RELATOS

Una vez iniciado el movimiento supe que no habría marcha atrás, sería difícil regresar a aquello que fui. Hoy soy otro ser: curtido, compañero del esfuerzo, amante de mis kilómetros. Sólo el fin de mis días debería obligarme a parar: ese es mi pequeño sueño.

domingo, 26 de agosto de 2018

PRECIOSA RUTA SENDERISTA TODA LA FAMILIA EN XORRET DEL CATÍ

Al día siguiente a nuestra aventura en el Maigmó, los cuatro nos fuimos a la zona del parque natural llamada Xorret del Catí, ya en la zona de Preter. Aparcamos el coche en el grandioso hotel que se cierne en el valle rodeado de bosques y que sirvió de recreo para los trabajadores de TVE, así como de escenario para más de una llegada de la Vuelta Ciclista a España. Ante nosotros una ruta muy interesante de unos 15,5, que supondría, caso de terminarla, récord de kilómetros para Inés. La comenzamos viendo el curioso estanque que allí hay, todo muy bien cuidado, pese a que el hotel permanecía cerrado. Pronto nos adentramos en una senda preciosa desde la cual se ve un cortado muy bonito, siempre rodeado de pinos y monte mediterráneo. Inés quejocosa y sin poder llevar bien el ritmo, con paradas constantes. En el 6 hacemos una parada técnica bien larga para comer en el merendero de una casa de recreo muy grande para senderistas que también está cerrada por vacaciones. Allí llenamos todos recipientes que tenemos de agua, que visto el calor, el regreso se va a hacer complicado. La vuelta es también muy bonita, y cuando llegamos a una pista con menos vegetación y en franca subida, suerte que tenemos las botellitas para vertelas sobre la cabeza de Inés para que vaya bien fresquita. Tras la subida, el cielo se encapota, baja la temperatura y la ruta se hace más llevadera pero no menos bonita. Inés ya no se queja y conforme la vamos completando se viene arriba. Alcanzamos Xorret de Catí un montón de horas después, unas 5 horas y media, pero muy contentos por la aventurilla vivida.












RUTA DEL MAIGMO: CASI NOS METEMOS A ESCALADORES

A una semana vista del reto de la Subida al Veleta, nos tomábamos los cuatro unas minivacaciones de tres días en San Vicente del Raspeig, Alicante. El domingo, aprovechando que teníamos cerquita el Parque Natural de la Sierra del Maigmó y del Sit, cogimos el coche y nos acercamos a la zona de la localidad de Agost, y tras buscar aparcamiento en la vía verde que transcurré por el parque, Merche y yo comenzamos una estupenda pero calurosa ruta de unos 16 kilómetros, que había descargado desde la wikiloc procedente de un grupo senderista. La verdad es que había que ascender al Maigmó, que tenía entendido que era una pared en la parte final; ahora sé que los subestimé viendo las fotos de su ruta.

Iniciamos por la vía verde y enseguida nos encontramos con hasta 4 túneles, alguno de ellos con más de 500 metros de largo, y echamos en falta el frontal, aunque por si acaso llevábamos la linterna del móvil. Tras dejar la vía verde al coger una senda ascendente a la derecha, sabíamos que se había terminado el buen ritmo y tocaba el recorrido más duro. Subimos correteando y andando, como entreno final previo al Veleta, y comenzamos a disfrutar de lo lindo cuando avanzamos por una senda que discurría por un bonito barranco. Pero llegamos a una pista y desde ahí tocó subir y subir, con pendientes en algunos casos que el calor hacían más duras de lo que ya de por sí eran. Alcanzamos lo alto de la pista justo para desviar por una estrecha e incómoda senda que nos llevaría a la cima del Maigmó y todo fue bien hasta que llegamos a una zona de mucha pendiente en la que Merche resbalaba debido, también, al tipo de suelo, con piedra suelta. Costó bastante alcanzar la pared pero lo peor fue cuando llegamos a la misma: delante de nosotros se mostraba una pared casi vertical de unos 10 metros de alto, sin apenas apoyo más allá que unos escalones de alambre que distaban entre sí más de metro y medio. Tocaba escalar y no mirar hacia abajo. Yo comencé hacerlo hasta avanzar hasta la mitad y Merche, bien sabía yo que no lo iba a intentar, era demasiado para ella. Bueno, para ser sincero lo intentó pero estuvimos parados e indecisos unos cuantos minutos sin saber qué hacer, ya que no podíamos con esa pared, la única alternativa era volver sobre nuestros pasos por la bajada que se antojaba peligrosa viendo lo que nos había costado subir debido al terreno. Así que comenzamos a bajar con muchas dificultades y oyendo a Merche maldecir, muchas veces boca arriba apoyada sobre sus manos y sus piernas para no resbalar. Costó Dios y ayuda volver a alcanzar la pista, y algún que otro resbalón y caída, pero una vez alcanzada esta era cuestión de replantear la ruta bajando por el camino. Pronto descubrí que dicha pista llevaba al Balcón de Alicante, el mismo waypoint de la ruta senderista. Esa parte costó un poco debido al calor, y cuando alcanzamos el Balcón de Alicante lo hacíamos ya con mis dos soft flasks vacíos. Desde ahí tocó bajar por una senda muy muy escurridiza donde Merche lo pasó muy mal también y al final alcanzamos la pista, la carreterita y por último la vía verde y el coche en una tirada inolvidable de casi 17 kilómetros.

