RELATOS

Una vez iniciado el movimiento supe que no habría marcha atrás, sería difícil regresar a aquello que fui. Hoy soy otro ser: curtido, compañero del esfuerzo, amante de mis kilómetros. Sólo el fin de mis días debería obligarme a parar: ese es mi pequeño sueño.

viernes, 24 de agosto de 2018

INOLVIDABLE TIRADA MERCHE, JESÚS Y YO EN DESPEÑAPERROS EL 7 DE JULIO

En las semanas previas a la Subida al Veleta, en pleno julio estresante, tuvimos un buen sábado de entreno cuando Mercedes, Jesús de Úbeda y yo nos fuimos a Despeñaperros a realizar una tirada de unos 26 kilómetros y medio en los que tuvimos la oportunidad de subir a la cuerda desde el Barrano de la Niebla y regresar a ese mismo punto. Un entreno para recordar también

















FABULOSA AUNQUE YA ANTIGUA TIRADA CON JESÚS DE ÚBEDA

Esto de no haber escrito en tanto a tiempo ha motivado dejar sin reflejar buenas jornadas como la que echamos Jesús y yo en Despeñaperros esa mañana de sábado del 9 de junio pasado. 30 kilómetros estupendos, con una buena compañía, en la que abrimos nuevas rutas, y tuvimos que saltar vallas en tres ocasiones, pero que quedará para el recuerdo.


















Gracias Jesús, estuvo genial.


LAS CAÓTICAS SEMANAS ENTRE FINALES DE JUNIO Y PRIMEROS DE AGOSTO

Sin lugar a dudas, el mes de julio de 2018 lo recordaré como una pesadilla en lo personal debido a la cantidad de obligaciones que hacer en tan poco tiempo, que hicieron que relegara a un segundo plano mis entrenamientos, y que mi cabeza se sumergiese en un profundo caos que fue el principal causante del abandono de este blog. El abandono ha tenido remedio, ya que en cuanto se murió el perro se terminó la rabia y el mal quedó contrarestado, lo de mi cabeza y mi cansancio ya pasó, el descanso arrastró toda la suciedad y ahora puedo escribir sobre esta etapa un tanto extraña de mi vida.

Todo empezó con mi regreso de Chile el 21 de junio. Si ya allí en Curicó los entrenos fueron casi imposibles (algunos fueron reflejados en una entrada que resumía lo de junio), el hecho de llegar del otro extremo del mundo y tener que incorporarme al día siguiente al trabajo habitual y además a otro trabajo extraordinario como profesor por las tardes noches  en Ciudad Real, hacían bastante difícil mi situación.

La báscula me dijo que al menos no había ganado peso a pesar de las comidas copiosas en Chile, pero sí que seguía sin coger la forma deseada, y es que el estrés y el olvidar los buenos hábitos alimenticios no son la mejor fórmula para conseguirlo. Pero como decía, lo peor estaba por llegar: la última semana de junio tuve el calendario tan apretado que salía a correr la mayoría de los días por la mañana temprano, o incluso algún día antes de comer en Manzanares.

Para añadir más presión a mi situación, nos habíamos inscrito a la Subida Internacional al Veleta, 50 kilómetros entre Granada y el Pico del Veleta. Lo hice por complacerla pero enseguida me dí cuenta de que me había metido en un auténtico lío porque la prueba sería en la segunda semana de agosto y en julio no tendría la posibilidad de prepararme como la ocasión merecía. Pero Merche estaba demasiado nerviosa como para quedarse quieta y también me convenció para que nos inscribiéramos por parejas en el Trail de Medina Sidonia que tendría lugar el sábado por la noche en esta localidad de Cádiz el día el 30 de junio. El acicate fue que había una categoría de "parejas mixtas" y por primera vez podríamos competir juntos en esta modalidad. El caso fue que en plenos días de estrés, sin apenas tener tiempo para correr y con el handicap de que ese mismo sábado tenía curso todo la mañana en Ciudad Real, es fácil de imaginar que no era ni la mejor apuesta y que no se vislumbraba el mejor resultado allá en Cádiz, como así fue. En cualquier caso se trató de un fin de semana en el que tratamos de buscar algo de asueto y todo resultó demasiado atropellado. Y todo pese a la estupenda compañía de nuestro gran amigo Eusebio que nos dejó su apartamento de Zahara de los Atunes y se portó genial con nosotros.

Y en esta guisa comenzó un julio del que apenas tengo referencias reales, apenas recuerdo entrenos concretos, y sí recuerdo situaciones de cansancio por los caminos de Valdepeñas. De lo que recuerdo:
  1. Sábado 07 de julio: tirada en Despeñaperros Jesús Úbeda, Merche y yo, unos 28 kilómetros.
  2. Domingo 15 de julio: entreno en Pontones 26 kilómetros con Merche.
  3. Sábado 21 de julio: doblaje hecho por la mañana con 16 kilómetros y por la noche las 2 leguas y media con Merche otros 12,5 kilómetros.
  4. Sábado 28 de julio: estupenda y calurosa tirada de 30,50 kilómetros hecha por la zona de Torrenueva con Mercedes.
Entre medias entrenos hechos con todo el calor del mundo en Manzanares, madrugones para correr sin fuerza, etc, etc.








