RELATOS

Una vez iniciado el movimiento supe que no habría marcha atrás, sería difícil regresar a aquello que fui. Hoy soy otro ser: curtido, compañero del esfuerzo, amante de mis kilómetros. Sólo el fin de mis días debería obligarme a parar: ese es mi pequeño sueño.

lunes, 17 de julio de 2017

DOMINGO 16: NO SE ESCAPA UNA SEGUNDA BUENA TIRADA

Hemos decidido comenzar con fuerza y ganas el nuevo plan que nos lleve a la Maratón de Valencia en buena disposición: para el caso de Merche está claro que existe una gran motivación para lograr bajar de 3 horas 55 minutos, marca que creo que tiene a su alcance si nada se tuerce y no pasan cosas raras, aunque todo dependerá de como entreno estos cuatro meses, en cuanto a mi la cosa cambia, pese a encontrarme fabulosamente bien en los meses de mayo y junio, que sin duda han sido de los de mejor forma física de mi historia viva, desde finales de junio la cosa ha cambiado un poco, debido a temas laborales que han consumido mi tiempo y un poco de mi seso. Pero ya estoy de vuelta, afortunadamente, lo que ocurre es que mi relación con las maratones de de auténtico AMOR-ODIO, ya que las experiencias vividas me dicen que no se me dan bien cuando las planifico en demasía, y tampoco soy fiable corriéndolas. Pero ya nos hemos inscrito y en la marca realizada puse mi 02:58 de Roma, con mucho orgullo por cierto, el problema lo tuve cuando tuve que rellenar la casilla de "marca prevista", dude por momentos en poner una sub 3 horas, pero de lo de Roma ha hace más de 4 años, y mi cuerpo ya no está para aventuras tan tormentosas, así que me fui a unas 03:09 que pueden parecerme una marca discreta, aunque sería mi mejor tercer marca en maratón. Ya no hay sombras de lesiones, tan sólo un cálido verano por delante y quizá poco tiempo para entrenar, pero me comprometo a intentar rendir en esta distancia que tanto miedo me da últimamente.

En esta guisa madrugábamos por segundo día consecutivo Merche y yo, dispuestos a realizar una segunda tirada, más corta que la del sábado, pero más intensa, sobre todo para ella. Como me había gustado la experiencia de no pensar en kilómetros  y sí en minutos, le dije a Merche que tocaba hacer 1 hora y 30 minutos a un ritmo que progresivamente iría siendo más exigente, hasta agarrar ritmo de maratón. Ella se dejó hacer, como casi siempre, y así fue como comenzamos el circuito sin tener muy claro el recorrido, y fuimos cumpliendo lo de ir cada vez más rápido, hasta que nos pusimos por debajo de 5´30´´. La vuelta hacia la Carretera de Daimiel, tras haber hecho la ida por el Camino de Huertezuelas, se hizo mejor quizá porque mi mujer ya se veía regresando, pero aún tuvimos que callejear por el pueblo para completar lo que al final acabaron siendo 1 hora 25 minutos para un distancia de 14,5 kilómetros, a un ritmo medio de 5´51´´, cercano al ritmo medio de su última Maratón de Castellón 5´40´´

El inicio del plan ha sido bueno, y esto sólo tiene que ser el principio. En cuanto a mi, buenas sensaciones, pero me tengo que independizar de mi mujer para rodar a mis propios ritmos



sábado, 15 de julio de 2017

SÁBADO 15: UNA TIRADA DE 2 HORAS COMO INICIO DE UN NUEVO RETO: LA MARATÓN DE VALENCIA

Lo habíamos estado hablando Merche y yo, estábamos sumidos en un vacío de retos que se había hecho notar en estas últimas 4 semanas, desde que hicimos la Pencona en Aldeanueva de la Vera. Quizá había sido debido todo al trastorno de mi viaje a Chile, donde apenas había podido entrenar, tampoco habían ayudado las altas temperaturas ni la época del año, pero había que aclarar las ideas: ¿playa o montaña?, esa era la cuestión, como en la peli "Thelma y Louise"; en nuestro caso lo de que suponía la montaña estaba claro: los trails y ultratrails, lo de la playa era el nombre en clave del asfalto o las pistas llanas, es decir, los ultras o las maratones. A última hora mi mujer me dice que está en "modus maratón" y yo recojo el testigo poniéndonos a buscar una maratón de otoño. Varias candidatas: la de Oporto, la de Lisboa, incluso la de Logroño o Burgos, pero finalmente decidimos correr la de Valencia.

