RELATOS

Una vez iniciado el movimiento supe que no habría marcha atrás, sería difícil regresar a aquello que fui. Hoy soy otro ser: curtido, compañero del esfuerzo, amante de mis kilómetros. Sólo el fin de mis días debería obligarme a parar: ese es mi pequeño sueño.

viernes, 12 de abril de 2019

LA CRÓNICA DE LA EXTREME SIERRA DE FILABRES: PELEÁNDOSE CON EL OSO

Filabres nos encontró

Andábamos buscando nuevas locuras y Filabres nos halló; quedamos convencidos con las fotos de sus paisajes y sus montañas de casi 2000 metros. El hecho de tener tan sólo 7 días después mi reto particular de la Maratón de Montaña de Cuenca no impidió que le diera al "clic" del ratón y quedásemos inscritos los dos. Así Mercedes llenaba su pequeño hueco competitivo ya que no se había animado a correr en la ciudad de las "Casas Colgadas", pero todo era a costa de un overbooking en mi esfuerzo. 

Pero hubo algo que lo cambió todo: Jorge, nuestro hijo se apuntaba a la fiesta en la categoría cadetes. Y es que aunque corre de "de higos a brevas" y la montaña aún no le ha seducido, Filabres también le llamó, así que vimos en esta experiencia compartida una oportunidad para aplicar un poco de pegamento familiar.

El reposo previo a la batalla

Salimos de Valdepeñas y dejamos a Inés en Linares. La peque nos había dicho: "prefiero quedarse con los abuelos y así poder estudiar más", a lo cual respondimos: "¿cómo? ¿estudiar más?, ¿estás segura?" y no insistimos, no fuera que cambiara de opinión. 

Iniciamos ruta hacia Serón, norte de Almería, expectantes por recorrer nuevos y abruptos paisajes. El guión se cumple y llegamos a la hora de comer; reponemos fuerzas y alegramos nuestra gula en la plaza principal del pueblo, en un restaurante recomendado por la dueña del alojamiento donde hemos reservado; no nos deja indiferentes, todo muy rico y, entre bocado y bocado, interesante charla familiar, que quiza nunca olvide, necesario cemento para apuntar los cimientos.

Entramos en "la Casa de la Acequia", cuatro plantas enteras para nosotros solos de una casa típica de la zona; no le falta detalle: estufa de peles, antigua y completa cocina, magnífica chimenea, ¡por debajo pasa el agua!, de ahí el apellido. Ya en la terraza unas geniales fotos para el recuerdo y tras esto veo ganar a mi Albacete, contra al Extremadura, de churro y casi en el último minuto, pero el resultado me alegra la cara; el sábado avanza bien y el domingo debería ser un envidioso.

 

 




La tarde se muestra tranquila y la aprovechamos de compras en Tíjola, aprovisionando para la cena y el desayuno; tras esto recogemos los dorsales y asistimos atentos al briefing de la organización. Nos advierten del riesgo de caernos debido a la sequedad del terreno que se suma a la dificultad técnica que ya de por sí tiene la carrera. La cicatriz de la rodilla de Merche se pone a palpitar toda amedrentada (véase la crónica del Trail de los Montes Comunales de Adamuz, con su tonto costalazo incluido).





Se acaba la jornada sabatina no dejando ni las migajas en los platos, y para finalizar un debido reposo viendo la tele al calor de la chimenea de leña.

A quien madruga el trail le ayuda

Noche en calma, cobijados bajo la manta, una bendita madrugada propia de pueblo serrano. Amanece y toca ponerse las pilas, ultimamos los detalles, pero Jorge no puede escapar a sus ritmos y tras desayunar nos damos cuenta de que llegamos tarde. Aparcamos el coche en el recinto deportivo cuando sólo quedan 10 minutos para la hora de la salida del trail largo, así que Merche y yo volamos hacia el "corralito"  y justo entonces me doy cuenta de que no llevo el portadorsal en mi cintura. Nuestro hijo sale pitando hacia el coche y tras 5 interminables minutos lo vemos aparecer con el objeto extraviado.



Los de la corta, entre ellos Jorge, tendrán que esperar media hora más a que den su salida pero los de la larga ya estamos metidos en el "cercado", la antesala del inicio de la "jarana". Mercedes y un servidor nos entretenemos haciendo scouting aprovechando el ligero retraso de la organización. Por la pinta de nuestros compañeros de viaje podemos deducir que nadie ha venido a pasar una dulce jornada senderista. Contamos 6 féminas, aparte de mi mujer, e intuimos, por la huella que deja la edad, quienes son las dos veteranas que la acompañarán en la categoría.




Y dicho esto, antes de empezar a narrar esta nueva aventura en movimiento, he de reconocer que antes de salir ya habíamos cazado al oso de las montañas, y no sólo eso, de antemano ya teníamos precio y comprador para vender su piel. Teníamos atadas demasiadas cuestiones antes de que Merche viera su cara fiera y grandota allá arriba.

Serón nuevo inicio en mi universo de cambio

Al reto lo pintan bastos, 34 duros kilómetros y +1800 metros, potente aperitivo antes de mi aventura conquense, pero no estoy presionado por la competición, no soy rival del montón de kilos de fibra propiedad de todos estos locos maravillosos; más bien formo parte del patrimonio común de páginas de ese suculento libro de aventuras en la montaña.

El speaker da el pistoletazo, lo hace sin pistola, cantando lo que es una simple y llana cuenta atrás, como debe ser. Y todo comienza de nuevo para mi, todo vuelve a empezar...

...Mi cadencia va embadurnada de mermelada conservadora porque ese día ando ávido de disfrute y sensaciones positivas. Toda esa fibra antes comentada se mueve despotricada a mi alrededor, como si la gente fuera con ansia en busca del más rico jamón de bodega de la comarca.

Vamos completando el primer hito, la rivera del Río Almanzora, para inmediatamente conquistar las calles del pueblo mientras negociamos con la pendiente; nos saluda la pared de piedra de la Iglesia de Nuestra Señora de la Anunciación, pasamos por la puerta de nuestra Casa de la Acequia, y las piernas se dan cuenta de que las estoy fastidiando un domingo más justo en el momento en el que cruzamos al lado del castillo.

Tomamos una senda y me cambia el semblante, ¡ya huele a verde!. No somos muchos y por tanto no habrá muchas gomas que hacer entre nosotros, ¡cazas y persecuciones las justas!, pero a cambio se abre la posibilidad de reflexionar y de fundirse con el entorno, dejando a un lado nuestro gen competitivo.

La vegetación se espesa, atravesamos un bosque, tras esto pisamos una pista y sin respiro otra senda, ahora mucho más empinada. Se me mueren las piernas por unos instantes y pienso en Jorge y en lo poco que le va a gustar este tramo, aunque es bonito de narices. En el kilómetro 3,5 llevo más de 28 minutos batallando y por fin hallo una breve bajada donde recuperar, pero poco me dura el descanso porque se levanta otra loma que nos lleva hasta la Posada del Candil, kilómetro 4.

El cortafuegos no es el coco

Me adentro en una zona boscosa y de nuevo otra senda, estoy contento porque es a lo que he venido, caminos y pistas sólo las inevitables, quiero complicaciones, atravesar trochas y barranquías.

Subo, subo y allá se alza el imponente cortafuegos tras haber conquistado +430 metros. Ya ha comenzado el disfrute con mayúsculas, justo cuando la dificultad se torna en placer.

Bregamos hacia la primera cima, pero uno ya va siendo pillo y sabe que tras alcanzar lo alto habrá una breve bajadita e inmediatamente tocará subir otra larga pared, es "la ley no escrita del cortafuegos verdadero". Las piernas ya están bien despiertas y piden guerra, sin yo buscarlo ha comenzado la acción, sana lucha en la que todos somos camaradas; alcanzo a 3 compis, pero no me he esmerado en hacerlo sólo ha sido fruto de mi euforia subiendo, y es que últimamente me siento como un mula serrana de carga.

Alcanzo a un chaval con bastones y le comento que unos días antes Merche y yo habíamos estrenado unos sticks parecidos en Despeñaperros y él me dice "pues yo sigo aprendiendo a llevarlos tras dos meses de intenso uso", yo le respondo "pues hoy le daré un voto de confianza a mis cuadriceps". La cháchara me nubla la noción del tiempo y tanta abstracción hace que no me haya dado cuenta de que hemos llegado al final del cortafuegos, ¿ya se ha terminado?; acumulamos +830 en siete kilómetros y medio, 1 hora y 9 minutos de empresa.

La emoción vive en el Layón

Dejo atrás a mi compañero  y acometo una bajada de las me gustan, por una senda técnica y escurridiza, pongo a prueba las zapas que resbalan por acá y por allá.

Los siguientes 5 kilómetros son un bonito tobogán repleto de subidas y bajadas por sendas y pistas boscosas y me siento extrañamente empoderado, ni ligero, ni invencible, ni tan siquiera rápido, tan sólo tengo la sensación de que puedo hacer eso y mucho más, y lo más importante, puedo correr conectado en una simbiosis entre el entorno y mi movimiento.

Delante mía veo a dos corredores a los que no termino de alcanzar, tampoco lo intento, ahorro esfuerzos innecesarios, y así llego al kilómetro 11, en el Barranco del Layón, una bajada vertiginosa, divertida y arriesgada. 



En el 12,5 tomamos una pista de cemento que lleva a una finca, la cual dejamos a un lado, y ya desde ahí comienza mi particular momento, esto es casi a lo que hemos venido......si echo la mirada atrás recuerdo largas y bonitas subidas, ésta creo que lo va a ser así que saco mi grabadora imaginaria y le doy al "rec", ¡habrá que conservar la subida al Layón!...

Nos ponemos casi a gatas, 40%  de pendiente, y alcanzo a la pareja de montañeros que minutos antes llevaba encuadrados en mi pantalla; las piernas piden y piden y se me llena la cabeza de sensaciones, eso que me pasa cuando toca apoyar mis manos en los cuadriceps. ¡Quién me ha visto y quién me ve! cuando seis años atrás en mi primera experiencia de montaña con el maestro Paco Rivas, me sentía haciendo el ridículo por andar mientras ascendíamos al Pico de la Almenara, Riópar;  eran los tiempos del asfalto y del estresante crono.