LA CRÓNICA DEL CROSS DE CÁSTULO: MERCHE ES PROFETA EN SU TIERRA

Tras el trail de Cueva Cabrera, en La Guardía, Jaén, la rodilla de Mercedes quedó un poco tocada, y apuro plazos para estar bien dos semanas después en una competición que no podía rehusar correr: el Cross de Cástulo, en Linares, su localidad. El hecho de ser una carrera corta, suponía un inconveniente y una ventaja a la vez; inconveniente por no estar acostumbrada a correr crosses y en tan cortas distancias, ventaja por el devenir de los últimas semanas en las que había machacado bastante su cuerpo, y al ser una competición menor no debería traer males mayores.

Así que el viernes 8 fuimos los cuatro a Linares. Ese fin de semana lo aproveché bien porque el sábado me fuí con Jesús Úbeda, uno de los miembros de mi grupo andaluz de montaña, a Despeñaperros, donde hicimos una tirada bien larga y bonita, y el domingo amanecimos con una de esas mañanas competitivas, pero para ella. Fuimos a Cástulo (poblado íbero que dista a unos 7 kilómetros de Linares y que fue lugar de residencia de Anibal y de su esposa Himilce) y al llegar ya se respiraba el ambiente de carreras. Charlamos un rato con Víctor del Club de Montaña de Linares, y con alguna corredora manchega, Mercedes calentó un rato y sin más se fue a línea de salida con bastantes dudas por su rendimiento.

Yo como mero espectador he de decir que no sentí envidia alguna, nada que ver con la sentida en Ronda, y es que eso de los crosses hoy por hoy no me atraen mucho. Sonó el pistoletazo y Merche salió como un tiro para cubrir el duro trazado de constantes subidas y bajadas y yo subí camino arriba buscando un sitio donde verla pasar, pero no, me tuve que dar media vuelta al comprobar que volvían a pasar muy cerca del lugar de salida. Enseguida aparecieron los primeros clasificados y ya no tuve nada más que contar cuantas mujeres pasaban. Me impacientaba un poco al ver que Merche no llegaba hasta que la vi aparecer allá abajo acometiendo la cuesta. A su paso la arengué lo que pude y me fui al arco de meta para ver su llegada, pero apenas me dio tiempo a pararme ya que los primeros clasificados de la prueba hacían ya acto de presencia. Finalmente me quedé tranquilo al ver aparece a Merche y comprobar que bajaba entera por el camino hasta la recta final. Paró el crono en 45 minutos y 40 segundos a una media de 5´40´´, pero es que era un recorrido bastante duro por la altimetría y por el terreno. Al final satisfecha porque la rodilla le había dejado correr y sobre todo por ser primera clasificada de la categoría +45, sacándole 4 minutos a la segunda.

Pero además, hubo más movimiento, ya que al llegar a casa de mis suegros, me puse las zapas y ella me acompañó haciendo un auténtico y estupendo doblaje sumando otros 10 kilómetros a los del calentamiento más el cross. Esos días habían sido buenos para mi, pero bien sabía que lo que venía en junio iba a impedirme mantener la forma, debido a mi viaje a Chile y al inicio del calor, sumado al inicio de un curso a impartir desde la tercera semana de junio hasta mediados de agosto.

Enhorabuenas diferidas para mi mujer, ¡toda una crack!








miércoles, 22 de agosto de 2018

LA CRÓNICA DEL TRAIL CUEVA CABRERA 2018

Tan sólo dos semanas después de los 101 kilómetros de Rondaafrontábamos este trail corto, de 21 kilómetros y rápido que se celebra en la localidad de La Guardia, Jaén. Para mi era importante enfrentarme a una competición yo solo, sin equipo, tras la última allá por marzo en la Maratón de Montaña de Cuenca que me había dejado un sabor algo amargo. Para Mercedes era volver a competir tan sólo unos pocos días después de su proeza en Ronda, y se unía a la fiesta un inesperado acompañante, nuestro hijo Jorge, al que le apatecía probar en una distancia corta, los 11 kilómetros, en la categoría que habían habilitado para jóvenes de entre 14 y 17 años.

Haciendo escala en Linares y los preliminares

Ronda había supuesto un punto de inflexión para mí, y en los días siguientes a dicha carrera, en la que fue de acompañante de Merche, había notado una mejora importante en mi estado de forma, a pesar de la complicada primavera, laboralmente hablando, que estaba llevando. Como en otras ocasiones, nos fuimos los cuatro a Linares, donde hicimos noche, y el domingo por la mañana, bien temprano, madrugábamos para poner rumbo a La Guardia. El cielo estaba encampotado y la temperatura era ideal, no había excusas.

A nuestra llegada, recogemos los dorsales y nos ataviamos. El más ligero es Jorge que va sin chaleco, yo fiel a mis últimas carreras por montaña, voy con mis soft flasks medio llenos y algunos turroncillos. Merche lleva un cartuchera.

