RELATOS

Una vez iniciado el movimiento supe que no habría marcha atrás, sería difícil regresar a aquello que fui. Hoy soy otro ser: curtido, compañero del esfuerzo, amante de mis kilómetros. Sólo el fin de mis días debería obligarme a parar: ese es mi pequeño sueño.

jueves, 7 de junio de 2012

MARATÓN DE ESTOCOLMO: CAPÍTULO 4 EL DESENLACE

Treinta kilómetros, la distancia mágica, aquella que nunca había sobrepasado en mis entrenos, estaba a la espera de que suceda algo especial pero nada ocurrió, salvo que seguíamos corriendo tratando de mantener el ritmo. íbamos avanzando sin dejar de adelantar corredores, y cada vez se veían más "cadáveres" a los que el tío del mazo ya les estaba visitando. Pasamos por el túnel del aparcamiento del Mercadona, como yo lo bauticéo (no es que hubiera ningún Mercadona allí, Roig no ha conquistado todavía Suecia), y saludamos a los cámaras de televisión que estaban encaramados en lo alto. Entramos de nuevo en Sodermalm y le comenté a Roger que mi dorsal tan sólo se sostenía ya por dos imperdibles. No sé como lo hice pero seguro que sería de los pocos maratonianos que acabaron la carrera sin dorsal por culpa de la lluvia.

No quiero exagerar mucho los hechos, aunque mi vocación frustrada de escritor podría dar pie a ello, pero parecia que me hubiesen echado el cenizo porque aproximadamente en el kilómetro 31 y medio comprobé como el cordón de mi zapatilla izquierda, donde iba el chip, se me había desatado. Recordé la conversación que tuve con Mercedes cuando me agarré dicho dispositivo: como no fui capaz de engancharlo con la banda de papel plastificado que daba la organización y opté por agarrarlo con el nudo de la zapatilla (seguro que sería de los pocos runners que hizo esta locura) Mercedes me dijo que el cordón tendería a desatarse por el hecho de resbalar con el plástico del chip. Así fue; menosmal que le hice caso y me hizo un doble nudo bien fuerte, porque ahora lo que tenía ante mí era la zapatilla desatada pero al menos el chip sujeto por el nudo interior. Hice referencia al problema a mi partener sueco y me miro casi con compasión. ¿Cómo podía correr?, malamente porque el pie bailaba un poco en un montón de agua y no fui pisando bien desde ese momento. Decidí agacharme para atarlo, pero enseguida desistí y me volví a incorporar. Roger me sacaba unos 150 metros que recuperé en un pis pas porque pese a todo me seguía encontrando fuerte.

Ahora venía otro escollo, el puente, con lluvia muy intensa, subimos el repecho de antesala al verdadero sufrimiento. Las piernas picaron un poco, pero no hubo problema. Enfilamos mirando al norte con todo el viento de cara y la pendiente positiva, la muerte. La gente que ibamos adelantando emitía quejidos y no sé si tacos en sueco y otros idiomas, yo mismamente dije un par de veces "mierda". Pero tampoco fue para tanto, ya que llegamos a la pendiente negativa y todo fue mejorando. Al bajar del todo un grupo de música estaba tocando Another Brick in the Wall, Pt. 1  de Pink Floyd, de su album "The Wall", es decir, "el muro", es decir, "el tio del mazo". Intenté hacer este comentario a Roger, pero creo que era demasiado joven o quizá no era muy fan de este tipo de música, o quizá me expliqué mal.

Dejamos el agua a la derecha e ibamos derechos a la T-Centralen nuevamente. El kilómetro 35 arrojaba los siguientes datos:



Es decir, un paso de 23´25´´ que indicaba que aún ibamos a buen ritmo pese a los accidentes. El kilómetro 31 fue sorprendente, quizá por la cuesta abajo, 4´39´´ eso fue en la zona donde paré para ver si me ataba las zapatillas, y perdimos algo de ritmo, y luego 4´41´´ y sobre todo 5´08´´ eso en plena subida del puente. El último ya era un ritmo más normal, cercano a 4´40´´. Acumulado de tiempo en 35 kms, 2 horas 38 minutos 30 segundos.

Los datos de la organización.




