RELATOS

Una vez iniciado el movimiento supe que no habría marcha atrás, sería difícil regresar a aquello que fui. Hoy soy otro ser: curtido, compañero del esfuerzo, amante de mis kilómetros. Sólo el fin de mis días debería obligarme a parar: ese es mi pequeño sueño.

lunes, 16 de mayo de 2016

SÁBADO 14: UNA MEDIA MARATÓN DE ENTRENO CON MERCHE

Con Mercedes encarrilada desde hace unas semanas, motivada de cara a sus dos próximos retos, no costó convencerla de que el sábado nos tocaba ir a hacer una media maratón. Como no apretaba mucho el calor decidimos ir sin agua, ni geles, ni ná de ná, convencidos de que mi mujer ya está preparada para esas batallas. Así fue como agarramos la vía de servicio de la AIV hacia Madrid, larga y aburrida, y más si tenemos en cuenta el ritmo (más o menos a 6´el kilómetro) y las molestias en forma de carga que me acuciaban. Llegamos a la gasolinera Shell en el 8 y pico y allí nos mojamos los labios en la fuente y cogimos el Camino Carretas, el largo camino que tantas veces he recorrido en sus diversos tramos. Yo cada peor y Merche yendo bien, sin problemas. Llegamos al Peral y no hicimos parada técnica sino que continuamos directamente a casa. Eso sí, en el carril bici, a poco menos de 3 kilómetros de nuestro destino paramos a beber un poco de agua porque notábamos la deshidratación. Los últimos kilómetros se me hicieron muy desagradables porque tenía molestias importantes en la cadera y en los glúteos, también algo en la pelvis. Estaba claro que me había pasado con la sesión del día anterior.

Nos salieron 2 horas y 4´ para casi 21 kilómetros. No está mal teniendo en cuenta que Merche se lo había tomado con total calma.


VIERNES 13 DEJANDOME LAS PIERNAS POR UN 83

El jueves fue un mal día para poder salir a correr a la hora de comer, así que tras 20 sesiones seguidas sin parar de correr (desde el 20 de abril hasta el miércoles 11), claudicaba y tocaba descanso indeseado. Así que el viernes, ofuscado en conseguir otros 83 kilómetros semanales por tercera semana consecutiva, tocó correr 15 kilómetros, de esos que cuestan, tras una semana dura. Además, lo llevé a buen ritmo y de nuevo bajo la lluvia (me puse empapado). No sé si por la lluvia el caso es que terminé bastante cargado y eso lo terminé pagando el fin de semana.

Otros 83 kilómetros que me hacen sentir muy bien, me sirvan o no me sirvan para algo

MIÉRCOLES 11: YENDO DE MENOS A MÁS

Comenzaba la cuesta arriba de la semana: los miércoles y los jueves, días de curso, días de jornadas de 10 horas y medio de trabajo con 180 kilómetros de carretera y un entreno a la hora de comer. Eso se traduce en 14 horas y media ininterrumpidas de actividad que le dejan a uno hecho una piltrafa. Después del estupendo entreno del lunes, bajo la lluvia, el miércoles cogí un circuito de unos 10,6 kilómetros que comencé suave, pero poco a poco, yendo en progresión, fui cogiendo ritmo y terminé bastante bien, con alguna pequeña molestia en la cintura, pero nada muy reseñable.


MARTES 10: HACIENDO EL CIRCUITO DE LA VEGA CON MERCEDES

Otro día más, uno de los muchos que ya llevo corriendo. Martes, y por tanto tocaba correr con mi mujer, por tener uno de esos días de menos agobio laboral. Hicimos el circuito que ya hace tiempo que denominé "De la Vega", que a saber las veces que mis pies hayan pisado esos baches. Merche se encontró bien y la llevé a buen ritmo. Yo no me encontré mal, conforme venía siendo la tónica general de los últimos días. 13,10 kilómetros que suponían añadir una carga importante a su planning, ya que entre el sábado y el domingo mi mujer había hecho la friolera de 32 kilómetros (muchos para ella) y tan sólo en cuatro días, 45 kilómetros. Es necesario que se vaya acostumbrando a esta manera de acumular kilómetros por de aquí a medio año tendrá que recorrer 73 kilómetros de un tirón.


martes, 10 de mayo de 2016

LUNES 9: UN ENTRENO PARA EL RECUERDO

Comenzaba la semana laboral con un día que odio: el lunes. Lo odio por razones obvia que casi todos los mortales conocen, pero además lo odio porque es de esos días en los que sé que no regresaré a casa hasta casi las 23 horas después de no parar. Para colmo a las 13:45 horas se ponía a llover copiosamente y yo no tengo otro hueco para realizar mis entrenos que la escasa hora y media de descanso laboral en Manzanares. Así que ganándole la batalla al mal tiempo me puse el cortavientos y salí a corretear. Las expectativas eran bajas: hacer un entreno suavito, y si podía ser breve también, pero a pesar de ponerme chorreando nada más dar las primeras zancadas, me encontraba muy suelto y eso provocó que comenzase a disfrutar desde el inicio. Así que alargué el entreno yéndome por el Camino de Manzanares, que une esta población con Membrilla, pasé por la pista de atletismo donde corre entre otro mi amigo Kino y regresé por la carretera nacional, totalmente empapado, con los pies nadando en las zapatillas. Pesé a la incesante lluvia disfrute como hacía mucho tiempo de un entreno en solitario, con cero molestias, sintiéndome suelto, con lo especial que tiene la lluvia, que a algunos nos gusta aunque nos dé pereza ponernos a correr cuando cae. 10,6 kilómetros hechos a buen ritmo, sobre todo en algunas fases. Un entreno que no querría olvidar.


