RELATOS

Una vez iniciado el movimiento supe que no habría marcha atrás, sería difícil regresar a aquello que fui. Hoy soy otro ser: curtido, compañero del esfuerzo, amante de mis kilómetros. Sólo el fin de mis días debería obligarme a parar: ese es mi pequeño sueño.

Mostrando entradas con la etiqueta MIS RELATOS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta MIS RELATOS. Mostrar todas las entradas

martes, 11 de agosto de 2020

LA AUSENCIA

"El descendiente del Cromagnon es un ser social, que en momentos puntuales busca la soledad, aunque finalmente se acaba viendo necesitado de compañía. Se proyecta en los demás: sus miedos y ambiciones, sus deseos, sus inquietudes y teme sobremanera la nada y la ausencia..."

Desde que te fuiste no ha pasado ni un sólo día en que no haya pensado en ti, tú que tanto influiste en lo que hoy soy, a pesar de haber hablado tan poco, ¡pero dijiste mucho!. No me quito esa estampa, peleando con tus muletas por complacerme para conseguir andar no más de 100 metros, justo cuando tu organismo estaba a punto de decir definitivamente basta. Buena excusa me diste para sentir que tengo que esforzarme, que he de sentir el dolor para así terminar de entender mi breve existencia en este mundo. Que no hace falta explicarlo todo, que no hace falta explicar casi nada, ni tan siquiera es necesario contarse uno mismo a los demás, porque tus actos siempre acabarán hablando por tí cuando ya no estés...

Te echo de menos papá, y no me fue suficiente ponerme tu sello de oro en mi mano y completar mi dulce penitencia hasta el Rocío, la aldea que por fin conseguí compartir contigo en nuestro camino desde Sevilla. Necesito hacer más cosas para convencerme de que no te difuminarás en el desierto de mi memoria, y así, con estas pequeñas y tontas señales, poder convencerme de que estás más cerca; por tanto, habrá que hacer algo para no sufrir tanto tu ausencia.

 



domingo, 22 de marzo de 2020

TIEMPOS EXTRAÑOS PARA EL DESCENDIENTE DEL CROMAGNON








Tiempos raros los que juegan con nosotros, como si una brisa de finas agujas nos abofeteara la cara y nos obligara a guarecernos en casa abandonando el día a día tal y como lo conocemos. Cuando el hombre primitivo dejó atrás tierras africanas en busca de nuevas experiencias estaba haciendo aquello para lo cual fue programado genéticamente: moverse y cambiar. Así llegó al continente europeo donde vivía una especie distinta, con otra esencia....El hombre neandertal era rudo, familiar y previsible, y no pudo evitar mezclarse con esa otra clase de ser tan distinto y fascinante, iniciándose con ello, posiblemente, la cuenta atrás de su extinción. 

Lo que ocurrió después lo sabemos todos sin necesidad de ojear mucho los libros de historia: el hombre conquistó la tierra, los animales, los bosques, y los hizo suyos gracias a ese poder tan mágico como peligroso que es su inteligencia, y sólo necesitó unos pocos miles de años para convertir el planeta en esto que es hoy. A veces, cuando voy corriendo pienso que un pequeño porcentaje de mi es neandertal, dicen que de media un 2,5%, y no rehuso a esos que también fueron mis ascentros. Me activa creer que ellos recorrian largas distancias para poder cazar, eran ultrafondistas de necesidad, aunque hoy mover tu cuerpo a través de tu propio esfuerzo durante horas sea casi de tontos, en esta sociedad llena de acero, realidad virtual, ondas e influencers.

Sí, son tiempos extraños estos que nos tocan vivir; el descendiente del cromagnon, ese que se rozó con el neardental, ese que domina el planeta, se ve amenazado por un organismo simple pero que inspira el mayor de los miedos, hasta el punto de obligarnos a replantear nuestras costumbres y a reflexionar para tratar de descubrir qué somos y qué hacemos aquí. La parte sapien del homo nos lleva a ser capaces de lo peor, pero también posibilita crear maravillas y convertir la locura en magia, en una graciosa dicotomía que se enreda entre el amor y el odio, entre lo bueno y lo malo y que no deja a nada ni a nadie indiferente.

Aún estaré a tiempo, en los años que me quedan por vivir, a volver a atravesar preciosas sendas, subir escarpados montes y disfrutar de esta naturaleza que nos mira de reojo y a la que definitivamente deberíamos aprender a amar y a respetar. 


viernes, 27 de septiembre de 2019

UN MILAGRO UN PACTO CON BELZEBÚ O LA TECNOLOGÍA JAPONESA

Y así fue como llegué hasta ese cruce de caminos donde me paré por un momento a reflexionar: "¿hacía dónde voy?", verdaderamente no lo sabía, sí tenía claro hacía dónde querría ir pero para enfilar dicho destino tendría que ocurrir algo que cambiase ese statu quo....

Pensando que mi dichoso piramidal es una esclusa que no deja correr el agua y ésta se estanca. Esperando un milagro para comprobar por fin que las cosas tornan a mejor, pero no creyendo en los milagros. ¿Y si pactase con el diablo?, claro, para ello éste tendría que existir, algo que dudo mucho. Imaginemos que sí, que está ahí acechándonos, de ser cierto podría ofrecerle mi alma, que no creo que valga mucho, y aún siendo de valor, dudo que permaneciese intacta tras tornarse mi cuerpo en cenizas...

Y allí me hallé, llegando a la conclusión de que soy una persona espiritual, pero no religiosa, de que mi espíritu radica en algún punto de mi cerebro que también es perecedero, por tanto ni milagros ni pactos con el más allá harían que la situación cambiase. 


Pasaron los días y una mañana mientras conducía hacia el trabajo me iba sintiendo orgulloso de los 347.000 kilómetros que le he hecho ya a mi viejo Toyota. Y ¡voilà! se me encendió la bombilla: "si mi Toyota es japonés y ando tan contento con él, ¿por qué no ir a buscar respuestas a tierras niponas?"....y de ahí pasé a una cosa, y de ésta a otra hasta que caí en un detalle de mi vida pasada...

...Corría finales de verano de 1989 cuando estrené mis primeras y hasta hoy únicas Asics, las recuerdo perfectamente, con sus tonos grises y azules, llena de elementos reflectantes; eran muy chulas para lo que había en aquella época. Habían dejado de fabricarse las Tiger, al menos con ese nombre, y ahora pasaban a tener esa denominación tan rara: "ASICS". Poco más tarde descubrí que se trataba de un acrónimo de la famosa frase en latín: "Anima Sana In Corpore Sano",...


... y casi por casualidad me veo cerrando un tremendo círculo. "Ánima", palabra que para los griegos era entendida como principio de vida, común a todos los seres vivos (plantas, animales y hombres) y el alma entendida como principio de racionalidad, con carácter divino e inmortal, exclusiva sólo del ser humano...

¡Ni milagros ni pactos, quiero unas "Anima Sana In Corpore Sano"!, por favor que de paso, una vez bien calzadas, lleven a mi alma corpórea a sentirme invencible en los entrenos, pese a mis casi 50 tacos. Y unos minutos después estaba comprando por Amazon unas Dinaflyte en su versión más vieja.

Perdonadme la licencia, por ser pesado y redundar en el pasado me remonto a justo 30 años atrás, allá en Alcantarilla, en mi periodo de instrucción militar; aquellas Asics me llevaron a correr en 2 minutos treinta y tantos esos 1000 metros, aunque siempre tuve la sospecha de que le faltaban algunos metros al kilómetro, ¡era joven pero no tonto!. Eso sí, aquel arrogante teniente de la Brigada Paracaidista, que dicho sea de paso ostentaba el récord de aquel circuito (al menos hasta que yo se lo arrebaté) me buscó y me estuvo interrogando e increpando por haber perpetrado tal profanación. Yo quisé decirle que lo sentía, que no era mi intención, que hacía ya un par de años que había dejado el atletismo, pero que desde que habíamos llegado a Murcia nos habían obligado a correr un montón todas las mañanas y eso me había puesto las pilas; quise decirle todas esas cosas pero no le dije nada, envuelto en una sensación que mezclaba el miedo y el más malicioso de los regocijos. Y fue en aquel fin del estío, también fin de década cuando comencé a desgastar ese maravilloso par de zapas que terminé de fundirme en Alcalá de Henares coincidiendo con el resto de meses de servicio militar.