En esa tesitura nos calzábamos esta mañana las zapas, dispuestos a realizar una tirada larga que borrara de nuestras perezosas mentes tanto entreno suave y veraniego. A eso de las 07:45 saliamos sin agua ni nada con la idea no de hacer un circuito de X kilómetros, sino de hacer 2 horas justas, y eso hemos hecho. Hemos ido yendo a dónde me ha ido apeteciendo, improvisando. Parque Cervantes, Circunvalación, Camino de la Encomienda, Carretera Sur hacia Santa Cruz, de nuevo Circunvalación, hemos subido al Cerro De los Molinos, hemos llegado desde la circunvalación a la Carretera de San Carlos, Cementerio y a casa. Y lo hemos hecho sin obsesionarnos con los ritmos, aunque a Mercedes le iban las piernas aunque hacía bastante calor como para meterse demasiada caña. Nos han salido unos buenos 20 kilometros en 2 horas justas, clavando los 6´por kilómetro. Buen entreno, sobre todo para ella, para comenzar nuestro viaje a Valencia, que será su cuarta maratón y para mi mi tercera cita con esta misma prueba. Su objetivo es 3 horas 51, el mío hacer una carrera digna aunque sea por encima de 3 horas, que seguro que así será.

Ya estamos inscritos y ya tenemos hasta reservado el hotel, en esta ocasión para los cuatro; los niños vendrán.

 



VIERNES 14: EL DÍA QUE CUMPLÍ 47 AÑOS ME REGALÉ UNA TIRADILLA POR LA MAÑANA

El jueves estaba todo previsto para salir después de cenar, pero a última hora Jorge se empeñó en acompañarnos con la bici, y no accedimos,..., como insistió me cabreé y me acosté suspendiéndose el entreno. Eso sí, el viernes por la mañana a eso de las 07 horas salía a "regalarme" un entreno con el poco fresquito que se podía disfrutar de una mañana de un día en el que íbamos a superar con creces los 40 grados. El entreno fue bien, quizá algo perro, sobre todo al principio. Llegué al cementerio desde el carril bici y bordeé por detrás para luego coger la Carretera de San Carlos del Valle y tomar el camino que lleva al Peral. Llegado a los olivos giré de vuelta al Camino del Peral. Buen entreno el que me salió de unos 11 kilómetros, con el que completaba una semana poco digna, pero eso sí, bastante mejor que la anterior, con un total de 50 kilómeros en 5 sesiones. 

Se habían terminado las contemplaciones, porque la semana de Merche había sido aún peor, con tan sólo tres sesiones y unos 30 kilómetros. Eso sí, hoy sábado hemos comenzado oficialmente nuestro plan para la MARATÓN DE VALENCIA, y es que después de la tirada de hoy, muy maja por cierto, nos hemos inscrito a esta maratón (que será la tercera vez que la corro); para ella será la cuarta vez que se enfrenta a esta prueba y llega en un buen momento para lograr su objetivo: 3 horas 51 minutos.

 
 

MIÉRCOLES 12: MÁS CAMBIOS DE RITMO CON MERCHE, ESTA VEZ DE NOCHE

El martes fue un día muy caluroso así que Merche y yo decidimos salir después de cenar. A eso de las 23:00 horas se podía correr, aunque no sin agobios debido a la alta temperatura. Nos fuimos por el Camino del Peral realizando cambios de ritmo largos de 3 minutos alternando con otros de otros 3 minutos más suaves y alargamos el circuito por el Camino de Membrilla para que salieran unos 11 kilómetros bien majos.


MARTES 11: CARNE A LA PARRILLA CORRIENDO CON 41 GRADOS

En plena ola de caor se me ocurrió el martes salir a eso de las 19:30 horas cuando era casi insoportable incluso respirar. Sin embargo una vez puesto la verdad es que lo llevé mejor de lo esperado. Cogí el Carril del Yeso hacia arriba atreviéndome incluso con cambios de ritmo, quizá para quitarme el marrón cuanto antes, y el regreso estuvo incluso mejor, hasta llegué a disfrutar por momentos. Me salieron unos 10 kilómetros que me sentaron bien pese a darme cuenta al pararme que lo que había hecho era una burrada.


LUNES 10: CAMBIOS DE RITMO CON MERCHE

El lunes había comenzado ya la ola de calor y se hacía casi insoportable correr, aún así, a eso de las 21:25 horas salimos sin frontal y debido a la hora se podía soportar lo de dar zancadas. Pronto comenzamos a realizar cambios de ritmo de 50 zancadas intercaladas con descansos al trote bastante breves y Merche respondió a muy buen ritmo. Nos salieron no llegó a 8 kilómetros en 45 minutos, lo cual está muy bien teniendo en cuenta que era interval y que los primeros minutos fueron muy suaves.


SÁBADO 8: ESO DE CORRER CUANDO NO HAS DORMIDO EN DOS DÍAS

Venía de no dormir nada desde la noche del miércoles al jueves y tras un viaje agotador con gran escala y pérdida de coche incluida. Con todo lo que había comido en Chile y lo poco que había entrenado temía que la báscula me daría noticias negativas, pero no, regresaba incluso con unos pocos gramos menos (no me extrañaba después de tanto estrés). Lo sorprendente fue que una hora después de llegar a casa y con bastante calor, nos cambiábamos y nos íbamos a hacer el circuito alargado de los cerros de la Aguzadera, a buen ritmo y llevando a mi mujer con la lengua fuera. Nos salieron 9,6 kilómetros en 52 minutos, así que no perdimos el tiempo.

Sorprendentemente me sentía bien, algo cansado, pero las piernas iban. Eso sí, el domingo amanecí tan cansado fruto del jet lag que ya no pude hacer nada prácticamente en todo el día, salvo trabajar en mi despacho para preparar unos informes urgentes, así que me dí un descanso deportivo.




LUNES 3 A VIERNES 7: LOS CINCO DÍAS LABORABLES MÁS DESASTROSOS DESDE QUE CORRO

Bien sabía que iba a ser complicado salir a correr los siguientes días, y así ocurrió: el lunes tuve que viajar a Santiago de Chile y llegué a las tantas, me lo tomé como descanso programado; el martes amaneció lloviendo y así estuvo todo el santo día, y sin embargo, a eso de las 20 horas me atreví a salir a correr por La Alameda. El comienzo fue esperanzador, a buen ritmo, casi desatado, pero a los cinco minutos sentí que estaba muy cansado y bajé un poco el pistón. hice un recorrido a dos vueltas que no fueron más de 35 minutos y unos 7 kilómetros; lo peor fue que el miércoles me lo tomé como descanso por la gran cantidad de carga de trabajo que tenía, y que el jueves tenía que preparar las maletas para la vuelta a casa, de hecho me acosté a las 22:50, y me venían a recoger a las 01:30 para llevarme al aeropuerto de Santiago para coger mi avión a las 06:30. Tenía poco tiempo para dormir y cuando casí estaba conciliando el sueño sentí como la cama se movía, se balanceaba, entonces me dí cuenta de que se trataba de un temblor, típico de esta zona del planeta. A los pocos segundos cesó, pero de repentí regresó estaba vez con mayor intensidad y sentí allí arriba en un 10º piso como la estructura de balanceaba. Allí estaba con los pies bien asentados al suelo y acojonado de miedo. Me cambié rápidamente mientras el temblor continuaba y bajé por la escalera de emergencia hasta recepción para comprobar que el recepcionistas ni se había enterado del terremoto ni nadie más que aquel loco español. Eso sí, miramos en la página chilena de seismos y ahí estaba el doble temblor registrado, el segundo de nada más y nada menos que de 5,1 en la escala de Rifter

















Fue sin duda la anécdota del día aunque para mi fuera más que eso, que una anécdota. Ya no pude dormir las dos horas y media que me quedaban, y el viaje de vuelta fue tan tortuoso que no hallé descanso hasta muchas horas después, muchos días después, la noche del sábado al domingo en España, y es que además tuve que hacer escala en Lima durante 12 horas. Eso sí, el sábado por la tarde, nada más llegar a casa, y tras tener que coger el coche en el Aeropuerto Adolfo Suárez (que por cierto no encontraba en el aparcamiento P4 y tarde unas duras hora y media en descubrir donde estaba), salí a correr con Merche para hacer 10 kilómetros sacando fuerzas de no se sabe donde.

