RELATOS

Una vez iniciado el movimiento supe que no habría marcha atrás, sería difícil regresar a aquello que fui. Hoy soy otro ser: curtido, compañero del esfuerzo, amante de mis kilómetros. Sólo el fin de mis días debería obligarme a parar: ese es mi pequeño sueño.

sábado, 11 de mayo de 2019

SEMANA DEL 4 AL 10: BASTANTE KILÓMETROS PERO EN CAÍDA LIBRE

Mayo entró sin fuerza y se disiparon las ilusiones de alcanzar un subidón. Sin chispa, sin motivación, con molestias..., es lo que toca.

He podido competir para comprobar lo que estoy diciendo y ahora que va a entrar el calor pisando fuerte no me queda más que resignarme.

Este es el resumen:
  1. Sábado 4: competición de 25,5 kilómetros en Cambil, no me encontré en ningún momento bien del todo, eso sí, apreté el ritmo y noté que desde el 12 iba algo justo. Me sobraron los últimos 4 kilómetros. Aún así salió una CXM rápida. Con calentamiento incluido casi 27 kilómetros.
  2. Domingo 5: me encontraba insatisfecho por lo que hice una borriquería, un doblaje: por la mañana unos 16,5 kilómetros en la zona de la Cuesta de la Culebra y por la tarde otros 7 kilómetros en la zona del Cerro del Ángel. Por la tarde me encontraba cansado, mejores sensaciones por la mañana a pesar del esfuerzo del día anterior.
  3. Lunes 6: sesión de gimnasio con Merche haciendo bicicleta, 9 kilómetros. Sesión de core.
  4. Martes 7: 10 kilómetros tratando de meter ritmo con Merche, en la zona del Aeródromo. Muy cansado al principio, mejoró un poco, pero sin tirar cohetes.
  5. Miércoles 8: sesión de gimnasio con Merche, en el que hice bicicleta con intervalos de ritmo. Muy muy cansado, sobre todo el principio en la elíptica, donde tuve que desistir. 8 kilómetros
  6. Jueves 9: descanso
  7. Viernes 10: algo más de 16 kilómetros en la zona de la Cuesta de la Culebra, con mucho calor, mucho dolor en el tendón de aquilés, y malas sensaciones en general.
 Semana cargada de kilómetros, 94, hacía tiempo que no llegaba a una cifra tan alta, y sin embargo ha sido casi un suplicio, muy cansado y con molestias. No estoy pasando por mis mejores momentos.


SEMANA DEL 27 AL 3: YA NO CREZCO

La semana en la que hemos finiquitado abril ha sido aquella en la que he notado que he dejado de crecer. Quizá el ritmo de competiciones, quizá el hecho de no terminar de alcanzar el pico de forma, el caso es que no he conseguido tener buenas sensaciones.

Este es el resumen:
  1. Sábado 27: 26 kilómetros en la quedada con mis amigos de Despeñaperros, Aurelio y Paco y un montón de corredores más. Lento, pero el tendón de aquilés me dio la lata.
  2. Domingo 28: salida con los del Extenuación en la zona del Peral, para hacer 14 kilómetros en la que me sentí sin ritmo ninguno.
  3. Lunes 29: 12 kilómetros que hice en solitario y por la mañana ya que ese día no trabajé. Idem, no hubo buenas sensaciones.
  4. Martes 30: entreno con Mercedes subiendo al Ángel y regresando por el circuito de la aguzadera. Traté de forzar un poco el ritmo, al final me encontré algo mejor.
  5. Miércoles 1: Merche y yo despedíamos abril y festejábamos el trabajo con una tiradilla por las sendas de la Sierra del Peral, 10 kilómetros en los que de nuevo no encontré mi sitio.
  6. Jueves 2: sesión de gimnasio para hacer algo de bicicleta, 7 kilómetros. El sábado teníamos competición.
  7. Viernes 3: descanso.

Conclusión: sensación de estar cansado y con molestias, sobre todo en el tendón de aquilés. Parece que no hay forma de coger el pico, y conforme entra el calor lo veo más difícil.

 

domingo, 28 de abril de 2019

SEMANA DEL 20 AL 26

La Semana Santa había conseguido que me pusiera las pilas y me había reactivado. Me venía bien de cara a la dura carrera por montaña que tenía en el Jerte, la CXM La Garganta de la Infiernos. Finalmente la semana se ha desarrollado sin incidencias, pero con menos kilómetros que la anterior, por razones de tiempo y también por el merecido descanso tras la prueba referida. A reseñar las molestias en el tendón de aquiles derecho que llevo sufriendo con mayor insistencia en estos últimos días, hasta el punto de que me comienzo a preocupar.

