Mi sistema digestiva siempre está ahí marcando límites, y por el hecho de no irme a corretear ayer por la mañana me hipotequé a tenerlo que hacer tras la comida de trabajo de tipo "copiosa" que me esperaba. Para colmo el evento se demoró terminando a las tantas, con lo que salí de casa 45 minutos después de terminar aquella y sabiendo que se me iba a hacer de noche. No necesité más de 10 zancadas para saber que el estómago se me iba a poner del revés, pero os aseguro que fue peor que eso. Subí por el Camino del Peral avanzando y cada tramo peor que el anterior, no como una cuestión de ritmo, y sí como un problema de compatabilidad fisiológica: elegir entre que tu cuerpo digiera lo indigerible o continue haciendo el esfuerzo al que quieres someterlo. Como soy muy cabezón no le dí elección y así me fue. A la media hora tenía naúseas y una flojera y mareo considerable. Por ir no iban las piernas. Así que me lo tomé como un entreno de sufrimiento, porque volver andando como que no. Y como la idea era hacer unos 17 kilómetros y estaba marcando el circuito de la Vega que tiene poco más de 13, fui tan burro que cuando me llegó la posibilidad de seguir hacia el pueblo y no ir hacia la vía de servicio de la autovía, hice caso omiso a la voz prudente en off que me decía "vete a casa". Así que prolongué el suplicio hasta el borde del desastre. Por la vía de servicio estuve a una ralla de lápiz de echar los higadillos por la boca y no podía ni avanzar. Llegué con un malestar tremendo que podría haber evitado, pero yo ya sé como soy, difícil cambiarlo.
Merche, por su parte, había salido a correr por la mañana y se había marcado otros 17 kilómetros, en su caso mucho mejores que los míos, apretando en la fase final tal y como le había dicho. Ya no habrá más tiradas largas para ella antes de Castellón y quizá lo que hagamos sea alguna aventurilla de montaña a ritmo pausado, que aunque parezca que es perder el tiempo yo creo que es justamente lo contraroi: una oportunidad para relajarse y despreocuparse, que el "pescado ya está vendido" y hay pocas cosas que ganar ya, más al contrario, mucho que perder jugando a ser valientes.