Había terminado una de las semanas más extrañas de entrenos desde que comencé a correr, una semana transitoria, que duda cabe, con tan sólo 38 kilómetros repartidos en 3 sesiones. Había roto la dinámica tan buena que había llevado a lo largo de todo el 2017, pero es que no pudo ser de otra forma.

Por su parte Merche estuvo saliendo a correr con temperaturas altas en España, pero cumpliendo y a buenos ritmos. Había conseguido cuajar unos 50 kilómetros que desde luego fueron más dignos que los míos.

 













DOMINGO 2: OTRA TIRADILLA INTERESANTE EN CURICÓ

El sábado por la tarde me atreví a coger el coche e ir a la precordillera, y me acerqué tanto a la cordillera nevada (llegué a la zona de Potrero El Grande) que me asusté y dí media vuelta teniendo en cuenta que la tarde se convertía en noche y no sabía muy bien dónde me estaba metiendo. Estas son algunas fotos:















Y tras un estupendo baño relajante con estupenda música en la piscina climatizada del hotel, que estaba toda a mi disposicíon sin más compañía que la de mi soledad, cené fabulosamente y me acosté con la idea de volver a salir a correr de nuevo y de esta forma aprovechar el fin de semana a sabiendas que en los siguientes días poco podría entrenar.

Y así fue, al día siguiente marqué una ruta por las cercanías de Curicó, sin alejarme. 


















Partí por La Alameda, hacia el Norte, bordeé por una avenida hacia el Este y cogí la vía de servicio de la Longitudinal Sur, lo que viene siendo como la Autovía IV en Valdepeñas. La recorrí hasta aparecer por la Alameda pero en su parte Sur y tras recorrer esta pasando por delante del Hotel Diego de Almagro, donde me hospedaba, subí el Cerro Condell y bajé para regresar sobre mis pasos desde el norte hasta el hotel.

12,6 kilómetros hechos a ritmo constante que me sentaron muy bien; entreno más exigente que el del día anterior. Eso sí, tal y como había ocurrido el sábado, no me crucé con nadie corriendo, sólo con ciclistas. Parece que lo de la moda del running no ha invadido las calles chilenas aún.


SÁBADO 1: CORRIENDO Y HACIENDO FOTOS EN CURICÓ

El sábado era mi primer día de descanso al final de una semana muy dura, lejos de mi hogar y con tareas complicadas a realizar. Así que me marqué un circuito en la wikiloc, lo cargué en el móvil, me cogí el chaleco pero no eché más cosas que en él que mi móvil. La temperatura era perfecta para correr, no más de 9 grados (en Chile están en pleno invierno) y aunque me daba un poco de miedo el hecho de meterme por sitios que no conocía pronto vencí este sentimiento y comencé a disfrutar. 

Lo importante no fue el ritmo, de hecho me fui parando constantemente para echar fotos, para respirar, para disfrutar.

He aquí la ruta:


















Fue especial correr en el otro hemisferio, distrutar de tantos tonos verdes, del blanco nevado de las cumbres de Los Andes, del aire puro, de tanta agua. Como decía, lo importante no fuerons los ritmos, sino la sensación de libertad. Estas fueron algunas de las fotos.












Y el enlace: https://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=18454009

Al final algo menos de 18,5 kilómetros en un tiempo, incluyendo paradas, de 1 hora y 58 minutos. Es cierto que los últimos 4 kilómetros fueron bastante rápidos quitándome la vestimenta de periodista.

Un entreno que jamás olvidaré.

 




lunes, 3 de julio de 2017

DESDE EL 24 AL 30 DE JUNIO: TERMINO JUNIO EN CURICÓ (CHILE)

Como ocurriera hace más de seis años, un par de meses después de inaugurar este blog, toca volver a correr en Curicó. Y como mi viaje era por cuestiones laborales y muy denso en cuanto a la agenda, ya contaba con que en estos días iba a correr poco y posiblemente mal. En Chile es invierno y los días son muy cortos, en país extraño, demasiados aditamentos para poder sacar huecos para realizar sesiones.

