RELATOS

Una vez iniciado el movimiento supe que no habría marcha atrás, sería difícil regresar a aquello que fui. Hoy soy otro ser: curtido, compañero del esfuerzo, amante de mis kilómetros. Sólo el fin de mis días debería obligarme a parar: ese es mi pequeño sueño.

lunes, 23 de febrero de 2015

SÁBADO 21: NO HAY DESCANSO PARA LOS TONTOS QUE CORREN

Los tontos que corren.... No todos los que corremos somos tontos, sólo un porcentaje que tiende a ser pequeño. Es obvio que no todos los tontos existentes corren, de nuevo son éstos un pequeño porcentaje de esa población especial. He descubierto que pertenezco a ese segmento, por desgracia para mi. Las razones de mi descubrimiento no vienen a cuento y por ello no las voy a dar a conocer aquí, porque uno es tonto, pero no quiere serlo mucho, tan sólo hasta donde su naturaleza muestra a los demás.

Lo que si puedo decir es que el sábado por la mañana tenía ese sentimiento acomplejante quizá motivado por el hecho de no poder escapar de mi autoobligación y mentalmente necesitaba más que nunca un descanso; pero el récord estaba ahí, a la vuelta de la esquina, y ya que no subo a podiums ni tengo ni tendré el reconocimiento de nadie, cosa que por otro lado tampoco busco, sólo me quedaban estas pequeñas metas y herramientas motivaciones que hacen que no me relaje. En este caso es la barrera de las 35 sesiones seguidas unida a lo marcado como kilometraje semanal para este mesociclo. Además, al día siguiente tocaba correr con Merche la Media Maratón de Valdepeñas y por tanto esa mañana del día previo a la cita no podía escapar a mis demonios. Fue a eso de las 13 horas cuando finalmente salía por la puerta de casa ataviado para la ocasión; finalmente para hacer unos 13.100 metros por la Carretera de San Carlos del Valle para subir luego al Peral y vuelta a casa. No me sorprendió comprobar que desde el principio me estaba exigiendo bastante, y eso que notaba los efectos nocivos de la sesión de hacía menos de 16 horas. Pasé el kilómetro 5 en unos 24 minutos pelados y desde ahí el terreno se me ponía favorable, así que pude meter una marcha más. Volví por el Camino de Membrilla a ritmo bastante alegre, tanto que sentía como por momentos mis piernas se quejaban, y llegué a casa en 58 minutos y medio, habiendo hecho los últimos 8 kilómetros en 34 minutos, es decir, una buena media teniendo en cuenta las circunstancias.

Salvé la situación y al final he salvado con dignidad el fin de semana.

 


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