Es así, amig@s,  como mi alma ha dejado de localizarse en mi mente para pasar a estar ubicada en mis pies. Pretende crecer y hacerme sentir bien más allá de que se obren improbables milagros o que aparezca el mismísimo demonio tratando de robarme mis deportivas.









sábado, 8 de septiembre de 2018

SOLEDAD


Y hora tras hora, minuto a minuto se fue difuminando perdiendo la precisión de su esencia. Dejaron de replicarse los ecos de lo que un día lejano sintió y se hizo costumbre lo de esperar junto a la sombra de una silueta vacia que portaba en sus manos su destino esquivo. El tiempo poco a poco le fue desplazando hasta que nada quedó de la otrora luz difusa que en su juventud quiso brillar; ya era tarde, la oscuridad había rellenado todos sus espacios hasta invadir el camino...
 
...En la pizarra de su alma hoy sólo reza una frase como verdad absoluta: "las cosas ya no mejorarán porque la decadencia se ha adueñado de mi devenir".


..Se trata de un día más en su anodina película, se calza las zapatillas e inicia una nueva carrera con su mente puesta en inflamar su desdicha. Le duelen las piernas, sangra su ser a cada zancada y encuentra consuelo en ese acto repetitivo que acaba resultando el único rincón donde sentir su existencia... todo sigue así hasta que el trayecto se estrecha tanto que le asfixia en su avance; en sus últimos instantes no sabe cómo rememorar algún momento feliz de su pasado, no ve su vida pasar en rápidas diapositivas, ni tan siquiera la muerte se le aparece para acompañarle, tan sólo se va, se va solo, tan solo como solo vivió.

martes, 31 de julio de 2018

DE LA CASUALIDAD QUE TRAJO ESTE BLOG A MI MUNDO Y DE LA CASUALIDAD QUE LO REGRESA

Agosto de 2.011, Zihuatanejo llega a este blog justo para estrenarlo, fue el día que nació este mundo que me he creado. Zihuatanejo antes fue una vieja idea,  un sueño antiguo, mi sueño, y esa quimera se puso a correr conmigo desde el momento que me puse a escribir la primera línea de la primera entrada en este humilde espacio.
 
Es un viejo y recurrente pensamiento... como conocí a Mercedes, mi reflexión sobre la casualidad y el destino, allí estaba ella en una sala de chat que llamó "Zihuanatejo", y yo en la paralela que llamada correctamente "Zihuatanejo", nos buscábamos desesperados sin darnos cuenta que estábamos en el mismo universo pero en salas contiguas. Tuvo que venirse conmigo, a mi sala, la de mi sueño, para comprobar que ambos compartíamos mucho más que un espacio, que compartiríamos una vida que desde entonces nos hace caminar juntos. De la casualidad al destino hay una distancia bien corta, quizá sólo la separa el punto de vista del afectado, y en mi caso me inclino más por casualidad y menos por destino, sí, casualidad, aunque ésta sea caprichosa y guiada por una mano que no existe aunque juega con nosotros. ¿por qué digo esto?, leed y sabéis adónde voy...

Este blog estaba casi muerto, sin alma, un poco como su dueño, porque quien no tiene tiempo no tiene vida, ni tampoco reposo para encontrarse; agonizaba, pero hoy quiere volver a nacer, como su creador. Lunes 30, es la hora de comer y hace calor pero el verano aún no aprieta, ¡sólo harían falta 42 grados para ser el colmo de mi vaso! y es que llevo por sombra al agobio en estos días que me han tocado en la lotería del mal vivir. Tras unas gestiones irrelevantes para el lector, me encuentro con un restaurante que conozco.., es hora de comer, así que allí entro... pido un blanco gas y huevos revueltos con ciervo y mientras espero me atormento repasando mis pesadas obligaciones, esas que acechan y asfixian, y siento el alcance de la culpa al visionar mi olvidado blog, el amigo al que le he dado la espalda..., y justo en ese instante y sin buscarlo oigo la palabra exacta y precisa, esa que me devuelve la armonía a mi universo: "si mujer...Zihuatanejo, de la película esa.., Cadena Perpetua, va de sueños, de eso va Zihuatanejo, algún día iremos..., es que Zihuatanejo inspira a cualquier escritor...", un hombre maduro charla con su mujer a unos metros de mi y pareciera que está escena está impostada, porque ese hombre me quiere hablar de lo que yo necesito oir...

Me acerco, me entrometo y le explico lo de Zihuatanejo y mi blog, se queda descolocado, entra con su smartphone en mi página y alucina con la foto de mi mujer en la montaña: "a nosotros nos encanta también la montaña", aquel hombre escritor que se inspira con Zihuatanejo tiene su homologo más joven en mi, aquella pareja que tiene que ir a Zihuatanejo tiene su reflejo en Mercedes y un servidor. Tras invitar al señor a que lea cuando pueda mi relatos cortos, sus ojos se iluminan fruto de la incomprensible casualidad y me dice: "tendré que entrar de vez en cuando para seguirte", yo le digo, sí, por favor, pero deme unas horas, que tengo que volver a escribir...salgo del local y sé que ya no volveré a verlos más, ha sido un brevísimo encuentro pero lo he sentido como una puñalada reveladora.

La vida es un sueño que pasa de boca en boca, de generación en generación, y cuando alguién muere deja su legado en forma de recuerdo, recuerdo que es contado y de esta forma una parte, al menos una pequeña parte, sobrevive a la nada...este blog es como eco hueco, un hueco en lo negro, una expresión de quien sólo puede susurrar, pero hasta cuando susurras a veces hay alguien que de forma inesperada te escucha. 

Gracias señor X, gracias Jonh Doe



sábado, 28 de abril de 2018

A GHOST STORY

....La extensión blanca de la pantalla se ha de llenar de chispazos que no perdurarán, no echarán raices, porque el tiempo nos sobrepasa, y el universo aún más...

Me hallo sentado aquí, en la habitación de un hotel de una ciudad que dista más de 9000 kilómetros de mi hogar, y no dejo de pensar en esa sábana que cubre un alma emotiva que no sabe por qué permanece, apegado a su casa en lugar de partir hacia la nada. Mientras dejo que broten las ideas y escribo estas líneas, las palabras me pinchan como espinas, y soy consciente de lo pequeño que soy, de lo intrascendente de mi obra y en esencia, de lo pasajero de mi yo..., una milésima de una era, un grano de arena en un extenso fondo marino...

Lo que haga a partir de hoy no irá más allá, lo que he hecho desde hoy no se quedará, y todo será un tránsito rápido por una experiencia muy corta, llena de fútiles oportunidades y de entrenimientos cuestionables en su relevancia;... porque si el amor es lo único, hemos de pensar que ni tan siquiera el amor perdura, no se queda tras nosotros, tan sólo es la por qué de nuestro fugaz paso.

Recomiendo verla con mucha paciencia, puede que hasta os fascine. Recatarla de mi pendrive ha sido lo mejor que he podido hacer tras correr esta mañana durante 2 horas y llegar a esta habitación tan hueca y vacía. Ahora me siento extrañamente como ese fantasma y no tengo inconveniente en desaprovechar todo lo que resta de sábado pensando en las cosas que me importan, como mi padre, Mercedes, los niños, ...mi familia, y todo eso aunque sea totalmente consciente de que se trata de sólo un flash..., que tras resplandecer se apagará para siempre.

https://www.filmaffinity.com/cl/pro-reviews.php?movie-id=802633



martes, 8 de agosto de 2017

LA SONRISA MÁS AMPLIA. DEDICADO A MI PADRE

Lo etéreo de la felicidad


Esa línea negra que amenaza cuando echa su vista hacia adelante le obliga a estar atento, pero es el único sitio por donde ir: la zona del rail del tranvía de la Avenida de Linarejos; la llanta delantera de su bicicleta zigzaguea bailando con el hueco de la estructura metálica con el único propósito de evitar terminar por los suelos. No siente miedo y sí una emoción difícil de describir: a cada giro que dar pierde velocidad y luego pelea por recuperar la cadencia mientras en el ambiente crecen los decibelios por los aplausos y gritos del público que se agolpa en las aceras. Las piernas de Juan José pesan como losas y aún así el dolor queda en un segundo plano, sigue avanzando como si no le costara hacerlo...

Es extraño, no parece real, se dice así mismo ¡venga, un giro más y ya está! le asalta el ansia por finiquitar y en un acto reflejo mira hacia atrás buscando a sus perseguidores, deja de controlar el rail y roza el borde del "nada" , cruza ese instante resignado a su suerte, sin embago la fortuna le acompaña  y no cae de su bicicleta, pasa del escalofrío al  sentimiento de alivio; y llega por última vez al final de la avenida, frena, acelera, levanta la mirada y ve acercarse a gran velocidad esa pancarta deseada hasta cruzar la meta. 