En cualquier caso el sábado sí que podíamos correr en España, y eso hicimos Merche y yo, el día en que mi padre cumplía 90 años, habiendo llegado a su cumpleaños con pocas fuerzas pero con ganas. Es decir, era día de celebración y mi padre se hizo su particular maratón para poder estar con todos nosotros y poder inmortalizar un momento que es difícil que vuelva a repetirse, aunque duela escribirlo


Pero antes de la misma mi mujer y yo habíamos salido a correr sin apenas agua, con mucho calor y muchos ánimos. Cogimos el Camino de Don Bernardo pasamos por los pinos en el kilómetro 6 y pude comprobar como le iban las piernas a Merche, a pesar del calor y del malestas digestivo que comenzó a sentir. En el 7 cogimos una senda hacia la vega del arroyo del Peral, corrimos por la misma y regresamos por la otra margen para llegar al Albergue Juvenil el Cañaveral, que afortunadamente ha sido reabierto. Nos refrescamos en Las Aguas y tomamos el camino empinado para regresar por el camino que llegado a las olivas nos lleva al Camino del Peral a la altura casi del inicio del carril bici. Y de ahí hasta casa para realizar algo más de 17 kilómetros bien largos y calurosos pero hechos con ganas.

Después vino lo bueno, la comida, la celebración ya comentada y tras esto la preparación de las maletas, momento que había pospuesto para el final, quizá porque no tenía ganas de irme. Mi mujer me ayudó a hacerlas y tras esto ya no sabíamos que hacer, si ver la tele o irme a la cama y despedirme. Hice esto último, que tenía que madrugar un montón porque tenía que estar en Madrid a las 9 horas en una reunión previa a mi viaje.

Llegué a la hora prevista al aeropuerto y todo salió bien allí, me compré un libro en inglés, para practicar y embarqué rumbo a Iberia; jugaba mi Alba a las 20:30 horas su definitivo partido para ver si subía nuevamente a 2ª y estaba esperanzado en poder comprar dos horas de WIFI a Iberia llegado el momento, y tras casi 8 horas largas llegó la hora, compro y resulta que son megas, y que se esfuman a la velocidad del rayo, no pudiendo ni ver una sola imagen del partido. Es entonces cuando me doy cuenta de cuanto dependemos de esto de las nuevas tecnologías, porque un sentimiento de impotencia terrible me asaltaba al no poder hacer seguimiento del mismo. Mi vuelo llega a Lima tarde, porque habíamos despegado con retraso, así que toca correr para llegar a la hora límite de embarque. Afortunadamente no tuve problemas y de nuevo otro vuelo, esta vez algo más corto, 3 horas, para llegar a Santiago, justo a las 23:10 horas hora local tras 19 horas reales de tránsito. Se podía decir que ese día yo ya había hecho mi particular sesión de entrenamiento corriendo por los pasillos de los aeropuertos...; pero lo mejor estaba por llegar. Tras pasar un horrible control de aduana de entrada, horrible por lo lento, llego a la recogida de equipajes y veo girar un montón de maletas, todas menos la mía. Resultó que todas las malestas del vuelo con escala en Lima se habían quedado en dicha ciudad, ¡pues vaya!. Tras hora y media de trámites salía todo hecho polvo del aeropuerto

Llegué, y gratis, en una furgoneta al Holiday Inn de la zona del aeropuerto, más cansado que un perro, y pude llevarme una buena noticia: el Alba ya era de segunda, pero yo estaba sin maletas, mal había comenzado el viaje.

Al día siguiente en Santiago me moví ágil en autobús, metro y anduve. Eché unas fotos, hice de turista y llegué a mi segundo hotel, donde haría noche y me recogerían para ir a Curicó, pero el viaje había nacido "de nalgas", recibía un correo diciéndome que la persona con la que tenía que viajar a realizar mi primer cometido estaba indispuesta y tenía que hacerlo yo solo. Así que en el Hotel Boutique Reyall y gracias a la colaboración de su personal obtuve un coche de alquiler e incluso un chofer para regresar el vehículo a Santiago. Ese martes estuvo ocupado en parte por la recupeación de mi equipaje en el aeropuerto, y el viaje a Curicó, pero al menos pude charlar largo y tendido con mi contertulio, un tío muy amable cuya familia tenía el negocio de "rent a car". La tarde fue complicada por las cosas que tenía que hacer, así que ni domingo, ni lunes ni martes había salido a correr un solo kilómetros, hubiera sido imposible; pero eso sí, el miércoles, bien temprano, casi de noche aún, hice una pequeña sesión de unos 7 kilómetros con doble subida al Cerro Condell, que ya conocía de 6 años atrás. Y el jueves repetí la salida matutina para hacer más o menos lo mismo por la misma ozna, en este caso unos 7,5 kilómetros. El trabajo era complicado y absorbente y lo de correr un rato viene bien en realidad.