Allí nos encontramos con un paisano, Alfonso Pinés, fiel a esta carrera (ya nos lo encontramos en la edición de hace dos años), y como se nos termina el tiempo nos ponemos a calentar por los alrededores de meta. Jorge pronto se asusta al ver algunos chavales con buena pinta (correrán un total de 11 en la categoría junior), pero yo le digo una y otra vez que lo que tiene que hacer es disfrutar de la montaña, y no complicarse.

 La salida y hasta la subida grande

Sin más nos vemos en línea de meta, yo algo nervioso porque sé que lo voy a dar casi todo, y suena el pistoletazo. Sigo la estela de Alfonso y me cuesta continuar la cadencia, así que pronto dejo a un lado mi optimismo. En cualquier caso, sin ir redondo estimo que voy a buen ritmo, con constantes subidas y bajadas callejeando por el pueblo. Tras subir al castillo nos vemos bajando a la salida de la localidad, ya voy más cómodo y sin pensármelo me echo delante de Alfonso y adelanto a unos cuantos corredores. Alcanzamos el puente por debajo de la autovía y ahora comienza la subida tendida. He seguido adelantando corredores y por fin he calentado, ahora veo las cosas de otro color Pero mi gran aliado es la comparación que constantemente voy haciendo con la prueba de hace dos años, con el mismo recorrido. Me siento mucho mejor que entonces, cuando hice 2 horas y 4 minutos en los 21 kilómetros y 1200 metros de desnivel positivo del trail. 

En la subida a Cueva Cabrera es donde definitivamente le cojo el gusto a la competición. Avanzo ágil y adelanto otros tres puestos y alcanzo lo alto casi contrariado por el hecho de que se deje ya de subir.

En el rellano y esperando la bajada por el cortafuegos

Ha comenzado a lloviznar, algo que particularmente no me desagrada, más bien al contrario. Ahora vamos en ligera subida por terreno irregular y cuesta correr rápido. Me adelanta un corredor del club de Martos y le sigo, cuesta pero consigo no perder la estela. Charlamos brevemente y seguimos sin perder el ritmo. Alcanzamos la ermita, punto en el que dos años antes marcó mi declive, pero en esta ocasión voy bien entero bebiendo y comiendo, obviando los avituallamientos. Entramos en un bosque avanzando por una senda muy bonita y el de Martos pone pies en polvorosa, pero no me importa; al girar comienza la gran bajada por el cortafuegos, que me destrozó las caderas (tenía pubalgia) en 2016. Sin embargo en esta ocasión, bajo fuerte y seguro, tanto es así que alcanzo a un grupo de 4 corredores que me habían llevado bastante distancia toda la prueba.

Hasta el final y con fuerza

Lo que viene después corrobora que me encontraba en buen estado de forma a juzgar por como logro mantener el ritmo en el recorrido rompepiernas con constantes subidas y bajadas. En la última subida dura alcanzo a otros tres o cuatro corredores, incluyendo al de Martos, pero ya en lo alto toca ir por pista, ir rápido y allí él y otro corredor se me marchan sin que pueda acercarme todo lo que quisiera. Sin embargo voy fuerte, y sólo quedan 3 kilómetros. La parte del barranco de la escorrentía por donde bajamos la hago a tope y alcanzo al acompañante del de Martos, pero llevo la zapatilla desatada por ir chorreando los cordones, así que decido parar a atármela. En la subida que viene antes de divisar el pueblo las piernas lo notan un poco, pero no me puedo quejar. Ya en lo alto tengo que volver a parar al comprobar que la otra zapa se ha desatado. ¡Menuda puñeta!. Entre pitos y flautas habré perdido más de un minuto y pico, pero no importa mucho. Bajo fuerte entre los olivos viendo como se acercan más y más las casas, hasta que piso el asfalto y me dejo llevar a muy buen ritmo por la bajada que lleva al centro del pueblo. Los últimos 200 metros son en gran pendiente ascendente pero los hago apretando los dientes viendo como el crono se mueve en unos buenos 1 hora y 58 minutos. Allí está Jorge aplaudiendo y sonriente.

Intuyo que con un poco de suerte y teniendo en cuenta que compito en +45 quizá suba a podium, y efectivamente, pregunto y efectivamente, ¡segundo de mi categoría!.

Le pregunto a Jorge y me dice que ha sido tercero en sus 11 kilómetros, ¡increible!. 

Esperando a Merche

Los minutos se suceden rápidos, me voy a cambiar y regreso para verla llegar, pero se resiste. Había estimado para ella un tiempo de entre 2 horas 25 y 2 horas 30, pero no llega. Finalmente la veo aparecer y trae mala cara, 2 horas 34 y sufriendo. Me cuenta que lo ha pasado muy regular, le faltaban piernas (lógico tras el gran esfuerzo de Ronda), y que incluso había sentido un doloroso latigazo en su rodilla. En cualquier caso mejora en 9 minutos el tiempo de dos años antes, y sube al podium como 1ª clasificada +45.