No parece real, un día raro y extraordinario a partes iguales, el más extraño y especial de su vida. El peso del trofeo le duerme los brazos: allí se halla subido en lo alto de ese improvisado podium forrado de tela que cubre un montón de cajas de madera que otrora portaron garrafas del buen vino de Valdepeñas; puede ser una vivencia, una energía, o sólo una imagen que representa la felicidad más egoista y absoluta, esa que todo ser debería tener derecho a experimentar, aunque sólo fuese durante un efímero instante en algún momento de su existencia.

...Regresa al presente, está asomado a la ventana divisando aquella misma avenida: en la calzada sólo hay asfalto grisáceo, ya no hay railes; lo recuerda como si no hubiera sucedido: sin foto posando, sin trofeo el cual donó  a su club, ¿dónde acabó guardada aquella pancarta de tela blanca o las viejas cajas de vino..., sólo existen en un recobeco de su memoria, al igual que los testigos vivos o muertos de aquella carrera de la Feria de Linares de 1952, que a duras penas podrían recordar hoy lo allí acontecido 50 años antes en aquella soleada mañana de domingo...Podría haber sido un dulce sueño, nada más...

...  Suelta el visillo se gira y regresa a la celebración que le ha llevado hasta allí, de nuevo a aquella ciudad.., en el salón los comensales rien, conversan en alto. Mira a su izquierda y se guarda esa estampa: la mano de su hijo agarra la de su reciente esposa, años después se siente de nuevo subido en aquel podium, un cosquilleo..., el tiempo se para y vuelve a ser feliz en Linares.

100 metros es un largo reto

Se termina la larga subida, está alcanzando el avituallamiento del Alto de la Fuenfría; no piensa parar, no hay motivo para el descanso, pero no puede evitar verse en ese mismo sitio de la Madrid-Segovia dos años antes:  

...las sienes le martillean con la periodicidad que marca cada pulsación, la cabeza da vueltas como esa sensación que nos pilla en fuera de juego la primera vez que nos emborrachamos, los brazos molestan tanto que no sabe donde apoyarlos, todo él es un peso muerto que sólo pide reposo; qué hacer con esas naúseas, la necesidad de expulsar todo lo que su organismo ha tratado de digerir sin éxito.Allí sentado sobre esa silla incómoda, su voluntad trata de convencerle de que se quede allíí, que abandone la prueba, que se abandone. Claudio está echando fotos, ese año ha decidido no correr, repara en su presencia, se acerca y le dice: "Javier, si no te levantas y echas a andar te puedes dar por muerto". Y eso hace Javier, sigue sus instrucciones, le tiene demasiada  admiración como para no obedecerle. Se levanta tambaleante y alguien de la organización le pregunta si es capaz de seguir, él asiente y ese alguién le mira dubitativo; está en un tris de llamar al de la ambulancia que está a unos metros, pero en el último momento le deja ir. Claudio le arenga con los dos pulgares en alto y comienza a andar cuesta abajo, trota un poco, se para, se agacha y expulsa hasta la primera papilla. Claudio se le acerca y le pregunta, se siente mucho mejor, y comienza a correr de nuevo, despacito pero corre, toca pensar en su destino, Segovia... 

...Bajo hacia mi destino, Segovia, experimentando el dolor y la impotencia empeñándome en llegar a meta cueste lo que cueste aunque lo prudente sea estarse quieto. Tengo mucho tiempo y lo empleo en reflexionar, pienso en mi padre y en sus paseos; apenas puede con sus 100 metros y yo apenas puedo con mis 100 kilómetros, somos decadentes en distinto grado, pero ambos seguimos adelante hacia la meta, aunque haya que parar de vez en cuando. Me quedan más de dos horas de viaje en esta Madrid Segovia de la que estoy aprendiendo que no importa la distancia, que lo que importa es el movimiento; la obcecación por proseguir tu camino hace que la acción se convierta en resistencia y la resistencia se torne en lucha hasta que llegue el final.

Las viejas piedras romanas me hablan de lo que somos

...Javier ha pasado de largo sin parar en la tienda de campaña, ha mirado de soslayo aquella silla blanca, temeroso, como si quisiera evitar viejas sensaciones.  Alguién de la organización ha dicho algo así como "mira como va, pareciera que no lleve 83 kilómetros". Llega a la zona pedregosa y técnica de la bajada empinada, escoltada con cientos de pinos majestuosos, no se cansa de cruzar aquel paisaje, y además ese día está especialmente atento, pendiente de las confidencias que los árboles le vayan a susurrar; flota, siente la vida, está volando con su padre; el esfuerzo de ese día  es uno más de la lista de los esfuerzos pasados y el movimiento atraviesa la variable tiempo escapando a otra dimensión,..., está con su padre, sueñan con aquella carrera ciclista de Linares, esa historia tan extraordinaria y emocionante; otro pensamiento...su padre bajo el marco de la puerta de casa, domingo, viene cansado, tiene más de 60 y  regresa tras dejarse el alma haciendo un porrón de kilómetros en su restaurada bicicleta, Tere le recrimina, no puede entender qué se siente cuando la extenuación castiga  tu cuerpo y tu alma se siente tan libre..., otra visión...está es más cercana...su padre andando lentamente calle abajo y Javier con él oyendo sus jadeos, una pugna por 50 metros de ida, una larga parada para tomar resuello, y los 50 metros finales que supondrán que Juan José sienta que sigue en este mundo aún. 

Su mente cruza un nuevo arco: un andador, un temblor de piernas, ahogos..., pero también hay ganas de vivir, esfuerzo por continuar; se adentra en ese sitio oscuro y cálido a la vez: ve su final rodeado de todos los suyos, ...su mirada llena de paz y a Javier le brotan las lágrimas, aumenta el ritmo de su zancadas, las piernas arden al compás del recuerdo y sin darse cuenta llega a "La Cruz" y un voluntario le dice que va 6º; le ha oido pero no le ha escuchado, va corriendo con su padre, con su padre en su cabeza, con su padre en sus piernas, con su padre en el corazón, compartiendo ambos el movimiento. La sensación dolorosa le lleva a vaciarse hasta que en un proceso de expiación alcanza el Acueducto en aquél sábado por la tarde, jaleado entre vítores y aplausos de la gente que se agolpa en las aceras, no hay avenida ni rail, pero es un día extraño y extraordinariom como aquel de hace 65 años. Ya sentado el peso de aquellos 102 kilómetros cae sobre su cuerpo con tanta rotundidad que tiene que desconectar y liberarse de su cuerpo,...el agua tibia de la ducha del hotel le deja adormecido y se echa en la cama hasta que le llega un sueño profundo en forma de visión: su padre mira desde la ventana hacia la avenida, en la sala hay tanto jaleo  que cuesta oirse, suelta el visillo y les mira,  esboza una sonrisa, al principio leve pero cada vez más ostensible, la sonrisa más amplia que jamás le vio; no dice nada, pero con eso lo dice todo...

Han pasado dos horas, se despirta y cae en la cuenta, se incorpora rápidamente  y regresa dolorido a meta, su mujer está al llegar, ella también corre hoy.; la  megafonía anuncia que llega otra mujer, primera de la categoría veteranas, el Sol está cayendo en Segovia y la estampa es como si detuviera el tiempo, tonos anaranjados que se mezclan con el color crema de la piedra milenariam, y Mercedes girando la calle hacia el arco de meta, es perfecto, nada volverá a ser tan perfecto. Los dos marchan molidos cogidos de la mano hacia el hotel, no tienen planes, llenos de vida, vida sin planes; Javier piensa que si mira hacia atrás, hacia el Acueducto, verá a su padre en uno de sus arcos sonriéndoles con su mirada más amplia; es sólo un deseo, una tontería, no vuelve su cabeza pero sabe que él está allí con su bicicleta, no se lo imagina con su andador .

Todos los caminos llevan a Linares

Nunca hablé mucho con mi hijo, realmente no supimos qué decirnos, quizá no tuvimos la oportunidad, o puede que no tuviera el valor suficiente de abrir mi corazón. Ahora ya es tarde, mis oidos no oyen apenas, y él no entiende lo que le digo, pero a pesar de todo me siento bien viéndole como me cuida, está más cerca que nunca, veo que saca la pluma de la insulina y sé lo que va a hacer: me va a decir con gestos que me pinche en la tripa, siempre lo hace... mis hijas siempre me pinchan, son mejores enfermeras que él, pero en cualquier caso me gusta cuando él me hace ese gesto instándome a que consume el pinchazo yo mismo. Le obedezco, no dudo de que ha preparado la dosis correcta, así que agarro el aparatito, aprieto el botón y giro la ruedecita. La insulina entra de forma indolora y entonces pienso en otros tiempos en los que comunicarse era más fácil porque mis oidos aún funcionaban, porque se me entendía lo que decía.., ahí mismo podríamos haber hablado de mil anécdotas vividas, le podría haber preguntado por sus carreras, por los detalles y el caso es que siempre tuve curiosidad,  sin embargo hoy sólo podemos mirarnos y hacernos gestos, y pese a todo sentirnos más unidos que nunca.

