RELATOS

Una vez iniciado el movimiento supe que no habría marcha atrás, sería difícil regresar a aquello que fui. Hoy soy otro ser: curtido, compañero del esfuerzo, amante de mis kilómetros. Sólo el fin de mis días debería obligarme a parar: ese es mi pequeño sueño.

domingo, 22 de marzo de 2020

TIEMPOS EXTRAÑOS PARA EL DESCENDIENTE DEL CROMAGNON








Tiempos raros los que juegan con nosotros, como si una brisa de finas agujas nos abofeteara la cara y nos obligara a guarecernos en casa abandonando el día a día tal y como lo conocemos. Cuando el hombre primitivo dejó atrás tierras africanas en busca de nuevas experiencias estaba haciendo aquello para lo cual fue programado genéticamente: moverse y cambiar. Así llegó al continente europeo donde vivía una especie distinta, con otra esencia....El hombre neandertal era rudo, familiar y previsible, y no pudo evitar mezclarse con esa otra clase de ser tan distinto y fascinante, iniciándose con ello, posiblemente, la cuenta atrás de su extinción. 

Lo que ocurrió después lo sabemos todos sin necesidad de ojear mucho los libros de historia: el hombre conquistó la tierra, los animales, los bosques, y los hizo suyos gracias a ese poder tan mágico como peligroso que es su inteligencia, y sólo necesitó unos pocos miles de años para convertir el planeta en esto que es hoy. A veces, cuando voy corriendo pienso que un pequeño porcentaje de mi es neandertal, dicen que de media un 2,5%, y no rehuso a esos que también fueron mis ascentros. Me activa creer que ellos recorrian largas distancias para poder cazar, eran ultrafondistas de necesidad, aunque hoy mover tu cuerpo a través de tu propio esfuerzo durante horas sea casi de tontos, en esta sociedad llena de acero, realidad virtual, ondas e influencers.

Sí, son tiempos extraños estos que nos tocan vivir; el descendiente del cromagnon, ese que se rozó con el neardental, ese que domina el planeta, se ve amenazado por un organismo simple pero que inspira el mayor de los miedos, hasta el punto de obligarnos a replantear nuestras costumbres y a reflexionar para tratar de descubrir qué somos y qué hacemos aquí. La parte sapien del homo nos lleva a ser capaces de lo peor, pero también posibilita crear maravillas y convertir la locura en magia, en una graciosa dicotomía que se enreda entre el amor y el odio, entre lo bueno y lo malo y que no deja a nada ni a nadie indiferente.

Aún estaré a tiempo, en los años que me quedan por vivir, a volver a atravesar preciosas sendas, subir escarpados montes y disfrutar de esta naturaleza que nos mira de reojo y a la que definitivamente deberíamos aprender a amar y a respetar. 


martes, 10 de marzo de 2020

LA CRÓNICA DE LA QUIJOTE TRAIL: DESCARGAS DE REALIDAD

Enero pasó ante nosotros con un claro propósito de enmienda en la frente, y lo tuvimos que hacer medianamente bien porque poco a poco, con bastante timidez, fuimos comprobando como aparecían brotes verdes que indicaban señales de mejora montañera. Y es que Mercedes y un servidor nos habíamos empecinado en hallar el dorado de todo runner: "coger ritmo", sufrimos durante las semanas previas con entrenos nocturnos exigentes en los que la pauta principal fue eso: agarrar la cadencia hasta que esta se hiciera agradable. Y en los fines de semana aprovechábamos muy bien el tiempo con buenas salidas, como por ejemplo la que disfrutamos en Cazorla con Miguel Angel y Manolo. 

Paralelamente el dedo índice de Merche se puso nervioso y comenzamos a inscribirnos en un montón de pruebas: el Trail de Moixent, la Quijote Trail de Puertollano (la que me ocupa en esta entrada), la Extreme Filabres, La Magina Trail, Bosques del Sur, la I Copa Trail de Albacete, de forma que cuando nos quisimos dar cuenta estábamos con la agenda de primavera totalmente repleta de eventos.

El caso es que me comencé a encontrarme tan bien que creí que todo el monte iba a ser orégano, soñando que me estaba llegando uno de esos amados picos de forma que se producen tan allá para cuando. ¡el tonto y sus deseos!....

No me digas a dónde quieres llegar si te vas a olvidar de recorrer el camino primero

Aquel neblino domingo ocultaba bajo tanta nube un día de imponente sol.  Llegamos al Colegio Salesianos, el punto de partida de la carrera, y los nervios afloran ante la primera competición del año; ambos tenemos que visitar el aseo ante unos intestinos más quejicosos que de costumbre.

Por fin aparecen Miguel Angel y Manolo, que de demorarse unos minutos más se hubieran quedado sin evento. Ya en el corralito mucha gente conocida, pero compruebo que no somos muchos los locos a los que se les ha ocurrido la osadía de la prueba larga, es la corta la que ha aglutinado un mayor número de inscripciones. En cualquier caso el grupo es bien majo, teniendo en cuenta que se trata de la primera edición.

