RELATOS

Una vez iniciado el movimiento supe que no habría marcha atrás, sería difícil regresar a aquello que fui. Hoy soy otro ser: curtido, compañero del esfuerzo, amante de mis kilómetros. Sólo el fin de mis días debería obligarme a parar: ese es mi pequeño sueño.

sábado, 24 de agosto de 2013

JUEVES 22: DESCANSO

Me tomé el jueves de descanso, aunque en un principio tenía pensado descansar el viernes, pero los temas familiares se impusieron y hubo cambio de planes. En cualquier caso, me vino bien para relajarme un poco, y no sólo a la mente, también a las piernas.




jueves, 22 de agosto de 2013

MIÉRCOLES 21: SUAVITO SUAVITO CON MERCEDES


Salimos ayer por la tarde, sin agua y un calor bastante considerable a rodar un poquitín. El sábado corremos en la Carrera de las Antorchas el 10.000 que se organiza en Villanueva de los Infantes. Mercedes está bastante ilusionada otra vez, y yo le haré de "aguador" o de lo que haga falta. El caso es que los dos nos fuimos a hacer un circuito, y los dos llevábamos el mismo miedo: las posibles molestias en la cintilla, pero éstas no se produjeron en ninguno de los dos casos, y resultó un entreno duro por la temperatura, pero por lo demás, resuelto con normalidad. Nos salieron 50´e hicimos 7.800 metros.


I MARATÓN BENÉFICO EN PISTA "MEMORIAL LEO CONDES" EN MEMBRILLA (CIUDAD REAL)


Mi buen seguidor y compañero Joaquín Lozano, del Club Deportivo Membrilla, organiza junto con otro par de runners intrépidos un evento poco visto por estas tierras: una maratón en pista de atletismo, que quiere que sea toda una fiesta del atletismo. Además, será por una buena causa ya que parte de los fondos recaudados irán a AECC. 

El siguiente texto es el que reza en la información del evento:

"El club Atletismo Membrilla a través de sus atletas Manuel Jiménez,  Joaquín Lozano y toda la junta directiva, Organiza el primer maratón solidario en pista a favor de la asociación de Ayuda contra el cáncer.

Este primer maratón llevará el nombre de Leo Condes, ya que él, fue el primer atleta de nuestro club en correr la mítica distancia, y por desgracia nos dejo a consecuencia de un cáncer, y por tanto no podríamos organizar una prueba de esta características sin acordarnos de esta persona tan entrañable que tanto hizo por el atletismo de nuestra localidad.
Nuestro atleta Joaquín Lozano aprovechando que el 17 de septiembre cumple 42 años y 195 días se ofreció a correr este maratón, junto con los que quieran acompañarles, ya sea para correr la distancia completa o parcialmente, para así poner su granito de arena y colaborar con la asociación de ayuda contra el Cáncer.
Una enfermedad que todos conocemos, y por desgracia se lleva muchas vidas a edades tempranas. ¿Quién no tiene un familiar cercano que haya sufrido por culpa de este mal?.
Queremos que sirva de homenaje a todos los que sufren o han sufrido este mal, y nuestro esfuerzo queremos que sirva para ayudar en lo posible a paliar esta enfermedad, y que mejor manera de hacerlo con lo que más nos gusta, correr.
Es por ello que invitamos a todos los que se sientan identificados con esta causa a colaborar, bien a través de la fila 0 o participando activamente el día de la prueba, andando o corriendo.
La prueba tendrá lugar el día 14 de septiembre a las 20 horas en la pista de atletismo que se encuentran en el polideportivo municipal de Membrilla. Para ver toda la información se puede mirar a través de la pagina del club Atletismo Membrilla (www.camembrilla.es) .

También reseñar que para la ocasión hemos invitado a Eva Esnaola, Atleta internacional por España de pruebas de Ultrafondo, con varios records de España entre los que se encuentran los de las 24 horas con 220km. Y varias veces campeona de España de 100km donde cuenta como mejor marca con 8h. 39´. Toda una personalidad que merece la pena correr a su lado".

