RELATOS

Una vez iniciado el movimiento supe que no habría marcha atrás, sería difícil regresar a aquello que fui. Hoy soy otro ser: curtido, compañero del esfuerzo, amante de mis kilómetros. Sólo el fin de mis días debería obligarme a parar: ese es mi pequeño sueño.

sábado, 9 de enero de 2016

MARTES 5: DESAGRADABLE Y OBLIGADO ENTRENO DE COLOR GRIS

El palo recibido en el entreno del día anterior no ayudó mucho a mejorar mi motivación. Pese a estar en plenas vacaciones navideñas y contar con más tiempo para así elegir el momento en el que salir a correr, el hecho de no tener ganas de hacerlo convirtió en esa sesión en una auténtica y desagradable obligación. Salí al mediodía a realizar unos 10 kilómetros, y aunque quería meter un poquito de ritmo, las molestias no me dejaban y tampoco tenía la fuerza física y moral como para forzar la situación. Así que hice sin más el recorrido en un entreno gris.


martes, 5 de enero de 2016

LUNES 4: UNA SOMBRA DIFUSA DE AQUELLO QUE CREIMOS SER



Las células se mueven y en su movimiento se van haciendo viejas;  todo se distorsiona, todo muta, y hasta los recuerdos más preciados son tergiversados y tratamos de rememoramos tal y como no ocurrieron. La decrepitud y la decadencia acabará presentándose y nos pillará con el paso cambiado; trataríamos de escapar pero no sabremos por cuál resquicio podrá caber tanta desesperación, encerrados en esto que nos envuelve y que tanto hemos ensalzado, ahora resulta que es nuestra propia prisión, la celda del ego, y toca tomar conciencia de un principio fundamental: hemos venido a aprender una simple lección, esa que dice que todo se transforma, todo cambia y nosotros formamos parte de esa revolución, ¡ah!, es entonces cuando nuestra soberbia es enterrada en lo más profundo de la nada, olvidada por miles de generaciones que vendrán tras nosotros y que iniciarán nuevamente ese pequeño ciclo de cambio que forma parte de la mutación global del universo, unos cuantos miles de millones de almas pasadas, presentes y futuras que andarán perdidas a expensas de descubrir tarde o temprano que son demasiado simples y efímeras.  

El mensaje que susyace de estas líneas es el que me acompañó durante el entreno de ayer, sobre todo cuando volví a comprobar que a mis 45 años la decadencia la noto más intensa que nunca cuando me hallo corriendo y siento mi cintura cómo me dice que he de parar. Quizá sólo sea una falsa alarma, puede que todavía queden mañanas en las que dando zancada tras zancada sienta como floto, pero el mensaje está ahí esperando a su acuse de recibo: no habrá muchos más cartuchos en esta recamara que es mi vida. Y ahí me hallo realizando un entreno más de esos que sé que no voy a disfrutar, me veo viviendo unos minutos ingratos en los que correr tan sólo es una fea obligación que será bien resuelta si la molestia no llega, pero cuidado, si ocurre lo de ayer, me hará sentir más humano que nunca, más mortal, más pasajero de un corto pasaje en el que se vislumbra que el viaje ya es cuesta arriba y que lo mejor del paisaje ya fue contemplado. En el kilómetro 9 tuve que parar porque la carga que portaba en mi cintura era tan maliciosa que me hacía hasta sentir mezquino, hasta el punto de no entender que hacía yo allí en mitad de la noche filmando una película que sólo yo voy a ver y que ni a mi me va a gustar. Tras dos breves paradas más el único objetivo que quedó fue llegar a casa y meterme en la ducha para que el agua hiciera despegarse de mi piel toda ese cieno negro que se me ha adherido. Huelga a decir que es demasiado pegajoso para conseguir desprenderme de él, así que mucho me temo que esa suciedad que arrastro he de aprender a limpiarla más a menudo ahora que sé que ha venido a quedarse. 