Una foto difícil de repetir

Tras esto aguardamos a la comida, y merece la pena la espera, porque todo está muy rico. Nos dan los trofeos y nos echamos una foto que es difícil que se vuelva a repetir

En definitiva, días como esos son los que uno necesita para subir un poco la autoestima. ¡Gracias a la organización por todo!











martes, 21 de agosto de 2018

LOS 101 KMS DE RONDA: LA FÁBULA QUE FUE REALIDAD

Este que es mi blog estaba agonizando, como un tamagotchi al que no se le ha dado de comer, pero no hay excusa lo suficientemente grande para justificar tal abandono. Ni la falta de tiempo, ni que este verano esté siendo una especie de "travesía por el desierto" son razones suficientes para haber dejado de escribir.

Sin embargo, lo sucedido casualmente el otro día en un restaurante en Manzanares (ver mi anterior entrada) fue como un faro que ha iluminado el siguiente paso a dar. Por ello, en la búsqueda de la necesaria armonía desempolvo la pluma y regreso a la rutina de mi cuaderno de bitácora.

Que mejor regreso que hacerlo escribiendo sobre lo acontecido en Ronda hace ya tres meses, que bien se lo merece mi mujer, tras su proeza....

Va por ti cariño...

El preámbulo a esta aventura

Ronda fue una fábula, casi una leyenda urbana que algunos enganchados al movimiento nos habían contado; la oyes, la digieres, pero es extraña, como los cuentos que son sólo eso, cuentos irrealizables. Mercedes ya hace tiempo que no es la que fue, ya no piensa en cosas que no se atreve a hacer; se ha acostumbrado a rozar con la punta de sus dedos ese extremo del abismo donde se encuentra la más grata de las locuras...

Bien es cierto que para llegar hasta ahí antes tuvo que verse envuelta en ese bucle infernal que ha llevado a que sus piernas ya no sepan parar, desconexas de la razón, decididas a continuar y continuar...ya van muchos meses, ahí siguen, con su cadencia infinita...

Es viernes por la tarde, hemos aparcado cerca del polideportivo y vamos caminando cogidos de la mano, toca recoger su dorsal, y después a cenar y a descansar, mañana será un día intenso, diferente, no será un día cualquiera.

Un tranquilo madrugar

El descanso llega y me dejo llevar...tras eso amanece en Grazalema, es una fabulosa mañana; no tardo mucho en despejar mi mente y entonces reparo en que estoy lleno de un sentimiento de profunda envidia, ¡ojalá me hubiese inscrito yo también!. Mercedes luce radiante, y viendo como desayuna ese sentimiento invasivo crece. Montamos en el coche y dejamos atrás ese bonito pueblo serrano, nos dirigimos a Ronda...

...La calle es un río que baja lleno de corredores y familiares, embadurnados en motivación y complicidad; la emoción flota en el aire, hasta el extremo de que la respiro y se cuela en mis venas. Quiero imaginar qué se le pasa por la cabeza a mi mujer, y por ello rememoro los minutos anteriores a la salida en mi primera Madrid-Segovia, ¡uff!, de nuevo la envidia.. Le echo las últimas fotos en la entrada del polideportivo y me despido con un beso, deseándole con la mirada todo lo mejor. 



Me dirijo al coche y, tras dar unos pasos, giro la cabeza buscando el sitio exacto donde la dejé, pero su silueta ya se ha mezclado con la multitud, no está..

Tratando de olvidar la emoción que se siente

Alcanzo el parking del acuartelamiento sabiendo que me toca vivir en blanco y negro la emocionante película en color donde mi mujer saldrá de protagonista; mi rol es el de doblador especialista de algunas escenas. Sólo puedo concentrarme para así poder sentir una pequeña dosis de vida mientras recorro porciones del camino que ella pateará después...ese es mi primer propósito en esa bonita mañana...

...Me abrocho bien el chaleco y sin más me pongo a correr. El trazado es cortesía de una generosa alma que lo ha dejado publicado en wikiloc. Será especial, por razones obvias, y además tendré una inusitada compañía, la de los legionarios que en varios puntos esperan el paso de la prueba de MTB...

...Ya voy subiendo hacia la ermita, sin prisa, sin pausa, y me siento bien, me consuela...Bajo por la calzada empinada que lleva al cementerio de Montejaque y en ese las piernas me piden marcha de la buena, tanto es así que me imagino en plena prueba, pero decido no pensarlo mucho, simplemente con moverme cumpliré mi cometido. La carretera se inclina pendiente abajo hacia Benaoján y tengo un anhelo: correr por ahí con Merche en plena noche, grabarle en vídeo mientras avanzamos contentos en la oscuridad...

En el avituallamiento del kilómetro 87,5 los legionarios aguardan la llegada de los primeros ciclistas de la MTB, y uno de ellos bromea al verme llegar, ¡ya viene el primer marchador, viene antes que los ciclistas!, dice, pero aún quedan bastantes horas para que pase por allí el primer corredor. Bordeo el río y disfruto hasta que comienzo a subir por una senda muy empinada. Las piernas comienzan a pesar y la siguiente hora se me hace dura, y es entonces cuando me asaltanlas dudas...¿podrá Mercedes llegar hasta ahí?, ¿podrá sufrir tanto? a esas alturas llevaría 90 kilómetros y yo llevo unos pocos, no puedo asimilarlo bien, no sería capaz de hacerlo si yo fuese el protagonista.

Continúo por la pista, en un lapso de tiempo que pasa demasiado despacio, quizá sea el calor. Dejo a mi izquierda el recorrido de la prueba, toca seguir de frente, conforme marca la señal de mi móvil. Llego a Ronda, paso por una plaza abarrotada de gentes que agarran alegres sus cervezas y me refresco en una fuente; creo que piensan que estoy loco por no estar con ellos viviendo un perfecto asueto, pero a estas alturas tengo bien claro que mi forma de gozar es distinta a la suya. Bajo por el camino empedrado y atravieso en sentido contrario la "cuesta del cachondeo" notando cómo se quejan los tobillos. Sigo por el camino hacia el acuartelamiento justo cuando veo aparecer al primero de la prueba MTB, y me embarga la emoción, también de nuevo la dichosa...envidia.., luego me cruzo con el segundo, el tercero, y así sucesivamente. Alcanzo el parking del acuartelamiento y compruebo que he hecho casi 30 kilómetros, estoy cansado pero de eso se trataba, de darme un empático castigo. Ahora toca afrontar el segundo propósito, el más importante, dedicarme a ella, que para eso hemos venido.


Persiguiendo su sombra

Voy hacia Arriate con prisa. Conecto la aplicación  y sigo la estela de la imagen del pequeño "ML" (Mercedes Llavero) que avanza por el recorrido. ¡Ya está cerca de este pueblo!. Aparco y no tengo que andar más de 50 metros para ver el flujo constante de marchadores, que avanzan por la calle alegremente; vuelvo a mirar el móvil y el "ML" se solapa con el nombre del pueblo en la pantalla, me impaciento y pienso que ya ha pasado por allí y que no he podido verla por sólo unos minutos...

Doy media vuelta y decido ir a Setenil, que está en el kilómetro 50 y pico, pero la carretera principal está cortada y no hay forma de evitar rodeos, así que tras casi media hora de desesperación, acabo cogiendo una ruta perdida en el mapa hasta que llego a una carretera que me lleva, ahora sí, al siguiente destino por donde pasará Mercedes...
Llego a Setenil a las 15:30. En la aplicación compruebo que Merche avanza y avanza como una posesa, fiel a su loco plan de alcanzar la mitad de la prueba en 6 horas. Los nervios no me dejan, doy vueltas, incluso sobre mi mismo; me acerco a la zona del avituallamiento, me aburro viendo corredores y corredores, yo sólo quiero verla a ella, me siento un poco mal porque no les animo, aunque en el fondo soy cómplice de su esfuerzo; llegan las primeras mujeres y la gente las vitorea como auténticas heroinas que son..., pero Merche aún no llega, es demasiado pronto. Así que, como estoy muerto de hambre, regreso a la zona donde aparqué y en un mesón me como un magnifico bocata de jamón con una coca cola bien fresquita...Ya son las 16:40 y el logo de Merche ya está muy cerca, así que me voy para el puente de nuevo...

...Cuando la veo aparecer calle abajo compruebo que va pletórica, lleva más de 50 kilómetros y por su cara nadie lo apostaría; se me eriza el vello de los brazos mientras correteo en paralelo, le echo un par de fotos, le grabo un vídeo, le pregunto, le digo tantas cosas que a ella no le da tiempo a contestar todo.





 Ya en el avituallamiento entra en una cabina portátil para hacer pis y tras esto atraviesa la puerta del recinto para fichar; por lo que me ha comentado el único problema que tiene es que siente varias ampollas en los pies, pero me dice: ¡no me preocupan!..

No pasan más de 3 minutos cuando la veo salir por la otra puerta, lleva un sandwich de jamón york en la mano, y come y corre como si nada, ¡vaya estómago que tiene!, se para brevemente y le echo la crema verde en sus ya algo doloridos músculos, le doy un sentido beso y se me va...se aleja. 

¡Ha cumplido su propósito, está en las 6 horas que ella predijo!.


La soledad tiene remedio

Ya me siento más tranquilo, la he visto, y ¡va tan bien!. Tengo tiempo de sobra para ir a un punto de paso anterior a Setenil y así ver pasar a mi amigo Manolo Valverde, que según su "MV" tiene que estar a punto de cruzar. El caso es que de nuevo espero y no logro verle; cansado regreso al coche, voy por la carretera siguiendo el curso de la carrera, pero por más que lo intento no consigo encontrármelo así que desisto y pongo rumbo al acuartelamiento.