Tengo la mente ágil, es lo único que me funciona así que puedo viajar: estamos comiendo, él todavía vive con nosotros, aunque está en proceso de independizarse, nos está diciendo que ha conocido a una chica por internet  y que la va a traer a casa ese mismo fin de semana. Veo el brillo de sus ojos y sé que está enamorado, pero la sorpresa llega cuando nos dice que ella es de Linares..., y me acuerdo de aquellos railes, del trofeo, de aquella felicidad. Ahora quiero verme años antes hablando Tere él todavía no ha nacido, mis hijas sí, discutimos sobre una oferta de trabajo que puede cambiarlo todo, pero hay que trasladar a toda la familia a Linares, mi mujer pone mala cara, inconvenientes y siento que mis alas se acortan hasta no poder volar, no puedo hacerle eso, no podemos escapar de aquello que conocemos, de su zona de comfort ...ella no lo llevaría bien.

...De vuelta a la realidad mi hijo me hace señas que entiendo a la primera, me pregunta  si quiero ir a dormir, miro a mi mujer y me pone peros a través de su mirada, no quiere quedarse sola en salón sin más compañía que el televisor, pero me hallo tan tan cansado que hoy no puedo complacerla, así que asiento con la cabeza y hago el esfuerzo de incorporarme, el esfuerzo del movimiento, sé que tocará recorrer unos escasos 7 metros que me separan mi cama, con la única ayuda de ese andador y contando con mis cada vez más escasas fuerzas. Cuando logro reposar en el lecho él se despide y yo pienso en Linares y en la casualidad.


...Hace un frío inusitado en Linares pese a estar en noviembre, y pese a todo hoy salimos a dar una vuelta, ¡que nos apetece!. Jorge ha quedado con una amiga que ha conocido a través de las redes sociales  y que curiosamente, y como no podía ser de otra forma, es de Linares, la historia se repite; suerte que Inés es demasiado peque aún para pensar en amoríos. Me abrocho hasta el último botón de mi abrigo negro y tras aparcar paseamos un rato: hoy toca ir al cine, pero antes callejeamos para ir a una cafetería que han abierto recientemente. Nada más entrar al local me siento como en casa, con un toque de años cincuenta y repleto de recuerdos colgados en todas las paredes repartidos entre mil viejos enseres. Nos vamos al rincón más apartado de todo el recinto y allí charlamos, nada trascendental, entrenos, sensaciones y de la inminente Maratón de Valencia, a unos días ..., por unos segundos la mirada se va a la pared de enfrente, fotos de la Paza de Toros, el Paseo de Linarejos, la Calle Julio Burell, aquella ciudad que antaño fue próspera y bulliciosa, ...de repente una foto llama mi atención y cuando me fijo en ella un escalofrío recorre mi cuerpo. En un improvisado y rudimentario podium se ven tres figuras, en seguida reconozco la que posa en lo más alto, se pelea por mantener a media altura un trofeo que claramente apenas puede sostener y pese a todo su sonrisa le delata, es feliz.



Este relato está basado en hechos reales. Como se aprecia en la foto el trofeo no era muy pesado, y no había podium improvisado, seguramente el rail no era tan peligroso, pero mi padre ganó aquella carrera, al igual que ganó la otra carrera, la más dura, la de la vida.

Dedicado a tí Papá.




jueves, 29 de diciembre de 2016

2016 EL AÑO QUE VIVÍ BAJO OTRA LUNA







Se escurre esa arena entre los dedos, pero yo no quiero retenerla, deseo que caiga que se despegue de mi piel. 2016 fue el año de la octava uva y no más, del atrangantamiento como presagio de las sombras, y lo que estaba por venir irremediablemente llegó; se va para siempre el año del llanto en la noche, allá agachado, las manos sobre las rodillas, la cintura partida en dos, y la lágrima que acompaña el correr por inercia, por echar un pulso al dolor; deseo borrar parte de esos 12 meses en los dejé de tener fe por completo en aquello para lo que creí que había nacido: enseñar a otros, y lo aprendí en el aula y con una bofetada dolorosa y prolongada que me quitó las ganas de vaciarme por los demás; me dicen adiós el estrés, el no llegar, el vivir bajo una luna que no es la mía, se despide eso de sentirme ajeno, bye bye a correr a 35 grados con un mal sandwich en el estómago, a ese bucle que lleva a volver a empezar, terminar y volver a empezar; se despide el sabor agrio de la decadencia, y para ser justos también marchan con nostalgia el calor de esas mañanas de domingo en agosto, la mochila, el Jabalón, las barritas y un ejército de kilómetros recorridos con Mercedes; suena a despedida, la del último año con el Pozo Norte, adiós a nuestro club y dejará poso como feliz recuerdo de tiempos mejores, dejamos atrás un puñado de compañeros y amigos; me amarga el regusto a decepción, la estela de la impotencia, el eco del fracaso, el olor a naftalina, pero habrá que dejar un hueco para rememorar como fue aquel noviembre en el que ella supo conquistar su sueño, lo hizo sin mi porque yo fiel al caos instalado no hallé la fórmula para compartirlo; este 2016 es también la de los últimos kilómetros de mi padre, que con paso lento pero con decisión sigue disputando su particular maratón. No, no echaré este año de menos, lo habré vivido y quedarán grabaciones en mi recuerdo; ahora toca continuar con esta novela, pasar página y continuar leyendo, pero aquel capítulo quedó ya bien comprendido. Y aquí me hallo finiquitando este tránsito, con la esperanza en forma de botón que al pulsarlo pueda cambiar el orden caótico de las cosas. La vida nos debe siempre alguna otra oportunidad, nos la merecemos, y así como recé y un ser divino o inventado me concedió el regalo de volver a correr sin sufrimiento, quiero pensar que en el libro mayor de 2017 habrá que poner en mi haber más cosas buenas que malas se hayan puesto en el debe, aunque me conformo con no atrangantarme en Nochevieja con las uvas mágicas de nuestro destino, comérmelas todas y mantener a buen nivel la esperanza, que no caigan sus niveles; ¡por favor!, no más sandwiches estresados, ni vías con suero en la ambulancia de la decepción, que no haya más ira ni más rabia, que las cosas no las haga el robot de la razón sin poner nada de su parte mi corazón, ojalá consiga vivir plenamente al menos un minuto de cada hora de este tiempo que está por venir, y a ver si 2017 trae orejas y escucha, o al menos tiene vista y sabe leer, lee todo esto y pone de su parte para que pueda enmendar la plana y consiga volver a sonreir, que ya no me acuerdo de como se hace, la última vez creo que fue en 2015.

sábado, 21 de marzo de 2015

ADIÓS MIS QUERIDAS ZAPAS VIEJAS

Mis queridas zapas viejas

No sabría por donde empezar a escribir estas líneas que suenan a inevitable y dolorosa despedida. Habéis sido como esa novia fea a la que cuesta mirar a la cara y que ese novio desalmado abandona por ser un vil cobarde; esa chica paciente que le espera varios años arrinconada en un lugar oscuro y húmedo hasta que transcurrido demasiado tiempo él la llama en un momento de desesperación y soledad, todo para comprobar que ella vuelve presta y desprendida a reclamo tan esperado. Ese chico que no muestra arrepentimiento y que siente que el regreso es una segunda oportunidad con su exnovia poco agraciada, ¡ay de él que aún no ha aprendido a ver en ella que es la bondad hecha alma, la comprensión hecha persona, pero es la ley del envoltorio el que rige su vida y lo que ella tiene por fuera desagrada hasta al más pintado. Sin embargo sabio es el tiempo que habla a favor de los justos y él la lección  aprende con letra en sangre: lentamente y sin darse cuenta descubre cuan equivocado estaba al dejarla sola, sufre al entender cuanto habrá penado ella en su deshaucio, atina a pensar que ella se rebajó y hasta se equivocó al volver con él porque no se merece estar con alma tan vacía; pero queridos amigos, visto desde fuera nada mejor pudo ocurrir al hecho de que ambos volvieran a unirse para compartir estos meses intensos que han vivido. En esta nueva prueba vital no ha habido uso ni abuso, tan sólo fue creciendo el amor y el disfrute, él aprendió a mirar de dentro hacia fuera, y ya no vio más que algo bello ante sí; aquella dulce mujer aprendió a sentirse amada por primera y última vez en su extraña vida. Ahora ella se va para hacer un largo viaje a la nada; no puede desprenderse del billete que compró en contraprestación a tanto amor dado y que tiene por deterioro su precio. Él llora porque su hueco quedará siempre vacio y no habrá mujer más guapa, con mejor color de cara, más esbelta, más lozana, ya no habrá mujer en este mundo que se dé como esa dama, que ría como ella rió, que encaje como ella encajó, con sus visibles defectos pero sobre todo con su generosidad inundándolo todo. Ella le salvó la vida y él muere un poco tras comprobar el deceso mutuo. Pero todo ocurrió con buen fin, no fue en vano, la humedad y la oscuridad desaparecieron y la soledad formará parte del pasado, quedando siempre el recuerdo. Adiós..., queridas zapas, ya no encuentro un modelo como este en internet. No me extraña, transcurrió demasiado tiempo allí escondidas y olvidadas, tanto que el fabricante os descatalogó. Lástima que no me diera cuenta antes de que eráis un buen modelo y que había que tener paciencia con vosotras.





miércoles, 10 de septiembre de 2014

TRAS LA TERCERA CUMBRE





En la cárcel que es tu alma

Polvo y tristeza a partes iguales, eso es lo que quiere quitar de su cuerpo y de su alma bajo aquella ducha. Cuando consigue oler a limpio, tras dejar la suciedad en el desagüe descubre que no ha logrado deshacerse de esa rémora que le oprime el pecho. Se sienta en su sofá, enciende la tele y aunque mira fijamente la pantalla no ve ni oye nada, es prisionero de su pensamiento y va quedando atrapado en el sueño hipnótico que le provoca el presentador y sus invitados en aquel debate sobre política...

Se despierta en la madrugada, y justo en la superficie de plasma puede ver la cara de James Stewart; pronto adivina la vieja película en blanco y negro que están reponiendo, no en vano es Navidad y no puede faltar... "Que bello es vivir"; no opone resistencia y se deja llevar metiéndose en el alma de George, dispuesto a sentir envidia por sus desdichas. El protagonista renuncia a sus sueños llevado por los acontecimientos y con una generosidad desmedida capea esos duros reveses que le da la vida, hasta vivir esa pesadilla que le acaba redimiendo. Justo en el momento del metraje en el que George acaba descubriendo que Bedford Falls es lo que es gracias a él y que Poterville afortunadamente es sólo un espejismo, justo entonces el cansancio le llega de nuevo y ve como la pantalla se nubla hasta volverse oscura hasta desaparecer.

De huída hacia otro yo

...Se levanta como un resorte, apaga la tele y casi sin pensarlo se cambia, llena su chaleco de ultrafondo con comida, sus dos soft flasks con su bebida isotónica preferida, y no repara siquiera en echar su smartphone... abre la puerta y no piensa, la cierra tras de sí, sin saber muy bien qué dirección tomará, pero con la esperanza de transitar hacia el lugar donde esté la cura que alivie su profundo dolor. 

Conoce todos los caminos y vías a 15 kilómetros a la redonda pero su mirada se orienta hacia las lejanas montañas que lucen como sombras en las tinieblas hacia el este, y hacía allí pone rumbo. Al principio llanea en la noche sin más ruido que sus zancadas, las sombras se aclaran conforme el amanecer avisa y la vista de los perfilados picos se agranda. Penetra en la naturaleza como quien se adentra en lo desconocido, atravesando riachuelos, descubriendo parajes que llevaban toda una vida esperándole... 

...Han pasado varias horas y el cuerpo le pide una tregua, así que para justo en una gran piedra plana justo donde el terreno avisa de su verticalidad. Las piernas le arden y no parecen dispuestas a aceptar el reto, pero está tan determinado a continuar, a dejar todo atrás, que tras comer unos bocados reanuda la marcha. Los frondosos bosques, entre verdes barrancos le hacen olvidarse de sus limitaciones, imposible no sonreir ante tal espectáculo...

...Alcanza la primera cima tras seis horas de aventura y deshecho por el esfuerzo, se tira al suelo boca arriba y descansa, pero su mente se mueve tan ágil que no le cuesta realizar un rápido repaso a su desdichada existencia: risas falsas, obligaciones impostadas, compañía interesada, ningún alma cómplice, sólo un puñado de sinsabores, nada de luz en sus despertares, nada bajo su curtida piel. 

Inventándose

Ha recuperado el resuello, y los pensamientos le motivan y le guían hacia la siguiente cima, paso a paso, cada mano con su cuadricep correspondiente va conquistando la senda empinada que le lleva hacia el desenlace de su desdicha. Algunas horas después alcanza lo más alto, allá donde las piernas ya casi no responden. Se siente vivo y liberado, respira ese aire privilegiado y descubre que ya no encuentra razones para regresar a su hogar...

...Pero aún no ha terminado, mira la tercera y altiva cima que le espera desafiante desde allá arriba. Las siguientes dos horas son las más purificantes y mejor empleadas de todos sus años vividos; cada sufrida zancada, cada descanso forzado, cada resbalón entre las rocas húmedas son la mejor medicina que puede hallar para salvarse de sí mismo. En su devenir le faltó amor, quizá porque nunca tuvo mucho qué ofrecer, quizá porque tampoco supo nunca pedir, sin intercambio, sin nada que compartir. Se siente como alguien que quiere hurtar la armonía de esa montaña, despojar de frescura a la hierba, aspirar toda la pureza de aquel aire y en definitiva apoderarse de toda esa indomable y sencilla realidad, más honesta que su existencia...

La noche le atrapa cuando corona la cumbre más alta  y siente que ha llegado a su último destino. Se despoja del chaleco, se tumba y cierra los ojos esperando  encontrar la paz que nunca halló. No siente el intenso frío, no percibe nada, sólo nota que el sueño le alcanza...

George está aquí, viene a por tí

Ahí está George que le mira sonriente; él se siente pequeño, minúsculo ante tanta generosidad. "¿Qué haces aquí en lo alto?, ven conmigo, regresemos a casa" . Y una luz lo llena todo, justo en el momento en el que James Stewart se difumina y se convierte en un inmenso cielo azul...

El lento regresar a casa

Ella vigila diligente los niveles, el suero debe caer al ritmo deseado, ni más rápido ni más lento. En el semblante de aquel hombre ella sólo ve paz, así ha sido en los doce meses que lleva atendiéndole; hace todo lo posible para que las llagas por el roce de las sábanas no aparezcan en su cuerpo, limpiándole, cambiándole, pero también conversando con él. Pero sabe que no obtendrá respuesta, simplemente está en otro lugar, un sitio lejano. No evita ese imán que le atrae hacia él, nota una energía que necesita y desea su despertar...

Esa tarde navideña, enciende el televisor, como otras veces, un estímulo más, cambia canales hasta que da con el canal que repone viejas películas... 
El despertar

...James Stewart, George, está regresando al puente donde había intentado suicidarse y pide a Dios que le devuelva la vida, justo al tiempo en el que George recupera su vida, y su pequeña pesadilla termina, justo en esa escena él abre los ojos, un año después de haberlos cerrado, le pesan los párpados, pero sabe que tiene que despertar, porque tiene unas tremendas ganas de vivir.


martes, 15 de abril de 2014

EL CAZADOR DE MINUTOS

Le estoy viendo entre los árboles en esta noche cerrada, y desde aquí arriba percibo como disfruta; noto la brisa rozando su cara, siento su sonrisa, y hasta experimento el dulce cansancio de sus piernas. Se siente privilegiado porque le embarga la sensación de estar vivo. A pesar de todas mis percepciones no le conozco, ni tan siquiera sé qué hago allí en ese universo extraño y lo único que entiendo es que vigilarle es mi cometido. Soy misionero y prisionero a la vez, portando ese don que me permite encontrar y perseguir ese mal que los humanos llaman enfermedad y que de vez en cuando se instala en ellos pillándoles desprevenidos. Nunca me acostumbro a enfrentarme con esa masa oscura y por todo ello, en este instante, siento un escalofrío cuando por fin detecto nube negra que se ha instalado dentro de él y que se mueve al ritmo de sus zancadas...ahora sí sé que hago allí.