Según los datos oficiales, últimos 5 kilometros en 24´07´´a 4´50´´ de media. Tiempo total 2 horas 40 minutos 47 segundos, con un desfase de más de 2 minutos en tiempo y de unos 500 metros en distancia.

La foto que os pongo creo que es en la zona cercana a los 35, en Norr Mälarstrand. No os engañéis, es de archivo, porque ese brillo del sol en el agua pertenece a otra maratón.



Seguía feliz, pero ya más cansado. Avanzábamos por el 36 y avituallé isotónica. Tenía la sensación y el convencimiento de que ibamos a terminar la maratón juntos Roger y yo, y así se lo hice saber. Le pregunté cómo iba de piernas y fuerzas y me dijo que bien dentro de lo que cabía. Yo le dije que iba ya bastante cargado. La foto que os dejo es de algún  lugar entre el 35 y la T-Centralen:



Se puede comprobar que ya no iba tan entero. En cuanto bajamos por un puente para subir y girar a la T-Centralen había un repecho de unos 200 metros que me acabó de rematar, aproximadamente kilómetro 37. Desde ese momento sufrí lo que denominé un "general breakdown" como le hice saber a Roger. Fue más o menos por esta zona:



Desde luego yo no iba tan alegre como el que sale en la foto. Roger me dijo que seguiríamos hasta el final y yo le comenté que no podía con el ritmo. Aflojamos y hasta el 38 fue un poco complicado. Ya en el 38, cuando cogimos Odegatan otra vez, estaban dando Dextrosa, y me puse contento pensando que me salvaría la vida. Había una cuesta importante para mi, porque el mareo no me dejaba correr. El caso es que cuando la cuesta terminó y hubo pendiente negativa me recuperé bastante y así fue hasta el 40. Ya no quedaba nada y Roger hizo hincapié en ello. Mi Garmin marcaba:



Habíamos hecho los últimos 5 kilómetros en 25´38´´, es decir, a 5´07´´ el kilómetro y el paso total había sido de 3 horas 4 minutos y 8 segundos. Recuerdo que eché cuentas y pensé que no podría jamás bajar de 3 horas 15 minutos como me había propuesto, porque no podía ir ya fluido. El tiempo oficial era:


3 horas 6 minutos y 56 segundos, con un desfase de casi tres minutos y unos 500 metros. Últimos 5 kilómetros en 26´05´´.

Roger me volvió a animar y yo desistí, me dolía bastante el pie y le dije que siguiera que nos veríamos en meta. Corrí unos 300 metros más y conforme giramos la derecha por la avenida de árboles, paré y perdí en torno a 1 minuto 45 segundos en quitarme los guantes, desatarme el nudo con las manos heladas y atarme la zapatilla. Sólo me puse un guante y el otro me lo enganché en el pantalón y a sufrir. Fue ciertamente un alivio pensar que los escasos dos kilómetros que quedaban los haría con la zapatilla abrochada y sin sentirme mal por Roger, así que a no más de 6 minutos el kilometro sufrí lo que tenía que sufrir para pasar por el 41, continuar hasta el giro a izquierdas que mostraba la torre del estadio (donde en la vuelta anterior pensé cómo estaría a estas alturas), y subir rezando la cuesta que me llevaba a los aledaños del recinto. Ya no había cuesta arriba y todo estaba hecho. Entre en el estadio como en una nube, pero no disfrute como creía, porque estaba demasiado out, demasiado desconectado. Entre el 35 y el 40 había perdido 83 puestos, y en sólo 2 kilómetros 200 perdí la friolera de otros 296 puestos adicionales


En esta corta distancia, mi tiempo fue de 15´49´´ para hacer 2,2 kms, a 7´el kilómetro, a los que hay que restarles los casi 2 minutos perdidos en al atado de la zapatilla, es decir, más o menos a 6´el kilómetro. El Garmin me decía:



Difícil de comparar por que para el Garmin la última vuelta consistió en 680 metros, ya que la distancia total medida por el aparato fue de 42 kilómetros 680 metros.

Pero llegué, y llegué bien, y allí estaba Roger esperándome y nos fundimos en un abrazo y me preguntó varias cosas, pero yo no tenía muchas ganas de hablar ni podía pensar en inglés. Tiempo oficial 3 horas 22 minutos 41 segundos. Me podía dar por satisfecho.