Desaparece la vegetación y en su lugar la piedra toma el poder, roca escalonada y blanca que obliga a forzar la postura, casi a retorcerse. De vez en cuando alzo la mirada y veo el empinado horizonte ante mí, y no me da miedo ni pereza, es tan sólo un leit motiv. Tanto rato subiendo también da para pensar que pronto llegará la decadencia y ya no podré hacer cosas así, por eso hay que disfrutar este momento por si no se repitiera.

Alcanzo a otro corredor y el muro continúa, no quiero que se termine, pero llego al hito de la cima representado en un montón de piedras, a 1930 metros de altura. No ha sido un 8.000 pero ha dado como para divertirme como un niño chico. Veintinueve minutos para hacer poco más de un kilómetro y medio, tiempos mejores que aquellos en los que trataba de bajar de los 36´ en los 10k, siendo sinceros prefiero, mientras corro, maximizar la felicidad que minimizar el tiempo.

La bajada y la serena soledad

Miro atrás y no veo a nadie, ni tan siquiera al montañero que he adelantado 5 minutos antes. Me contrario un poco pensando que toca tirarse ladera abajo, pero me bastan unas pocas zancadas para darme cuenta que no va a ser un drama. El terreno al principio es complicado pero pronto se hace más benévolo y siento como las piernas se vienen arriba y se adaptan a su nuevo rol. Pasado el 16 obvio el avituallamiento, como he obviado todos los anteriores, y es que el chaleco pesa pero es también una bendición, es mi compañero de viaje.

Los siguientes minutos son rápidos pero guardo fuerzas y alcanzo en el 19 el Barranco de las Menas. Agradezco la fácil y bonita senda que se abre y estiro zancada hasta que alcanzo a otro corredor, con quien comparto carrera unos minutos, pero también lo dejo atrás y avanzo en una parte del recorrido verde y rápida a partes iguales, lástima que no hayan llegado las lluvias. Comienzo a bajar al Camping de las Menas hasta que en el 22 me hago el gallito subiendo por una senda empinada que termina en unas escaleras, voy sacando pecho ya que hay público aplaudiendo, pero cuando alcanzo la calle asfaltada me doy cuenta de que he hecho el primo y mis piernas han pagado el peaje por ello, así que rompo el protocolo y hago lo que no suelo hacer, parar en el avituallamiento; allí tomo resuello y bebo isotónica y agua. Unos segundos después arranco y respiro aliviado al descubrir que no hay problema, mis piernas siguen fluyendo.

Lo que soy es lo que ve

Atravesamos el complejo, repleto de estimulos para mis ojos, pero mi disfrute no me deja ir de turista, la diversión hoy está en el movimiento. En el 23, tras 3 horas y 9 minutos de carrera alcanzo un valle por el que avanza la pista llena de hierba, meto un poco de ritmo y salen dos kilómetros bien corridos...

Nadie por detrás, llega la soledad...  tomo una pista y, al alcanzar una finca en la que sus dueños hacen de público improvisado, me derivan a la izquierda donde hay una fuerte subida, giro la cabeza y no aparece nadie, mi voz interior toma el control... pienso en lo que soy y en lo que tengo, también en lo que no tengo ni quiero tener, en lo que no soy ni quiero ser. Mi vida no es perfecta, pero se parece mucho a la vida que deseo vivir. Pienso en Mercedes y en la bendición que fue encontrármela en el camino, en el privilegio de compartir la misma aventura que yo en ese momento.

Regreso a la carrera, ante mi otro cortafuegos y con una respetable subida. En el horizonte veo una silueta blanca, ya he estado bastante tiempo solo, ¡a ver si puedo pillarle!, pero no, las distancias son relativas cuando se sube hecho un ovillo. Ahora toca bajar y de nuevo la ley del cortafuegos verdadero, tras la bajadita se alza otro imponente cortafuegos. Me acerco al compañero y me digo que si le alcanzo le preguntaré cualquier cosa, entablaré conversación y es como un acicate, pero aunque no lo llevo a más de 70 metros cuando alcanza la cima su esbelta silueta desaparece. Un minuto después asomo en lo alto y lo que queda de él es una pequeña y lejana figura moviéndose como alma que lleva el diablo.

Bajando hacia la realidad

Y ahora un cacho técnico y escurridizo, tras esto otro más, y a esas alturas los pies ya me van gritando. En el 29 alcanzo una carretera y tras ella una pista que tiende hacia abajo, y  tomo ritmo de crucero... me siento afortunado porque las fuerzas aún siguen conmigo, esas que tanto acostumbran a abandonarme sin previo aviso. Siento que estoy terminando pero no tengo ansiedad por acabar sino que me siento vivo por empezar a finiquitar este gozo.

Tras negociar la enésima dura bajada alcanzo el 32 y Serón se muestra ante mis ojos;  avanzo en el sentido de su trazado pero lo hago por el collado paralelo. El último kilómetro y medio se hace pesado, pero no por ir sufriendo, sino porque se ha terminado el campo y en su lugar han aparecido  las casas, las vallas, la civilización en definitiva.

Delante mía una silueta me está indicando, es un fotógrafo que me hace posar para la ocasión y tras la instantánea giro a la izquiera para alcanzar meta en 4 horas y 21 minutos, tras unos inolvidables 33,70 kilómetros por Filabres.