...Es tarde, pero merece la pena exprimir una noche como esta; además es viernes y no tengo obligaciones que pesen en las próximas horas, así que me place perderme en la oscuridad sabedor de que puedo alejarme de casi todo y por ello me siento sencillamente bien. No pienso en cómo ha transcurrido la semana porque eso no es mi vida real, mi vida real, la auténtica, está aquí y ahora escuchando el sonido del aletear de los pájaros que huyen  de los árboles al sentir que me aproximo, con el ruido periódico de mis zapatillas al golpear la tierra, y sigo distanciándome de mi rutina, a más y más kilómetros de mi día a día, como si sufriese un desdoblamiento y pudiera presumir de ser un hombre nuevo durante el tiempo que duran esas exigentes escapadas. Me encuentro fuerte a pesar de mis años, pero ese vigor no durará para siempre, y como no puedo parar el tiempo si que  puedo disfrutar de este instante, eso es lo que me queda.  Ya de vuelta al pueblo pienso que en casa no me espera nadie, así fue siempre, pero ese es el camino que me encontré, el de la soledad. .

..Sigo a ese hombre porque estoy obligado a ello, una fuerza me programa a no perderle de vista, y oteo el horizonte de luces hacia donde se dirige de regreso a su hogar. Su nuevo y negro huésped le acompaña, se extiende por sus células realizando su particular y destructiva carrera, y el ajeno a ello él continúa recorrido de vuelta a casa.

...El doctor es frío, seco, y pronuncia esas palabras tras el refugio profesional de la costumbre, noticias para las cuales sus pacientes no están nunca preparados: "no tiene solución, su estado es terminal, irreversible...". El mundo no se detiene, no veo mi vida pasar, ni un escalofrío me atraviesa, tan sólo pienso en caminos, en la noche, en búhos y pájaros aleteando, lo echaré de menos...

...La baldosas del hospital están congeladas, sin embargo allí me hallo sentado en el suelo al lado de la cama que tengo asignada. Me he quitado la toma del brazo, no necesito enmascarar el dolor con medicamentos, sólo deseo volver a correr una vez más. Me levanto a duras penas, busco en mi taquilla, en mi bolsa, y allí está la ropa esperándome, el mismo chandall con el que entré en el hospital sabedor de que sería probablemente la última ocasión que sentiría la calle bajo mis pies. Me visto y me enfundo mis zapatillas, salgo sin hacer ruido, hasta que la enfermera me descubre y me increpa, vocea, sale tras de mi, pero yo no le atiendo, tengo mi hacer mi última carrera. Al salir por la puerta siento el frío en mi cara y me inunda la felicidad, pero estoy tan mareado que no me puedo imaginar corriendo; sin embargo como en otras maratones, me pongo a correr sin tener fuerzas para ello y contra todo pronóstico mis piernas obedecen. Enfilo hacia el parque mientras oigo voces en el hospital, probablemente la enfermera ha dado aviso, pero ya nada me preocupa. Árboles, hojas crujiendo, sombras que me dan la bienvenida, caminos cada vez más estrechos y pronto estoy en una nueva tirada, una de esas largas...

...Ese hombre se mueve nuevamente en la noche, lo hace lentamente porque su parte oscura ha crecido hasta hacerse con su cuerpo y yo me veo otra vez en la necesidad de estar con él. Siento su dolor, oigo sus huesos quejarse a cada zancada, y sin embargo vuelve a inundarme nuevamente su paz. Presiento que mi misión se termina y que pronto tornaré a un nuevo sitio con un nuevo mensaje, pero ahora ha llegado nuestro momento, el de ambos.

...Hace minutos que no siento nada y correr se hace difícil ante tanta insensibilidad, todo me da vueltas y sé que acerca el final pero prefiero el frío del bosque al de aquellas baldosas, prefiero mis zapatillas al camisón del hospital. No me siento mal, al contrario, el regocijo me llena. Miro hacia el cielo y veo una luz que me sigue, me paro, y se para, echo a andar y hace lo propio; sé que viene a por mi, a llevarme, aunque yo aún no he terminado mi entreno. Entonces todo se torna blanco y caigo...

....Van a dar la salida; esta maratón es especial, es la de mi nueva vida. Muchos corredores me están saludando; sin duda me conocen. Mi blog tiene la culpa de mi popularidad, en él cuento mi extraña experiencia, desde entonces no ha parado de crecer el número de seguidores, tanto que ya es imposible sentirme solo porque  ahora me arropa una manta bien grande de almas corredoras. Suena el pistoletazo y todos comenzamos a avanzar a una; me siento ligero, me siento bien, pero sobre todo soy feliz porque estoy viviendo una segunda oportunidad: me siento cazador de los minutos de mi vida, del resto de minutos de lo que me reste de existencia.  

....Ya no puedo verle, no sé dónde está, pero sé encontrará corriendo en aquel su mundo; aquella noche le robé sin querer una pequeña parte de su alma y desde entonces puedo saber cómo se siente desde la distancia que nos separa; también le despojé de algo que no era suyo y que le sobraba, esa parte oscura que no le dejaba correr.

martes, 18 de febrero de 2014

EL EFECTO JUAN

Corre una brisa fría impropia de esta época del año en la latitud en la que estamos. y aún así las gotas de sudor resbalan por mi cara, sin duda fruto de los nervios y por mis piernas sube un cosquilleo que identifico: me hierve la sangre esperando el momento ansiado, un poco tarde pero aquí está..  El pebetero se alza majestuoso y contemplándolo me cuesta creer donde me encuentro y el camino que he tenido que recorrer para legar hasta aquí; se trata de un bonito sueño, pero a su vez es real. Una de las contrincantes me mira desafiante pero no me importan mis rivales, tan sólo pienso en mi padre: quizá no pueda verme desde otra  dimensión pero esta carrera la haré por y para él. De forma premeditada cierro los ojos y busco en mis recuerdos para hallar esas imágenes que me motivan en los momentos importantes: tengo 7 añitos y también es septiembre, el gran acueducto romano me intimida con su presencia y esperamos pacientea al lado del arco de meta de los 102 kilómetros de la Madrid-Segovia. Estoy cansada de tanto esperar pero no quiero que mamá se dé cuenta por que no quiero que diga que soy que soy muy blandita; la realidad es que llevamos todo el día yendo de pueblo en pueblo siguiendo a mi padre por el recorrido de la prueba...Entonces mi madre grita ¡Es Papá, ya viene!, y a lo lejos se vislumbra su delgada silueta y su gorra del Sáhara; va con otro corredor en paralelo y percibo que cojea; cuando cruzan la meta agarrados de la mano la cara de papá va adornada de una gran sonrisa  y algunas lágrimas en sus ojos, y todo esto ocurre en un constante vitoreo por parte del público que les jalea y los trata como auténticos héroes, no en vano han estado más de 11 horas corriendo para realizar esa increible distancia. Mi recuerdo siempre termina con la visión de ellos dos fundidos en un abrazo y en ese momento decidí y siempre decido que lo que quiero hacer en esta vida es correr tal y como hace él. Ese es Juan, el acompañante de papá y en ese momento entró en nuestras vidas... Abro los ojos y busco entre el público a mi niño, a Raúl, mi marido, a Juan, el padre de Raúl y mamá, por supuesto. Cuando los encuentro entre la muchedumbre agito la mano saludándoles y les envío un beso. Esto ya va a empezar, ¡ya era hora!.

Los recuerdos no se almacenan en el cerebro, eso lo sé desde que sólo cuento con alma. Sin embargo el tiempo no existe allá donde hábito; en su lugar se percibe una línea discontinua sin principio ni final. Ha aparecido esa materia y el color lo inunda todo: mi hija envia un beso y siento la emoción y el orgullo en ellos, pero alrededor sólo hay vacío, un colorido vacío. Pronto la línea desaparecerá y me iré con ella hasta que de nuevo la paz se rompa y aparezcan nuevamente los colores. Puedo recordar... los recuerdos son plenos, completos....años atrás...siento que la rodilla me hierve, no me deja ni andar; estaba disfrutando acumulando kilómetros y kilómetros sintiéndome cada vez mejor: el 30, el 40, el 50, adelantando corredores y bajando mi media. En Cercedilla apenas paré, lo justo para dar un abrazo a mi mujer y mis niños, comer algo rápido y salir "pitando" evitando enfriarme. En la cuesta hasta la Fuenfría apenas necesité parar y adelanté a mucha gente que iba andando; sin embargo, cuando al comenzar la cuesta abajo he notado ese dolor punzante que bien conozco. Paro y trato de que la desesperación no me impida pensar, quedan unos 15 kilómetros pero me veo incapaz de recorrerlos. Sin embargo aparece Juan  que se detiene  y se interesa por mi; entrado en los cuarenta, como yo, derrocha amabilidad y optimismo. La segunda frase que me dice es "no te preocupes, esta prueba las vamos a terminar juntos", y yo por fuera me muestro excéptico, pero por dentro me siento más tranquilo y ya no me encuentro solo.  Se saca una pastilla de su mochila, doble ración de paracetamol, ese que estaba echando de menos y que por las prisas me había dejado olvidado en el hotel. Comenzamos a avanzar, al principio andando, hablamos y hablamos, me cuenta su vida, y yo la mía, cuando menos me espero estoy corriendo y no me duele la pierna, al menos no mucho; los kilómetros vuelven a correr con nosotros, llegamos a La Cruz y ya no pienso en retirarme, tan sólo doy gracias porque ese hombre es una bendición caída del cielo; seguimos charlando y corriendo ahora a buen ritmo hasta tal punto que vamos adelantando gente y más gente; pronto los edificios de Segovia se van haciendo más grandes hasta estar junto a nosotros. Entramos en las calles cuando todavía la noche no ha comenzado a volcar sus sombras y la gente nos anima de forma que siento la adrenalina en forma de subidón, con escalofrío incluido. Pienso en mi mujer y en mis hijos y me cuesta no comenzar a llorar; giramos hasta la última recta y al fondo está el Acueducto y sé que ese es mi momento, quizá también el de Juan. Cruzamos la meta cogidos de la mano y nos fundimos en un abrazo sincero...Tercero y cuarto de la misma categoría, pero tenemos un problema: ninguno de los dos quiere que el otro sea cuarto, así que la organización, ante tal rechazo decide darnos dos medallas, y la línea desaparece...

