RELATOS

Una vez iniciado el movimiento supe que no habría marcha atrás, sería difícil regresar a aquello que fui. Hoy soy otro ser: curtido, compañero del esfuerzo, amante de mis kilómetros. Sólo el fin de mis días debería obligarme a parar: ese es mi pequeño sueño.

martes, 19 de enero de 2016

MIÉRCOLES 13: UNA DE ESAS SESIONES MULTIDISCIPLINAR: RUNNING-ELÍPTICA-PILATES

La lesión que arrastro desde junio ha hecho que me planteé muchas cuestiones, una de ellas es si no podría ser la causa de mi lesión el hecho de correr, correr, correr, sin preocuparme de otros aspectos, como por ejemplo el fortalecimiento. Por ello desde hace unas semanas vengo centrándome en realizar múltiples ejercicios de abdominales, estiramientos de zona lumbar, cintura, adductores, también ejercicios isométricos, y por último clases de pilates, que la verdad sea dicha son bastante duras y que me dejan en evidencia delante de gente que no necesita correr kilómetros y kilómetros para realizar los ejercicios correctamente, no como yo. 

Así que el martes dejé la mochila en el Complejo Deportivo de la Molineta, y salí para hacer un calentamiento largo (lo que me dio la Avenida de las Tinajas, vía de servicio hasta el Parque Cervantes, dar una vuelta al recinto y de ahi al gimnasio). Tras esto estuve haciendo unos minutillos de elíptica y unos pocos ejercicios de pesas. A eso de las 21:20 llegaba Mercedes y comenzaba la clase de pilates a las nueve y media. Lo dicho, bastante desastrosa mi pericia y capacidad para realizar algunos de los ejercicios; sobre todo aquellos en los que hay que demostrar fuerza en la zona de la cintura (se nota lo de mi lesión), pero en cualquier caso la sesión fue más satisfactoria que la anterior, la primera que había llevado a cabo en Navidad. Noto que voy fortaleciendo la zona y conforme esto ocurre noto que los dolores y las molestias están bastante más controlados. En cualquier caso acabé deshecho y sin muchas ganas de hacer más cosas.


domingo, 17 de enero de 2016

MARTES 12: DAVID BOWIE SE FUE PERO CORRIÓ CONMIGO Y CON MIS NUEVAS KINVARA

La música es a mi como el árbol es al oso. Podría vivir sin ella pero no sería igual, sería en blanco y negro. Mi hijo me dice últimamente que me encanta la música antigua; realmente sólo me encanta la música, da igual si es o no vieja. Pero una canción no es más que un vehículo, una manera de expresar, y tras ella hay siempre un alma. El lunes me enteré que el autor de un montón de minutos mágicos se había ido de este mundo tras 18 meses luchando contra el cáncer. En seguida sentí frío, pero no fue una sensación desagradable, era una sensación ya sentida por mi últimamente, pero venía amplificada. La palabra "decadencia" sonaba en mi mente, también la palabra "vacío" pero en contraposición también venían a mi cabeza otras palabras como "elegancia", "genialidad", "misterio" y sobre todo "dignidad",

A todos nos llegará nuestra hora y hasta los genios vienen aquí a estar tan sólo por un tiempo; pero hay algunos seres especiales que tras su marcha dejan un gran vacío, aunque también dejan huella, una huella que se queda impresa en los demásm como si fuera un tatuaje. David Bowie se marchó de la misma forma a como vivió: libraba una batalla que ya sabía perdida y mientras tanto preparaba su último disco, su última obra, su último legado, con la única preocupación de que le diera tiempo a sacarlo a la luz antes de dejarnos; y así fue, el pasado viernes había sido publicado "Blackstar" y el lunes esta estrella brillante se apagó para siempre, aunque nos quedará mucho de él. Ahora entendemos el significado de muchas de las letras de las canciones de este su último regalo y también el color gris y tétrico que lo envuelve (echad un vistazo al vídeo y lo entenderéis).


La plenitud no se mendiga, la plenitud se gana día a día, aunque sea a través de la dignidad y la vitalidad, y si no revisad este vídeo de tan sólo hace dos años, cuando contaba con 67 años:



Por cierto, no nació con un ojo de cada color, ni era un extraterrestre, pese a que crease en lo 70 a un alter ego venido de las estrellas (el famoso Ziggy Stardust), simplemente es que cuando era adolescente su mejor amigo (que todavía lo seguía siendo en la actualidad) le propinó un puñetazo que le dejó la pupila dilatada para siempre. 