Dan la salida con la seguridad, pero la falta de sorpresa que supone el conocer gran parte del recorrido, ya que un par de fines de semana antes mi mujer y yo habíamos hecho de expedicionarios por la zona. Primeras zancadas y lo primero que siento es que no voy suelto, cuando justamente hubiera esperado lo contrario; el peso de la equivocación se mete en mis sienes cuando éstas me martillean la cantinela de que debería haber salido con pantalón corto y no con mallas de compresión, con las que tan mal me llevo.

En cualquier caso marcho relativamente cómodo, por delante de Miguel Angel y haciendo la goma, entre otros, con Antonio, del Pam Club de Torredelcampo. En mi cabeza se instala una idea: "esto no va a ser como habías planeado que iba a ser"; no hay disfrute por ningún lado, tan sólo neutralidad, esencia insípida. El rompepiernas en el que se van convirtiendo los kilómetros no me achanta y sigo avanzando con resolución hasta que llego al duro cortafuegos de 500 metros de longitud y 200 de desnivel hacia el cielo. En ese momento las sensaciones mejoran un poco y gano unos pocos puestos. Me alegra ver en lo alto a Pedro, montañero y amigo de Puertollano, que está en "modo organizador".  Cuando alcanzo la senda llena de jaras que enfila hacia la ciudad minera experimento las mejores sensaciones que voy a sentir en toda la carrera, y lo que no sé es que pronto se va a interrumpir ese conato de disfrute.

Ahora que estoy escribiendo todo esto pienso que es como si hubiese olvidado recorrer el camino antes de transitarlo, como si tan sólo tuviera grabado en mi deseo la meta antes de alcanzarla. Vivir la montaña ha de ser el fin en sí mismo, más allá de como marchen tus piernas ese día.

Inclasificado

Antonio me ha pillado en la senda y trato de seguirlo. En el cortafuegos que viene después le llevo fichado a una distancia prudencial pero ya en ese momento comienzo a sentir que algo está empeorando de forma rápida, quizá sea el calor. El tobogán de la preciosa senda de arriba se me atraganta en el gaznate y Antonio desaparece de mi vista, para comenzar a aparecer tras de mi un grupillo de hambrientos perseguidores. Han llegado mis horas bajas y comienzo a sentirme cazado, hasta que soy víctima también de la silueta azul de Miguel Angel que me acecha a corta distancia. No me importa que me gane, tan sólo quiero terminar, aunque soy consciente de que aún queda mucho que consumir.

En la zona de la famosa estatua del minero, mi compi de Linares me adelanta mientras me arenga para que a su vez cacemos a los de delante, ¡cómo explicarle que no carburo ni para acabar la prueba!. Lo que viene después es como un sueño desagradable, totalmente desajustado y sin enfoque; suerte que el avituallamiento me sirve para hidratarme y para ordenar mis ideas, aunque intuyo que no habrá forma de enderezar esa dura barra de cruel evidencia. 

La poca energía que me entra hace que por momentos sienta que lo peor del bache ya ha pasado, aunque me consta que quedan aún unos largos 8 kilómetros. El apoteósico cortafuegos que supone el último serio obstáculo es una prueba de paciencia en la que no puedo dejar de pensar que en otras condiciones habría disfrutado esa subida; ya en el sendón que viene después las piernas se desmoronan como un castillo de naipes, de forma que me adelantan otros dos compis. Sin embargo, en el collado de después me alcanza una pareja mixta: reconozco a María Rivero con su fácil correr, así que me propongo contagiarme de su movimiento y me asocio egoístamente a su martilleante pero ligera zancada con la esperanza de absorber un poquito de su energía.

Donde la dignidad encuentra su terreno

La suave y bonita bajada tras la estela de María es un remanso de paz en esta dura pelea. No voy bien pero al menos siento mi avance, a un ritmo más alto del que debiera y ensamblado a la pieza que ella me ha dispuesto. 

Pero en el último avituallamiento el ritmo se rompe, paramos, me refresco la nuca y la cara, ¡qué calor hace!, y afronto lo que espero que serán los últimos cuatro kilómetros, no muy duros pero con un cuerpo que ya no está para fiestas. Arranco tras María, pero ella ya no se deja robar más energía, así que pronto se escapa de mi plano, y entro en una nueva fase de desesperanza. 

El puñetero repecho queda atrás hasta que me gano la bajada por el cortafuegos que me enfilará a Puertollano. Otro corredor me recuerda mi falta de alma cuando me adelanta como una exhalación y los dos últimos durillos kilómetros de la prueba se me atragantan tanto que son casi como uno de esos jarabes imbebibles que sabes que además de saber a rayos tampoco te quitarán la tos.

Agarro la pista y luego la carretera, ya en franca bajada, intentando apretar pero apenas hay reprise; me resigno a mi movimiento para hacer visos de espera: tan sólo un par de minutos más hasta que mi cuerpo halle la meta. Por fin llega ese ansiado arco y lo cruzo de esa manera en la que odio atravesarlo, totalmente hundido.

El suelo se pega a mi, el calor se me mete dentro, pero tras hidratarme la cosa no a peor. Miguel Angel y Antonio me preguntan, y yo les cuento en pocas palabras todo este mal batiburrillo de sensaciones. Siento envidia contemplar su semblantes felices, luciendo tercero y cuarto de la categoría +45. Habría estado a gusto siendo undécimo con aplomo y alegría, pero fui séptimo con pesadumbre y abatimiento.

