RELATOS

Una vez iniciado el movimiento supe que no habría marcha atrás, sería difícil regresar a aquello que fui. Hoy soy otro ser: curtido, compañero del esfuerzo, amante de mis kilómetros. Sólo el fin de mis días debería obligarme a parar: ese es mi pequeño sueño.

jueves, 14 de noviembre de 2019

TRAIL SIERRA DEL SEGURA: ESPEJISMOS, AVISPAS Y LABIOS APRETADOS

Prólogo

Llegó septiembre y caí en la cuenta de que el verano había terminado, no así el calor que aún se resistía a abandonarnos. Santiago de La Espada se mostraba espectacular y en su plaza principal los cracks del ultra y de la maratón iban llegando entre los vítores de la gente. Allí entre el público, sin hacer ruido, estaba Jose alberto Hernando, que al día siguiente correría nuestra carrera, que no con nosotros. Y así fue el devenir de aquellas dos horas de motivación y envidia montañera que tuvieron su fin cuando marchamos hacia La Matea, donde nos estaba esperando nuestro alojamiento.

Lo que vino después fue un plácido paseo con olor a chimenea por la calles de aquella aldea. Una vez disfrutado de tal delicia nos recogimos en nuestro aposento hasta que el asueto se truncó debido a las ganas de cenar, justo cuando la noche vencía a las últimas luces del día. Ya en el acogedor restaurante de la planta baja, entre bocado y bocado, vi ganar inesperadamente a mi Alba, mi smartphone fue testigo de ello, y en esa pantallita disfruté de forma nítida y sin cortes de aquella alegría, gracias a esas misteriosas ondas que todo lo invaden; ¡mundo mágico y a su vez decadente este en el que nos toca vivir...!

Ya nos íbamos a dormir cuando reparé en que al otro lado de la barra estaban Lola y Jesús, de Jaén, y con ellos terminamos la velada inmersos en una  agradable conversación sobre lesiones, caminos de Santiago y senderos.

Falsas lluvias, tobillos ignorados y banderas con color de olivo

Suena el despertador y Merche me dice que ha estado lloviendo toda la noche. Abro la ventana me asomo y le digo "no mujer, lo que has estado oyendo ha sido el sonido del arroyo de al lado"...

...la logística se hace complicada con el vendaje que le procuro en su maltrecho tobillo, todo sea para que el enmiendo casero le de confianza y al paso le quite el miedo que le ensufló su fisio.

...la mañana ha avanzado y nos vemos dejando el coche en Santiago de la Espada..., ...ya estamos cogiendo el autobús que nos lleva a Pontones; deciros que este trail llega a un lugar distinto al que se sale, por lo que habrá esa sensación real de conquista y avance entre la naturaleza. Como no podemos estar callados no falta la charla con algunos de los compañeros de selección de Mercedes, la temática...: cómo se batirán el cobre unos días después defendiendo a Jaén en el Campeonato de Andalucía en Ojén, Málaga.


Pesadumbre, dádivas y agasajos


Tras un calentamiento generoso que no nos deja más que unas rácanas sensaciones, me veo en la obligación de dar por inaugurada la temporada otoñal en un acto silencioso y solitario que pasa sin pena ni gloria. El verano nos ha dejado secuelas, como las lesiones que trajo consigo nuestro largo Camino de Santiago. El estío también nos dejó la herida de la inseguridad y la sensación de ser un poco más viejos, pero en fin, todos esos males quedan diluidos cuando comprobamos que la principal rival de mi mujer en el circuito no ha comparecido a esta carrera. De repente ella se quita la pesada mochila de la presión y yo me esperanzo en poder disfrutar esa mañana corriendo junto al río Segura sin más propósito que ese mismo...

Y justo unos segundos antes de dar la salida, instados por el exaltado speaker, tarareamos el cumpleaños feliz al bueno de Luis Alberto, ese campeón del mundo que nos está regalando su presencia en un lugar tan lejano de su hogar; y pienso...o le ha caído algún agasajo material o es un tío generoso y estupendo, o ambas cosas, el caso es que un montón de animosos populares y un auténtico crack tomaron la salida aquella fabulosa mañana de septiembre en Pontones.