Así que David, has de saber que un insignificante mortal nacido en Valdepeñas, al que nunca conociste y que estoy seguro que no sigues desde allá arriba, sintió que esta podía ser una buena oportunidad para llevar a cabo un tonto ritual, un ritual cuyo único objetivo fuese calmar su espíritu y que de paso sirviera de tributo hacia tí. Era sencillo: correr en la fría noche tras haber cargado en el mp3 un mix de tus viejas y nuevas canciones. La casualidad también había querido que ese martes fuese día de estreno de zapas, y como por primera vez en mi vida iba a calzarme unas Saucony, pensé que al margen de este homenaje anónimo pudiera llevar a cabo también un hechizo que se basase en el deseo de que tras calzarme las Kinvara todo lo negro que he venido arrastrando desapareciera y pudiera vivir una nueva etapa renovada, como las muchas que tú viviste.  



Salgo de casa con la emoción de estar viviendo un entreno distinto: suena la primera canción "Rock and Roll Suicide", ¡vaya comienzo más significativo!. Se mueven las piernas, comienza a removerse mi alma y pienso que deben llegar las primeras esperanzas a mi corazón desesperanzado. La cintura  está ahí, sólo sirve para sostenerme y no se está quejando, las zapas son excepcionalmente cómodas y comienzo a pensar en la muerte y en todas las cosas que me queda por hacer aquí antes de que ésta llegue ...y...,  siento una voz que me llama a un metro tras de mi, pero no viene del más allá, no es Ziggy Stardust, ni tiene dos ojos de colores distintos, es Jose María Camacho, del Extenuación Valdepeñas....

¡A veces me siento tan sólo corriendo! (y más en esta etapa tan sombría) que echo en falta correr con alguien y en esta ocasión no iba a correr solo. De las mejores conversaciones, de las más afables que pueda conseguir un runner aquí en mi pueblo, salen compartiendo entreno con José María, así que en los siguientes treinta y tantos minutos, no hablé conmigo mismo, no pensé en la decrepitud humana ni en lo que una persona es capaz de influir en las demás, tan sólo charlé de temas mundanos, básicamente de running, con este buen compañero. Cuando él siguió hacia su casa y yo entré en el recinto del Parque Cervantes, pude darme cuenta de que en todo ese tiempo en el que David había pasado a un segundo plano en forma de música de fondo, las zapatillas tampoco habían hecho ruido, ninguno, tan sólo hablaban de forma contenida con una inusitada flexibilidad, comodidad y ligereza. Tras una cómoda vuelta en la que mi diablo particular llamado pubalgia siguió sin dar signos de vida, me encontré con Juan Crespo; se ve que era el día era de charlar, así que pude disfrutar de Juan durante dos vueltas más el trayecto que nos llevó hasta casa. David Bowie siguió sonando de forma excelente para dar color a esta sesión compartida. Este entreno me deja un dulce regusto a cambio: "añoro el cambio, necesito cambios", "Changes" como decía la famosa canción de..., de quien iba a ser. Quiero pensar que este martes el espíritu de Bowie corrió conmigo, espero que me haya mostrado el camino de la renovación.


jueves, 14 de enero de 2016

LUNES 11: MAGNIFICO ENTRENO DE MERCEDES. 12,5 KMS A 5´15´´ DE MEDIA Y CON CUESTAS

El domingo Merche había aprovechado la jornada dominical para ir al gimnasia y así hacer algo de elíptica y pesas. El día anterior nos habíamos enterado de que nos habían inscrito al Circuito de Carreras de Ciudad Real, por lo que ella ya tenía motivación suficiente para ponerse a tono, no tanto yo, que dudo que corra muchas carreras en el mismo. El lunes, fruto de las ganas por afrontar nuevamente ese reto, mi mujer me sorprendió al llegar al trabajo diciéndome que se iba a correr (creí que iba a descansar). Yo ya estaba vestido para ir a hacer un circuito a ritmo exigente, pero de noche y en pleno invierno, decidí irme con ella a realizar el circuito del Hotel El Hidalgo (vía de servicio de la margen derecha para volver por el de la margen contraria). Como estaba motivada decidí meterle un poco de caña; además, a ella le habían llegado sus nuevas y fragantes zapatillas, las Mizuno Wave Rider (justamente como las de la foto)