Alcanzo el coche, llegar hasta él cuesta; me cambio entre dolores y calambres para luego regresar al baño donde me aseo, me hidrato y la sangre regresa a la cabeza para verlo todo más claro. Llega Manolo y enseguida Merche, con dulces caras que son la antitesis a mi contrariedad: así me hubiera gustado a mi arrivar en ese puerto.

El asueto

Merche ha sido primera veterana +45, cuarta de la general; todo el mundo dice que ha sido una dura batalla, y visto lo visto no puedo rebatir dicha afirmación. Pero llega el momento de reponer fuerzas y lo hacemos con la gente de Linares; esos son, sin lugar a dudas, los mejores minutos de esta atravesada aventura dominical. Digamos que aquel día llegué a Puertollano cargado de esperanza y me fui a Valdepeñas con una descarga de realidad.

Enhorabuenas y agradecimientos

Grandes Miguel Angel, Manolo, Antonio, Paqui, Andrés, redondos todos ellos. Genial mi Merche, siempre al pie del cañón y fiable al 100%. Estupendos estos de Puertollano que sacaron adelante con buena nota su primer trail. Fabulosas fotos cortesía de César Sobreviviente, entre otros.

Animo a tod@s a que lo probéis en futuras ediciones, si no conocéis la zona os sorprenderá.












domingo, 1 de marzo de 2020

TERCERA DE LA TRILOGÍA DE LAS OLVIDADAS: LA CRESTA DEL DIABLO, Y EN EQUIPO

Octubre gris oscuro, casi negro, luego llegó noviembre y la cosas cambiaron; lo hicieron justo en el momento que menos esperaba.


Defendiendo colores

Toca ir a Torredelcampo y hay que dar el do de pecho porque defenderemos al Club de Montaña Linares en el provincial de clubes. La prueba es dura, treinta y tantos muy montañeros kilómetros, y me pillan en un momento en el que no estoy para esos sacrificios; pero no lo pienso demasiado. Junto a mis compis de equipo, Manolo, Miguel Angel y mi querida mujer, nos echamos la foto antes de la salida. En ese momento soy todo un mar de dudas




Tratando de hallar algo

El comienzo es difícil, como me esperaba. Merche se ha quedado atrás y comparto algunos minutos con Manolo, mientras que Miguel Angel ha puesto pies en polvorosa, no en vano él será nuestra punta de lanza esa mañana.

Un rato después me veo solo, parece que he cogido algo de ritmo, pero no me he de engañar es un espejismo. Las zapas nuevas no acaban de adaptarse a mi o yo no me adapto a ellas, el caso es que no es ese mi único mal, este octubre es para olvidar.

En la larga subida a la cresta

En otra época mejor habría disfrutado esa larga y preciosa subida, no es el caso. Primero el cortafuegos y luego la estrecha y colorida senda ponen a prueba mis malas sensaciones. Eso sí, cuando llego a la parte pedregosa me quedo estupefacto por tanta majestuosidad y belleza; simplemente mereció tomar la salida para ver esas preciosas vistas.








En la larga bajada que me lleva a mis carencias

Bajo todo lo mejor que puedo por una zona que debería haber sido para disfrutar y en el tobogán que viene después pierdo todo indicio de cadencia. En el avituallamiento me peleo un poco con el sistema de atado de las Asics (que hoy en día me va perfecto pero por aquel entonces todo eran problemas), y a subir de nuevo


 


Ya en lo alto hay una zona de cresteo técnico donde maldigo todo lo maldecible, no piso bien, en firme, y me cuesta un mundo; qué decir de las piernas, ¡mis piernas!, ¿dónde se han metido?

El resto hasta el final es un largo y pesado trayecto hacia meta, que afortunadamente puedo acometer no sin sufrir lo que tengo que sufrir

Y los resultados

Cuando llego me siento contento por haber podido cumplir sabiendo que lo he dado todo; he llegado diez minutos después que Miguel Angel, poco se me antoja visto lo visto. No he de esperar mucho para ver llegar a Manolo y un ratito después llega Merche, y tras compartir impresiones no nos cabe la menor duda de que los cuatro hemos puesto toda la carne en el asador.

Fuimos terceros y Merche me va a matar por poner esto: sólo competían tres equipos; en fin, la sinceridad debería ser siempre un valor seguro. Pero no se puede sentir más orgullo que el que sentí por correr con tan fabuloso equipo: mi mujer y dos buenos amigos.


 Y Merche logró subir al cajón nuevamente.






Para finalmente rematar la faena con chorizos y buena compañía






Después vinieron el Trail Puerta del Infierno, el de las garras en mis cuadriceps del que quedó cumplida cuenta en la entrada que publiqué en su momento, y sobretodo vinieron esa especial Doñana Trail y la no menos especial Ultra Costa de Almería con sus dos largas y melosas entradas, pero La Cresta y sus organizadores, el Club de Linares y sobretodo mi equipo se merecían esta publicación, la tercera y última de esa trilogía de crónicas breves y que estaban olvidadas.