Juan se desespera; se despitó a la hora de inscribirse en la Madrid-Segovia y está en lista de espera. A unos días del evento siento que se lo va a perder después de haberle dedicado tantas horas y tanta ilusión. Llamó infinidad de veces a la organización pero ya ha perdido la esperanza. Es lunes por la mañana y lleva a su hijo Raúl al colegio cuando suena el móvil, pero no lo tiene a mano, la melodía se repite varias veces, ¿dónde demonios está?,...abre el compartimento central y allí se encuentra, pero ya ha dejado de sonar. Hace la rellamada pero comunica. Tras dejar al niño lo vuelve a intentar y nada, sigue comunicando, piensa que no deber ser nada demasiado importante y desiste. Ya hacia el trabajo sus ojos se centran en un cartel en la autovía: es de un delgado corredor con una gorra del desierto que se dirige hacia un horizonte naranja. Entonces aparca rápidamente movido por un presentimiento, lleno de impaciencia vuelve a rellamar, una, dos, tres veces, comunicando..., pero a la cuarta le cogen el teléfono...esa llamada bien valen 102 kilómetros

Estoy muy orgullosa, justo cuando suena el pistoletazo es cuando el esfuerzo y el tesón de mi hija se cobran su premio, fueron duros todos estos años sobre todo desde que su padre se nos fue, pero como todo en esta vida, a cada peso corresponde un contrapeso y viendo la gente levantada aplaudiendo, gritando, arengando, pienso en aquello que él solía decirle para frenar su ímpetu: "regula, regula, por Dios, no gastes más energía de la necesaria al principio, que una maratón es muy larga"....y espero que recuerdes en este momento su consejo

Las paellas de Juan son exquisitas, tanto que invitan a repetir. Va a costar hacer la digestión aunque tras la siesta saldremos a realizar una tiradilla. Miro a mi campeona, ya no habrá más maratones competitivas, auque seguro que sí carreras populares; no podrá colgar en la pared una medalla que diga "El Cairo 2040", pero estuvo allí y 02:26 no está al alcance de cualquier mujer de 33 años. Miro a Raúl y luego miro al peque que se mueve en el patio tras una pelota, para comprobar que corre como tú; no cabe duda de que los genes han pasado del abuelo al nieto sin dejar ni rastro en la generación intermedia. Ya al atardecer hacemos lo que más nos gusta: salir a correr. La verdad es que cuesta cada vez más con los años pero quizá se disfruta el doble porque los aromas del campo son más intensos cuando sabes que pronto ya no podrás olerlos. Delante de mi sobrevuela una mariposa que quizá con su suave aletear esté provocando un terremoto en el otro extremo del mundo; eso dicen; yo me quedo con un efecto que sí he experimentado, lo llamo "el efecto Juan" y consiste en que un buen acto en una carrera de hace 40 años cambió nuestras vidas.








sábado, 18 de enero de 2014

DIARIO DE UN CORREDOR CUALQUIERA















Lucha para que el dolor no le intimide, se vuelve a calzar una y otra vez las zapatillas llenas de barro, intercambia ropa limpia que a diario acaba sudada en la lavadora, el viento y la lluvia han acabado siendo sus compañeros, que no sus aliados, y no ceja en echar números y números para llegar en perfectas condiciones al día D. Si no fuese porque la vida es algo más que correr lo dejaría todo y dedicaría el 100% de sus sentidos y su fuerzas a esta obsesión que le mantiene tan despierto. Él sabe que los años van pasando y que toda cosa en este mundo evoluciona para bien y muchas veces para mal, hasta que acaba terminando, pero en este caso se mantiene firme en la convicción de que se llevará a la tumba sus viejas zapatillas gastadas y que no le importará morir corriendo, a pesar de dejarles un marrón a los organizadores de la maratón de turno. Esa es la rueda en la que está inmerso, que gira y gira y  de la cual no puede ni quiere salir, porque la alternativa sería regresar a sus viejos hábitos que echando la vista atrás bien sabe que "no son vida". Las endorfinas le persiguen por su casa cuando regresa de cada entreno y cuesta que el gel luche contra el sudor de sus músculos más fibrados que nunca, que conviven con los huesos donde antaño casi sólo hubo carne y grasa, aún así el exceso de piel por falta de relleno le delata dejando claro que ya no es un niño. En algunos momentos se siente muy bien pero tan mal en otros que casi no hay alternativa para el término medio por lo que es en los extremos donde se mueven sus emociones y por ello se ha acostumbrado la intensidad de sus sentimientos. Cuando llegada alguna noche no siente ganas de correr se enfada, está contrariado, porque siente como si ponerse el crono fuese un castigo, aunque cuando ya está en ruta deja de sentirse mal y poco a poco va llenándose de un sentimiento de orgullo, satisfacción por los deberes hechos y sobre todo libertad, mucha libertad. Pero es en la competición donde todo cobra más sentido, allá cuando da todo lo que tiene rodeado de otro montón de gente que hace lo propio. Es en ese momento cuando se considera un loco entre un montón de locos, y que todos tienen la llave que da un poco de sentido a la incoherencia que flota en el ambiente en estos tiempos que nos tocan vivir.

miércoles, 8 de enero de 2014

LA MEMORIA DE LA VIDA

Aquel olor a pino le rememoró tiempos caducos y no pudo impedir ceder al impulso irrefrenable de volver a correr. Olvidar era a su mente la que la carcoma a la madera enferma, pero el hecho de ponerse en movimiento fue un acto que le resulto familiar a pesar de hacer más de cuarenta años desde la última vez que se calzase unas zapatillas de atletismo. Había olvidado demasiadas cosas, entre ellas la razón de su divorcio con el deporte, pero su enfermedad es la madre de las señoritas caprichosas y suele traerte el recuerdo de épocas lejanas pero sin embargo te oculta huellas tan recientes como el día en el que estás viviendo o el mes en el cumples los años. Ya a los pocos minutos de salir de casa las piernas le ardían y comenzó a jadear, pero estaba tan inmerso en aquellas sensaciones que no podía abandonar su estado de abstracción, y es que regresar a la confusa realidad del día a día hubiese sido más doloroso si cabe que el quemazón de sus cuadriceps o el dolor de sus rodillas. Ante sí se veía vitoreado por el público que se agolpaba a ambos lados de la imaginaria calzada, lo estaba volviendo a conseguir....


Donde el camino zigzagea hacia el río hay una pronunciada cuesta abajo, llena de piedras y desniveles y Mario tiene suerte de que no le fallen las piernas. Llega hasta el rio a un ritmo al que un joven de paso rápido lo adelantaría, pero sigue hacia adelante hasta encontrar el  camino paralelo al mismo, luego gira a la derecha y sube el viejo puente de madera; allí para y se agacha, reposando las palmas de sus manos sobre sus caderas. No es muy consciente de lo que está haciendo y tan sólo siente la necesidad de avanzar, de terminar su carrera y recibir su medalla, por tanto, reinicia su marcha y cuando llega a la bifurcación coge sin pensarlo la alternativa de la izquierda metiéndose en una zona de vegetación frondosa con pendiente pronunciada...

No solía bajar al río a esas horas, y menos sin la manada, pero tenía una misión encomendada aunque ese animal no lo supiera. Fue siguiendo el sendero al trote habitual  hasta que oyó el sonido del agua correr y se detuvo. Agudizó el oído y buscó a su alrededor ojo avizor hasta que vio aquella silueta. Nació sabiendo qué se puede cazar, qué se puede evitar y de qué debes huir, pero lo único que hizo fue permanecer atento y observante entre la maleza. Ese hombre que tenía ante sí se movía despacio y en condiciones normales un animal de su especie evita el contacto con humanos, sin embargo aquel canis lupus hizo algo que solo estaba grabado en su código genético, le siguió...

Aparcó el coche en el pequeño porche y sacó las tres bolsas del maletero. En seguida intuyó que algo iba mal así que se apresuró a entrar en la casa y bajo el umbral llamó en voz alta a su marido, pero nadie le contestó. Dejó los bultos en la cocina y volvió a llamarle, esta vez con mayor intensidad, pero obtuvo el silencio por respuesta. Un escalofrío recorrió su cuerpo, y subió corriendo las escaleras dirigiéndose al cuarto de baño pero la bañera estaba vacía, ni agua ni Mario. Sobre la cama había tirada la muda de ropa que él había llevado puesta esa misma mañana. También había un cajón abierto, donde echa en falta el chandal que su hijo le regaló el año pasado. Fue al rincón y abrió el zapatero para comprobar que no estaban las deportivas que usaba cuando salían a pasear.

La cuesta se convirtió casi en una pared, y por momentos el publico animoso fue desapareciendo de su cabeza dejando en su lugar la extenuación más absoluta. La cabeza comenzó a darle vueltas hasta que cayó al vació sobre la maleza de la margen derecha del camino. ...Se encontraba en el césped de su casa, al lado de la piscina y su perro le lamía la cara, le tiraba de la ropa, mientras el rodaba por el suelo, en lo que era un juego habitual entre ambos. Su mente estaba tan abierta que lograba recordar todo lo que le había sucedido en su larga vida, todo lo que había hecho durante aquel soleado día e incluso podía adivinar que le ocurriría el resto de su existencia...

El teléfono sonó a la 1 de la madrugada y ella se temió lo peor. Era la policía y durante las primeras palabras emitidas por su interlocutor el tiempo se detuvo pudiendo oír su corazón latir a ritmo desenfrenado. Sin embargo respiró aliviada cuando aquel hombre le dijo que lo habían encontrado a unos 4 kilómetros de allí... Cuando entró a la habitación del hospital se echó las manos a la cara al ver el rostro totalmente magullado de Mario; uno de sus ojos lo tenía totalmente cerrado y el otro inyectado en sangre, sin embargo estaba despierto y sonriente, quizá tan vivo como antes de su enfermedad. Cuando ella se abalanzó  y lo abrazó con todas sus fuerzas, él acercó sus labios a su oído diciéndole: ¿te acuerdas de Coe nuestro perro?, al que apodamos como el mediofondista inglés..., él me ha despertado y no me ha dejado que me quedase en aquel hoyo dormido, me ha mordido la ropa, me ha arrastrado, me ha arañado las manos y ha tirado de mi obligándome a salir al camino; sé que es imposible porque el pobre murió de viejo, pero te juro que fue él.

En alguna parte de aquella sierra hay una manada de lobos; entre todos ellos podemos encontrar uno muy especial, tiene antiguos recuerdos de otra vida anterior que los demás jamás tendrán.







jueves, 26 de diciembre de 2013

AQUEL RINCÓN QUE TE ACOMPAÑA

Ana no es una chica corriente, pero para que supieras esto tendrías que conocerla. Cada tarde a la misma hora puedes verla dar vueltas y vueltas en aquel animado parque. Ella no lo sabe pero en el futuro podrá ser lo que se proponga, aunque en realidad sólo desea correr. Hoy no es un día distinto y sobre el mismo banco de siempre ha dejado uno de sus dos chandals.

No espero mucho porque en tan sólo un par de minutos la veo doblar la curva; allí aparece, corre con gracia, pero sé que los gestos le salen de dentro, no los piensa. Intuyo que sus casi 18 años son una auténtica provocación de la naturaleza rebosando juventud y frescura, pero sé que ella vive ajena a la proyección de su imagen y sólo tiene su mente en su tarea. Pasa ante mi y parece que me mira, pero eso es imposible, y en la soleada tarde de este miércoles veo como se aleja con su grácil zancada hacia la zona más concurrida, la zona recreativa, donde puedo oír como unos chavales quizá algo mayores que ella le dicen algo, entiendo que la piropean e imagino que Ana no les dirige la mirada, ni cambia su gesto, más aún, se incomoda, porque le gustaría ser invisible justo como lo soy yo.

Al pasar por el punto que planifiqué, aquella farola con el cristal apedreado, miro el viejo crono de mi padre y compruebo como he incrementado el ritmo hasta casi lo previsto, 3´50´´ la última vuelta. Todavía puedo ir más rápido, tengo margen, así que estiro la zancada y exijo más a mis tobillos. Percibo que la gente de mi alrededor me mira y no quiero preguntarme que se les pasa por la cabeza, no me interesa. El camino asfaltado se riza y comienza la pendiente hacia abajo donde aprovecho para apretar un poco más; me siento bien, por fin me siento bien. Ahora giro hacia la esquina del recinto, justo donde en la vuelta anterior me pareció ver esa extraña luz. En ese rincón los rayos del sol se cuelan al atardecer entre las ramas y forman curiosos reflejos, luces y sombras; es mi lugar favorito donde me gusta estirar al terminar mis sesiones. En esta ocasión no percibo ningún reflejo, no hay ningún juego de luces anormal, así que encaro la recta hacia la zona recreativa mientras aprieto los dientes en lo que va a ser mi última vuelta. Espero no encontrarme de nuevo a esos muchachos y me alegra cuando compruebo que ya no están. Estoy llegando de nuevo al punto de partida, la vieja farola, y acelero todo lo que puedo de forma que cuando cruzo de nuevo marco unos absolutamente maravillosos 3´32´´, y no me siento cansada; aún así, aflojo la marcha y comienzo a correr suave para ir dando por terminado el entreno. En mi rincón favorito estiro y allí, como siempre, me encuentro acompañada, no me siento ajena.

Ana se pone el viejo chandal y va caminando hacia su hogar obligado. En la sala de duchas, donde los fríos y mates azulejos blancos no le devuelven su reflejo, deja caer durante largos minutos el agua caliente en su joven y atlético cuerpo, y junto el agua y el jabón también se escurren lágrimas descarriadas que acaban sin remedio en el desagüe de su vacío. Ahora la veo entrando en su pequeño cuarto, y noto su soledad; me gustaría decirle que estoy allí pero no puedo. Está cogiendo un libro de la estantería y se esfuerza por estudiar. Sé que lo hace por cumplir una promesa que nunca hizo. Pronto le sorprende el timbre marcando el momento de bajar a la cena y con la disciplina aprendida durante estos últimos 15 años baja, coge su bandeja y la llena con lo que le ofrece Sor Clara. Se sienta en el mismo rincón de siempre, lo más alejada posible del resto de chicas, del resto del mundo. En la tele están echando un reportaje sobre Pompella y sus momias, y por un momento siento que piensa en el intenso calor y en la muerte instantánea, pero también piensa que de alguna forma esas momias son eternas.

Las noches son especiales para Ana, porque el silencio le gusta. Cierra lo ojos y piensa en su padre, en ese recuerdo al que se aferra su alma: ella va en una pequeña bicicleta con soportes para mantener el equilibrio y él va corriendo a su lado, le mira y le sonríe, es lo único que se quedó grabado en su pequeño cerebro de niña. A su madre no la conoció, porque murió la noche que nació, según le dijeron. Esa vieja bicicleta y esa efímera carrera es como el Padre Nuestro que hay que rezar antes de acometer la triste noche. No quiere cerrar los ojos, pero está cansada y el sueño le alcanza irremediablemente. Se encuentra en lo que parece una pista de atletismo, pero lo que tendría que ser tartán realmente es algo parecido a lava, probablemente viene del Vesubio, o quién sabe de dónde; para no quemarse tiene que ir flotando, tan sólo rozando sus punteras con la superficie. Allí se ve saltando en un bucle interminable, temiendo caer rendida y sucumbir hasta ser absorbida por la hirviente superficie hasta momificarse. Sería una muerte rápida pero ella no quiere perdurar, tan sólo quiere correr. Sin embargo en una de las esquinas ve una luz, una preciosa luz, y la sigue, logrando salir hasta verse en campo abierto; no está cansada, así que sigue flotando de salto en salto. Allá unos metros más adelante hay una bici y una silueta, ¡es su padre!, y vuela a su encuentro.

Justo cuando Ana esboza media sonrisa inmersa en su sueño su madre se queda tranquila y sabe que ha terminado otro duro día. Ana será lo que decida ser, pero sobre todo será un alma libre.