Y con todo este rollo echado concluyo para reapitular en una semana de entrenos de tran sólo tres sesiones y 32 kilómetros, digamos que había sido una semana sabática.

La siguiente se planteaba similar, aunque tenía el fin de semana para poder organizarme y poder correr con tiempo, como de hecho he conseguido llevar a cabo.


DESDE EL MARTES 19 AL VIERNES 23

Aquella semana fue atípica teniendo en cuenta que el domingo partía a Chile y mi cabeza estaba en eso. En cualquier caso había que aprovechar el buen ritmo de entrenos y cerrarla lo mejor posible, a sabiendas de que en el extranjero poco podría correr, como así está siendo.

  1. Martes 20: aquel día hacía un calor horrible, y en tal guisa decidimos ir a correr por la noche, después de la cena. Esto tiene sus ventajas pero también sus inconvenientes; más fresquito, eso sí, pero mayor riesgo de indigestión, y eso ocurrió. Nos fuimos callejeando hasta la Salida del Cementerio, es decir, la Carretera de San Carlos y en mitad del paseo pudimos ver como había un matrimonio tratando de echar del borde de la carretera a un erizo, quizá la primera vez que veo uno en mi vida, y mira por donde, hay en Valdepeñas. El ritmo horrible porque iba como en una nebulosa, con un considerable mareo, hasta el punto de decirle a Merche que no fuera tan rápido. Sin embargo, cuando cogimos el camino que sube hacia el Peral el malestar se me fue y comencé a coger ritmo hasta advertirme mi mujer que íbamos demasiado rápido. Bajamos bastante rápidos hacia el Camino del Peral y fue entonces cuando comenzó a agarrárseme un molesto dolor de estómago. En cualquier caso pude soportarlo sin más y cerrar los casi 11 kilómetros de manera positiva, hicimos 1 hora y cuatro minutos.
  2. Miércoles 21: seguía la ola de calor, que parecía no querer abandonarnos. A eso de las 19 horas me armé de valor y dispuesto a pasar calor. Cogí el carril bici con una desgana considerable, no iba bien, falto de fuerzas y sin ritmo, y cuando llegué a la zona del cementerio tomé hacia la izquierda y cogí el camino de regreso para en seguida girar a la derecha e ir hacia el aeródromo. Desde ese momento comencé a realizar cambios de ritmo cortos, pero fuertes, y la verdad es que mis piernas espabilaron. Regresé por el Carril del Yeso y de ahí a casa, unos 8 kilómetros y medio. Merche, por su parte, salió a correr con Jorge, que parece que en estas últimas semanas se está animando a correr, e hicieron unos 8 kilómetros.
  3. Jueves 22: teníamos previsto salir a correr por la noche, pero mi mujer estaba desganada, así que a última hora decidimos salir a correr por la mañana.
  4. Viernes 23: me levanté pero Merche no me acompañó, así que me fui bien temprano disfrutando del fresquito y preguntándome por qué no madrugo más asiduamente. Tomé el Camino de Membrilla y en el casi 4 giré por un camino a la izquierda, pero pronto descubrí que me quedaba sin camino y tocaba ir por terreno labrado. Alcancé el camino intermedio entre el de Membrilla y la vía de servicio y luego giré por el camino de los cerros de la aguzadera, llegué a la vía de servicio y de ahí a casa. Sin grandes sensaciones, pero al menos iba suelto. Unos 10 kilómetros. Pero en la cabeza ya llevaba la idea de doblar y así compensar la no salida del día anterior, y eso hice, a la hora de comer en Manzanares, con un considerable calor cuajé un circuito de unos siete kilómetros y medio que completaban estupendamente la semana.
He de decir que conforme ha entrada el calor y se alejan las competiciones pasadas mi cuerpo ya no va como en mi mejor momento de forma, pero ahora se tratará de mantener el estado lo mejor posible. En cualquier caso cerré la semana con 71 discretos kilómetros, pero en unos días difíciles por la climatología y por tener la mente pensando en mi viaje de la semana siguiente