SEGUNDA DE LA TRILOGÍA DE LAS OLVIDADAS: SIERRA CAZORLA TRAILS DE QUESADA, SUFRIDORES

Y llegó octubre..., nada mejoraba en lo que estaba resultando un otoño gris para mi...demasiados tonos grisáceos pensaba, pero por el mero hecho de pensar el dolor del piramidal no se iba a marchar....

Con Merche

Llegamos a esa bonita localidad y tras recoger el dorsal nos ponemos a calentar. Las nuevas Asics Gecko XT me aprietan, no me hago a ellas (afortunadamente eso ya no es así en la actualidad), y para colmo me siento agarrotado, dichosas molestias..., estoy en las antipodas de cómo se debe percibir a si mismo un buen corredor. Eso sí, iré con Merche en lo que tratará de ser un buen servicio para ella




Y pronto sentimos las incomodidades: mis pies, sus tobillos, mi cintura, el calor y todo en un terreno técnico y bonito a partes iguales. Avanzando por unos cresteos preciosos y luego bajando entre rocas mientras no dejamos de maldecir en una pose bastante alejada del disfrute.


Aventuras que son como ajenas

Merche no va, el ritmo no es el que quisiéramos, pero hoy no tiene a su competidora en el circuito por lo que sólo hay que saber aguantar la carrera. Eso sí, entre sus molestias en los pies y mis molestias juntamos demasiados puntos negros así que todo hay que decirlo: discutimos un poquito, pero sólo un poquito...

Es a partir de la mitad de la prueba cuando logramos sentirnos un poco más cómodos, sobretodo porque decido que ella se ponga delante y tire, y eso hace, hasta que por fin coge un poco de cadencia





Ni las sendas

Así que ese domingo ni las bonitas sendas de la segunda parte de la carrera nos alegran el día; es de esas jornadas en las que sólo tocaba sufrir, y eso hacemos.


Al final, tras más de 33 largos kilómetros llegamos a Quesada, y lo por fin llega la alegría, aunque sólo sea por hacer nuestros deberes y alcanzar la meta. Eso sí, en el fondo me siento triste por no haber podido disfrutar de un trail tan bonito.


El sufrimiento bien vale un premio

Pero Merche obtiene su recompensa




Y finalmente podemos reponer fuerzas y charlar con la buena gente









sábado, 29 de febrero de 2020

PRIMERA DE LA TRILOGIA DE LAS OLVIDADAS: LA CXM TAJO NEGRO: RAMA DE OLIVO

Cuando el hombre primitivo comenzó a erguirse descubrió, para su desdicha, que estaría obligado de por vida a planificar sus tareas...pero de vez en cuando se nos olvida esa carga que viene heredada de nuestros ancestros. Con esta tardía reseña pretendo activar la primera de la trilogía de crónicas olvidadas del otoño del pasado año. Pero eso sí, seré breve....


Orgullo

Merche no cabe en sí  y no puedo evitar sentir placer viéndola tan nerviosa; sus ojos sólo saben reflejar ilusión, son los ojos de una hija adoptiva de La Mancha que va a representar por primera vez al Jaén que la vió crecer, y será haciendo lo que más le gusta, correr en la montaña, ¡y qué montañas!





Y se echaron estas fotos, la última unos minutos antes de salir. No sé qué se siente en esta tesitura así que sólo puedo tratar de hallar empatía con estas reseñas.


Matando la envidia


Aprovecho la fabulosa mañana dispuesto a realizar el complicado recorrido de la carrera, pero en sentido contrario. Estamos todos avisados de la extrema dureza del mismo, 34 kilometrazos con 3000 metros positivos por terreno arduo complicado pero yo no quiero atender advertencia alguna.

Por otra parte la envidia me corroe y yo trato de asesinarla corriendo así que un par de minutos antes de que los verdaderos protagonistas se pongan en marcha comienzo a dar las primeras zancadas, y disfruto tanto que no a no más de veinte minutos de salir me doy cuenta de que me he perdido, y lo peor es que la senda me acaba llevando nuevamente a Ojén. Resignado y con seis kilómetros en la saca inició el recorrido en el sentido de la carrera a la caza improbable del pelotón, y ocurren cuatro cosas, por este orden:
  1. Alcanzo a los escobas y a algunos corredores.
  2. Me machaco en un entreno cien por cien técnico.
  3. Pillo una tremenda pájara, en gran medida motivada por el calor.
  4. Suspendo el entreno cuando sólo llevo 24 kilómetros.







Eco y Diego

Ya recuperado tras meter los líquidos necesarios en mi cuerpo me pongo el traje de reportero y el destino me lleva a conocer a Diego; bueno, para ser preciso en realidad ya nos habíamos... Eco y Diego corrieron el Ultra de la Vida en aquel diciembre maravilloso y a punto estuvimos de compartir kilómetros con ellos en esa carrera ya que llegamos un par de minutos después de ellos...eso sí, facebook nos permitió seguir sus andanzas. 

Eco llega al último avituallamiento de la carrera y pese a la tremenda batalla que lleva en sus piernas luce eufórica. Desde el refugio de Juanar Diego y el que suscribe marchamos en coche a contrareloj mientras ella hace lo propio, pero a pie,  transitando  las escabrosas sendas que llevan a Ojén, pero eso sí, lo hace en línea recta, sin dar rodeos. Acabamos teniendo suerte porque  casi por un pelo no la vemos llegar.