Mi segunda vez en el cuartel, pero en esta ocasión anda abarrotado de espectadores que siguen a esos héroes que se dejan la piel bajo el sol. Aparco en la zona de la entrada, muy cerca de donde lo hice por la mañana, y no sé qué pasa en esta ocasión pero el tiempo se achica, se encoje y casi sin darme cuenta compruebo que Mercedes está ya bien cerca. Y es entonces cuando urdo mi plan, ya sé lo que tengo que hacer, y por el mero hecho de pensarlo me emociono: nervioso voy llenando los compartimentos del chaleco con todo lo que ella necesita: pómada, pañuelos, geles, barritas, turroncillos, una muda, lleno los dos soft flask, me pongo otra camiseta y me ato bien el chaleco, cierro el coche y no quiero ni pensar cómo haré lo de buscar el vehículo a la vuelta, a sabiendas de que no podré verla llegar a meta ya que el acuartelamiento se queda a un lado a 5 kilómetros de Ronda.

Y echo a correr..

Si la magia es lo que ansiamos, cuando la obtenemos logramos uno de esos instantes plenos. Eso debimos conseguir Mercedes y un servidor en aquel sábado que comenzaba a llenarse de sombras...

...Sea como fuere estoy inmerso en un propósito, ni siquiera es un reto, porque no me ha dado tiempo a forjarlo...y sin darme cuenta he dejado de ser un doblador de escenas, para pasar a ser un auténtico reportero en la zona de conflicto.

..Hay que echar a correr de nuevo pero en esta ocasión la adrenalina fluye y las piernas se activan fácilmente resultando eso de correr un acto sumamente sencillo, tanto es así que apenas siento la carga de lo de la mañana cuando comienzo a dar las primeras zancadas; avanzo por el recorrido en sentido contrario a los corredores, y así sin anestesia me topo con Merche que baja a buen ritmo por el camino...va charlando con otro marchador y cuando me ve se le ilumina la cara. Primer obstáculo pasado, ¡se alegra al comprobar que le voy a acompañar!. En poco más de un minuto le explico el plan: llevo todo lo necesario en el chaleco y no tiene que parar apenas en el acuartelamiento. Yo la esperaré en el túnel que hay kilómetro y medio después de la salida del cuartel, así que me desvío y doy una vuelta planificada en dirección hacia ese punto de encuentro. Llevo las piernas preparadas para correr una maratón, avanzo muy rápido, a 4´ pelados, llevado por la pasión, así que en un pis pas llego al lugar y la espero. Pasan unos cinco minutos y me impaciento un poco pero todo cambia cuando veo aparecer su silueta, con su singular forma de correr, por el camino asfaltado...

...Y aquí comienza nuestra aventura en común, los emotivos últimos 30 kilómetros de Ronda.

Compartiendo mucho más que una aventura

La tarde comienza a hacerse profunda de forma que poco a poco se desvanece la luz y nos ahí nos hallamos los dos en la que podría ser la noche más especial. Los kilómetros son ya una mochila a las espaldas de mi mujer, que se queja de su maltrecho empeíne, y es que lleva ya dados demasiados pasos, pero aún así su semblante no es el de alguien que esté sufriendo, más bien al contrario. Y en esta guisa es como comenzamos a subir a la ermita, vamos con un equipo de cuatro corredores andaluces, difícil aburrirse con ellos. Piropean y elogian a mi mujer cuando les decimos que es su primera Ronda. Movidos por una inusitada e irreverente ambición dejamos atrás al grupo y cazamos algún que otro corredor y corredora, aunque en la última parte de la ascensión las dudas asaltan a Mercedes. Es normal, su cuerpo quiere rebelarse ante tal desvarío pero entre mis ánimos y su coraje pronto se pasa ese pequeño mal trago y alcanzamos lo alto. La bajada al cementerio de Montejaque se le hace un pelín dolorosa, debido a que las articulaciones  ya van machacadas y las piedras no son el mejor medicamento, aún así se le vuelve a ver entera. En el avituallamiento un legionario me ofrece bebida pero yo le indico que sólo soy un reportero sin cámara, y mientras tanto Merche me hace una señal y sale pitando sin perder tiempo porque hay tres chicas en el puesto de bebidas y quiere que sean historia, así que salimos hacia el pueblo, pero justo cuando alcanzamos las primeras calles nos desvían por una cuesta que se pone como una pared y es para pensárselo, tocará subir y subir. Corriendo y andando, andando y corriendo, nos alcanza la noche y todo comienza a hacerse único en la penumbra...

Alcanzamos una pista ancha, ya algo más llevadera en cuanto a la pendiente se refiere y allí un chico está vomitando mientras otro le sujeta y le consuela. No puedo evitar preguntar, aunque bien sé qué le pasa, un mal que conozco de sobra. Los siguientes dos kilómetros los hacemos entre pistas y olivos, alcanzando más gente hasta que llegamos a un macizo y toca bajar. La bajada vuelve a ser mala botica para los tobillos de Merche, incluso para los míos que tampoco se han estado quietos en todo el día, pero nos sentimos cada vez más pletóricos conforme los metros avanzan. En las callejuelas de Montejaque volvemos al bullicio, la gente anima y estoy seguro que en ese preciso instante Merche está pensando que no hallaría un sitio mejor donde encontrarse que allí. Tras una breve parada en el avituallamiento tocará vivir uno de esos instantes para el recuerdo...

El vídeo que soñé

Bajamos por calles estrechas hasta que nos vemos descendiendo por unas escalinatas que llevan a la carretera, la misma carretera en la que por la mañana tuve un deseo. ¡Ahora toca cumplirlo!....