Recuerdo que pensé, ¿correría otra maratón?, y por mi mente salió una respuesta rápida: por supuesto.


MARATÓN DE ESTOCOLMO: CAPÍTULO 3, EL SEGUNDO TERCIO

Pasado el kilómetro 15, enfilábamos por Odengatan, una calle llena de bullicio comercial y de franquicias, abarrotada de gente pese a la lluvia. Pendiente positiva al principio para luego tener una generosa cuesta abajo en la zona de The Public Library, un edificio muy conocido allí. Me había tirado a la piscina y llevaba la gente del globo de 3:15 por detrás y aunque no tenía sed avituallé un poco de agua, difícil de beber en el vaso pero ya me estaba acostumbrando.

Justo al dejar a la izquierda una muy bonita iglesia de torre con tejado verde terminado en punta afilada  (como la mayoría de las de allí),  giramos a la derecha por una avenida con árboles y algo menos de un kilómetro más allá un giro a la izquierda  cogiendo Karlavägen con un generoso repecho de unos 300 metros viendo al fondo la torre del estadio. Recuerdo que pensé "cuando pasase nuevamente por allí me quedarían unos 600 metros para terminar y todo el pescado estará ya vendido".

Habíamos finiquitado la primera  vuelta, 17 kilómetros a las espaldas, con sensaciones que continuaban siendo muy buenas, y justo al girar a la derecha para comenzar la avenida Valhallavägen nuevamente, teníamos el avituallamiento especial con plátanos. La verdad es que estaba deseando agarrar lo que pensaba iba a ser una banana que tendría que pelar sobre la marcha, pero no fue así, lo que había en las bandejas eran cachos pelados de plátano que se pegaban unos a otros, ya no digamos cómo se pegaban en los guantes húmedos, en los que se formó un masa similar a la que podemos apreciar cuando rebozamos el pescado y se pega la harina y el huevo en el tenedor.

En todo este tiempo, continué escalando posiciones y manteniendo un ritmo bastante vivo, animado más si cabe por los beneficios de ir pasando ya por sitio conocido.

Tras girar a la derecha y pasar, por segunda vez, por la sede de una de las cadenas de TV más famosas del país, en la zona Diplomatstaden, en cristiano la zona de las embajadas, tuve que sufrir nuevamente un par de repechos, o mejor dicho, toboganes, llegamos a la rotonda donde al comienzo habíamos cogido dirección a la derecha para ir a la Old Town, y sin embargo, ahora ibamos a la izquierda hacia a uno de los pulmones más grandes de la ciudad, y pude apreciar edificios de embajadas, como la de USA, o Turquía (todavía iba bien como para distinguir la nación que había detrás de cada bandera). Esta parte la tenía recorrida en la tiradilla que había hecho dos días antes con mi mujer, y sabía que no se iba a dar mal porque iba muy entero. En el kilómetro 19 aproximadamente, me asocié con un runner sueco, que ahora sé que se llama Roger Sandberg. Me gustó su cadencia de carrera y su ligereza y llevaba un ritmo similar al mío. No sé porque al pasar por el Museo de la Policia comencé a charlar con él. Era bastante agradable y, como todos los suecos, hablaba un perfecto inglés, no como el mío. Pasamos el kilómetro 20 y me sorprendió ver cómo había bajado los registros en la última decena de kilómetros. Mi Garmin decía lo siguiente:



Paso del kilómetro 20 en 1 hora 29 minutos 48 segundos, habiendo corrido los últimos 5 kilómetros en 22´09´´, otro muy buen registro, y habiendo hecho el segundo 10.000 en 44´04´´, frente a los 45´44´´ que me marcó el Garmin en el primer 10.000. En casi todos los últimos 10 kilómetros había bajado de 4´30´´ y en algunos había ido por debajo de 4´20´´. El tiempo oficial era algo superior:





Paso del kilómetro 20 en 1 hora 30 minutos 55 segundos, algo más de un minuto extra que el Garmin, y casi 250 metros más de distancia según el aparatito. En cuanto a los puestos, pues había ganado otros cuantos hasta alcanzar el 1352, casi mil menos que el puesto en el que salí. Me encontraba muy bien a pesar de la intensa lluvia y las rachas de viento. Enseguida tras el paso por el 20 giramos a la izquierda por un carreterín asfaltado de algo más de 1 kilómetro orientado al norte, donde pegaba el viento de frente, lo cual se hizo muy muy desagradable. En la foto se puede ver una vista aérea de dicho carreterín en la zona que ellos llaman Djurgårdsbrunnsvägen – Greve von Essens väg, que traducido al castellano significa, "no tengo ni idea":



El viento era tan intenso que ni creando pelotón se podía avanzar sin dificultad, pero como las fuerzas me acompañaban no me resultó muy dificultoso y el ritmo no decayó apenas. Al final girábamos a la derecha pasando por un campo de Rugby donde dos días antes había correteado con Mercedes, y el viento dejó de darnos de cara. La carretera era más ancha y yo seguía de parloteo con Roger. Pasamos por una zona donde se veían naves industriales y enseguida nos fuimos adentrando en una zona verde con algunos toboganes, pero no de recreo infantil precisamente. Desde el kilómetro 19, que salímos del centro, había mucha menos afluencia de gente pero yo me estaba procurando una entretenta con Roger para que todo se me hiciera más liviano.

Recuerdo que en kilómetro 23 aproximadamente volví a beber isotónica (era la cuarta vez que lo hacía) y la lluvia no nos daba tregua alguna, más bien al contrario, nos seguía empapando. En cuanto a los ritmos, nuestro paso por el 25 según mi aparato era:




Ahora el ritmo se movía más en 4´30 y pico que antes. En el 24 y medio pasamos muy cerquita de un famoso pirulí en la zona entre Kaknäsvägen  y Manillavägen, que es una estación de TV. He aquí una foto de archivo (fijaros en el cielo azul que nunca ví el día de la maratón).



Ya no estaba bajando de 4´25´´. También es cierto que el terreno era más duro, con más subidas y la ausencia de gente animando no ayudaba. También es cierto que las piernas comenzaban a ir cargándose, aunque las sensaciones eran bastante favorables aún. Tiempo de paso del 25 según Garmin, 1 hora 52 minutos 32 segundos. En cuanto al tiempo oficial:















Según la organización, el tiempo de paso en el 25 fue de 1 hora 53 minutos 58 segundos. El desfase era ya de más de 300 metros de distancia. En estos 5 kilómetros había ganado otros 100 puestos más, hasta alcanzar el 1232. En cuanto al tiempo de los últimos 5 kilómetros, 22´44´´ según el Garmin y 23´03´´ según la organización.

Os pego una foto de esa zona, donde se pueden apreciar los charcos y también el mogollón de verde:




La charla con Roger continuó, me habló de su afición por el running, de dónde vívía, le hablé de dónde vivía yo, de mi plan de entrenamiento, del peso que había perdido, etc. Pasamos por una zona donde tocaba una orquesta que estaba reproduciendo una famosa canción de Bon Jovi y seguimos avanzando por las últimos kilómetros de zona arbolada, hasta entrar en la zona verde donde está el parque de atracciones y los museos en la isla llamada Djurgårdsvägen; recordé que tocaban de nuevo bananas, y otra vez tuve que pringarme los guantes. Quizá debería haber cogido más cantidad, y puedo anotar un error en mi debe.

De vez en cuando nos preguntábamos el uno al otro qué tal iban las sensaciones y coincidiamos en decir que no tan bien como al principio pero bien en general. La lluvia se intensifico antes de entrar en la zona transitada paralela al agua, zona que ya conocía del kilómetro 3 y pico, en Oxenstiernsgatan y Strandvägen. En la siguiente foto aparezco aproximadamente en esa zona aproximadamente kilómetro 28:




Obviamente, yo soy el feo de la izquierda, el que lleva el dorsal colgando. Mi amigo sueco es el joven y guapo de la derecha, con el dorsal bien colocado y sin cara de estreñido.