La espera
 
Los minutos pasan lentamente y los tengo que matar charlando con los chicos de la selección, pero  como siempre se cumple esa máxima de que todo todo llega, las chicas nos acaban alegrando la jornada, ¡las guerreras!...

Primero lo hace Inma, acompañada de José Luis, y unos pocos minutos después llega mi Mercedes...








Y tras mi mujer hacen lo propio Maria José, Raquel y por último Paqui, todas auténticas heroínas porque lo que hicieron esa mañana domingo no era cualquier cosa. A Ana y a Mari Ángeles las cortaron.





El orgullo de la rama de olivo


Y el puesto que ocuparon terminó siendo lo de menos, porque en el fondo no corremos por medallas ni cajones, lo hacemos por obtener emociones, y de eso hubo mucho esa mañana.





sábado, 25 de enero de 2020

EL ULTRA COSTA DE ALMERÍA: EL MEDITERRÁNEO QUE DA FUERZAS

La insoportable levedad del ser


"El hombre tergiversa sus deseos porque sólo vive una vida"


Tras cerrar el inolvidable círculo de la Doñana Trail mi ser había dejado de pesar y el tiempo iba transcurriendo en un equilibrio silencioso, pero llegó el día en el que tuve que enfrentarme al reto de Almería, y todo cambió, el aire se convirtió en barro que se pegó a mis músculos atorándolos a cada entreno que intentaba...

...ya a las puertas de la fecha señalada el gemelo dijo basta y me obligó a dejar de dar zancadas; de esta forma me quité de encima la pesada losa de un ultra que me venía ya muy grande a esas alturas del año. Sin embargo el destino quiso torcer el futuro cuando visité a Laura, la fisio de mi mujer: ella puso sus expertas manos en la zona dañada y me obligó a morderme con saña el labio para no gritar; mientras yo contenía el dolor me dijo: "si fuera tu doctora te prohibiría competir el sábado", y con esas palabras abrió la Caja de Pandora.
  


Espejismos

"Que contemplando el horizonte, en la más absoluta calma, no se engañe tu mirada"

Todo resultó ser un espejismo en pleno sosiego porque antes de partir ya tenía claro que iba a echar en el maletero las New Balance, "por sí acaso" pensé, y el viaje de ida se me hizo extrañamente corto viéndome en Retamar sin apenas haber reparado en cómo llegué hasta allí. Domingo, un antiguo amigo de Mercedes, apareció treinta años después en aquel polideportivo, y en la recogida de dorsales todos pudimos disfrutar de un buen rato de charla colmado de empatía; cuan caprichosas son las casualidades, el mundo no es un pañuelo, es amplio, pero hay conexiones que quizá desconozcamos.

Para terminar la jornada nos retiramos a nuestro hotel para almacenar una rica y densa cena en su buffet, y cuando finalmente caí rendido en la cama no noté la presencia de esa emoción previa a la batalla, tan sólo una serena calma.



No tengo expectativas, tan sólo avanzo

"La esperanza no es más que la certidumbre de que algo tiene sentido sin importar su resultado final"


Duermo de un tirón y cuando suena el despertador no doy respingo alguno. El ritual de los preparativos me pilla en fuera de juego, despistado, pero Mercedes si lleva esos nervios metidos en los ojos. Cuando el desayuno nos da casi a oscuras los buenos días, comprobamos como en el comedor compartimos sala con un grupo de compañeros de aventura; ¡que deciros!, habían viajado ochocientos kilómetros desde Barcelona sólo para poder ponerse pomada y así hallar consuelo ante el escozor por la picadura del dichoso bicho montañero.

A las 5:30 de la mañana me hallo en el autobús camino de Agua Amarga, y respiro ese olor a ungüento mezclado con un aderezo de compañerismo, y es que todos los que allí marchamos compartimos un mismo concepto. Y como si no fuera a librar ninguna guerra, mientras que la gente calienta exaltada, me pongo a jugar con unos pobres gatitos que andan mendigando cualquier migaja, pero yo no tengo más que geles, gominolas y turroncillos en mi chaleco.

Y allí estamos esos trescientos locos, en mitad de la noche dispuestos a recorrer setenta y cinco kilómetros casi siempre acompañados por el inmenso Mediterráneo a través de un entorno maravilloso.


Vivencias que nos superan

"Mi pequeño mundo se convierte en un universo cuando me muevo"

El  ritual del beso y me voy al final del grupo, encojido de hombros; no soy nada, mi cuerpo no tiene valor y será mi mente la que tendrá que convencerlo para que se desplace todo lo lejos que pueda, siempre que el gemelo le dé permiso, claro.

Ya estamos en movimiento y nos vemos subiendo por una senda entre sombras; me he activado y casi sin quererlo comienzo a adelantar a un montón de compañeros hasta que alcanzo a Mercedes. Ella me dice "pero.., ¿no ibas a ir el último?", no respondo a su pregunta, tan sólo le digo "sígueme, este terreno me gusta y no puedo evitarlo"; unos minutos después se queda atrás y yo prosigo al igual que haría un demente que ha escapado de un centro de internamiento y no sabe muy bien a dónde va.