Yo, por mi parte, me había calzado las Mizuno Sayonara, por mis ganas de ir más ligero. El caso es que desde la salida, y a pesar del frío y de la cerrada noche, salimos a muy buen ritmo para las exigencias de ella. Subimos a la falda del Cerro del Ángel y la bajada fue vertiginosa; la llevaba literalmente echando la lengua, pero el ritmo tuvo su recompensa, al comprobar que íbamos a un ritmo medio inferior a 5´15´´. Llegados al pie del puente que cruza la autovía, y que marca nuestro regreso, paramos durante unos segundos y estuvimos estirando. La intención era tomarnos el resto del entreno con algo más de calma, pero pronto comenzamos nuevamente a acelerar. Además, la parte más dura, con los repechos que hay llegando a las inmediaciones del pueblo, fueron gestionadas muy bien por Mercedes. La bajada hasta casa también fue rápida y cuando paré el crono pude comprobar que está mejor que nunca: 1 hora y 5 minutos para 12 kilómetros y medio, o lo que es lo mismo, a 5´15´´. Se ve que las nuevas zapatillas le van a ir bien. Además no tuvo ningún tipo de molestias, más allá el cansancio con el que llegó a casa.



DOMINGO 10: ENTRENO DURO CONTRA EL VIENTO

Los niveles de motivación no se habían puesto por las nubes con el entreno hecho con mi mujer en Las Virtudes. Hace falta mucho más que eso para que este estado de ánimo cambie. Pese a todo, el domingo por la mañana, como reza la tradición, me volví a calzar las NB 1210 MT Leadville y me cogí el carril bici de la Carretera de La Solana a un ritmo que no estaba nada mal si lo comparamos con el desarrollado en las últimas sesiones. Cierto es que llevaba el viento de culo y que éste soplaba bastante, una innegable ayuda. Cogí el camino que pasa por las escombreras anexas a la carretera y giré por el camino que yo llamo "De la Vega" para verme de bruces y de repente contra un terrible viento que me frenaba en seco. Me lo tomé con auténtica filosofía, como una entreno de fuerza, sin importarme lo más mínimo a qué ritmo avanzaba. Por suerte la lesión no estaba dando la lata ese inapacible domingo así que pude llegar a casa con el único handicap de esa lucha contra este elemento climatológico que tanto nos fastidia. Finalmente 11 kilómetros que no supieron mal del todo.

SÁBADO 9: EXTRAÑO DOBLAJE EN DOS SESIONES PARECIDAS

El sábado pasado comenzaba una más de esta larga lista que conforman las semanas de entrenos desde que comencé a correr de continuo, sin parones, allá por verano de 2010 (salvo uno de 14 días en diciembre de 2013 por la rotura de isquios). Sé que ha llovido mucho desde entonces, y soy consciente de que he pasado por diversas etapas bien diferenciadas, y por momentos dulces, otros no tan dulces y algunos incluso desagradables y para olvidar...Me quedo con todos, todos me valen porque todos conforman mi historia como corredor. Sin embargo creo que es bien sabido que últimamente no paso por mis mejores momentos (ya me encargo de airearlo a través de este blog). Mi profunda autodecepción unida a esta lesión que menoscaba mi ánimo lleva a que cueste seguir este ritmo que hace tiempo que me autoimpuse. De hecho, la idea de no competir hasta que no cambie este statu quo está bien, pero topa con una dificultad: si no compites cuesta más tener motivación en los entrenos por lo que se hace más complicado calzarse las zapas cada noche. Esa es la situación, me guste o no me guste, le importe o no le importe a alguien. Pero aquí sigo, Don R que R haciendo más de lo mismo, y por supuesto, contándolo a través de este medio.

Amaneció un nuevo fin de semana pero no se despetaron las ganas, así que el día 9, al mediodía, con un viento terrible me fui hacer una salida, que no me atrevo a calificar de tirada, de unos 12 kilómetros y medio. Me acerqué al Cerro del Ángel y desde su falda subí dos veces seguidas a un ritmo que trataba que fuese más vivo de lo que realmente acababa resultando. Tras las dos subidas y sus correspondientes bajadas cogí la vía de servicio para pasar por el camino de detrás de los cerros de la Aguzadera, sin chispa, a un ritmo medio y con la cintura a punto de cargarse de nuevo. Noté las primeras molestias ya bajando por el Camino de Membrilla, justo cuando comencé a imprimir un ritmo algo más alegre. A poco más de un kilómetro de casa noté una carga grande donde siempre me da últimamente y decidí parar y estirar (esos segundos sientan bien a mi lesión pero mal a mi coco, porque cuando esto ocurre siento que estoy hundido). Tras esto llegué a casa otra vez con la sensación de haber hecho otro entreno que había servido para bien poco.