En esa zona cogí unas barritas de chocolate duras de roer y tuve que tirar el tercer cacho porque pensé que si seguía mordisqueando vería rodar medio molar por el asfalto mojado. Pasamos de nuevo por el teatro, en la zona de Strandvägen – Norrmalmstorg una zona muy céntrica, para volver a cruzar el puente hacia la Old Town. Allí esperaba ver a Mercedes, en la zona del Palacio Real, kilómetro 30, en Norrmalmstorg – Skeppsbron , pero no la ví, aunque un kilómetro antes me pareció oir mi nombre y giré la cabeza (confirmamos después que era ella).

Ya sólo quedaban 12 kilómetros y tenía la sensación de que iba a terminarla felizmente. Mi Garmin decía lo siguiente:




Estos nuevos 5 kilómetros habían sido ligeramente más rápidos que los anteriores, haciendo un total de 22´33´´. El paso del 30 fue en 2 horas 15 minutos 5 segundos y según la organización:




El paso del 30 había sido en 2 horas 16 minutos y 40 segundos y el del último 5000 en 22´42´´. Las piernas ya me decían que habían corrido mucho pero que seguirían obedeciendo si las mimaba. La ropa me pesaba un quintal y mis pies nadaban dentro de un mar en mis zapatillas, de tanto charco pisado. Aún así habíamos ganado otro montón de posiciones hasta llegar al puesto 1.096.

Las charlas con mi partener sueco se fueron espaciando conforme nos ibamos cansando e ibamos dejando de ir tan felices por la vida. Es que estábamos corriendo un maratón y no jugando afablemente al golf.

Quedaba menos de un tercio, lo más difícil...





martes, 5 de junio de 2012

MARATÓN DE ESTOCOLMO: CAPÍTULO 2 EL PRIMER TERCIO DE LA CARRERA

Una vez puesto en marcha se me olvidó el frío, se me olvidaron los miedos y tan sólo me concentré en la tarea. Partíamos de Lidingövägen un poquito antes del estadio, para alcanzar este y girar a la izquierda. Supuse que no iba a disfrutar mucho del paisaje pero tenía que tratar de que fuese una buena experiencia.


Por delante de mi tenía el recorrido que se ve en el plano, desde luego más fácil de recorrer con la mirada que corriéndolo en escala real:









He aquí una foto de la salida:





Los primeros doscientos metros fueron los típicos de una carrera masificada, tratando de esquivar gente que iba más lenta y cambiaba constantemente de dirección haciendo continuos zig zags. Al girar a la izquierda se abría una avenida amplia de aproximadamente 2 kilómetros de larga que se hacía con ligera pendiente negativa. Estábamos en la zona de  Valhallavägen (acostumbraros a los nombres porque todos son así).


En todo momento traté de retenerme para no comenzar demasiado fuerte y cuando llevaba recorrido aproximadamente siete minutos me encontré con Marisol y nos asociamos. Una vez terminada la avenida giramos a la derecha y comenzaron los pequeños repechos. Estábamos en Entramos en Oxenstiernsgatan – Strandvägen , y al poco llegamos a una zona donde se veía el agua y los barcos a la izquierda, y estaban los railes del tranvía. Por aquí Marisol aconsejó irnos a la parte izquierda para no correr más metros de los imprescindibles. Os pego una foto de unos fieras que iban por delante de mi:








Tras esta zona pasamos por Strandvägen – Norrmalmstorg, una zona bastante céntrica y con edificios importantes. Marisol seguía insistiendo en que tirase hacia adelante pero yo le dije otras tantas veces, que no tenía prisa y que el ritmo no era malo; además, quería reservarme. una zona con mucha gente (increible que estuvieran animando con la que estaba cayendo). Cruzamos un puente en Norrmalmstorg – Skeppsbron  y enfilamos hacia el Palacio Real donde estaba Mercedes, la cual nos saludó. Los 5 kilómetros los pasé según dice mi Garmin:




Comoquiera que ya había un desfase de unos 150 metros de forma que en el punto del 5º kilómetro el Garmin marcaba 5.080 metros, la organización muestra que mi ritmo medio era:





Es decir, a 4´44´´ el kilómetro y tardando 23´38´´, según mi Garmin en 23´18´´ por el desfase de ochenta metros antes señalado. En ese momento iba situado el 2334 e iba adelantando poco a poco a más gente.


Subimos una cuesta considerable para bajar por un pequeño tunel en la zona de Skeppsbron – Söder Mälarstrand, y estábamos pasando a Sodermalm un barrio bastante grande de Estocolmo.








Marisol volvió a indicarme con la mirada que tirase solo porque me veía reteniendo bastante, y era verdad, sentía que iba bastante más lento de lo que podía, pero no me preocupaba demasiado aún porque era bueno calentar bien.



Transcurrimos dos kilómetros por una calle ancha que dejaba el agua a la derecha, en la zona de Söder Mälarstrand como preámbulo a la subida al puente, en Västerbron . Fue entonces cuando allá por el séptimo kilómetro decidí tirar a mayor ritmo. Esto se notó enseguida porque pasé a marcar menos de 4´30´´ en los siguientes. Según el Garmin:














Se ve como el octavo, noveno y especialmente el décimo kilometro fueron ostensiblemente más rápidos. Parte del séptimo y del octavo fueron con pendiente importante porque fue en la zona del puente, lo cual indicaba que me había puesto las pilas.


Llegaba al décimo kilómetro, en la zona de Rålambshovsparken  con un tiempo de 45 minutos 44 segundos según el Garmin y según la organización:



Como se ve marqué 46 minutos 34 segundos propios del desfase de unos 140 metros que había en la distancia. El ritmo medio entre el quinto y décimo kilómetro bajó hasta los 4´36´´ según el tiempo oficial.


La lluvia no había dejado de caer con relativa fuerza en todo el tiempo y las rachas de viento eran muy desagradables cuando te pillaban de frente (como fue el caso de la zona del puente). Aún así me encontraba muy bien y había logrado adelantar 500 corredores en sólo 5 kilómetros como se muestra en el puesto que ocupaba en el paso de los 10.



Hasta entonces no había bebido nada porque no me apetecía, pero si lo hice en el kilómetro 11 y la isotónico me estuvo muy sosa, pero me la bebí sin rechistar. Llegamos a la zona de la T-Centralen, la Estación Central, en City Hall – Central Station, donde había cierto repecho y por allá andaba el globo de 3 horas 15 que me había pillado, sin duda porque había comenzado demasiado despacio. Lo seguí de cerca durante unos 3 kilómetros pasando por la calle Torsgatan y por the Vasa Park, zonas de de edificios glamurosos y enfilamos por Odengatan una calle recta con pendiente que pasaba por zona comercial. Os dejo una foto de esa zona, todavía iba la gente alegre:









Las sensaciones eran muy buenas, diría que cada vez mejores, y sentía que podía perpetuar el ritmo que llevaba. En la zona de los 15 kilómetros volví a beber isotónica y al paso por la alfombra mi Gramin me decía:









Sin duda había apretado considerablemente en estos 5 kilómetros, yendo a un ritmo entre 4´18´´ y 4´28´´ como se puede comprobar. El paso por los 15 según esto fue en 1 hora 7 minutos 39 segundos, 21´55´´ estos últimos cinco kilómetros. En cuanto al tiempo oficial:










Es decir, 22´03´´ según la medición oficial, y a una media de 4´25´´ en este último intervalo, para acumular un tiempo de 1 hora 8 minutos y 37 segundos. La brecha era ya de más de un minuto y aproximadamente 240 metros de distancia.


En este caso logré recuperar casi 300 puestos, lo cual también estaba muy bien.



Ni que decir que iba contento pero cauto porque sabía que lo importante vendría al final...





MARATÓN DE ESTOCOLMO: CAPÍTULO 1 PRÓLOGO

El viernes por la mañana me desvelé a las 07:30 al oír el sonido de la lluvia golpear el cristal. Me asomé y estaba lloviendo. Aún así me puse la ropa de correr y me fui lloviendo a dar una vuelta por las zonas verdes de alrededor del hotel, una pasada. Hice unos 22 minutos y llegué como una sopa. El resto del día fue de visitas a museos y otros edificios y anduvimos más de lo previsto. Hizo bastante frío y estuve un poco malhumorado porque sabía que el sábado iba a ser incluso peor, conforme a las previsiones. Los dos días anteriores, miércoles y jueves habían sido fríos pero apenas había llovido y había estado contento por lo que creía que iba a ser una maratón fresquita, sin calor. Sin duda, de las cosas más emocionantes que hicimos el miércoles fue visitar el estadio donde terminaría la maratón:




Increible el estado de conservación del mismo, pareciendo que el tiempo se había detenido en 1912. Increible también poderse echar una foto en la placa de los 83 records y en la placa conmemorativa de los 100 años de su inauguración en los JJ.OO de 1912:




No os cuento todo lo que hicimos porque no a lugar y escapa al objeto de mi blog, por tanto, entro en materia. El día D amaneció peor, si cabe, que el viernes. Tras haber dormido mis ocho horas de un tirón, algo que conseguí gracias al cansancio acumulado del día anterior, lo primero que hice al levantarme fue acercarme a la ventana de la habitación del hotel y ver como estaba el día. Las previsiones no se equivocaban, más viento, más agua y una temperatura que dificilmente iba a superar los 4 grados durante la maratón. Bajé a desayunar y me hinché de tostadas con todo tipo de mermeladas, zumos y frutos secos. Eran las 09:00 horas y todavía tenía por delante 3 horas hasta la salida. Preparé todo lo necesario para la bolsa, básicamente ropa limpia, me puse tiritas en los pies y en los pezones, agarré el dorsal con los imperdibles en la camiseta y me eché reflex en las zonas más "susceptibles de molestias". Mi mujer fue después que yo a desayunar y cuando volvió nos fuimos a la zona habilitada para los corredores. Hacía mucho frio y aire, como he dicho antes y se quitaban las ganas de correr. Al llegar al área habilitada entramos en la carpa donde el día antes habíamos recogido los dorsales. Podéis ver la foto en la que salimos Marisol Gijón, Gregorio Sánchez (otro muy buen corredor de Puertollano) y yo:


La carpa estaba abarrotada de gente, que prefería prepararse allí antes de pasar frio. Dentro me coloqué el chip, y haciendo caso omiso a mi instinto me lo até con los cordones sin usar la banda de papel plastificado que se enganchaba en la zapatilla. Estuvimos andando entre la gente al menos 30 minutos y cuando quedaban algo más de una hora fuimos a la zona habilitada para dejar la bolsa. Yo ya me había puesto una improvisada bolsa de basura, que pedimos en el hotel, a la que Mercedes le había hecho dos aberturas en los brazos y otra en la cabeza. El caso es que al dejar la bolsa en la zona de mi número y volver ya no encontré a mi mujer, primer despropósito. Por tanto no me pudo echar la foto de rigor. Volví a entrar a la carpa hasta que me aburrí y volví a salir. Me dirigí hacia la zona de salida y hacía tanto frío que iba tiritando. Como aún quedaban 45 minutos me arrimé a un puesto de perritos calientes donde al menos me calentaba un poco. No hacía más que pensar que había estado esperando 10 meses para esto y la voz de mi madre diciéndome una de sus frases más celebres repicaba en mi cabeza "No eches cuentas hijo mío, que luego no salen".







Cuando quedaban unos 30 minutos fui a los cajones donde ya había gente tratando de calentar, si eso era posible. Había pocos que fuesen sin bolsa improvisada encima, o sin chubasquero, o bien arropados. Enseguida me dí cuenta que en el cajón C, el mío, y al resguardo de un edificio, había por lo menos 40 personas todas juntas dándose calor. Ese era el panorama. Me acerqué a ellas y estuve tratando de no pasar mucho frio, pero cuando venía una racha de viento la lluvía empapaba y os aseguro que el agua estaba helada. Cuando quedaban unos 15 minutos me fui del edificio y me dirigí al cajón, donde ya había bastante gente. Traté de estirar un poco, saltar, moverme, todo para no salir demasiado frio. Ciertamente había ya bastante gente agolpada lo que nos resguardaba bastante. El speaker comenzó a animar nombrando países y comencé a emocionarme y a olvidar que todo estaba saliendo mal. Sin darme cuenta comprobé como quedaban 5 minutos, me quité la bolsa de basura y me quedé congelado al instante. Al poco rato comenzó la cuenta atrás y sonó el disparo...