Sábado 20: CXM La Garganta de los Infiernos, 25 kilómetros de técnico trail que me llevó estar en la palestra 3 horas 31 minutos. Hicimos un buen calentamiento durante 20 minutos, y algunos kilómetros extra. Merche, a su vez, cumplió con creces, entrando en tiempo con 4 horas 22 minutos y cuarta de su categoría.
Domingo 21: la vuelta desde el Jerte, y el consabido descanso después de la batalla del día anterior me llevaron (nos llevaron) a descansar.
Lunes 22: era día festivo y Merche y un servidor hicimos una tirada que inicialmente pretendía ser un descalentamiento pero que terminó siendo un buen entreno a ritmo constante. 13 kilómetros.
Martes 23: sesión de gimnasio que me llevó a hacer unos 43 minutos de bicicleta. Ejercicios de core.
Miércoles 24: 30 minutos de cinta, 10 minutos de remo y otros 10 minutos de bicicleta.
Jueves 25:  salí a hacer la ruta del aeródromo tratando de meter un poco de ritmo. Sin mucho éxito. 10 kilómetros.
Viernes 26: entreno suave con 4,5 kilómetros de carrera más 3 kilómetros de bicicleta. Ejercicios de core.

Semana, por tanto, de transición con unos 75 kilómetros. No logro notar cambios sustanciales, sigo sintiéndome fuerte pero sin ritmo.



















lunes, 22 de abril de 2019

VIERNES 19: RECONOCIENDO EL TERRENO EN EL JERTE

Recogimos la bolsa del corredor y nos fuimos a reconocer el terreno yendo hacia Los Pilones haciendo los primeros cuatro kilómetros del recorrido del trail. Eso sí, lo hicimos en plan senderista. Pudimos comprobar algo que ya sabía, que iba a ser difícil cumplir el primer tiempo de corte que la organización había puesto: 45 minutos en los primeros 6 kilómetros, sobretodo teniendo en cuenta que había que ganar unos 250 metros y que desde Los Pilones hasta el avituallamiento del 6 había unos complicados 2 kilómetros, que en parte discurrían entre rocas muy grandes, donde había que ir dando saltos como las cabras. 

Merche se quedó muy preocupada ante la posibilidad de que la cortasen y no la dejasen seguir después de haber hecho todo el viaje y haber puesto tantas ilusiones.

Nos salieron, eso sí, unos muy bonitos 8 kilómetros que nos ayudaron para mover las piernas en las horas anteriores a la prueba.

Con esto salían 90 kilómetros en esta semana; por fin conseguía hacer una semana completa y con casi todas las sesiones corriendo.


JUEVES 18: LA VÍA VERDE DE LINARES

Fuimos los cuatro a Linares. Allí dejaríamos a Jorge y a Inés y Mercedes y yo regresaríamos a casa para marchar desde Valdepeñas al día siguiente, rumbo a el Jerte. Antes de comer salí a correr con la idea de hacer un entreno suave. Salí por el Camino de Finlandia, y como las piernas respondían comencé a aumentar la cadencia. Regresé por la vía verde a buen ritmo, sintiéndome fuerte. En la última parte rodeé por las fincas que hay en la zona alta y me salieron unos muy majos 10 kilómetros que me dejaron muy buen sabor de boca de cara a casi finiquitar la semana y quedar ya enfilado para la dura Carrera por Montaña de la Garganta de los Infiernos del sábado.


MIÉRCOLES 17: ÚNICA SESIÓN DE GIMNASIO DE LA SEMANA

Aprovechando la semana de vacaciones, corrí al aire libre todo lo que pude, de forma que la única sesión en la que fui al gimnasio fue la del miércoles. Fuimos Merche y yo, para hacer algo de elíptica y de bicicleta, unos 45 minutos, y también unos buenos ejercicios de core.


jueves, 18 de abril de 2019

LA CRÓNICA DEL RETO ARAQUE: HAY LOCURAS

Esta crónica no irá sobre mí, hablará de nosotros, de tod@s aquell@s que disfrutamos de esta fabulosa y adictiva afición. Ya lo decía Silvio Rodríguez (pinchad el vídeo de la derecha si queréis escucharla):

Hay locuras para la esperanza,
hay locuras también del dolor.
Y hay locuras de allá,
donde el cuerdo no alcanza,
locuras de otro color.
Hay locuras que son poesía,
hay locuras de un raro lugar.
Hay locuras sin nombre,
sin fecha, sin cura,
que no vale la pena curar.
Hay locuras que son
como brazos de mal:
te sorprenden, te arrastran,
te pierden y ya.
Hay locuras de ley,
pero no de buscar.
Hay locuras que son la locura:
personales locuras de dos.
Hay locuras que imprimen
dulces quemaduras,
locuras de Diosa y de Dios.
Hay locuras que hicieron el día,
hay locuras que están por venir.
Hay locuras tan vivas,
tan sanas, tan puras,
que una de ellas será mi morir.