Aún me quedaba la tarde, la cual había reservado para salir con mi mujer. Elegimos un circuito en Las Virtudes.



Dejamos el coche al lado de la fuente, a unos metros de la preciosa Plaza de Toros Cuadrada


La primera parte del recorrido era menos abrupto y también algo menos interesantes, pero hacia una buena tarde e íbamos disfrutando. Curiosamente yo iba con menos molestias de las que había ido sufriendo unas pocas horas antes. Tras coger un corto tramo de carretera nos pusimos a subir por los montes anexos al paraje y ahí fue donde Mercedes lo pasó peor, porque sus piernas lo notaron. Luego cogimos una senda que ya conocíamos de cuando en noviembre hicimos una tirada por la zona y de nuevo nos pusimos a subir por otro monte, en este caso, la parte más dura de la sesión, pero Mercedes aguantó bien. Tras la subida, seguimos la senda acercándonos a la zona donde se declaró un incendió el pasado agosto que devastó 150 hectáreas de monte bajo, básicamente pinos y encinar silvestre. Así que poco disfrutamos de la parte verde y húmeda, con liquenes incluidos, ya que el paisaje se nos tornó dantesco (antes del incendio estoy seguro que era una zona preciosa para correr). Tras 15 minutos corriendo por la zona quemada dejamos por fin tran triste panorama y regresamos al verde, para poco después llegar a las inmediaciones de Las Virtudes, tomar a la izquierda y rodear el cerro aledaño. Para terminar bajamos por una senda que se acabó convirtiendo en camino para darnos de bruces con la ermita y con la plaza de toros. Habíamos terminado nuestro bonito recorrido (y más que lo hubiese sido de no ser por el desgraciado incendio), y lo habíamos terminado a un ritmo discreto de 6´32´´ pero por una orografía complicada para sacar buenos tiempos, y con una distancia de 12400 metros.

Así, entre mañana y tarde había logrado realizar 25 kilómetros, habiendo conseguido endulzar un poco el sabor amargo del mediodía con esta bonita sesión vespertina. Merche se encontró bien, aunque la rodilla le dió un poco la lata en algún momento.



sábado, 9 de enero de 2016

JUEVES 7: RECTAS EN EL PARQUE Y FIN DE OTRA SEMANA

Enero no ha entrado con fuerza para mi. El jueves decidí ir al parque a realizar unas rectas de 450 metros en forma de interval. Las sensaciones no eran muy buenas, pero al menos pude ir realizando las rectas sin grandes molestias. Conforme fue avanzando la sesión me fui encontrando más suelto, pero en la sexta y última, como me esperaba, comencé a sentir la carga en mi cintura, lo cual me hizo desistir de hacer la séptima. Así que ¡para casa!. Ya había sido bastante en esa semana, acumulando otros 9 kilómetros para sumar un total de 72 desde el sábado día 2. Una semana que he calificar como mala, sin buenos entrenamientos, de hecho ni uno solo, y encima con pocos kilómetros. Lo dicho, enero no ha comenzado muy bien para mi.


MIÉRCOLES 6: ¿ME TRAERAN LOS REYES UNA PELVIS NUEVA?

Va a ser que no. Por la mañana me levanté con la idea de mirar en el árbol y encontrar el regalo tan deseado pero no...., va a ser que en otra ocasión. Ante tal decepción toco ir a Linares a comer en casa de mis suegros para que los niños recogieran sus regalos y al paso traernos a la peque que se había quedado allí durante tres días. Tras comer regresamos y con las tardes tan cortas nos tocó salir a correr a Merche y a mi ya de noche. Al menos el entreno propuesto sintió más o menos bien a mi mujer: largo calentamiento de 6 kilómetros para luego hacer dos subidas al Cerro del Ángel, a ritmo exigido para ella, no así para mi. El regreso lo hicimos a ritmo vivo y pese a las molestias que ella tuvo podemos calificar la sesión de positiva. En cuanto a mi, me encontré mucho mejor que en los dos días anteriores, la cintura me dio una tregua. En casa hice multiples y variados ejercicios de fortalecimiento de la zona.