Caminos revividos y avispas despistadas

Nos vemos corriendo por el camino que discurre paralelo al Segura; es un dejá vu del entreno del año pasado, aquel fruto de la mini escapada veraniega de 2018; Merche no marcha fina, aunque me esmero en conseguir que siga  el ritmo lo mejor posible.

Los cinco primeros kilómetros pasan eternos entre un consentido sufrimiento, pero obtenemos la recompensa al adentrarnos por el bosque a través de una perfecta senda. El recorrido comienza a gratificarnos y además se hace agradable compartir carrera con un grupo de corredores que forman equipo. Alcanzamos el segundo avituallamiento para coger una nueva pista y es allí donde logramos reproducir una buena cadencia, sin embargo no puedo dejar de mirar a mi retrovisor mientras vigilo a una fémina que nos persigue impasible; me temo que nos comerá la tostada.

Un largo rato después vuelven las bonitas sendas, pero he perdido a mi mujer; ¿dónde está?, uno de los del equipo me dice que a Mercedes le ha picado algo, así que reduzco la marcha para interesarme: un bulto  entre su negro cabello, esa es la consecuencia; haría falta la coz de un gran elefante para hacerle parar en una carrera.

Tránsitos sin recuerdo ni ritmo en los que casi caigo

Cuando el alma no va feliz y el cuerpo no disfruta los recuerdos desaparecen. Marchamos los dos solos, atrás quedaron los otros corredores; tan sólo aparece de allá para cuando la referencia de otro compañero con quien vamos haciendo la goma. Ahora que reviso el plano desde la pantalla de mi  ordenador compruebo que pasamos muy cerca de Huelga Utrera pero no logro rememorar el perfil de sus casas; sí tengo la imagen del sinuoso Segura que va en paralelo, en un discurrir más técnico y por tanto más lento; en esta lid vamos perdiendo el ritmo a la vez que mis tendones de aquiles y su pie gritan a los oídos de sus dueños...

...es aquella cuerda a la que agarrarse en el paso de una columna pedregosa la que nos saca de nuestra desidia, y yo hubiera espabilado del todo de haber caido al barranquillo; me salva el equilibrio que tengo que hacer y también el buen amarre de la soga a la roca.

Y de nuevo viene una laguna de bosques por aquel valle donde la memoria me juega una mala pasada y me deja un vacío que se rellena cuando por fin llega la aldea de La Toba a rescatarnos.

Subidas mentirosas que liquidan almas

En el avituallamiento de la aldeita arengan a mi mujer; la parada es breve y pronto cruzamos sus casas afrontando las primeras cuestas, sabedores de que por fin tocará ascender. 700 metros hacia las nubes, de forma continuada, aunque pronto comprobamos que el zigzagueo no es nada técnico y resulta una subida tendida que a veces obliga a corretear; habrá que ser un poco pesado y animar a Merche a que corra. En esta guisa adelantamos a varios competidores, incluyendo una compañera que anda atareada con sus bastones. En el camino vemos casi de todo, incluyendo a un chaval sentado esperando a que llegue la ambulancia, pero bien sabe que allí no irá nadie a rescatarle de su hundimiento.

Espejismos calizos llenos de la nada

Al llegar al avituallamiento donde el bosque se despeja vemos una extensión casi totalmente pelada de vegetación y cuya dueña absoluta es la roca caliza, todo un vasto calar. Tras unos segundos recuperando el resuello, retomamos la marcha hacia ese desierto por una pista, en lo que se acabará convirtiendo en un psicológico suplicio para unos amantes, como nosotros, de las escorrentías, los barrancos y las pinochas. Los 250 metros positivos que restan por subir los hacemos sin estímulos visuales, en un quiero y casi no puedi, pero en esta tesitura alcanzamos a otros dos corredores que sin duda van sufriendo el mismo mal que nosotros, y eso nos consuela.

El calor comienza a cebarse con nuestras cabezas y allá por donde nuestra vista nos lleva la roca y la tierra se convierten en un espejismo. Pasado un incontable tiempo nos vemos obligados a preguntarle a un hombre, que no sabemos si es voluntario o un mero transeunte, si queda mucho para el siguiente avituallamiento; nos señala con su índice en el horizonte..., no es más de un kilómetro, pero lo vemos como un inmenso océano de arena.