Hay locuras que son como brazos de mal: te sorprenden, te arrastran, te pierden y ya

Pasamos gran parte del sábado en Linares, nos acostamos tempranito y toca madrugón porque hay que recoger el dorsal y la salida es a las 08:30. Ya con nuestra bolsa del corredor, saludamos a Jesús, "Jesús de Úbeda" como le tengo en el móvil, nos presenta también a su mujer. Tras esto posamos todos en la foto con el ya bien conocido "marco" de la carrera y nos vamos al coche a precisar los detalles. 





Y es que no somos más que un puñado de dulces enfermos, que deambulamos perdidos en esta bendita demencia.

Todo listo, el tercer Reto Araque consecutivo para Mercedes y para mi, el primero para Miguel Ángel y Manolo, también para Jesús. 

Pero hoy no voy solo contra el mundo, hoy marcho en equipo y en mi cabeza sólo me repito "Víctor, si nos estás viendo mándanos una inolvidable mañana por favor".

Hay locuras para la esperanza

Miguel Ángel sale todo excitado y va tirando de mi, Manolo va más cómodo que yo. Mis tiempos en el asfalto ya pasaron, así que por un momento me echo a temblar.





Las primeras duras rampas a la salida del polígono me hacen sentir mejor, ese es más mi terreno y ya en la senda me pongo a comandar al grupo para llevar un poco el ritmo en esta parte más dura. Hago a medio gas la bajada por la senda zizageante donde ofrezco paso a una chica, que luego resultó ser una reconocida crack, la gijonesa Chelo Velasco, que acabó segunda; ella amablemente me dice "no hace falta, voy cómoda detrás tuyo".

Reunificamos en el asfalto y tras esto bajada técnica un poco más complicada que la anterior, pero al coger la corrible pista que nos lleva de nuevo a Jamilena mis dos compis se ponen a ritmo de crucero. Pienso que la prueba es dura y larga y hay que reservar pero no me atrevo a frenarles, tan sólo les sugiero tímidamente prudencia. Comenzamos a ascender por la garganta, ¡ya era hora! y ahí disfruto un montón, como ya ocurriera el año pasado. Alcanzamos el alto en unos 54 minutos, kilómetro 8, en el tiempo que había estimado.







Hay locuras de allá donde el cuerdo no alcanza, locuras de otro color

Toca el largo tramo de la pista, casi siempre hacia arriba, y en esta parte no hay que dejar que el coco piense. Vamos cómodos, haciendo equipo, y apenas andamos, aunque hay tramos que es lo que piden las piernas. Llegamos por fin a los estímulos, una senda empinada y luego el bosque, y se me alegra al alma. Tras la bajada técnica y embarrada espero un ratín a mis compis, reunificamos y otra vez a ritmo, pero dura poco el descanso, toca tirarse otra vez.

De nuevo en pista, pasamos por la fuente, otro avituallamiento, hacemos aguas menores y seguimos en la brecha. Esa parte de falsa subida en una zona algo íncomoda hasta que alcanzamos nuevamente una zona boscosa y toca disfrutar un poquitín en la que bajo mi punto de vista, es la senda más bonita de toda la carrera. Tercera reunificación nueva subida y ya estamos en la parte alta de las canteras.

Hay locuras también del dolor

Iniciamos la bajada por el camino que lleva a la zona de recreo y aunque llevamos buen ritmo, nos pasan algunos corredores; es entonces cuando llega el momento de interiorizar que hemos de disfrutar, ¡fuera el estrés por tiempos o posiciones en la carrera!. Manolo va ya un poco desgastado y temo que lo pase mal en la última y exigente subida, así que hay que mimarlo. Le doy un turroncillo un rato antes del avituallamiento del 20, somos un equipo y hemos de llegar los tres, no corre un solo espíritu. A esas alturas llevamos 2 horas y 16 minutos.

Iniciamos la bonita y breve subida por una senda acotada por la barrera de madera y unas preciosas vistas y tras esto bajamos al barranco a partir del cual tocará sufrir la última gran ascensión. Le doy una pastilla de sales a Manolo y ya todo está listo para acometer la gran dificultad final.