El mensaje técnico: 14 kilómetros mal hechos que se suman a una semana más.

lunes, 4 de enero de 2016

DOMINGO 3: ENERO NO DEBERÍA SER EL MES EN EL QUE TODO CONTINÚA IGUAL

El título de esta entrada es más un deseo que una afirmación probable. Siendo realistas, el primer mes del año, por pertenecer ya a 2016, no tiene por que traer nuevos aires de mejora, pero así somos los humanos: comienza un nuevo año y tenemos nuevos propósitos que luego olvidamos unos días después. En mi caso querría que me llegaran tiempos mejores en el tema que ocupa este blog aunque lo veo difícil. De hecho el entreno de ayer domingo no fue especial: siguió con la misma tónica dominante que los de las últimas semanas. Habíamos pasado gran parte del día en Linares, donde habíamos dejado a la peque para que estuviese unas jornadas con sus abuelos maternos. Regresamos ya tarde a casa y tuve que hacer de tripas corazón para cambiarme y salir a correr (esto ya habla por sí mismo de mi grado de motivación). Pero antes de salir me tuve que llevar un disgusto ya que tuve que enfrentarme a lo que la báscula me decía (daños colaterales propios de la Navidad). Así que doblemente deprimido hice el circuito de los Cerros de la Aguzadera por no estar dispuesto a irme más lejos (sin ganas de adentrarme en la noche por parajes lejanos a los que hay que llegar y para hacerlo hay que superar la desidia y la falta de fuerza mental). Es decir, me busqué un circuito corto y cómodo y simplemente lo hice, aunque al menos el ritmo no fue lo peor, ya que traté de forzar un poco la máquina. Fue un entreno más, de los muchos que hecho en estos últimos 5 años, un entreno sin mucho disfrute que no sé adónde me lleva pero que hago sin hacerme demasiadas preguntas tras terminarlo. En esta tesitura comienzan los primeros días de este 2016.

SÁBADO 2: CORRIENDO EN LA SIERRA DE SAN CARLOS DEL VALLE

El sábado por la mañana tocó ponerse un poco al día de temas laborales y personales y no pude salir a correr (tampoco me apetecía mucho). Así que aprovechando la tarde, algo más apacible que la mañana, Mercedes y yo cogimos el coche y nos acercamos a San Carlos del Valle. Aparcamos cerca de la plaza e iniciamos la aventurilla. Había propuesto un circuito de algo menos de 16 kilómetros, sin demasiadas pretensiones (no tenemos razón alguna para correr en estos días con ambición). El comienzo era un poco durillo, puesto que subíamos por la sierra sin apenas calentar, pero Merche con sus Adidas Kanadia (que no se ponía hacía un siglo ya que no les van muy bien por resultarles demasiado pesadas), se movió con la suficiente agilidad para no sufrir y decir que pese a las rampas chungas no anduvo en ningún momento. Nos vimos en la carretera que lleva al Pozo de la Serna para coger un camino que nos alejaría un poco de la falda de la cadena de sierras. Esta parte fue bastante mejor en ritmo aunque bastante más fea en cuanto a paisajes que ver. Fuimos consumiendo metros y metros hasta que tocó orientarnos nuevamente hacia la sierra, es decir, tocó subir. Llegamos a la falda de la sierra y comenzamos a rodearla, y aún quedaba lo mejor, la subida atravesando la espesura por una pista que conozco de una vieja tirada de mi primera Madrid Segovia (en esa ocasión me desplaza corriendo hasta allí desde casa y volver). La subida entre los molinos eólicos y monte mediterráneo resulto diría que hasta cómoda para mi mujer, que se le ve que no ha perdido la forma. Iba contenta porque no le molestaba nada. Ya de noche pudimos disfrutar allá en lo más alto contemplando las luces que se oteaban en el horizonte, Valdepeñas a lo lejos, y mucho más cerquita, a 2,5 kilómetros, también se veía, adentrándose en el valle, nuestro destino final, San Carlos del Valle. La bajada fue realizada con precaución y pese a ello Merche se resintió un poco de su cintilla. Llegamos al coche tras nuestra aventura ya cuando la noche estaba cerrada. De ese momento es esta foto:



















Y este es tracking:



VIERNES 1: TRAS LA INDIGESTIÓN TOCABA MOVERSE

Tras una excursión maravillosa en el Valle del Río Agueda, la cual hicimos andando los cuatro, tocó regresar a casa. Comimos pasado el Puerto de Somosierra a unos 45 kilómetros de Madrid y llegamos ya cuando la tarde comenzaba a dejar de serlo y se abría paso la noche. Los excesos del Fin de Año me habían pasado factura durante toda la noche, y no hablo de resaca ni de mareos, hablo de indigestión, y es que no estoy acostumbrado a comer tanto. Junto a este problema se unían los remordimientos de conciencia por sentir que estoy perdiendo aún más la forma ya que a estas fiestas y sus comilonas había que sumarle el efecto de mi pubalgia. Ambos problemas me hacen pensar que no estoy comenzando muy bien 2016 para tratar de abordar con ilusión este que es mi hobby, ¿o quizá es que estoy perdiendo dicha ilusión?. Sea como fuere me cambié y mientras lloviznaba me fui a correr, pero antes de ello había estado tentado a enfrentarme con la báscula (suerte que al final no caí en la tentación y no acepté el reto). Me encontraba bien, aunque obviamente bastante pesado digestivamente hablando. Hice dos subidas con soltura y tras esto, en una noche bien fresquita, me dirigí a los Cerros de la Aguzadera. Ya en el Camino de Membrilla bajé un poco más para acabar regresando a casa por el camino paralelo al del Peral. Unos 13,5 kilómetros que ayudaron a que pese a todo hubiese acumulado una buena semana de entrenos:
  1. Sábado 26 de diciembre: entreno complicado en el que no acabé nada satisfecho. Me sentía sin ritmo y aunque la subida a los molinos eólicos de la Sierra del Peral no resultó mala del todo en la última fase del entreno me encontré mal de lo siempre últimamente: la cintura se me cargó y tuve que soportar las molestias.
  2. Domingo 27 de diciembre: corrí en Linares con Mercedes, haciendo una bonita ruta por la vía verde de la Virgen de Linarejos, y comprobando la belleza de las ruinas de las viejas minas. 14,6 kilómetros a un ritmo discreto, por encima de 6´ que a mi me sirvió de trote regenerativo y para Mercedes supuso un entreno que la acercaba más a su recuperación. Mi lesión no se quejó apenas.
  3. Lunes 28 de diciembre: era el día en el que había que meter intensidad y eso traté de hacer. Elegí el circuito de algo más de 13 kilómetros que me regresa por la vía de servicio de la A4 y completé un buen entreno, a Dios gracias. En realidad fue un interval a razón de 3´fuertes y 2´suaves y en el tramo de interval cuajé 6 buenos kilómetros entre 4´20 y 4´30´´ y una media total de 4´34´´. Lo negativo es que no pude terminar el interval hasta donde yo quería de forma que los últimos 4 kilómetros y medio los hice más suaves (los 3,5 kilómetros finales a ritmo constante 4´50´´), pero no se debió a la pubalgia y sí a mi estado de forma. Salieron unos 14,5 kilómetros.
  4. Martes 29 de diciembre: aprovechando las vacaciones Merche y yo hicimos algo que deberíamos realizar más a menudo: por la mañana fuimos al complejo deportivo y allí estuvimos haciendo una sesión de pilates que me dejó baldado. Tras esto hicimos elíptica, pesas, sauna y estiramientos. Ya por la tarde cogimos la moto y nos acercamos al Paraje del Peral para realizar una tiradilla suave, pero en la segunda parte de la misma a Mercedes le iban las piernas y cogimos un muy buen ritmo; quizá no la había visto correr más rápido antes. Acumulamos casi 9 kilómetros que se pueden sumar a los casi 5 de la elíptica.
  5. Miércoles 30: fue día de descanso, o más bien de viaje a tierras segovianas.
  6. Jueves 31: mi mujer y yo despedíamos el año con una tirada preciosa, tipo trail, por las poblaciones de Requijada, Arahuetes y la Velilla. Unos 14,5 kilómetros inolvidables. Lo de menos fue el ritmo.
  7. Vienres 1: inauguraba el año con un par de subidas al Cerro del Ángel y vuelta por los Cerros de la Aguzadera. No medí tiempo, aunque las sensaciones no fueron malas del todo, si tenemos en cuenta los excesos de las horas anteriores. Sumé otros 13,5 kilómetros
De esta forma, si hablamos de kilómetros salió una buena semana con  92,8 kilómetros. Eso sí, poco intensos. Como comienza un nuevo año esperemos que vengan cosas buenas, a poder ser mejores que las que vengo viviendo.