Todo en su sitio y los deberes hechos

Cuando paro siento que las piernas están conmigo, no necesito sentarme, fuerte como casi nunca tras un esfuerzo tan prolongado. El hecho de beber y comerme parte del rico bocata de jamón que dan en la bolsa del corredor termina por hacer que me venga arriba. Pregunto al que lleva la gestión de tiempo y me dice que he sido séptimo veterano, el 23º de la general, pero lo pregunto sin pasión, la pasión ya la puse antes. También me intereso por Jorge que ha sido segundo cadete, eso sí, de tan sólo dos en esa categoría, pero se ha batido el cobre terminando la prueba y haciendo un buen crono de 1 hora y 39 minutos, el 64 de 114 llegados. Me siento aliviado, lo ha conseguido y espero que le haya valido la experiencia. Y mientras mordisqueo otro cacho de bocata sentado ante un estupendo sol aparece mi hijo y juntos esperamos a Mercedes. No lo hablamos pero ambos sentimos orgullo mutuo.




 

 




Han entrado ya las cuatro seniors pero ninguna de las veteranas e impacientes nos acercamos a la zona donde el fotógrafo inmortaliza a los llegados. Al rato vemos que aparece una silueta femenina en el horizonte, pero no es Mercedes, es la primera veterana, en 5 horas 22 minutos. De repente, por megafonía llaman a Jorge, están dando los premios de la corta.. salimos corriendo y con las prisas no puedo ni echarle una foto subido en el podium, con su caja de productos de la tierra y su trofeo. Tras esto regresamos a la zona de llegada justo cuando vemos aparecer sonriente a Merche...


El oso con el que se peleó pero que no cazó

Cruza el arco de meta y reparo que en lo alto del mismo el crono está apagado, pienso que se les ha averiado. Le doy un abrazo y voy a sacarle el ticket con el tiempo realizado, pero al meter su dorsal no salen resultados...

El oso era grandote y muy peleón, Merche es chiquita y aunque es empecinada muchas veces la fuerza gana a la destreza. Entrar "fuera de tiempo" por dos minutos (5 horas 32 minutos) es lo que se llama no traer bajo el brazo la piel que previamente habíamos vendido.

Aparece otro corredor, otro más y finalmente entra la tercera veterana en tándem con un  compañero, a unos 15 minutos de mi mujer, pero nadie ha reparado en sus llegadas, nadie les aplaude, no se les reconoce su esfuerzo.
 
La gente se agolpa en la zona del podium donde en esos momentos están dando el trofeo y el jamón a la primera veterana, la que ha entrado 10 minutos antes que mi mujer. El segundo y el tercer cajón están desiertos...faltan dos guerreras..., y es entonces cuando pienso en la montaña y en lo que representa, veo a un senderista, veo un estilizado corredor, un barranco, un vado, pero no veo ni el arco, ni el crono por ningún sitio..


Recogiendo los bártulos en la búsqueda de la autoestima


El agua calentita de la ducha hace que las cosas se vean de otra forma. Pego una nota de agradecimiento en el tablón de la entrada de la magnífica casa que hemos tenido el placer de ocupar por unas horas y nos vamos, con un largo viaje por delante. Al ver por el retrovisor las últimas casas del pueblo siento que no es una buena despedida, que tenemos que volver...

Por el camino de vuelta Merche va callada, se pelea consigo misma, trata de cazar su propia piel...., a sus 46 años, madre trabajadora, con los números de una empresa a sus espaldas y la responsabilidad de un hogar y dos hijos, todavía puede sacar fuerzas para hacer cosas extraordinarias como eso de perderse en la montaña, correr ultras de más de 100 kilómetros y además sangrar gustosamente en el intento. Trato de animarla poniendo mi mano en su pierna y sin decirle nada le quiero decir que es un orgullo tenerla cerca.

Y así fue como Merche no estuvo en Sierra de Filabres, no salió en los créditos, pero para mis adentros sí que estuvo, sí que la disfrutó, y nada importan esos dos minutos, que no es más que tiempo en la montaña, justo allí donde deberían pararse las manijas del reloj.






Y hay que agradecer

Gracias a la organización por mover una prueba de paisajes tan extraordinarios, cuidada al detalle en su balizamiento, con unos voluntarios volcados y avituallamientos completos.  Agradecer al club que organiza el evento el esfuerzo, que lo hace por nosotros, proporcionando nuestro disfrute. Animo desde aquí a visitar Serón, un pueblo bonito y encantador.


Y dicho esto, conociendo a mi mujer, el círculo no está cerrado, así que: "oso de Filabres no te sientas seguro, que Mercedes no te ha olvidado y ¿quien sabe?, igual el año que viene sube a por ti'.

domingo, 31 de marzo de 2019

SEMANA 23 AL 29: CUENCA Y EL REPOSO POSTERIOR PERO NO MUCHO QUE SIGUE LA COMPETICIÓN

Empezaba esta semana como de esas de las grandes ocasiones. El sábado me lo tomé de obligado descanso y el domingo tocaba batirse el cobre en la MAMOCU, Maratón de Montaña de Cuenca, unos 44 kilómetros de montaña de la dura, con +2700 metros según la organización.