A todo el que se quiera inscribir lo puede hacer siguiendo la pista del siguiente link:

miércoles, 21 de agosto de 2013

MARTES 20: CUESTAS INTENSAS Y ESTA HISTORIA YA ME LA SÉ


Durante toda la semana no tengo clases por la tarde-noche por lo que no estoy madrugando. Cuando salí a eso de las 20:40, llevaba en mi cabeza la cantinela esa de "esta historia ya la he vivido y me gustaría que no tuviera que repetirse": salgo a correr y voy más pendiente de que no aparezca el dolor que de otra cosa. Si aparece se me caerá el mundo encima, y si no a rezar para que al día siguiente no aparezca. Me fui al Cerro del Ángel dispuesto a jugarme a negro o blanco mi rodilla derecha. Pensé que nada mejor para las molestias del día anterior que probarme haciendo cuestas de las buenas. Una vez llegado al cerro hice series cortas de mucha pendiente, con su bajada correspondiente, alternando con series largas con la misma bajada corta, en un total de 3 de cada una, y no noté ningún tipo de molestia. Es más, me encontré muy bien. A la vuelta no quise forzar y no apreté mucho, pero seguí sintiéndome suelto y sin incidencias. Las nuevas zapatillas..., muy bien

LUNES 19: A RODAR CON LA MOCHILA Y CON LA CINTILLA ILIOTIBIAL

Un runner obseso, como yo, sobrelleva muchas cosas de la mejor manera: hace pelillos a la mar cuando tiene que madrugar, soporta los inconvenientes de compaginar familia, trabajo y running, saca tiempo de donde puede, aguanta los dolores y molestias típicas del duro entrenamiento, aporta un dineral en ropa, zapatillas, competiciones, desplazamientos, etc, y todo lo hace con la mayor ilusión del mundo...

Pero un runner obseso, como yo, no es capaz de entender dónde se van todos esos sacrificios cuando nuestro cuerpo nos detiene en seco mandándonos el mensaje inequívoco de que algo ha fallado, y estamos o lesionados o al borde de una lesión. Los niños pequeños lloran cuando quieren algo, y en un sistema parecido, nuestro cuerpo cuando nos pasamos con él, se queja a su manera advirtiéndonos, o directamente comunicándonos, que no podemos seguir.


Ya el domingo sufrí un dolor, que conocía bien de antes, en mi tirada de casi 40 kilómetros: se trataba del síndrome de la cintilla iliotibial. Fue muy doloroso pero también muy pasajero, ya que duró unos 3 o cuatro minutos y se fue. El aumento de carga kilométrica y sobre todo, las largas tiradas de más de 35 kilómetros tenían que pasar factura, porque ese es uno de los principales riesgos que corremos con este tipo de entrenos. El lunes volví a salir con el episodio del domingo prácticamente olvidado; me fui a hacer el circuito que yo denomino "el de la Vega del Peral", que me lleva a dicho paraje para luego volver por el Camino del Peral.  Estrenando las Adidas TR5 Kanadia para realizar un total de 13 kilómetros que en esta ocasión fui haciendo sin mayores incidencias y a un ritmo más o menos lento de 5´40´´ aproximadamente. Iba con la mochila de hidratación, sobre todo para probar el parche de bicicleta que había puesto a la bolsa, el cual resultó perfecto, ya que no se escapó ni una gota de agua. El caso es que a dos kilómetros del final, así, sin previo aviso, pasé de ir perfectamente a sentir el mismo dolor incapacitante del día anterior; esta molestia invita a parar porque te deja la rodilla bloqueada y a cada paso sientes el pinchazo punzante. El problema fue que en esta ocasión me duró en torno a 6 o 7 minutos y sólo al final se fue yendo, y menos mal.

Llegado a casa estiré y no sentí más molestias. Tampoco me dolió luego en frío, ni al subir o bajar las escaleras, momentos y situaciones en las que estas lesiones también te dan información.

Así estamos, a un mes de hacer la Madrid-Segovia y con un montón de dudas. Aún así, adelanto que en el entreno de ayer martes, me exigí haciendo cuestas durante 1 hora y 5 minutos y la rodilla no me molestó nada en absoluto.


domingo, 18 de agosto de 2013

LAS ADIDAS KANADIA PARA LA MADRID-SEGOVIA


Si recordáis, yo venía usando dos modelos de zapatillas: la 890 V3 para competir (he comprado cuatro pares del mismo, dos de los cuales están ya gastados, otro estoy en ello y el último está reservado para la Maratón de Málaga); la 880, que usaba para entrenar. Gasté tres pares, pero acabé llegando a la conclusión de que eran las causantes de mis pequeñas molestias (y no tan pequeñas), así que decidí no volver a comprar más este modelo. Pues bien, llevo casi tres meses usando las 890 V3 con las que corrí la Maratón de Roma, para todos mis entrenos, incluso los de montaña y los más largos. La verdad es que estoy muy contento con su rendimiento, pero he reflexionado y necesito un par de zapatillas para correr la Madrid-Segovia con garantías de amortiguación y un modelo de trail, a poder ser. Además buscaba que ese par de zapatillas también me sirvieran para los entrenos de otoño-invierno del Plan Específico de la Maratón de Málaga. Así que tras buscar un montón tenía dos candidatas: las Asics Gel Trail Racer, que son bastante ligeras, y las que finalmente han sido las elegidas: las Adidas Kanadia Trail 5. Ya sé que son zapatillas de iniciación a la montaña, no son para expertos, pero creo que me pueden venir bien. Lo más seguro es que luego me vea obligado a comprarme otro par para entrenar la maratón, porque creo que éstas son demasiado específicas para el trail.

Esto es lo que dicen de las Adidas Kanadia



DOMINGO 18: 39 KILÓMETROS, CUANDO LAS COSAS NO SALEN COMO HABÍAS PLANIFICADO

Hoy domingo tenía pensado para mi un proyecto ambicioso: hacer una tirada de 50 kilómetros, y como las últimas semanas, yendo solo; eso sí, con un recorrido bien pensado, y con material suficiente para no tener problemas. La idea era salir de noche, y tras un montón de preparativos dejé todo dispuesto para consumar el nuevo reto.

En esta ocasión la idea era coger el camino que hacia el Este lleva al Pozo de la Serna, para que a los casi 10 kilómetros, dirigirme al Sur, cruzar la Carretera que lleva a Villanueva de los Infantes, seguir por el mismo camino hasta llegar a la Carretera de Cózar, y allí ir al Este de nuevo hasta coger el carreterín que lleva a la Presa del Pantano de La Cabezuela, hacia el Sur. Desde allí tenía que dirigirme al Suroeste teniendo cuidado de no perderme entre tantas bifurcaciones, hasta alcanzar el Campo de Golf del Complejo de La Caminera, continuar hasta Torrenueva y una vez allí, por un camino de vuelta casa.


Como se puede apreciar, el mero hecho de ver el recorrido asustaba. En cuanto a la altimetría, no era en esta ocasión demasiado exigente.

Con la mochila de hidratación y su bolsa llena hasta los topes de agua con un poco de isotónica, un bote de cereales, tres barritas y un zumo, así como el resto de complementos (gafas, gorra, móvil y el Iphone), partía de casa cuando aún era de noche.

Estas fotos son del comienzo de la aventura:



Todo pintaba bien, porque las piernas fluían y el ritmo inicial era el adecuado (un poco por encima de 6´), cuando en el kilómetro 4 sentí un montón de humedad en la espalda. Me dí cuenta de que llevaba la camiseta chorreando y que la bolsa soltaba un montón de líquido. Paré, me quité la mochila la abrí y comprobé. Enseguida me dí cuenta que tenía un agujerito en el centro por donde se iba el agua, y pensé que el pico puntiagudo del zumo había causado el desaguisado. O bien me daba media vuelta y arreglaba el tema o bien seguía y me arriesgaba, e hice esto último...

Pronto el agua chorreó el pantalón totalmente y bajó por las piernas hasta hacer lo propio con las zapatillas. Como todavía no hacía calor, lo que sentía más bien era frío, pero ya no podía echarme atrás. En una de estas se me cayeron las gafas que llevaba amarradas en la cintura y estuve en un tris de pisarlas y dejarlas machacadas. Llegué al cruce en el cual tenía que tirar al Sur. La foto siguiente es de ese momento.


El ritmo no era más rápido porque no quería botar mucho para no derramar más agua. Por otra parte fui comiendo cereales y barritas según el guión establecido, y crucé la Carretera de Infantes. Pasada ésta tuve el segundo contratiempo: una gran descomposición que me obligó a parar con urgencia, porque la cosa no podía esperar. Así que os podéis imaginar entre las vides y sin papel higiénico. Pensé: hoy va a salir todo mal.


La foto de arriba fue ya pasado ese trance. Tras esto me dí cuenta de que había parado el Garmin para tener mi momento "Allbran" con total tranquilidad, pero no me dí cuenta y no lo puse en marcha, así que corrí más de un kilómetro y medio con el aparatito parado. Esto causaría un grave contratiempo porque llevaba una chuleta con los puntos kilométricos donde había cruces, bifurcaciones y otras dificultades, y ahora, al parar el GPS las referencias cambiarían totalmente.

Llegué en el kilómetro 14 a la Carretera de Cózar y me fui al Oeste según el guión, buscando el carreterín de la presa. La foto siguiente es de ese momento:


Alcancé el carreterín que me llevaría hacia el Sur hasta la Presa del Pantano de la Cabezuela, a 4 kilómetros, y en esa zona me aburrí un poquito. 



Llegué sin mayores incidencias a dicha presa, justo donde tenía que coger el camino hacia el Sureste y me saqué la chuleta, porque aquí había un lío de mil demonios con un montón de redes de caminos y sendas. ¡La chuleta está totalmente empapada!. Es más, justo en la parte del papel donde está escrito el punto kilométrico de la zona en la que estoy me encuentro se ha corrido la tinta y no se ve nada. Decido cortar el papel y quedarme con la guía que aún se ve. Para orientarme en los metros siguientes tendré que tirar de intuición, eligiendo conforme recuerdo en el Google Earth. Llego al 22 y pico y no aparece la bifurcación del papel (echo cuentas porque tengo que sumar el desfase de 1,5 kilómetros por la parada del Garmin, pero ni así). Continúo por el camino estando totalmente perdido y dubitativo y medio kilómetro más adelante me encuentro con un hombre a quién le pregunto por cómo ir al Hotel La Caminera. Justo lo que me temía: me he pasado y tengo que regresar más de un kilómetro hacia atrás o continuar. Ese camino me lleva a Valdepeñas, pero también puedo ir a la Caminera por una bifurcación que hay más adelante, por lo que decido continuar.

Aquí paso los peores momentos, porque comienza a hacer calor, apenas me queda agua y aún me restan unos 25 kilómetros. Corro y corro y no llego a la bifurcación que me había indicado el buen señor, así que decido despreocuparme y continuar por el camino principal. Mientras tanto voy comiendo, que de eso sí que tengo suficiente. Las piernas van bien, pero querría tener agua con la que refrescarme la cara y el cuello. 

Llego a la Carretera de Cózar nuevamente, aproximadamente en el kilómetro 29. En ese momento no lo sé, pero luego me he dado cuenta que justamente es el mismo sitio donde 15 kilómetros antes había tirado a la izquierda para ir a la presa. Cruzo la carretera y voy en sentido contrario por el mismo camino por el que había ido antes, y yo sin saberlo.

El ritmo medio se ha estabilizado en 6´12´´, y salen algunos kilómetros por debajo de 6´pero la mayoría salen un poco por encima de esa barrera. Llego a un cruce y cojo el camino que va a la izquierda por pura intuición ya que veo a lo lejos, enfrente mía, Las Sierras de San Carlos del Valle. Llego al 30 y ¡otro contratiempo!, la rodilla derecha comienza a dolerme, a darme terribles pinchazos y se queda sin fuerzas. Esta historia ya me la sé: Síndrome de la Cintilla Iliotibial, así que maldigo, hasta se frustro, porque veo peligrar la Madrid-Segovia, sin embargo, dos o tres minutos después me deja de doler y me siento aliviado. Ese kilómetro me sale a 6´30´´ porque he ido cojeando.

Tras el susto compruebo como el que me echo a la gargante es el último minisorbo de agua, así que hago cuentas y pienso que me quedan por lo menos 8 kilómetros, con el sol pegando bien y yo sin líquido vital. Para compensar, me echo a la boca un montón de cereales y rezo para que la rodilla no me vuelva a decir nada más. Esa foto es la penúltima que he realizado, y no he echado más por el cabreo que he llevado todo el rato.


Y el resto de la historia ha sido más plácida de lo esperado: bien de piernas, sin más molestias, esperando ver el pueblo por fin, hasta que así ha sido. He alcanzado de nuevo la Carretera de Cózar ya en su tramo final, y he corrido por asfalto unos tres kilómetros hasta llegar a la rotonda de entrada a Valdepeñas. He pensado si dar un rodeo extra para hacer algo más de kilómetros, pero finalmente he reflexionado,  ¡qué demonios!, ¿no has tenido bastante ya por hoy?. Así que he llegado a casa marcando un poco más de 39 kilómetros y 4 horas y 2 minutos. Esta foto es de mi llegada.



Ya en mi hogar he estirado todo lo bien que he podido y la verdad es que no me ha molestado la rodilla, y que así siga. A la bolsa le he puesto un parche de bicicleta y creo que valdrá. Es la última vez que echo un zumo en la bolsa.

Este ha sido el recorrido final:



Finalmente, bastante contento por haber luchado contra los elementos y los contratiempos. No ha podido ser los de los 50 kilómetros, ni creo que sea ya en esta temporada. En otra será.