Hay locuras que imprimen dulces quemaduras

Avanzamos en fila de a uno, teniendo delante a un montón de los corredores que nos habían pasado desbocados en la zona de las canteras. Quizá no hacía falta tener tanta prisa entonces pero las testosterona es lo que tiene. Manolo se quema dulcemente en su locura y batalla por el equipo. Nuestros arengos no sé si le hacen bien, seguro que en algún momento le contrarian, pero el caso es que no se para ni un solo segundo a tomar resuello, ni tan siquiera en las zonas más empinadas, cuando nos ponemos casi al 40%. Alcanzamos el primer collado y allí trato de recuperarlo para la causa y hacer que trote suave, ¡y lo hace!. Llegamos al avituallamiento que está justamente antes de la placa del leit motiv de esa mañana, Víctor Araque; sólo queda un repecho, que hacemos con el ánimo bien subido, viendo que lo duro ya está finiquitado.






Hay locuras que son la locura.

El hecho de vernos bajando nos hace venirnos arriba. Manolo mete una marcha más que no sé de dónde la saca y se desenvuelve como un montañero de altos vuelos por la zona más complicada de toda la carrera, debido al terreno resbaladizo. Olemos a meta y eso se nota. 

Obviamos el último avituallamiento, donde se encuentra Miguel, uno de los organizadores al cual saludo; kilómetro 24,5 en 3 horas y 4 minutos. Desde ahí un cacho por senda, la última pista y Jamilena, nuestro destino.

Hay locuras que son poesía, locuras de un raro lugar

Y así es como comprobamos que poco a poco las primeras casas del pueblo se ven más grandes. En esos minutos nos da para pillar a algunos corredores, de esos que huían despavoridos en las zonas más corribles y el subidón es tal que se torna en felicidad. Acometemos la calle asfaltada en franca bajada y nos ponemos a cien, haciendo los últimos 500 metros a un ritmo de 4´05´´ que no está nada mal teniendo en cuenta el esfuerzo realizado antes. Nos cogemos de la mano y cruzamos meta sintiéndonos que hemos sido uno solo. 3 horas y 19 minutos de aventura.
















Hay locuras que hicieron el día.

Reposamos, charlamos, reímos, nos damos las gracias; pregunto al del cronometraje esperando habernos quedado por lo menos quintos, pero no, ¡somos segundos!. No es que el pódium me quitase el sueño, pero es decírmelo y siento una gran alegría, alegría colectiva. Todo es gracias a Manolo y a su sobreesfuerzo, porque en cinco minutos han entrado tres equipos más. 

Espero en meta a Merche con la esperanza de que baje de las 3 horas 40 minutos, crono que clavó en las dos anteriores ediciones; charlo con la mujer de Jesús de Úbeda la cual anda expectante para echar la foto a mi mujer y a su marido pero el segundero avanza y no aparecen.

Pero como me estoy congelando decido avanzar por el curso de la carrera para ir hacia el coche si no la veo aparecer. Por la calle baja una silueta femenina pero no es Mercedes, así que desanimado me desvío hacia el aparcamiento y me cambio lo más rápido que puedo a la vez que no hago más que ponerme en malos escenarios fruto de la preocupación.

Hay locuras tan vivas, tan sanas, tan puras, que una de ellas será mi morir.

Cuando regreso a meta veo a Merche, que luce sonriente, ¡respiro aliviado!. Ha hecho 3 horas 52 minutos y ha sido quinta en la general, subirá al podium como segunda senior (no hay otra categoría que esa para ellas). No está satisfecha por su rendimiento y sin embargo está contenta por la aventura, no siempre el cuerpo rinde igual.


 


Conducimos hacia el polideportivo donde será el "tercer tiempo" y vemos a Jesús, que marcha satisfecho con su medalla colgada. Un crack que tiene un máster en pundonor, una lección para mi y un orgullo conocerle.

Las Coca Colas, las cervezas, la paella, la cháchara hacen el resto. Coincidimos con una chica de Córdoba, Marta, que ha compartido estupendos minutos de carrera con mi mujer, quizá una nueva amiga que echar al zurrón, otra guerrera que subió al cajón. Orgullosos unos de otros nos vemos en el pódium y es entonces cuando siento que esta locura terminará dulcemente conmigo si las piernas no se me mueren antes.





  

Agradecimientos

Muchas gracias a la organización, que se superó y ya era difícil. Te miman, te agasajan, y corres en un entorno montañero donde todos los detalles están bien estudiados, todo muy currado y sin fallos.

Muchas gracias a nuestro nuevo club, Club de Montaña de Linares, que envió una expedición muy maja a Jamilena, creo que todos dimos el callo y a la vez pasamos una mañana perfecta (ya fuera haciendo el trail corto o el largo).






Muchas gracias a mis dos compis de aventura, disfruté un montón; supimos sufrir, obtuvimos el premio a la paciencia y Manolo nos permitió volver a aprender lo que reza en la medalla de esta edición.



















Y por último mil gracias a Merche por seguir juntos e inmersos en esta "dulce locura" .