Tras una prueba tan dura esperaba haber estado convaleciente los días siguientes, pero no fue así, ya el lunes pude ir al gimnasio para hacer una sesión sorprendentemente intensa, aunque el bajón me vino al día siguiente, también en el gimnasio. El miércoles fue el último día que entrené ya con unas sensaciones más normales, y decidí darme descanso tanto el jueves y el viernes, para que reposara un poco la mente. El domingo siguiente íbamos a tener nuevamente competición, en esta ocasión en Montizón.

Este es el resumen:
  1. Sábado 23: descanso.
  2. Domingo 24: 44,5 kilómetros +2500 en Cuenca, la MAMOCU. 6 horas y 11 minutos.
  3. Lunes 25: entreno en el gimnasio con descalentamiento a pie. 7,5 kilómetros.
  4. Martes 26: gimnasio bici, sólo 30 minutos.
  5. Miércoles 27: gimnasio bicicleta alta y baja y elíptica, 9,5 kilómetros. Sesión de core.
  6. Jueves 28: descanso.
  7. Viernes 29: descanso.
TOTAL: 67,5 kilómetros

 

SEMANA 16 AL 22: EN PLENA TORMENTA DE COMPETICIONES

Tocaba dejarse la piel el domingo 17 en Filabres y a una semana vista de mi reto en la MAMOCU la semana era para tomárselo con calma y cuidado para no echar por tierra todo lo planificado. Así que se trató más bien de una semana de transición en la que hubieron pocas carreras y sesiones de gimnasio.

Este es el resumen:
  1. Sábado 16: descanso
  2. Domingo 17: 34 kilómetros con un +1850 en el Extreme Sierra de Filabres, 4 horas 21 minutos.
  3. Lunes 18:gimnasio 40 minutos. También ejercicios de core.
  4. Martes 19: 8,5 kilómetros con Merche en el circuito de los Cerros de la Aguzadera.
  5. Miércoles 20: 45 minutos en el gimnasio con bicicleta y elíptica. Ejercicios abdominales.
  6. Jueves 21: descanso.
  7. Viernes 22: 7 kilómetros en el gimnasio con bici, elíptica y remo.

TOTAL:  68 kilómetros

Buenas sensaciones, todo preparado para lo de Cuenca


sábado, 30 de marzo de 2019

CUANDO CORRER EN LA MONTAÑA Y CON AMIGOS ES EL MEJOR DE LOS PLACERES

Con el retraso que llevo en esto de poner al día el blog me sorprendo con la rapidez que pasan los días, ¡y yo sin darme cuenta!. El sábado 9 de marzo quedábamos en Despeñaperros Merche, Miguel Angel, Manolo y un servidor, cuatro locos del Club de Montaña Linares. Marqué con todo el cariño del mundo un recorrido en el que trataba de abrir nuevas rutas campo a través, pero no esperaba que se uniera nadie más que mi mujer al evento así que estuve a punto de cambiar de opinión y poner un recorrido más conocido y seguro, aunque al final, visto lo visto, y con mucha suerte, salió bien la apuesta

Llegamos a Los Jardinillos a tiempo de conocer a dos montañeros ataviados con la ropa para la ocasión y que iban a iniciar una aventura similar a la nuestra. Charlé un rato con ellos, vivían en Manzanares, y pronto descubrí que habíamos coincidido en algunas carreras. Es lo que tiene este mundo ...



Saludo a Miguel Angel y a Manolo, al que no conocía en persona, y hacemos el resto de presentaciones, porque ninguno de los dos conocía presencialmente a Merche, y tras el protocolo debido nos ponemos manos a la obra.

Mal comienza la aventura cuando al llegar al pequeño pantano que hay en la senda del Barranco de Valdeazores me doy cuenta de que no le he dado a iniciar ruta a la aplicación de wikiloc, así que le perdemos 1 kilómetro a la grabación y siento un poco de rabia por no hacer las cosas como se debe.



Comenzamos a subir campo a través en una bonita subida y desconocida para mi, pero afortunadamente la intuición y la wiki no me juegan ninguna mala pasada y alcanzamos la zona del Puerto del Muradal tras unos 15 minutos de auténtico disfrute. 

 



 

 


Sin embargo, cuando vamos a coger el camino que establece la ruta hacia el Cerro de Ensancha me topo con una puerta y una valla, en lo que parece una zona protegida micológica. Tomamos el camino paralelo a la valla con la esperanza de encontrar una nueva ruta, pero avanzamos y avanzamos sin que la valla tenga fin, por lo que llegados a un punto decidimos dar media vuelta y regresar al Puerto del Muradal donde mi cabeza tendría que idear un nuevo recorrido sobre la marcha.  Me siento mal ante mi segundo gran error y temo al fracaso, aunque este sea sólo relativo porque estamos entre amigos. Sin embargo, al llegar de nuevo a la puerta tenemos un golpe de suerte, porque cuando me pongo a leer el cartel descubro que no nos están prohibiendo la entrada sino que se respete la zona micológicamente hablando por lo que me doy cuenta que HAY ACCESO, el candado no cierra la puerta la cual está simplemente colocada con alambres. Pasado el disgusto y agradecido por el giro de los acontecimientos entramos en un bosque precioso y fichamos en el punto geodésico del Cerro de Ensancha, donde disfrutamos de unas magníficas vistas.