Cuelgo algunas fotos cortesía del grupo senderista cuya ruta tratamos de realizar, sin éxito, donde se vé la citada pared. Al final van las únicas dos fotos me echó Merche.




















LA RUTA SENDERISTA Y DOBLAJE DE TIRADA HECHOS EN PONTONES EN JULIO

A lo largo de julio, pudimos hacer breves escapadas en las que visitamos estupendos sitios donde correr. Así fue el caso del fin de semana de mediados de julio cuando Inés, Merche y yo fuimos a Pontones, una pequeña aldea sita en el Parque Nacional de Cazorla, Segura, y las Villas, muy cerca del nacimiento del río Segura.

El sábado, a nuestra llegada, los tres hicimos una ruta senderista no muy larga, de unos 7 kilómetros, y eso sí, al día siguiente Mercedes y yo madrugamos para hacer una ruta de unos 26 kilómetros que resultó bastante accidentada porque salimos con el móvil de ella el cual, inexplicablemente se quedó sin batería a la media hora de comenzar la tirada teniendo que dar media vuelta para coger mi móvil y hacer un inusitado doblaje, con cambio de ruta incluido, de 13 y 14 kilómetros respectivamente.

Increibles parajes, con el Segura y sus frías y cristalinas aguas como protagonistas casi todo el rato.

He aquí unas fotos:




















viernes, 24 de agosto de 2018

EL ALFAJOR TRAIL DE MEDINA SIDONIA: LO IMPORTANTE ES LA GENTE QUE TE CRUZAS

Solemos recordar aquellas cosas buenas que nos pasaron, esas que casi nos acompañan para siempre si el Alhzeimer no lo echa todo a perder; pero también tendemos a conservar en la memoria aquellas situaciones que sin dejarnos buen sabor de boca si supusieron algo distinto en nuestra vida. Por ello, no dudo en que recordaré durante mucho tiempo aquel mes de julio de 2018 en el que no fui yo, en el que viví como abducido, sin parar ni un instante a reflexionar, a reconocerme como lo que soy; fueron días en los que tan sólo hice por continuar y continuar como un poseso programado,  sin dejar de cumplir cada una de las muchas obligaciones que me autoimpuse, aquellas que no me dejaron ver el camino.

Me sitúo unos días antes de la carrera de esta crónica..., acababa de regresar de Chile, mi tercer viaje a este país en lo que iba de año, y al día siguiente con el jet lag aún fresquito, comenzaba a impartir un curso que no pensé que me pudiese robar tantas cosas como finalmente me robó; mi ambición me llevaba a tratar de compaginar tres trabajos a la vez, 14 horas de jornada diaria. El caso es que el miércoles 6 de junio, a petición de Mercedes, nos inscribíamos en el Alfajor Trail en Medina Sidonia, Cádiz, sin yo caer en la cuenta de que ese mismo sábado tendría curso por la mañana a muchos kilómetros de distancia del evento. Así vista, era una ocasión para desconectar aunque fuese por unas horas.

Estas son las líneas que describen humildemente aquella aventura....

Un día  trepidante lleno de obstáculos

Cuando caí en la cuenta de que ese sábado tenía trabajo no quise renunciar al viaje, así que pensé "pelillos a la mar", teníamos la oportunidad de viajar a esa bonita tierra que Cádiz, donde nuestro buen amigo Eusebio nos dejaba descansar en su apartamento de Zahara de los Atunes. Esa era la visión del vaso medio vacío.