Riñendo con el dolor y empatías que manan de la montaña

Por fin llegamos al puesto de los voluntarios donde nos refrescamos, llenamos los softflasks y salimos pitando. Comenzamos a bajar por sendas pedregosas sin apenas vegetación, y es que seguimos en el calar, 

...hasta que por fin regresamos a los bosques y a la sendas, que tanto nos gustan, aunque en ese capítulo de esa historia el protagonista es el pie de Mercedes, que se siente totalmente incomprendido ante la indiferencia de mi mujer; así que los agujeros y rocas que hay que saltar no hacen más que perpetuar el irrevocable divorcio entre ella y su dolorida articulación.

Ya no quedan más de 4 kilómetros para alcanzar Santiago de la Espada, pero nos llega el ansiado momento de volver a poner las manos en nuestros cuadriceps. Por suerte lo del calar ya pasó y ahora podemos movernos ágiles disfrutando de la pendiente por el bosque; no luce tan feliz el corredor que nos encontramos apoyado en una varandilla de madera, está totalmente fundido; no lo pienso y le ofrezco mi gel especial ese que administro lentamente cuando las fuerzas flaquean. Le prometo, no sin dudas, que en 5 minutos notará como se viene arriba y lo dejamos allí tratando de reiniciar el movimiento...

Compañías predichas y esquinas hacia el final

Ahora toca bajar, ya prácticamente será así hasta meta, y vienen más complicaciones, por la cantidad de piedra suelta y roca que hay que sortear, más labios que morderse para Merche. Pero nuestra alegría remonta al comprobar como el corredor, otrora hundido, ha resurgido uniéndose a nosotros; lleva otra cara, y siento con satisfacción que cumplí mi promesa. 

...Y así es como marchamos los tres un largo rato hasta llegar al último kilómetro, donde nuestro compañero se acalambra y se para con el objeto de lograr desatascar su cuadricep; nosotros afrontamos unos interminables 1000 metros que nos hacen desear sin mesura el conseguir llegar por fin a nuestro destino....

De caminos a Santiago

El Camino Primitivo a Santiago (De Compostela) que hicimos en agosto fue más largo, 315 kilómetros repletos de aventuras y vicisitudes. Este camino a Santiago (De La Espada) ha sido poco más que un paseo comparado con áquel pero no ha estado exento de sufrimientos. Atravesamos las últimas esquinas del pueblo, esas que nos enfilan hacia la placita donde nos espera el arco de llegada. Alfonso, de nuestro Club de Montaña Linares, nos sorprende unos metros antes de la alfombra y nos acompaña corriendo mientras graba los últimos metros...la atravesamos como ya es tradición, cogidos de la mano y orgullosos de haberlo vuelto a conseguir. Todo esto nos sonará a meritorio, otro matrimonio maduro más terminando otra de las muhas prueba de montaña que hay; bueno, quizá llevéis razón, pero lo importante es qu sigue perpetuándose el movimiento entre parajes tan bellos como los que pudimos disfrutar ese domingo.

Epílogo

Cuando llega el corredor que aún porta mi gel en sus manos, veo en su cara alegría y agradecimiento, casualmente es de Linares, no lo hicimos aposta. 

Los minutos siguientes vamos cerrando otro episodio de montaña como mejor sabemos hacerlo: charlando con nuestros amigos y conocidos, Alfonso, Andrés, Paqui, todos satisfechos por sus desempeños, aunque ellas un poco más por poder elevarse hasta el podium para recoger sus trofeos. Sí, Mercedes volvió a obtener premio, y en esta ocasión su segundo puesto fue bien sufrido.

Y sólo nos quedó el sosegado y perfecto ritual de la rica comida que nos procuró la organización; el cordero supo a gloria y el viaje de vuelta a Linares sirvió para que aflorase ese sentimiento que tanto me llena: sentir que sigo haciendo lo que más me gusta con la única persona con quien quiero hacerlo.













jueves, 17 de octubre de 2019

CUADERNO DE BITÁCORA: CAMINO PRIMITIVO: ETAPA 1 OVIEDO-SALAS

No es una mañana más...

...Amanecemos el 11 de agosto en modo sonrisa con las orejas bien despiertas ante lo mucho que han de percibir. Preparamos meticulosamente nuestros chalecos y dejamos dispuesta la bolsa de viaje, nunca mejor dicho lo de "de viaje" ya que le esperarán seis trasiegos  patrocinados por Correos y Telégrafos.

Cuando bajamos a desayunar siento que por fin está sucediendo, es el punto de partida de nuestro largo viaje, pero esto no parece importarle mucho al chaval de recepción, que se muestra impaciente por terminar su jornada nocturna. Unos minutos después le vemos sufrir, profesionalmente hablando, mientras se pelea con la máquina en su afán de hacernos unos cafés, pero justo en el peor momento aparece su jefe y soluciona el entuerto...

...cortado bien cargado para el que suscribe, con mucha leche para ella, un par de zumos de naranja, su tostada y por último mi pieza de bollería, de esas que no recomiendan; esos son los componentes de nuestro desayuno, primer eslabón de esa larga cadena de proteinas, grasas e hidratos que estará por digerirse en las próximas jornadas. Así fue como a ritmo de una nerviosa conversación, que versaba sobre las locuras de dos corredores en el inicio de su camino, consumimos la ingesta de todas esas calorías. 

Oviedo luce mágico

El hombre del hotel no escatima en celofán y sella perfectamente a la bolsa el folio plasticado que servirá de referencia a Correos en cada uno de los destinos de nuestra aventura. Cruzamos los dedos para que nuestra ropa, complementos energéticos y demás enseres no terminen en Bilbao, por ejemplo.




Y en esta guisa dan las 8, momento en el que la impaciencia se une a nuestra hiperactividad y eso hace que uno no sepa donde sentar el trasero, así que terminamos saliendo a la calle a inmortalizar el instante para así dejar marcado definitivamente el comienzo de este incierto y emocionante devenir.






¡Ya, ya estamos en ruta!, son las primeras zancadas de una larguísima cuenta que no merece la pena llevar: a metro por pisada saldrían 315.000 apoyos, mejor dejar esa caja de pandora bien cerrada y no pensar ahora en lo mucho que nos toca hacer, ¡simplemente hagámoslo!.

Las calles de Oviedo se ven extrañamente desiertas, como si hubiesen quedado puestas a nuestra disposición en una especie de ofrenda mágica, y en esta tesitura nuestros cuerpos se mueven ligeros guiados por la adrenalina. Cuando los últimos edificios de la capital comienzan a hacerse pequeños a nuestra espalda tomo verdaderamente conciencia de que acabamos de arrancar un motor que será difícil parar, ¡no deberá detenerse hasta llegar a Santiago!.



La esencia del camino

Todo brilla intensamente a nuestro alrededor y no podemos dejar de fijarnos en los estímulos que nos rodean: la vegetación, las pequeñas aldeas, las ermitas, y los peregrinos, ¡ay los peregrinos!. Adelantamos a un grupo nutrido de felices caminantes; de entre ellos llegamos a contar hasta cinco compañeros de los que unas horas antes hacían cola para recibir cama en el albergue ovetense. Pronto aprendemos a entonar un afectuoso  "buen camino", y casi siempre nos responden con la misma fórmula envuelta de buenos deseos.

...San Lazaro de Paniceres, Villamorsén,..., núcleos de casas aderezados de un verde intenso; estamos inmersos en un paisaje campestre impropio de las afueras de una gran ciudad, sin cemento, adosados, centros comerciales ni otras contaminaciones. Y llega nuestra primera y breve parada en la Ermita del Carmen de Llampaxuga, donde realizamos nuestro primer sellado oficial,  ¡el estreno de nuestras credenciales!.




Sendas preciosas se intercalan con tramos de carretera, a veces giramos nuestros pasos hacia caminos que no desmerecen en sus vistas y en esa guisa no cabe el aburrimiento... Ponteo, Loriana, Gallegos, ayudan a hacernos la ruta más amable.







...y en todo ese tiempo vamos siguiendo las señales, a veces metálicas, otras veces son simplemente flechas pintadas de amarillo, pero las más notorias son los hitos de piedra, con los que aún sueño dos meses después. Es justamente una de esas pétreas tallas la que nos saca de la carretera para obligarnos a tomar un sendón; descubro que estoy llevando la contra a la ruta marcada en mi smartphone y le digo a Mercedes "se ve que los ciclistas de la wikiloc continuaron por la vía asfaltada, pero intuyo que este rodeo será mejor para nosotros". La excursión que hacemos no desmerece en absoluto,  transitando por una sendita donde el agua, que no deja de resonar a nuestro alrededor; adorna nuestra felicidad; en todo ese tiempo avanzamos paralelos al río Nora mientras salvamos una considerable pendiente que nos hace disfrutar de ese mini paseo montañero.





Haciendo méritos para comer en Grado


Escamplero y su albergue nos ve pasar un rato después de haber fichado en la Ermita de la Virgen de Fátima  Las piernas aún se mantienen intactas y la ilusión anda totalmente compuesta.





Nos recibe la Valsera y tras esto nos adentramos en una zona donde los bosques nos enguñen entre caminitos  paralelos al Río Andallón. Las fotos hablan por sí mismas...








...y después de ese goce toca discurrir cerca del curso del Nalón en unos parajes fabulosos que nos enfilan hacia un valle. Cuando nos encontramos en el punto más bajo, nos topamos, para nuestra sorpresa, con una máquina de vending, un engendro automatizado impostado entre tanta naturaleza exhuberante. Consumamos nuestro pequeño gran descanso con un par de Aquarius, unas gominolas y hundiendo nuestras cabezas en el agua fresquita de una fuente de piedra...

...pienso que no hay mejor lugar en el mundo que ese donde me hallo ni mejor compañía que esa que me complementa...









El tiempo quiere transcurrir rápido en esa soleada mañana de lunes y nosotros desearíamos parar los minutos, aunque éstos nos acaban siendo robados irremediablemente. Nuestro silencio se rompe cuando chapurreo en inglés a un peregrino de rasgos asiáticos una petición de foto; el buen hombre accede, pero eso sí, nos deja su dedo estampado en la imagen, colándose de polizón en este diario de abordo.





Grado, a mitad de camino de nuestra ruta, nos recibe en fiestas, con su mercadillo y su bullicio. Es temprano para comer, aunque también puede ser que aún no hayamos hecho méritos suficientes para reponer energías. El caso es que andamos tan nerviosos por continuar nuestro camino que nos despedimos de la señora del albergue municipal cuando ésta nos ha estampado sendos sellos en nuestras cartillas; es así como atravesamos de cabo a rabo dicha localidad poniendo pies en polvorosa dirección a nuestro destino.






Intuyendo Salas 

Tenemos que salvar trescientos positivos hacia el cielo y lo hacemos justo cuando el calor  aprieta, pero no nos importa demasiado porque las fuerzas acompañan y la montaña nos atrae como un imán. Tirando de paciencia y manos en los cuadriceps alcanzamos la zona del Santuario de la Virgen del Fresno donde nos refrescamos en una fuente adosada a la pared de una posada. En el siguiente cruce de caminos charlamos con un simpático señor que se interesa por nuestra empresa; tras una amable conversación concluye con su recomendación de que tomemos por el "atajo a hospitales" (ruta alternativa de la segunda etapa). Le digo: "por supuesto que iremos por allí, no nos lo perderíamos por nada en el mundo".

La prominente bajada que viene después, tras 30 kilómetros de machaqueo de articulaciones, provoca que el pie de Mercedes repentinamente se queje. En ese momento lo vemos como un problema sin importancia, aunque acabaremos descubriendo que ese será un mal que le acompañará el resto de los días del camino, de hecho a día de hoy aún no lo ha superado.