Tras esto ya podemos seguir la ruta sin mayores problemas yendo primero por un camino y después por un cortafuego en el límite de ambas comunidades. 



Tras un buen rato de disfrute y buena charla llegamos al Río Magaña donde una pequeña laguna nos espera. 







Allí me despito un poco y continuamos por el cortafuegos cuando deberíamos haber seguido por el camino, lo que nos lleva a vernos aún en la zona de Castilla la Mancha con la valla separadora entre medias, así que nos vemos obligados a saltarla, sin mucha dificultad y ya continuamos en zona andaluza por donde establece la ruta.

La siguiente media hora es dura pero se hace muy agradable con tan buena compañía, hasta que llegamos a la pista que nos bajará a Aldea Magaña.







Hemos cogido ritmo y ahora el entreno comienza a suponer mover las piernas a una cadencia exigente y sostenida, que de eso se trata la montaña, de vivir del cambio. Alcanzamos, tras un buen rato de bajada por pista, el Río Magaña nuevamente y allí toca refrescarse, y yo bebo un poco, no tengo miedo a las diarreas.




Y desde ahí, ahora a subir de forma constante, ¡pero sin dejar de correr!. Merche se queda y yo le acompaño mientras vemos como Manolo y Miguel Angel van adelantados haciendo un buen tándem. Tras unos 15 minutos un tanto duros llaneamos un poco hasta llegar al cruce donde nos desviaremos hacia la Fuente del Cerecillo. Cuando llegamos a la misma notamos el calor y el esfuerzo y todos bebemos, hasta Merche, siempre rehacia a tomar el líquido vital si no es con garantía certificada. 

Desde ahí toca subir campo a través por un barranco bien bonitO, y es que gran parte de este recorrido se la debo a Francisco Tirado y Aurelio y a esa tirada que tuve el placer de disfrutar en mayo del año pasado con ellos y con Cati y Jesús. Toca ponerse las manos en los cuadriceps en paralelo al Arroyo del Cuervo hasta que cogemos una profunda y empinada escorrentía...






Cuando llegamos a un rellano obtenemos un bonito premio, hay una zona que el musgo ha conquistada subyugando totalmente a toda roca viviente.




Toca seguir subiendo hasta alcanzar la pista, la misma que siendo cómodos nos llevaría al cruce del Puerto del Muradal, pero no, hay que continuar la dura ascensión en una segunda parte muy exigente, que nos llevará a lo alto de la cuerda, a la zona de la Cima Malabrigo. En este episodio del recorrido el calor nos acompaña y las fuerzas ya quieren distraerse, pero hacemos piña y resolvemos el problema.



Ya en la cuerda correteamos unos metros por el cortafuegos pero enseguida cogemos el camino que baja a la derecha, 1 kilómetro y medio no muy técnico y que nos llevará primero a la pista que atraviesa gran parte del parque de Este a Oeste hasta llegar al cruce desde donde se accede al Castillo de Castro Ferral. El esfuerzo está ahí, pero con él también la satisfacción. Cogemos la pista que aún pica un poco hasta alcanzar por fin nuestro último hito: la senda del Barranco de Valdeazores, el disfrute y entretenta final, que hacemos como campeones hasta llegar a nuestro destino


Y en esta guisa llegamos a Los Jardinillos tras 27,5 kilómetros de entreno con +1300 de desnivel positivo, 4 horas 40 de jornada, con paradas incluidas, pero se trataba de vivir la aventura y dejarla en un reporte gráfico como el que nos ha creado Miguel Angel: ¡menudo reportaje!, aquí en mi humilde blog he dejado sólo una pequeña parte.

Gracias a Manolo y a Miguel Angel por apuntarse a la fiesta. Ahora tocará dar el callo los tres haciendo equipo en el Reto Araque, Jamilena, el 7 de abril. Gracias a Merche por estar siempre ahí.

¡Esto aún no se ha terminado!

viernes, 22 de marzo de 2019

LA CRÓNICA DEL TRAIL MONTES COMUNALES DE ADAMUZ: KALOPSIA

Kalopsia, palabra griega que significa "ilusión de creer que algo es más bello de lo que realmente es". Acaban de dar la salida y yo no puedo dejar de tararear la canción cuyo título es ese, KALOPSIA, me engulle la letra y en ese momento no veo las piezas del rompecabezas, en realidad no sé ni que hay un puzzle que hacer...

¡Por favor dadle al "play" mientras leeís el resto!

 

 

...pero todo está relacionado aunque nosotros muchas veces no nos demos cuenta....



El inicio de un nuevo comienzo

Ya ha llegado la temporada de montaña, veré el auténtico verde, el agua  correr (si el tiempo ayuda), pisaré las agujas de los pinos, resbalaré sobre los cantos rodados y sobre todo...me dejaré el alma en el intento...

Miro atrás y compruebo que he conseguido pasar página de ese oscuro capítulo del libro que escribo, la Doñana Trail me empequeñeció como un recuerdo difuminado, anduve varado un tiempo, pero vino San Lúcar de Barrameda a resucitarme en aquella maravillosa carrera, paradójicamente llamada Ultra Maratón de la Vida...

Compruebo que tras todo este trayecto mi ego ya está totalmente desprendido de mi ser y no tengo que portarlo en mi mochila, que bastante son los softflasks, turroncillos, sales y, si se tercia, los bastones.