Ya es de noche, y pica hacia abajo, las piernas van solas por el asfalto y Merche se pone a menos de 6´, que sí, es cierto, no es volar, pero si es correr rápido cuando ya lleva 85 kilómetros en sus piernas. Saco el móvil y le grabo, veo hecho realidad mi anhelo y soy feliz.



 Tras el vídeo seguimos como posesos a buen ritmo, cruzamos Benaoján de punta a punta, adelantando nuevamente a algunos corredores, hasta que desviamos por un camino oscuro que no había recorrido por la mañana. Avanzamos con fuerza otro kilómetro hasta que toca desviar a la izquierda y entramos en el avituallamiento en el que bromeó el legionario horas antes. Merche va como una moto y apenas paramos; nos adentramos en el camino que va paralelo al río y llamamos a Jorge y a mis suegros, todo un chute de motivación para ella, y al desviar a la derecha nos vemos por una senda bien empinada, la senda de mis dudas matinales.

La siguiente media hora es dura, pero bien sobrellevada. Mis temores sobre las capacidades de Mercedes eran sólo eso, miedos, y la realidad es más rotunda. Subimos, bajamos, nos adelantan, adelantamos, hasta que toca bajar por la pista en una zona de mucha pendiente y los cuadriceps de ella se quejan amargamente, también los míos. Volvemos a subir hasta alcanzar el avituallamiento que yo estimaba que estaba en el 95, pero a Mercedes le cambia la cara cuando ve "kilómetro 91,5" en el cartelito y me dice, ¡quedan 10 kilómetros!. Duda un poco pero yo estoy a su lado, le animo y no perdemos apenas tiempo, mejor no pararse mucho.

Continuamos por lo que ahora es una senda, con mis arengas constantes tratando de que corra lo máximo y ande lo mínimo, pero por otra parte, también pienso que está corriendo una barbaridad, es una máquina del movimiento, que nunca desiste, al menos no hasta ahora. Y así de esta forma, los metros van cayendo; en un camino arbolado se aparta del camino para hacer pis, se agacha y la oigo maldecir, no puede desabrocharse el cordón de la falda, así que ¿para qué hacer aguas menores?, se incorpora al recorrido y continúa...

No sé si es por el hecho de llevar la vejiga llena, o por caer en el pensamiento pesimista de que le queden más de 7 kilómetros, el caso es que la veo cansada, le ha cambiado la cara,  así que toca de nueva arrojarle una batería de ánimos y elogios, le ofrezco un turroncillo pero no tiene ya muchas ganas; a pesar de todo no se le ve débil, sólo necesita un subidón, el que está por llegar. 

Ahora nos vemos en una dura cuesta, vamos con otros dos corredores, y el hecho de echarse la mano en los cuadriceps para ayudarse parece encoraginarla, y es que el gen de la montaña está ahí por algo; alcanzamos el avituallamiento de lo alto con nuevos bríos y salimos sin perder tiempo, nos dicen que quedan unos 5 kilómetros, y justo al dar la vuelta a una muralla natural de la montaña divisamos el cortado y en frente las luces de Ronda, ¡ahí está el subidón que necesitaba Mercedes!. Le cambia la cara, cambiamos el ritmo, corremos y corremos, en los toboganes constantes que nos llevan a ver cada vez más cerca la "cuesta del cachondeo", y es así como iniciamos la dura pendiente con fuerza, andando y también correteando si se tercia. Es entonces cuando le grabo el tercer vídeo, allí, con los globos iluminados de una famosa entidad financiera patrocinadora del evento. 



La cuesta se resiste, pero es como todo lo que ya hemos vivido, cuestión de paciencia. Ya en la parte final nos saluda Fran, un viejo conocido del blog, que nos adelanta, va bien, y no podemos seguirle, pero eso no tiene importancia ya, últimas rampas antes de llegar a las calles del pueblo, y cuando las alcanzamos aún seguimos subiendo. Merche se impacienta y yo le animo, con un frase que es totalmente cierta ¡ya está hecho cariño!...

Y lo consigue.


Se convence de que no queda más de un kilómetro y medio y nos vemos corriendo rápido. Ya no vamos a parar, las piernas cogen el tono y los ánimos de la gente que abarrota las aceras hacen el resto. Se nos encoje el corazón al alcanzar el parque, y sin darnos cuenta giramos y allí está el arco de meta. Yo no soy un participante, pero os aseguro que es uno de los momentos más emocionantes de mi vida. A unos metros del arco trato de grabarla en su llegada pero no me da tiempo. Da igual, esa imagen ya ha quedado bien grabada en nuestros discos duros, no lo borrará ni el Alzheimer. Merche alcanza su objetivo 13 horas y 44 minutos, tal y como predijo, ¡consiguió bajar de las 14 horas!, en la edición de Ronda con el recorrido más duro desde sus inicios. Nos abrazamos, hasta que me doy cuenta de que la estoy sosteniendo, está verdaderamente exhausta, aunque la emoción no le deja borrar la sonrisa que tiene en la cara.