Llegamos a Cornellana y cruzamos el imponente Narcea para tomar por un camino lleno de manzanos, no nos resistimos a robar un par de frutos que nos resultan algo ácidos pero pasan el control de calidad como producto nutritivo y de la tierra. Tras alcanzar el espectacular Monasterio de San Salvador iniciamos una subida que nos deja las piernas medio muertas, sin embargo nos cambia la cara cuando alcanzamos otra zona boscosa de esas que tanto nos gustan.









...y ya, mientras atravesamos unas solitarias canteras a tan sólo siete kilómetros del final, nos surgen las primeras "dudas del camino"; dicen que hay que sentir malos momentos para que la aventura sea plena y, el cansancio y del dolor del pie son motivos suficientes para caer en esa trampa. Aún así no lo pensamos demasiado y continuamos nuestra brega sabedores de que habrá momentos de todos los colores....

...hasta que nos recibe la fábrica de Danone, ¡estamos llegando a Salas 48 kilómetros después!; nos saluda la tormenta y la lluvía fresca; entre trueno y trueno percibo la preocupación de Mercedes así que trato de arengarla: "Merche, ya hemos superado el primer escollo, ¡eso no nos lo quita nadie!"; 

..Hemos llevado un ritmo constante y como premio nos hemos ganado el disponer de toda una tarde para descansar.




En aquella placita de Salas

Fichamos en el Albergue La Campa; lo primero que comprobamos con una alegría inmensa es que nuestra bolsa está allí, Correos cumplió la primera de sus seis promesas. En aquella preciosa placita hay movimiento de peregrinos por doquier, que charlan, comen, toman cañas. Una pareja nos pregunta si estamos haciendo el camino corriendo, Lucía y Guillermo, que así se llaman, están haciendo lo propio pero en etapas más cortas. Lucía será protagonista en la siguiente etapa y para ella va dedicada esta entrada, nuestra nueva "amiga del camino".

Cuando por fin conseguimos mesa para comer, nos agasajan con una sopa para dos, fabada para ella y caldo de berzas con patatas para un servidor. La lengua en salsa y el cerdo no desmerecen cayendo todo todo en nuestros estómagos vacíos. Hemos saboreado todo como si fuera la última vez que tuviéramos la oportunidad de echarnos algo a la boca.
 




Tras una bien merecida ducha en el baño comunitario del albergue damos un paseo por tan bonito pueblo. La cojera de ella supone una pequeña crisis, pero decidimos no darle demasiadas vueltas a la cabeza y esperar a que la buena mañana del martes nos traiga sensaciones renovadas. Cierto es que un rato después, mientras tomamos un café y un helado, nos regresa la sonrisa. Esta será la tónica de todo nuestro camino: los pequeños detalles harán que nos vengamos arriba pero cualquier mini impedimiento provocará fácilmente negros nubarrones.




Y el presente se convirtió en pasado: la generosa comida-cena y el postre posterior nos había dejado rebolondos, así que el resto de la tarde la pasamos en la habitación gestionando la logística, tratando de recuperar el pie de Mercedes con pomada y hielo y estudiando lo que se nos venía encima con el duro recorrido del día siguiente. Era tiempo de digerir la comida pero sobretodo era el momento de asimilar lo ocurrido en aquel maravilloso lunes. Antes de apagar las luces le dije a mi mujer: "mañana a las 6 arriba, que tendremos harina de otro costal que portar a nuestras espaldas"; intuía que si superábamos la segunda etapa tendríamos el camino medio enfilado.

Y así fue como tras hacerse la oscuridad a nuestro alrededor pensé que estábamos embarcados en un apasionante viaje que nos sobrepasaba por completo. El miedo asomó, pero la ilusión contrarestó el vértigo; en cualquier caso el cansancio acabó imponiéndose  ya que caí en un largo y reparador sueño....efectivamente el martes nos traería un nuevo color junto con la mejor de nuestras sonrisas.









viernes, 27 de septiembre de 2019

UN MILAGRO UN PACTO CON BELZEBÚ O LA TECNOLOGÍA JAPONESA

Y así fue como llegué hasta ese cruce de caminos donde me paré por un momento a reflexionar: "¿hacía dónde voy?", verdaderamente no lo sabía, sí tenía claro hacía dónde querría ir pero para enfilar dicho destino tendría que ocurrir algo que cambiase ese statu quo....