Quizá sea kalopsia, quizá vea todo lo estoy viendo más lindo de lo que realmente es, pero independientemente de mi posible error perceptivo una cosa tengo clara: todo vuelve a comenzar cuando algo ya ha terminado.

El preámbulo a un nuevo paso que damos

Dejamos a Inés con sus abuelos y marchamos como un par de solteros enamorados a Montoro; esa localidad nos recibe sorprendiéndonos con su belleza y, para colmo, su gastronomía cordobesa nos acaba de desarmar, se nos alegra el sábado con aquellas vistas...esa profunda garganta atravesada por el Guadalquivir...












 

Llegamos a Villafranca de Córdoba para fichar en otro alojamiento que hemos descubierto, otro acierto de booking, el Hotel Rocío




Ya en la habitación me contrario seriamente al ver en el portátil como empata mi Albacete pero no dejo que ello arruine ese estado que tan bien definieron los sabios griegos, kalopsia de fin de semana. Paseamos sin prisa cogidos de la mano, y cerramos la jornada cenando entre ricos bocados intercalados de charla de runners..., mejor ahora que podemos hacerlo, ¡que mañana quién sabe...!

La montaña siempre me acaba reencontrando

Duermo bien, y me incorporo de la cama con una sonrisa. Desayunamos en la habitación y ultimamos los detalles para salir apresurados hacia los Montes Comunales de Adamuz. Las primeras luces del día se muestran aún tímidamente mientras avanzamos por la zigzageante carretera, que discurre entre verdes dehesas y densas plantaciones de pinos, en lo que es, para nuestra gozosa vista, un precioso anticipo de los terrenos que vamos a pisotear esa estupenda mañana.

Cuando llegamos nos frena una larga cola de coches que se impacienta esperando acomodo en forma de aparcamiento. Cuando el fresco de la mañana me abofetea la cara pienso en que me costará arrancar las primeras zancadas, aunque antes de librar esa batalla aún toca guardar espera en la recogida de dorsales. 


Ya con la bolsa del corredor en nuestro poder, finiquitamos los últimos detalles y tras esto saludamos a nuestros locos compañeros del Club de Montaña de Linares, que todos, salvo Jesús, correrán esa mañana el trail corto. Posamos alegres y haciendo piña en unas formidables fotos:






De izquierda a derecha: Apolonio, Andrés, Micky, Jesús, Víctor, mi parienta, un servidor e Ismael.


 

 y sin más nos damos de bruces con la salida, no sin antes sorprenderme al ver a mis buenos amigos Aurelio y Francisco Tirado, mis maestros de la asignatura "Despeñaperros" que tan bien me enseñaron.


 

El espíritu de marchar creciendo

Nos damos un beso y me siento feliz, aunque con dudas. ¡Los nuevos comienzos es lo que tienen!. Pero cuando echo a correr me invade una sensación de tranquilidad, no quiero estar en otro sitio que allí.

Avanzo en la zona retrasada del grupo, con la idea de progresar para sentir como crece mi moral (a mi ego ya lo excluí). La pierna derecha ha decidido estar tranquila hoy, para mi regocijo, así que no tengo excusa para ir de menos a más. Adelanto a Andrés, al cual saludo, después a Víctor, el presi, y por último paso a Jesús. Mi viejo motor va carburando al ritmo previsto y a cada minuto que pasa aumenta mi disfrute, entre el monte mediterraneo y el verde de los pinos, en una especie de duro cross, o suave trail, depende de como queramos verlo...


He pasado a bastantes corredores y la cosa se ha estabilizado, comienzo a hallarme en la zona del pelotón donde me corresponde gastar el resto de la gasolina y desparramar mi esfuerzo; por allí delante avanza un nutrido grupo y echo en falta una de esas duras y largas subidas en las que nos ponemos todos firmes y donde tanto disfruto últimamente, pero no, hoy no toca eso, hoy será de poco relax y mucho correr. Tras un largo cortafuegos en ligera subida que vamos dejando y cogiendo en varias ocasiones, comenzamos a vadear un mismo río, el Río Varas, que por suerte para nuestros pies pero por desgracia para el paisaje no corren sus aguas en su mejores momentos. Los 5 primeros kilómetros en 29 minutos 12 segundos, pero las piernas fluyen hoy, por lo que no hay mucho más de que preocuparse...

En ligera subida me vengo arriba

Estoy ganando +150 metros, la unidad de medida del montañero, la que más me gusta últimamente, ascender al cielo. Hay que conseguirlo en poco menos de 3 kilómetros, nada muy importante, y de repente la autoestima me da un respingo cuando diviso unos metros por delante las siluetas de Paco y de Aurelio. No me vuelvo loco y aunque es mi deseo compartir carrera con ellos no acelero consciente de que en buena lógica los debería alcanzar más temprano que tarde.



Saludo a Paco mientras hace "aguas menores" unos metros antes de un avituallamiento; en el puesto saludo a Aurelio que espera a su compañero y continuo sin parar, que por algo llevo peso extra. Unos minutos después me dan caza y en esta guisa marcharemos los tres un buen rato, y es entonces cuando me siento como quien recibe un regalo el día del cumpleaños de otro. Hasta llegar a meta en la primera vuelta dará tiempo a hacer un poco la goma con ellos.