Pero el vaso estaba realmente medio lleno, o rebosando, diría... por la mañana hacíamos la maleta a eso de las 7 de la mañana de forma apresurada para poder tomar rumbo a Ciudad Real donde tenía que impartir 5 horas de curso. A las 14 horas tomábamos ruta a Cádiz haciendo escala en Fuencaliente. Allí parábamos a comer en un restaurante que ya conocíamos de una ocasión de hace algunos años y fue entonces cuando cometí un error tonto que no ayudó en el devenir del resto de la jornada; ...el estrés trae la gula consigo, ésta te engaña en forma de tentación: pedí ciervo en salsa, que no defraudó a mi paladar aunque sí me hizo añicos el estómago. Sin apenas hacer descansos más que el indicado, y con el tiempo justo antes de que cerrasen la hora límite de recogida de dorsales, llegábamos a las 20 horas a Medina Sidonia. No teníamos dónde cambiarnos, ni dónde resfrescarnos, pero ésta no iba a ser la carrera que se caracterizase por una perfecta logística, desde luego que no. En lo alto del castillo, tras recoger los dorsales, nos reunimos con Eusebio pero casi nos quedamos sin tiempo, porque teníamos que bajar al coche a cambiarnos para luego volver a subir a la zona del castillo sin apenas haber calentado. Entre subidas y bajadas probé a ir al baño, para conseguir un milagro con el ciervo, pero éste no se produjo.

Y así me veía en una extraña situación que no recuerdo que se haya dado en ninguna de las muchas carreras que hemos hecho mi mujer y yo, con muchas molestias físicas, muy cansado y con la cabeza no sé en donde. Aún así, el plan parecía sencillo de cumpli: correr con Merche a un ritmo suave y sin forzar, para airearnos un poco, y por supuesto sin pensar en trofeos ni gaitas.

La salida y el desencuentro

Aún así una voz interior me decía que esas condiciones las cosas no podían salir bien...

...Van a dar la salida y tengo un extraño diablillo gritándome "¡qué demonios haces allí si no te apetece correr!". Deseamos suerte a Eusebio, nos deseamos suerte mutuamente con un breve beso y suena el pistoletazo, en la que quizá sea la salida de una prueba en la que me más desconectado me he sentido respecto de lo que me rodeaba. El inicio es en franca y rápida bajada y sin quererlo siento que voy forzando la maquinaria de Merche. Ahora bien, no necesito muchas zancadas para darme cuenta que el estómago se me va a rebelar hasta el punto de gritarme...

Caen los primeros kilómetros en 4´49´´, 4´31´´ y 4´23´´, este último probablemente sea el kilómetro más rápido de Merche jamás registrado. Sin embargo, aunque se nota que ella va por encima de sus posibilidades no la veo mal del todo. Esta progresión nos ha llevado a ganar muchos puestos e ir viendo por delante la cabeza de la prueba, pero no tenemos ni idea del puesto que vamos haciendo como pareja.

El terreno hace un rato que ha pasado a ser el propio de un trail rápido, ya no pisamos el asfalto, de hecho el citado tercer kilómetro lo hemos hecho por caminos. El cuarto ya es picando hacia arriba y eso se ve reflejado en el crono, 5´31´´, y el quinto y el sexto son más lentos, aunque por debajo de 5´40´´. A esas alturas compruebo como Merche ha perdido  fuelle, y para más inri comienzan unos cortos pero complicados repechos en los que abandonamos totalmente el ritmo y la gente nos comienza a adelantar sin piedad. Y mi cabeza, esa que en aquellos días rehusaba de darse cuenta de las cosas, se llena de estrés con lo que es una especie de gota que acaba de colmar mi vaso, encerrado en una especie de autismo circunstancial... así es que cuando Merche comienza a andar le digo: "que vergüenza, para esto si lo sé no vengo". Así dicho, la palabra vergüenza podría ser más despectiva de lo que yo quería significar, realmente quería expresar la vergüenza de que nos vieran andando, pero tampoco puedo excusar la segunda parte de la frase, que que tampoco era muy gratificante a los oidos de ella; Mercedes no se merecía esa reacción de mala educación por mi parte, y desde aquí hago públicas las disculpas que ya le pedí en privado; en mi descargo alego que no estaba viviendo mis mejores momentos en este mundo, precisamente.

La lenta recuperación

El estómago no se ha olvidado de mi, lo llevo del revés hasta el punto de que me cuesta hasta respirar. Desde que ocurrió nuestro pequeño desencuentro Mercedes va contrariada, y con razón; además va bregando con sus piernas que no le dejan ir todo lo rápido que ella quiere, ya que le pesan como losas. Los kilómetros 7, 8, 9 y 10 los hacemos más lentos de lo que los habríamos hecho en otras circunstancias, pero ¡esto es lo que toca!. Hemos perdido muchas posiciones, nos han adelantado dos parejas, aunque una de ellas la llevamos delante.

Hablo con Mercedes, la trato de animar, pero se queja de sus piernas y se queja de la situación; así que mientras mi estómago grita y la noche se llena de sombras yo siento que esta debe ser una de las peores carreras de mi vida.

Llegamos a un avituallamiento donde Merche para a beber agua, justo a la vez que la pareja que llevamos al lado hace el amago de parar, pero enseguida sale corriendo. Le indico con la mirada a Merche que se nos están yendo, algo inapropiado y feo que no hace más que añadir más presión a nuestro caos, pero el caso es que cuando reanudamos la carrera ella sale con otro brío y pronto les damos caza.

Mantenerse hasta la meta

Ya es noche cerrada y Merche se ha recuperado bastante. Yo en cambio voy pasando quizá los peores momentos estomacales. Hace rato que en el llano hemos dejado atrás a la joven pareja, y a pesar de todo el ritmo no es como para tirar cohetes, casi siempre por encima de 6´. En el 16 comienza la subida por una senda bastante bonita, 2 kilómetros y medio, y toca andar, yendo en fila de a uno. Merche se viene arriba y quiere correr, algo que conseguimos por momentos pidiendo paso a la gente que llevamos por delante y que se ha puesto a caminar. Avanzamos con un mejor brío y sin embargo un poco antes de llegar al  17 la joven pareja nos pasa corriendo como si fueran un rayo que ilumina la noche; no podemos seguirlos. Alcanzamos las primeras calles del pueblo y tratamos de ir rápido, pero Mercedes va ya regular; por la senda chula que sube al castillo Merche se viene un poco más abajo y cuesta recuperarla a través de arengas en forma de ¡ya no queda nada!. Pasamos por debajo del arco de salida y lo que queda es ya descendiendo hasta meta, que está a menos de 500 metros. Llegamos en 1 hora y 56 minutos, más cansados de lo que nunca hubiéramos imaginado, y también más cabreados de lo que jamás hubiéramos previsto, porque estar enfadados el uno con el otro no es nuestro estado natural, ni mucho menos.

Pero ahora viene lo mejor de todo

Mientras bebemos agua sentados en unos escalones se acercan Miguel Angel y María José, la pareja de jóvenes corredores con los que habíamos ido haciendo la goma y charlamos amigablemente con ellos. Este hecho me hace sentir mucho mejor, nos distendimos y por primera vez en todo el día puedo relajarme. Esa compañía se completa con la llegada de Eusebio con unas magnificas 2 horas y 21 minutos, a sus casi 70 años, y lo que había sido una pequeña pesadilla se torna de repente en un rato agradable rodeado de gente estupenda.

No vamos a subir al cajón junto a Miguel Angel y María José, que han sido terceros, finalmente nos hemos quedado cuartos, pero ¡qué más da!, lo importante no era el puesto, realmente lo importante era disfrutar la carrera y perdimos ya ese tren, esa es la lección que aprendí. A Eusebio están a punto de darle el trofeo al corredor más mayor, pero un gaditano se lo arrebata por unos días, pero obviamente a él esto no le inquieta ni lo más mínimo, porque tiene  bien clara la razón por la que corre, por sentirse vivo.

Nos despedimos de nuestros amigos no sin antes prometerles que en breve colgaría la crónica, y ¡he necesitado casi dos meses!. Aún tenemos que ir a Zahara de los Atunes y cuando caemos en la confortablemente cama del apartamento de Eusebio me siento muy bien, de hecho entro en un placentero sueño en el que no pienso en nada...

Al día siguiente por fin tenemos unas pequeñas pero fabulosas dosis de asueto con un magnífico desayuno con Pilar y Eusebio, y tras esto una mini excursión a Playa Bolonia donde nos echamos unas irrepetibles fotos en su famosa duna. El remate del día fue la fabulosa comida de Pilar, sin olvidar lo de ver perder a España contra Rusia en el sueño dorado que finalmente tornó a pesadilla y finalmente...el largo, eterno diría yo, regreso a casa, justo para caer en mi cama y temer por mi integridad mental ante las duras semanas que se me venían encima.

Agradecimientos

Muchas gracias a Pilar y a Eusebio por su hospitalidad, amabilidad, compañía, conversación y como no por ese atún que estaba perfecto. Especial agradecimiento para Miguel Ángel y María José, ¡vaya pareja de cracks!. Ellos son los culpables de que el pequeño desastre se tornase en un final de velada estupendo con buena conversación y que me ayudaran a ver las cosas desde la óptica correcta.

PD: comentaros, amigos, que lo del Veleta fue harina de otro costal, corrimos como pareja, siempre juntos, rendimos un montón y no reñimos ni un poquito, disfrutando a lo bestia.

Y ahora unas fotillos:








Estas de la Subida al Veleta:






Otro PD: el estrés ya se ha ido de mi vida, ¡Adiós que le vaya bien!, no lo echaré de menos