Pensando que mi dichoso piramidal es una esclusa que no deja correr el agua y ésta se estanca. Esperando un milagro para comprobar por fin que las cosas tornan a mejor, pero no creyendo en los milagros. ¿Y si pactase con el diablo?, claro, para ello éste tendría que existir, algo que dudo mucho. Imaginemos que sí, que está ahí acechándonos, de ser cierto podría ofrecerle mi alma, que no creo que valga mucho, y aún siendo de valor, dudo que permaneciese intacta tras tornarse mi cuerpo en cenizas...

Y allí me hallé, llegando a la conclusión de que soy una persona espiritual, pero no religiosa, de que mi espíritu radica en algún punto de mi cerebro que también es perecedero, por tanto ni milagros ni pactos con el más allá harían que la situación cambiase. 


Pasaron los días y una mañana mientras conducía hacia el trabajo me iba sintiendo orgulloso de los 347.000 kilómetros que le he hecho ya a mi viejo Toyota. Y ¡voilà! se me encendió la bombilla: "si mi Toyota es japonés y ando tan contento con él, ¿por qué no ir a buscar respuestas a tierras niponas?"....y de ahí pasé a una cosa, y de ésta a otra hasta que caí en un detalle de mi vida pasada...

...Corría finales de verano de 1989 cuando estrené mis primeras y hasta hoy únicas Asics, las recuerdo perfectamente, con sus tonos grises y azules, llena de elementos reflectantes; eran muy chulas para lo que había en aquella época. Habían dejado de fabricarse las Tiger, al menos con ese nombre, y ahora pasaban a tener esa denominación tan rara: "ASICS". Poco más tarde descubrí que se trataba de un acrónimo de la famosa frase en latín: "Anima Sana In Corpore Sano",...


... y casi por casualidad me veo cerrando un tremendo círculo. "Ánima", palabra que para los griegos era entendida como principio de vida, común a todos los seres vivos (plantas, animales y hombres) y el alma entendida como principio de racionalidad, con carácter divino e inmortal, exclusiva sólo del ser humano...

¡Ni milagros ni pactos, quiero unas "Anima Sana In Corpore Sano"!, por favor que de paso, una vez bien calzadas, lleven a mi alma corpórea a sentirme invencible en los entrenos, pese a mis casi 50 tacos. Y unos minutos después estaba comprando por Amazon unas Dinaflyte en su versión más vieja.

Perdonadme la licencia, por ser pesado y redundar en el pasado me remonto a justo 30 años atrás, allá en Alcantarilla, en mi periodo de instrucción militar; aquellas Asics me llevaron a correr en 2 minutos treinta y tantos esos 1000 metros, aunque siempre tuve la sospecha de que le faltaban algunos metros al kilómetro, ¡era joven pero no tonto!. Eso sí, aquel arrogante teniente de la Brigada Paracaidista, que dicho sea de paso ostentaba el récord de aquel circuito (al menos hasta que yo se lo arrebaté) me buscó y me estuvo interrogando e increpando por haber perpetrado tal profanación. Yo quisé decirle que lo sentía, que no era mi intención, que hacía ya un par de años que había dejado el atletismo, pero que desde que habíamos llegado a Murcia nos habían obligado a correr un montón todas las mañanas y eso me había puesto las pilas; quise decirle todas esas cosas pero no le dije nada, envuelto en una sensación que mezclaba el miedo y el más malicioso de los regocijos. Y fue en aquel fin del estío, también fin de década cuando comencé a desgastar ese maravilloso par de zapas que terminé de fundirme en Alcalá de Henares coincidiendo con el resto de meses de servicio militar.

Es así, amig@s,  como mi alma ha dejado de localizarse en mi mente para pasar a estar ubicada en mis pies. Pretende crecer y hacerme sentir bien más allá de que se obren improbables milagros o que aparezca el mismísimo demonio tratando de robarme mis deportivas.









martes, 24 de septiembre de 2019

CUADERNO DE BITÁCORA: CAMINO PRIMITIVO DE SANTIAGO, EL VIAJE A OVIEDO

Partiendo hacia el Norte

Con una emoción semejante a la que sienten dos niños chicos la mañana del día de Reyes salimos de casa hacia la estación de tren. Ya en entre raíles el viaje a Madrid transcurre sin incidencias externas pero por dentro sentimos una emoción que resulta difícil de describir en estas líneas; quizá seamos conscientes de que lo que vamos a vivir en los próximos días nos dejará marcados para siempre. 