Un poco más adelante el terreno se escarpa y escuchamos una voz que nos dice: "no es por allí abajo, ¡id por la senda de arriba!". Parece que un nutrido grupo se ha equivocado, así que enfilo campo a través ascendiendo por la colina hasta encontrar la trocha balizada y compruebo, anecdóticamente, que he adelantado un montón de puestos en la general. Pero lo reseñable de ese momento es como el amanecer nos descubre todo a nuestro alrededor, sintiéndome un privilegiado por estar haciendo eso que tanto amo: el mar se tiñe de tonos rojizos a nuestra izquierda mientras discurrimos por una senda repleta de ocres y verdes; mereció la pena ir a la fisio a que me retara. 

La subida que viene me sienta tan bien que caigo en la cuenta que no siento dolor alguno, sólo un cosquilleo generalizado fruto quizá del disfrute; pero siendo sinceros, algo tendrían que ver los dos ibuprofenos que me tomé esa mañana. Y así, como en el cuento de la lechera voy echando cuentas "si sigo así podré alcanzar el primer avituallamiento, y quién sabe si el segundo". La suave bajada hacia San Pedro deja de serlo para pasar a convertirse en un endemoniado kilómetro empinado hacia el abismo y lleno de piedras; allí pongo a prueba mi maltrecho sóleo, pero una vez llegado abajo respiro aliviado por haber pasado el test, y las increibles vistas de la cala se me muestran en forma de regalo.


El cántaro de la lechera

"El hombre hace planes y los planes se rien del hombre"

Ya en el tobogán que discurre paralelo al mar avanzo sin ritmo y mi falta de forma me da una bofetada, así que me va adelantando algún que otro corredor, hasta que por fin oteo Las Negras; de repente mis compañeros de viaje se emocionan y ponen todos pies en polvorosa dejándome allí abandonado. Cuando llego al avituallamiento recargo los soft flasks y hallo unos grandes aliados en un par de gajos de naranja que me procurarán entretenimiento los minutos siguientes. Cuando reanudo la marcha me siento contento por poder seguir con mi particular cuento de la lechera; no me voy a engañar estar allí es sólo fruto del desvarío y no de la planificación.

En franca subida nos adentramos en el Parque Natural Cabo de Gata-Níjar  justo cuando el terreno se torna increiblemente verde y nos sorprende con una belleza escondida que se nos muestra quizá como agradecimiento a nuestra osadía. Ese paisaje me vuelve optimista y regreso a eso de echar cuentas:  ¡si lo hago bien podré llegar a La Isleta del Moro!. 

Bajo a buen ritmo hasta alcanzar el paraje de Requena donde me he ganado la segunda parada técnica, pero nada más parar las malas sensaciones se hacen notar por todos lados, así que se me pega como una lapa un ejercito desordenado de dudas. Tras recargar una extraña bebida color rosáceo y coger otro par de gajos rehabilitadores de naranja, reinicio las zancadas mientras noto que todos mis engranajes se han quedado oxidados, y así paso unos minutos bastante sufridos hasta que por suerte comenzamos a subir por una senda que cambia de isofacto mi estado de ánimo: estamos, quizá, en la parte más bonita del recorrido, el cortado de mi derecha deja abajo un arroyo que lleva abundante agua fruto de las últimas lluvias y la diversad de colores de esa poco común vegetación se mezcla con el nítido azul del cielo; ese paisaje es motivación suficiente para aparcar cualquier mal, así que regresa a mi la sonrisa.

Si por el ancho camino de un rato antes me había adelantado esa chica rubia que decían que era la primera de la general, ahora he entrado en faena montañera y la he vuelto a pillar, sin embargo se nos une a la fiesta una segunda fémina que marcha a un ritmo endiablado; así que me pongo manos en los cuadriceps y junto a esta inusitada compañía femenina avanzo en trio, pero cuando tocamos cima, me vuelvo a ver sin ritmo y me quedo a solas con mis miserias.


Dudando de si llevaré mucho tiempo más el cántaro

"La duda es al hombre lo que la aventura a la vida"


La larga bajada a La Isleta del Moro siembra en mi un campo entero de frutos de cáscaras vanas, el gemelo comienza a hacer ruido y de repente siento que todo está a punto de derrumbarse. Ese angelito trailero me susurra: "ha estado bien, has llegado más lejos de lo que pensabas" y por un momento me abandono al deseo de retirarme en cuanto llegue a la tercera parada; la soledad puede ser la peor de las compañías a veces y en esta guisa me pasan despiadadamente dos o tres compañeros que me dejan en evidencia. Sin embargo en los siguientes minutos compruebo que la cosa no va a peor, aguanto un poco hasta alcanzar el llano y es entonces cuando saco de la bolsita mi tercer ibuprofeno,  y trar tomármelo, como si de un efecto placebo se tratara, alcanzo el pueblo en una esperanzadora luz amarilla a punto de tornarse a verde, cuando un rato antes estaba  prácticamente desahuciado. Ya en la Isleta del Moro, uno de los voluntarios está cortando piña, y no puedo resistirme: una, dos, tres, cuatro y hasta cinco porciones pequeñitas caen en mi estómago aportándome, entre otras cosas, una buena dosis de positividad.

Reanudo la marcha para comprobar que no estoy tan mal y al pisar la alfombra de control de tiempos la cosa termina de mejorar cuando una chica de la organización me procura una buena dosis de reflex, justo en el punto donde Laura se ensañó conmigo tres días antes. Digamos que escapo de ese pueblo totalmente restañado y dispuesto a seguir portando mi cántaro lleno de leche.


El Mediterráneo que da fuerzas

"Muy pequeños comparados con lo que nos rodea"

Sin embargo, un poco después siento el agarrotamiento en mis piernas mientras discurro por un acantilado lleno de bellos obstáculos; me siento excitado, orgulloso y deshecho a tercios ante el disfrute de tan increíbles vistas, soy algo muy pequeño ante tan potente paisaje. Hasta llegar a San José el mar nos acompaña en nuestro sufrimiento proporcionándonos aliento y por lo que compruebo, para algunos de mis compañeros también estupendos selfies. En ese capítulo de esta historia la anestesia del ibuprofeno acaba también adormeciendo mi mente en una especie de calma plácida hasta que alcanzo San José justo cuando la gasolina ya empieza a escasear, no en vano llevamos más de 43 kilómetros...

En la segunda planta del aquel edificio, la organización nos procura comida sólida e intento tomarme la pasta, me fuerzo a echarme a la boca dos generosos bocados, y decido dejarlo, no entra nada más. También bebo Coca-Cola, ¿qué hago bebiendo eso?, pero ¡me apetece tanto!, voy más allá en mi osadía y lleno un soft flask de ese líquido oscuro y dulzón, lo que hace que se infle de gas; antes de salir tomo las rodajas de naranja salvadoras  y salgo pitando, pero esta reanudación es distinta: dejo de hacer cávalas y tomo conciencia, estoy completamente seguro de que ese sábado alcanzaré el polideportivo de Retamar aunque sea arrastrándome; casi sin quererlo se me frunce el gesto en señal de honesto contento.

Compañía

"Somos diminutas piezas de un puzzle infinito que si están sueltas pierden su sentido"

La larga pista que nos aguarda no invita a la alegría, tendré que remar muy mucho, así que aguanto el duro tramo repleto de constantes repechos que me llevan a compaginar pasos rápidos con carreras lentas, haciendo la goma con otros corredores que parece que están en una onda similar de brega.

En el 48 rompo por fin el silencio y comienzo a charlar con uno de esos corredores, Fernando,  y su cara parece decirme que se trata de un tío bien majo. Su compañía es tan grata que esa parte del recorrido se hace inesperadamente agradable rememorando aventuras pasadas y revelando retos futuros. La pista comienza a empinarse, en la búsqueda de otros doscientos metros hacia el cielo y tiramos de la técnica CACO comiéndonos y contando, uno a uno, los metros que nos separan de lo más alto.

Por fin llegamos a la zona de la Torre de Vela Blanca y comenzamos la bajada con buena cadencia hasta alcanzar el avituallamiento en el Aula del Mar, kilómetro 55. Allí engullo una buena dosis de Coca-Cola, dícese de esa bebida prohibida que siempre desaconsejé. Fernando estira un par de minutos mientras yo ando impaciente por salir, ya que no quiero sucumbir al cansancio; un par de minutos después regresamos al movimiento e iniciamos la última subida del recorrido.  La ascensión por la carretera no tiene más estímulos que los que procura la hilera de conos rojos que nos contemplan en nuestro avance. Aún así mis piernas se empoderan a la vez que compruebo que Fernando se va viniendo abajo; y es entonces cuando surge el dilema de continuar con él o proseguir solo, elijo esto último. 


La larga recta hacia el agradecimiento

"Dar las gracias acalla tu ego y empodera tu espíritu"

Ya estoy bajando hacia la playa, lo hago sin dolor, aún con fuerzas y excitado por verme en la última parte de este reto, ¡quién lo hubiera imaginado días atrás!...

...cuando me pongo a cola de dos corredores que marchan a ritmo constante logro pasar unos buenos minutos en lo más parecido al disfrute que se puede sentir llegados a esas alturas de carrera. Alcanzamos la rotonda donde nos derivan hacia la arena de la Playa de la Almadraba, un tramo duro pero que no desprecio, y luego toca continuar por el paseo. Cuando giramos hacia la pista que nos llevará a Cabo de Gata me quedo solo, vislumbrando allá en el hondo horizonte lo que parecen ser las fachadas blancas de ese pueblo; esta visión me deja totalmente sin fuerzas y atravieso los peores momentos del día, caminando más que corriendo y viendo como me van cazando uno tras otro un montón de compañeros.

Pero con un poco de paciencia todo llega y por fin alcanzo el polideportivo, donde me esmero por hacer las cosas bien: "Javi, refrescate en el baño, el agua en la cara siempre te sienta bien", "Javi vuelve a beber Coca Cola, no es lo aconsejable pero bebiendo eso has llegado hasta aquí", "Javi, coge otro cacho de naranja, que es tu mejor compañera en las penurias"; tengo tantas ganas de finiquitar algo que nunca pensé que podría finiquitar que siento agradecimiento, y ese sentimiento supera ampliamiente mi profundo cansancio.