 

De la reflexión al repentino resquebrajamiento


Miro el GPS al dejar a mi izquierda el arco de meta, kilómetro 11,5,  1 hora y 14 minutos, casi sin quererlo alcanzo nuevamente a mis dos compañeros de viaje y charlamos un rato sobre mi irregularidad y la probabilidad de que "pete" en breve, sin embargo estoy confiado y no espero hoy grandes hundimientos. De nuevo jugamos al gato y al ratón, a ratos en trío, a ratos como perseguidor y otros sintiéndome perseguido. Nos hallamos en una pista en las que mis piernas se sienten rápidas negociando la pendiente negativa y me echo adelante aún a sabiendas que no dejaré atrás definitivamente a mis avezados amigos, algo que tampoco es mi propósito.


El terreno es ahora más llano, avanzando por la dehesa mientras persigo las siluetas grises de esta fabulosa pareja y pienso en mi madre, en su felicidad, en su nueva etapa tan dulce y llena de calmachicha, esa en la que el enfermo es como un niño dócil y cariñoso. Siento que ella me está trasplantando su felicidad a cada minuto que, ahora sí, disfruto con ella. Mientras reflexiono mis piernas avanzan empoderadas, saltando entre troncos y ramas entre la hierba y sólo una manada de una docena de ciervos consigue sacarme de mi ensimismamiento, ¿es posible lo que ven mis ojos?




Nos acercamos al final, he conseguido cazar por enésima vez a Aurelio y Paco y me ilusiono con la idea de llegar con ellos, pero a no más de 1 kilómetro para meta la senda se me echa encima y siento que las piernas pesan, las fuerzas me abandonan sin preavisar y me veo batallando duramente en los metros finales.



Alcanzo el arco en 2 horas y 58 minutos tras haber recorrido 25,7 kilómetros y haber vencido unos +1100 metros de desnivel positivo, 52º de la general y 24 de mi categoría.

Al parar me doy cuenta de que estoy desecho, pero soy feliz, no veo las cosas más lindas de lo que realmente son, no siento kalopsia, al fin y al cabo la realidad se me muestra tan cruda y dulce como los sentidos la ven. Necesito sentarme un rato y tras hacerlo enseguida recupero las fuerzas y aprovecho para beber y venirme arriba del todo.

Ahora toca pensar en ella. Intuyo que está disfrutando y me la imagino con la alegría que se le ve en estas fotos de la organización...









Pero la jornada aún deparará una sorpresa...

Ella sabe dejarse literalmente la piel en la montaña 


Veo como entran mujeres, la primera lo ha hecho unos minutos después de mi. Me voy a cambiar al coche, y sigo viendo llegar a más y más locos, entre ellos Jesús, nuestro compi del Club de Linares, que lo hace en 3 horas 17 minutos. 
















A los pocos minutos de regresar a meta la veo aparecer, pero algo va mal, lleva las rodillas ensangrentadas y su rostro muestra dolor, atraviesa el arco en 3 horas 35 minutos.




Unos segundos después de haberse caído en el "pórtico de las desdichas"




Cuando me acerco compruebo que tiene las dos rodillas totalmente agujereadas, es especial la derecha que tiene muy mala pinta, tanto que en la ambulancia le tienen que dar puntos. Se ha ido a caer a 100 metros de la meta, en una zona totalmente llana, y todo por tropezar con el saliente del pórtico de entrada al recinto.

Después de un mal rato vamos a comprobar cómo se ha quedado en la clasificación, pero no ha habido suerte, 4ª en la categoría veteranas +40, a un minuto de la tercera, y es que entraron muchas en unos pocos minutos.

Tras todos estos avatares charlamos con Miguel, organizador del Reto Araque de Jamilena, y no queremos evitar comprometernos con él a inscribirnos por tercera vez consecutiva a esta estupenda prueba (https://www.retoaraque.com); también hacemos corrillo con Paco Tirado y Aurelio, hasta que acabamos hablando de su próximo reto en el que atravesarán la provincia de Jaén, 160 kilómetros a través del GR 48, y todo por una buena causa, la lucha contra el Azheimer (https://www.facebook.com/events/2213862992276891),



 


Y... todo está conectado

Tras esto Merche y yo nos sentamos al solecito a comernos un buen plato de pasta que nos da la organización, y es entonces, sólo entonces cuando me doy cuenta, ¡nada ha sido casualidad!, lo de compartir carrera con Aurelio y Paco, lo de su reto por el Azheimer, esa misma enfermedad que nubla la mente de mi madre y que le hace sentir una ABSOLUTA KALOPSIA, de la cual ya no saldrá, en una especie de felicidad impostada en la que todo parece más bonito de lo que realmente es, afortunadamente para ella.

¡Gracias! a los organizadores por tan bonita prueba, espectacular. ¡Gracias! a la enfermera y ayudantes de la ambulancia, ¡mil gracias! al grupo de compis de mi club de Linares y un especial agradecimiento para Aurelio y Paco por darme la oportunidad de poder correr nuevamente con un par de cracks como ellos.

PD: así estaba la rodilla de mi mujer una semana después tras quitarse los puntos.




Afortunadamente casi un mes después de su accidente podemos decir que ya está totalmente curada.