Llegamos a la capital a la hora prevista y con el tiempo justo para comer en la Estación de Chamartin algo ligero que no consigo recordar. Sin dar pábulo al tiempo ocioso nos vemos embarcados nuevamente en el tren camino de la capital asturiana...

El amarillo da paso al verde

Mientras pasamos por Segovia me vienen a la mente recuerdos de pasadas ediciones de la MS hasta que mi mente se despeja ante la vista de los extensos campos de la vieja Castilla. León nos recibe y poco después de reanudar la marcha comprobamos como a nuestro alrededor los tonos del paisaje cambian al verde y los bosques inundan los montes. Asomados a la ventana nos vamos emocionando ante la majestuosidad que va adquiriendo el paisaje, y lo mejor está aún por llegar; porque cuando atravesamos el Puerto de Pajares nos quedamos maravillados de la majestuosidad y la exhuberancia de sus montañas. Desde ese momento un verde especial llenará todo tipo de pinceladas a nuestra vista.

En la capital del Principado

Al pisar el andén comprobamos que la temperatura se ha desplomado, nada que ver con lo que negociamos allí en la Mancha a esas alturas de agosto. Contamos con tiempo para pasear y admirar los edificios señoriales hasta que con la ayuda de google map encontramos el Albergue de Peregrinos. Nos lleva un tiempo conseguir las credenciales debido a que esperan un número considerable de caminantes a que les sea otorgada una cama para dormir esa noche, sin embargo parece que ese día colgarán el cartel de completo por lo que la mayoría acaban aceptando, como mal menor, dormir en el suelo.

Allí charlamos con Diego, un peregrino que irá hacia Avilés para continuar por el camino de la costa hasta Santiago. Le comentamos escuetamente lo de nuestra aventura e inmediatamente nos pide que le vayamos informando de nuestro transitar, por lo que tomamos su contacto en el móvil.

Ya con nuestras nuevas pero casi vacías credenciales (salvo por el primer sello del albergue) nos acercamos a la Catedral de San Salvador. Allí nos echan una foto en lo que técnicamente será el inicio de nuestro reto aunque en realidad y de manera oficiosa partiremos la mañana siguiente desde el Hotel Fuente de la Plata. 

Nos hace verdadera ilusión fotografiarnos en la placa que marca el inicio del Camino Primitivo, en el que reza un breve texto que es pura historia; se dice que "quien va a Santiago y no a San Salvador visita al criado pero no al señor", pero dichos aparte lo importante en ese momento es que en la foto se vean nuestros pies, esos que nos tendrán que llevar corriendo los 315 kilómetros que distan de Oviedo a Santiago de Compostela en los 6 días marcados.










Cachopo, sidra y otras cosas especiales

Caminamos los casi tres kilómetros que separan el centro de nuestro hotel en lo que se puede considerar que es ya el inicio de nuestro viaje iniciático; vamos siguiendo las conchas doradas adosadas al suelo con emoción contenida hasta que llegamos al alojamiento. Mientras fichamos nos es inevitable explicarle al recepcionista lo que nos traeremos entre manos los siguientes días.

En la misma Calle Argañosa cenamos en el mesón que nos han recomendado; entre ritual y ritual de escanciado cae una botella entera de sidra. El pulpo a la gallega está exquisito pero resulta claramente superado por un estupendo cachopo de ternera que es puro deleite. 





 



































Salimos del local con nuestros estómagos totalmente copados, pero esto no será más que el previo ante el exigente gasto energético que tendremos que afrontar en días venideros, que requerirán de importantes pero a su vez estupendas recargas.

Y es así como entro en un sueño fácil y plácido, no transito hacia ninguna parte  y directamente amanezco en el día que todo comienza para nosotros...