 
Retamar

"El lugar donde murió tu pequeño sueño y hoy es tu paraiso"

Si Cabo de Gata se veía lejos que deciros de Retamar, que no es más que un diminuto punto en el horizonte, así que toca insistir e insistir, cuando ya el estómago ha dicho basta. Avanzo en paralelo con algún que otro corredor, entre ellos con una chica del grupo de catalanes de los de la pomada por la picadura. Ya no se trata más que de consumir la distancia como si ésta fuera un jarabe horrible que hay que pasar por el esófago para lograr curarse de todo y en esta guisa el paisaje, aunque  es bonito, luce ya descafeinado debido a nuestra extenuación.

Cuando una fémina nos pasa como una exhalación por nuestra diestra, Inma, que así se llama la muchacha barcelonesa, hace un amago de seguirla pero se acaba resignando; ambos terminamos viendo su camiseta negra alejarse hasta convertirse en un pequeño punto oscuro en movimiento.

Pero ya casi puedo tocar con los dedos ese sitio que no hace mucho fue para mi un objetivo y hoy no es más que el mismísimo paraiso; ese edén se va haciendo cada vez más grande acogiéndonos lentamente con un abrazo. Cuando alcanzamos el asfalto, Inma pregunta a un voluntario y éste responde "algo más de un kilómetro", y eso parece suponerle un subidón porque se me escapa. Ya estoy donde no pensé llegar jamás y en un pis pas rememoro toda esa temporada que ahora termina: 2019 estuvo bien, fui casi siempre un fiel escudero para Mercedes, no me dio para alimentar mi ego pero por fin pude llorar a gusto la ausencia de mi padre en el Rocío, y eso ya justifica toda una vida corriendo...


....regreso a la realidad, sigo dando zancadas e Inma está ahí a unos metros así que saco de dentro mis últimos arrestos y la alcanzo justo cuando pasamos por delante de nuestro hotel. Le animo a seguirme y me hace un gesto como de estar vacía, pero le insisto y es entonces cuando se me pone en paralelo....

...juntos damos el último rodeo hasta entrar radiantes en el pabellón para atravesar el arco de meta en una foto que delata la más absolutas de las alegrías. 





Grandes minudencias para pequeños gigantes

"Que el tamaño de tu empresa no te confunda, que sean tus lágrimas las que den la verdadera dimensión de lo que has conseguido"

Ser popular y hacer estas cosas puede que no signifique gran cosa, pero estamos muy enfermos, tenéis que entendernos; esa picadura, ese bicho tan raro..., qué deciros, ¡todo esto nos supera!, ...pero a la vez nos hace sentir muy muy vivos...Allí me hallo sentado en el suelo, todo me duele y no me duele nada, es curioso pero si no tuviera más remedio aún podría levantarme, avituallar y seguir corriendo, ¡pero no!, ya he llegado donde tenía que llegar y me siento muy completo por ello. 

Unos instantes después el speaker se deja notar: "aquí llega Mercedes Llavero, la sexta mujer de la general". Cuando la veo su cara luce blanca con los focos del pabellón, pero no es un efecto óptico, es el esfuerzo, y tras abrazarla la tengo que sujetar para evitar que se caiga redonda al suelo. Pese a todo puedo ver en sus ojos esa extraña satisfacción que nadie comprende, nadie salvo nosotros, los que fuimos picados.





 Cuando lo volvimos a conseguir

"Si mi alma está completa los dolores de mi cuerpo se perciben sólo un décimo"

Tenemos que pasarnos por la ambulancia para que la chequeen, pero todo marcha bien, sus niveles indican que sobrevivirá. La alegría viene cuando nos enteramos que ha sido segunda veterana, y  primera Inma, subirán juntas al pódium.

Nos da tiempo a ducharnos y regresar aunque los escasos doscientos metros que nos separan del pabellón se hacen bien largos marchando entablillados como marchamos. ¡Verla de nuevo allí, subida en el cajón!, no me canso de contemplar la misma imagen, porque sus triunfos son los míos, desde la primera vez que ocurrió.





Y la cena en el buffet del hotel se acaba convirtiendo en un acto selectivo, que no están los cuerpos como para comer cualquier cosa; esa noche Mercedes descubre que también es humana y le toca aprender a sufrir los mismos males que habitualmente sufre su marido.

Aquí termina esta aventura, un episodio más de este largo libro, episodio  que quiero resumir en : "aquello que hice y que no debería haber hecho, cuando alcancé el paraiso tras un largo camino lleno de dudas, alegrías, cántaros y compañías"

En definitiva, volvimos a desplazar nuestros viejos cuerpos a lo largo y ancho de parajes increíbles y, aunque habíamos pagado dinero por ello, lo que recibimos a cambio no tuvo precio.

Agradecimientos, enhorabuenas y disculpas

Es para agradecer a los organizadores poder disfrutar de una prueba como esta, todo un privilegio. El trabajo de los voluntarios fue encomiable.

Enhorabuena a Inma y a sus compañeros; estoy seguro que les mereció la pena el largo viaje de regreso.

Y Fernando, enhorabuena por volverlo a conseguir y sobre todo mil disculpas por no llegar a meta contigo.