JUEVES 31: DESPIDIENDO EL AÑO CORRIENDO POR PARAJES EXTRAORDINARIOS

Ya es un hábito correr el último día del año allá donde estemos, y como es costumbre familiar viajar para pasar ese día lejos de casa, pues de la combinación resulta un cóctel cuyo sabor se queda grabado para que los sentidos no sean capaces de olvidarlo. En esta ocasión el día 30 de diciembre nos desplazamos a tierras segovianas lindantes con el Parque Nacional de Guadarrama (sí allí donde en mi Madrid-Segovia de 2014 se me cayó el dichoso envoltorio de barrita y por ello no salí en los créditos finales de la carrera por ser descalificado). Parajes preciosos y un alojamiento privilegiado: La Tejera de Fausto, un sitio precioso y con gente acogedora que sabe cómo hacerte sentir bien tratándote de aislar de las nuevas tecnologías (no hay televisores en las habitaciones ni falta que hace). 

Resultado de imagen de la tejera de fausto

El día 30 se nos fue de las manos rápidamente visitando Pedraza (un pueblo medieval de los mejores conservados de España), comiendo en La Velilla y terminando el día en Segovia, donde pudimos pasear los cuatro impregnándonos del ambiente navideño de tan bonita ciudad. Al final terminamos cenando en un Burguer King (es lo que tiene la globalización). Madrugamos Merche y yo para realizar "la última tirada del año". Me había esmerado en prepararlo todo bajándome dos tracking de la wikiloc: uno con una ruta larga que discurría por hasta 5 pueblos del entorno incluido Pedraza, y otra más corta y más asequible teniendo en cuenta como está Mercedes con su rodilla, con algo más de 14 kilómetros y con un perfil de unos 230 metros de desnivel positivo. Esta última fue la elegida. A eso de las 08:15 horas con cierta neblina y bastante fresquito salimos de la Tejera de Fausto hacia La Requijada, una aldeita a 2,5 kilómetros de nuestro alojamiento. Ya desde el comienzo disfrutando de lo verde del campo, y sometidos a la pendiente que teníamos que salvar hasta llegar al primer destino. A mi mujer le costó que entrasen sus piernas en calor pero una vez conseguido y justo cuando comenzamos a llanear en las inmediaciones de la aldea comenzamos a disfrutar de lo lindo. Entramos en un camino que nos llevaba al segundo destino: Arahuetes, para quien no lo sepa, ese pueblo es Sagrillas en la serie "Cuéntame como paso". Para llegar al mismo tuvimos que coger sendas maravillosas llenas de tonos verdes, piedras de diversos colores, y vegetación tan variada que no era fácil correr con la boca cerrada. Sin duda que este tramo fue mágico, acostumbrados como estamos a correr sin tantos estímulos a nuestro alrededor. En el kilómetro 5 llegábamos al segundo punto, y no nos costó atravesar el núcleo poblacional, que en invierno apenas sobrepasa los 12 vecinos, aunque en verano estoy seguro que multiplica por 20 esa cifra a juzgar por la cantidad de chalets y casas de campo.

Desde Arahuetes cogimos una vía asfaltada con menos vegetación arbórea pero en el que el verde seguía dominando. Ayudaba la humedad de las lluvias, que aunque escasas, habían hecho por fin acto de presencia. De hecho chispeaba durante nuestra aventura. Tras pasar por un bosque de pinares tomamos una carretera más importante para llegar a La Velilla. Desde Arahuetes veníamos bajando y bajando aunque tampoco aumentamos mucho el ritmo porque no se trataba ese día de realizar un entreno con las piernas, y sí con los sentidos.

Cruzamos el puente sobre el río Cega en la localidad recién citada y giramos a la derecha para coger una pista de grava que nos llevaría a la última parte de la ruta: un camino buscando la GR-88. Este camino de gran recorrido atraviesa gran parte de la provincia de Segovia pasando por parajes extraordinarios, de hecho pasa por Pedraza, pero hay un problema, y es que cuando el Cega va crecido es imposible vadearlo ya que el GR-88 lo atraviesa por un sitio donde no existe puente, muy cerquita de la Ermita de Nuestra Señora de la Vega a escasos 800 metros de la Tejera de Fausto. Esto significa que los siguientes 6 kilómetros nos íbamos a adentrar en la sierra por parajes magnificos hasta alcanzar la GR y finalizar nuestro recorrido vadeando el río si esto fuese posible, y si no lo tendríamos mal. Confiaba en que la escasez de lluvias no nos impedirían cruzarlo descalzos. Este tramo fue para no olvidar jamás. El camino pronto se convirtió en senda y entre musgos, líquenes y todo tipo de vegetación de intenso verde fuimos avanzando lo mejor que podíamos teniendo en cuenta el terreno arcilloso que hacía que resbalásemos con la humedad y que a las zapatillas se adhiriese peso en forma de barro que hacía más dificultoso correr. Pero daba igual, el entorno del que estábamos disfrutando no tenía precio.