DOMINGO 8: ENTRENO CORTO E INTENSO

Me encontraba magnificamente bien de piernas el domingo. Y es que lo del sábado me sentó muy bien. Además estaba muy contento con mi cintura, creyendo que lo del alta médica autoproclamada no iba muy desencaminado al final y que mi pubalgia es menos mía que nunca. Pero de cabeza la cosa no anda tan bien, con un estrés laboral que roza lo inaguantable y que provoca que los fines de semana sean duros también, y como el sábado por la tarde habíamos ido de compras a Ciudad Real, todo el trabajo acumulado se quedó para el domingo, osea que tocó volverse a levantar a las 06:00 de la mañana para currar en el despacho. Apenas descansé en todo el día, allá arriba en la buhardilla y a las 19 horas me vestí y salí a cumplir con mi 17 entreno sin descanso, algo impensable para mi hace tres semanas (cuando la anarquía se adueñaba de mis hábitos). Cogí el circuito de algo menos de 9 kilómetros de los Cerros de la Aguzadera y metí caña; me sentía fuerte, me sentía bien, así que aproveché para apretar un poco, y lo hice sin crono, para no agobiarme. Acumulaba de esta forma 34 kilómetros en ese fin de semana y dispuesto a firmar otra semana con más de 80 kilómetros, a poder ser sin descanso alguno.

Por otra parte, Merche se había ido a correr al mediodía y había descalentado un poco haciendo unos 7 kilómetros. Ella también había hecho bien sus deberes ese fin de semana. ¡Ha regresado la motivación a nuestras vidas!.

 


SÁBADO 7: LOCURAS ESTUPENDAS: 25 KMS POR DESPEÑAPERROS FRAN, MERCHE Y YO

El viernes envié un Guasap a Francisco Tirado, un corredor de montaña gaditano afincado en La Carolina, al que conocimos por casualidad el año pasado en agosto mientras Merche y yo corríamos por Despeñaperros. Allá por diciembre tuve la oportunidad de disfrutar junto a él de una magnifica ruta por este parque natural y me apetecía volver a quedar para ese sábado. Estaba disponible, así que llamé a Merche y ella también se animó. Había dos problemas: el madrugón que nos teníamos que pegar mi mujer y yo para estar allí a las 07:45 y eso después de una semana tremenda pidiendo el cuerpo descanso, y por otro lado la amenaza de lluvias. Nos acostamos temprano y a eso de las 06:30 ya estábamos en pie, ella un poco contrariada porque de buena gana se hubiera quedado durmiendo, pero también se ha convertido todo esto en una especie de dulce obligación que no puedes eludir. Llegábamos al punto de inicio de ruta puntualmente y allí estaba el bueno de Fran esperando. No llovía pero el cielo estaba nublado, y la temperatura era fresquita, hacía casi frío, pero ideal para hacer una tirada. Así que salimos los tres, mi mujer sin mochila y yo con la mía portando un bidón de 750 ml, algunas barritas y geles y frutos secos. Pronto comenzamos a disfrutar del recorrido que nos había programado nuestro amigo, subiendo por un cortafuegos que tendría el 40% de desnivel positivo. El campo está precioso con las últimas lluvias así que Despeñaperros lucía sus mejores galas para nosotros y como la conversación era entretenida y amena pronto nos vimos consumiendo los primeros 7 kilómetros. Merche iba bien, disfrutando e incluso cuando tocó subir los 6 kilómetros más duros del recorrido supo aguantar sin apenas andar. Algunos kilómetros de la primera parte los conocía de un circuito que tengo que sale de Miranda y termina en dicha población, pero cuando llegamos a una zona boscosa y de bastante pendiente reconocí pronto la zona: por ahí habíamos bajado Merche y yo hacía unas semanas aquel sábado que ella lo pasó tan mal. En ese ascenso notamos el frío, la niebla y la humedad, pero también disfrutamos de la parte más técnica y bonita. Llegados arríba tocaba ir por "La Cuerda", donde está la zona más alta del parque y también la cima más alta de toda Sierra Morena con más de 1.200 metros. Mi mujer seguí yendo entera y yo, particularmente, estaba disfrutando como hacía mucho tiempo, sin molestia alguna a pesar de las irregularidades del terreno. Llegamos a un cruce de caminos y cogimos a la derecha a tan sólo 5 kilómetros del final. La última parte era la más técnica: los últimos 2,5 kilómetros donde se bajan 400 metros de desnivel. En esta parte Merche y yo fuimos más despacio que Francisco y como anécdota me resbalé con una roca y me pegué una buena caída. Una distancia recorrida de 25,1 kilómetros en algo más de 3 horas y 15 minutos. Lo de menos era el crono, lo demás la compañía, el paisaje y los 1200 metros de desnivel positivo que remontamos.

Tras el esfuerzo nos acercamos a un famoso restaurante Casa Pepe, que tiene fama de ser el restaurante más facha de todo el país. Sin comulgar con esas ideas (en realidad sin comulgar prácticamente ya con ninguna idea política) pudimos comprobar que el establecimiento es un auténtico museo que gira en torno a esa idea. Eso sí, el zumo, el montado de lomo y la tostada con tomate, aceite y jamón estaban muy buenos (la comida no entiende de ideologías). Para el recuerdo la siguiente foto: