de nuevo paradilla breve para reunir el grupo y ¡a bajar!; un cacho técnico, luego la cosa fue haciéndose más fácil aunque continuamos bajando y bajando hasta llegar a la pista que bien conocemos mi mujer y yo de tanto pasar por ahí en nuestro circuito de 21 kilómetros que termina en Miranda. Pasamos por la "senda de las jaras" como yo la bauticé la primera vez que la ví, y bajamos hasta Miranda del Rey, kilómetro casi 26 según me dijeron. Allí nos echamos "la foto", todos reunidos, al lado de la fuente, y dos de los efectivos deciden que ya había sido suficiente y cogen la carretera para ir directamente al Centro de Visitantes: David proveniente de Madrid y Miguel, de Santa Elena, con el que también había tenido oportunidad de hablar durante el trayecto, y que con eso de los estudios de oposición estaba un poco desentrenado. El resto, por una razón u otra (récords, aventura, acumular,...) decidimos que se ha de seguir hasta completar hasta el último metro de la fallida prueba. Nos alejamos de Miranda por una pista, estoy disfrutando como un enano, las piernas van muy muy sueltas y pienso que puedo hacer muchos kilómetros más, pero todavía hay sorpresas: nos metemos por un cortafuegos que lleva a una colina bien alta, toca subir una fuerte pendiente, de nuevo agarre de cuadriceps, luego en lo alto bajamos un poquito y toca tobogán,..cuadriceps,  y así hasta reunificar nuevamente al girar por otro cortafuegos en una particular "C" que se me quedará grabada para siempre en mi memoria. Aún queda el regreso por el cortafuegos paralelo, y en este caso las subidas son duras pero qué decir de las bajadas, sin lugar a dudas la guinda al pastel del trail. Terminamos la C justo en un río donde esperamos al resto y ya desde ahí cogemos una pista para luego tomar una bonita senda, y en un kilómetro y medio llegamos al Centro de Visitantes, no sin antes perdernos Ramón y yo y teniendo que preguntar a un motorista dónde está nuestro destino. Ahí está Raúl muy entero, también Mercedes con una amplia sonrisa, y los otros tres compañeros algo más tocados pero muy felices, en especial el valiente que se había aventurado a batir su récord kilómetrico en 11 kilómetros.

Casi 32 kilómetros en casi 5 horas, sí, una burrada de tiempo, pero es que nos lo tomamos con calma con tanta parada, además si disfrutamos tanto, mejor que se hiciera largo el camino.

He aquí unas fotos que ilustran la aventurilla



Una de las rampas en el primer tramo. Juanma por delante del fotógrafo























Merche en el kilómetro 7 en la zona apícola




Llegando a la reagrupación en la zona de apicultura















 Una bonita senda en mitad del recorrido
 














Preciosa senda con jaras y os perdisteis lo mejor: el olor

 


Juanma y el chavel pelirojo en unas rampejas en mitad del recorrido

 





















Merche quería salir corriendo en la foto.




Se me ve la coronilla ante la vista de la cuestecica.



En uno de los riachuelos que atravesamos

















En los tramos más empinados. Jose Antonio y Augusto.

 


Corriendo entre jaras y naturaleza viva










































Más fotos de la subida al Pico de la Estrella en su parte final. 



































De cháchara con mis compis llegando a lo más alto del Pico de la Estrella. Merche nos seguía de cerca.



















Raúl en lo alto del Pico de la Estrella























 Ramón satisfecho por el esfuerzo realizado.


Aunque no se vea muy empinado hay en la panorámica 2 kilómetros de ascensión durilla por cortafuegos








De estupenda conversación sobre running con Raúl





El de verde el era Jose Antonio Pacheco, el récordman que se bautizaba en la montaña. ¡Menudo crack! y el de rojo Augusto con el que también tuve el placer de conversar. Cinco horas dieron para mucho.

 


Quizá en el parte con el terreno más técnico de todo el recorrido. Esta zona era entretenida



Ahí se nos ve a Merche y a mi tratando de no dejarnos un tobillo en el intento. 


















En Miranda del Rey, kilómetro 26. Allí otros dos miembros se fueron ya directamente al Centro de Visitantes por el carreterín que lleva a Santa Elena.



 

Y la foto final de los que llegamos al Centro de Visitantes. Foto para el recuerdo. De derecha a izquierda: Augusto, Ramón, Raúl, Jose Antonio, Merche y un servidor. Todos muy contentos con los deberes bien hechos y con la mañana muy bien empleada.