Tampoco fue un gran impedimento las considerables pendientes que tuvimos que salvar. A falta de unos 2,5 kilómetros para el final nos topamos con una valla y al otro lado unos toros con cuernos amenazadores nos miraban tras interrumpir su pasto. Sin hacer mucho ruido fuimos paralelos a la valla, sitio por donde según mi Garmin teníamos que bajar. Tocaba 1 kilómetros de fuerte pendiente negativa donde se resintió un poco la rodilla de mi mujer, pero eso no importaba mucho hoy. Y por fin llegamos al río Cega, y tras buscar durante un par de minutos un paso entre los árboles, finalmente hallé una senda que nos llevaba al mejor sitio por dónde cruzarlo. Con una profundidad de unos 20 centímetros de agua clara y muy fría, sabíamos que no seríamos muy complicado cruzarlo, pero había que hundir nuestros pies desnudos, así que en un arrebato lo crucé sin quitarme las zapas, acto que fue emulado por Mercedes. El último kilómetro lo hicimos más rápido de los normal porque había que mover los pies bien rápido para que entraran en calor. Pasamos por la ermita y de hay al alojamiento. ¡Misión cumplida!.




sábado, 2 de enero de 2016

MARTES 29: PILATES+ELÍPTICA+PESAS+SAUNA+TIRADILLA = nuevos colores

Es cierto que corro bastante kilómetros, y es cierto que casi todo lo que hago es correr; me he olvidado de otras cosas que son muy importantes para mi mantenimiento y preparación y quizá por ello me haya llegado esta lesión de larga duración que me deja entrenar pero que me tiene frito. Aprovechando las vacaciones y que estamos abonados toda la familia a un complejo que cuenta con magnificas instalaciones a tan sólo 500 metros de casa, Merche y yo decidimos ir el martes por la mañana a realizar una sesión variopinta. Lo primero fue una sesión de pilates, la primera de vida; para Mercedes no era nada nuevo, ya que viene realizando este tipo de ejercicios desde hace más de dos meses, pero para mi fue una mezcla de: entreno entre vergonzo, curioso y doloroso. Vergonzoso porque entre mi pubalgia y mi inexperiencia debía resultar ridículo verme realizar algunos de los ejercicios. Curioso porque en seguida se da cuenta uno que servir sirve y mucho, ya que se trabaja de una manera divertida el fortalecimiento de un montón de zonas que yo personalmente tengo descuidadas, y así me va. Doloroso porque hubo en algunas ocasiones pinchazos bastante agudos que me impedían prácticamente seguir el ritmo. Pero en definitiva sentí que mereció la pena. 

Tras 45 minutos que se me hicieron largos y no por estar aburrido, nos fuimos a la sala de máquinas donde estuvimos haciendo elíptica durante unos 25 minutos. Aquí me sentí, por razones obvias, mucho más cómodo. Tras este calentamiento estuvimos haciendo ejercicios de pesas en máquina: concretamente estuvimos trabajando los cuadriceps, isquios, abductores y adductores. Éstos últimos se resistieron y de que manera; casi me costaba realizar el ejercicio con el peso mínimo. Un poco de rodillo y estiramientos y de ahí a la sauna y a los chorros. Total, 2 horas bien empleadas. Pero ahí no quedó la cosa. Tras comer, cogimos la moto y nos acercamos al Paraje del Peral. Tras aparcar el vehículo nos fuimos a hacer un circuitillo de casi 9 kilómetros, yendo suave al principio, pero en la segunda parte comenzamos a meter ritmo y pude volver a comprobar que Merche está en buena forma porque nos pusimos a correr por debajo de 5´por momentos. No es que fuésemos durante mucho rato a ese ritmo inusual para ella, pero sí que fue el tiempo suficiente para comprobar que mi mujer ha dado un paso más hacia adelante. Estimo que pronto estará bajando de 1 hora 50 minutos en media maratón.

En conclusión: buena doble sesión variopinta y multicolor. Justo lo que venía echando en falta. 

En cuanto a mi lesión: sigo evolucionando con días buenos y días no tan buenos, pero sé que todavía me queda camino por recorrer. Merche sigue con sus molestias en la rodilla pero hemos descubierto que alternando un día de entreno y otro de descanso, y realizando sus estiramientos y ejercicios, la cosa va remitiendo poco a poco.