Y así es como nos convertimos en dos tablas que apenas pueden andar, eso sí, conseguimos disfrutar la abundante y rica comida que ha dispuesto la organización. Tras esto las piernas están tiesas como la mojama y aún tenemos que llegar hasta el coche, que está a casi 7 kilómetros y no tenemos dinero; pero los días, si han de ser perfectos, lo serán de manera completa, por tanto encontramos a un simpático taxista que nos lleva al acuartelamiento aún a sabiendas de que no tenemos dinero para pagarle. Por el camino caigo en que le puedo hacer una transferencia a través del móvil y procedo. Cuando caemos en la cama en Grazalema no somos conscientes de lo que Mercedes ha hecho. Aún no lo somos tres meses después. Y como últimamente pienso: la vida tiene sus propios impedimientos e inconvenientes, pero  también tiene esos dulces y locos obstáculos que nos procuramos para sentir que vivir es la más maravillosa dificultad que afrontar.

¡Gracias a todos por ser un acicate más para seguir escribiendo!









martes, 31 de julio de 2018

DE LA CASUALIDAD QUE TRAJO ESTE BLOG A MI MUNDO Y DE LA CASUALIDAD QUE LO REGRESA

Agosto de 2.011, Zihuatanejo llega a este blog justo para estrenarlo, fue el día que nació este mundo que me he creado. Zihuatanejo antes fue una vieja idea,  un sueño antiguo, mi sueño, y esa quimera se puso a correr conmigo desde el momento que me puse a escribir la primera línea de la primera entrada en este humilde espacio.
 
Es un viejo y recurrente pensamiento... como conocí a Mercedes, mi reflexión sobre la casualidad y el destino, allí estaba ella en una sala de chat que llamó "Zihuanatejo", y yo en la paralela que llamada correctamente "Zihuatanejo", nos buscábamos desesperados sin darnos cuenta que estábamos en el mismo universo pero en salas contiguas. Tuvo que venirse conmigo, a mi sala, la de mi sueño, para comprobar que ambos compartíamos mucho más que un espacio, que compartiríamos una vida que desde entonces nos hace caminar juntos. De la casualidad al destino hay una distancia bien corta, quizá sólo la separa el punto de vista del afectado, y en mi caso me inclino más por casualidad y menos por destino, sí, casualidad, aunque ésta sea caprichosa y guiada por una mano que no existe aunque juega con nosotros. ¿por qué digo esto?, leed y sabéis adónde voy...

Este blog estaba casi muerto, sin alma, un poco como su dueño, porque quien no tiene tiempo no tiene vida, ni tampoco reposo para encontrarse; agonizaba, pero hoy quiere volver a nacer, como su creador. Lunes 30, es la hora de comer y hace calor pero el verano aún no aprieta, ¡sólo harían falta 42 grados para ser el colmo de mi vaso! y es que llevo por sombra al agobio en estos días que me han tocado en la lotería del mal vivir. Tras unas gestiones irrelevantes para el lector, me encuentro con un restaurante que conozco.., es hora de comer, así que allí entro... pido un blanco gas y huevos revueltos con ciervo y mientras espero me atormento repasando mis pesadas obligaciones, esas que acechan y asfixian, y siento el alcance de la culpa al visionar mi olvidado blog, el amigo al que le he dado la espalda..., y justo en ese instante y sin buscarlo oigo la palabra exacta y precisa, esa que me devuelve la armonía a mi universo: "si mujer...Zihuatanejo, de la película esa.., Cadena Perpetua, va de sueños, de eso va Zihuatanejo, algún día iremos..., es que Zihuatanejo inspira a cualquier escritor...", un hombre maduro charla con su mujer a unos metros de mi y pareciera que está escena está impostada, porque ese hombre me quiere hablar de lo que yo necesito oir...

Me acerco, me entrometo y le explico lo de Zihuatanejo y mi blog, se queda descolocado, entra con su smartphone en mi página y alucina con la foto de mi mujer en la montaña: "a nosotros nos encanta también la montaña", aquel hombre escritor que se inspira con Zihuatanejo tiene su homologo más joven en mi, aquella pareja que tiene que ir a Zihuatanejo tiene su reflejo en Mercedes y un servidor. Tras invitar al señor a que lea cuando pueda mi relatos cortos, sus ojos se iluminan fruto de la incomprensible casualidad y me dice: "tendré que entrar de vez en cuando para seguirte", yo le digo, sí, por favor, pero deme unas horas, que tengo que volver a escribir...salgo del local y sé que ya no volveré a verlos más, ha sido un brevísimo encuentro pero lo he sentido como una puñalada reveladora.

La vida es un sueño que pasa de boca en boca, de generación en generación, y cuando alguién muere deja su legado en forma de recuerdo, recuerdo que es contado y de esta forma una parte, al menos una pequeña parte, sobrevive a la nada...este blog es como eco hueco, un hueco en lo negro, una expresión de quien sólo puede susurrar, pero hasta cuando susurras a veces hay alguien que de forma inesperada te escucha. 

Gracias señor X, gracias Jonh Doe