RELATOS

Una vez iniciado el movimiento supe que no habría marcha atrás, sería difícil regresar a aquello que fui. Hoy soy otro ser: curtido, compañero del esfuerzo, amante de mis kilómetros. Sólo el fin de mis días debería obligarme a parar: ese es mi pequeño sueño.

jueves, 10 de diciembre de 2015

LUNES 7: ENTRENO LLENO DE TONOS VERDES EN LINARES

El lunes al mediodía regresábamos de Málaga dirección a Linares. Comíamos en la carretera y nos poníamos hasta arriba: había mucha hambre. Llegamos a Linares con el tiempo justo para cambiarme de ropa e ir a soltar un poco. Me fui por la vía verde de la zona del Camino de Úbeda y resultó que me encontraba genial. El día anterior había hecho una maratón en 4 horas, lo cual no es gran cosa, pero si tenemos en cuenta mi pubalgia y como terminé (lo cual me preocupó), para mi era inesperado encontrarme tan suelto y sin molestia alguna. Tanto es así que decidí meter un poco de caña y bajé los 6 kilómetros de la mencionada vía a buen ritmo. Luego, al regreso, tocó acometer la cuesta de bastante pendiente, pero me encontraba bien y no me resultó muy complicado. Total, que llegué a casa de mis suegros bastante contento de los 10,5 kilómetros sorprendentes por la rápida recuperación muscular. Si todo iba bien quería realizar una buena semana.

VIERNES 4: CERRANDO UNA SEMANA, ABRIENDO UNA PUERTA

La semana pasada cerré con buenos números y sentí como si estuviera comenzando a ver la luz al final del túnel que me ha tocado atravesar. El viernes, tras 6 entrenos en los que no había cabido la relajación tocó hacer una sesión algo más suave y salí a un ritmo claramente por encima de 5´ realizando un circuito de unos 9 kilómetros. No era de noche, ya que me había cogido la tarde libre con el fin de ir preparando las maletas para irnos a Linares (al día siguiente partiríamos de allí para ir a Málaga, a nuestra cita con la maratón). El entreno me dejó contento, más que por la sesión hecha por el resultado total de la semana que cerraba con unos 90 kilómetros (segunda semana consecutiva que alcanzaba esa cifra). Mi pubalgia comienza ser como el alcohol en un bebedor, que aunque no lo pruebe porque lo haya dejado se declara alcohólico. Lo mismo me ocurre: aunque siento grandes mejoras y puedo correr ya más rápido, también siento que no estoy curado del todo, todavía estoy lesionado por mucho que quiera decirle adiós para siempre.


JUEVES 3: QUERÍA CONTINUAR UNA BUENA SEMANA

Llevaba una semana bastante maja en cuanto a intensidad, con altibajos en mis molestias pero con el denominador común de haber impreso buenos ritmos, así que el jueves decidí que fuera otra sesión dura, así que elegí el circuito de los pinos, de unos 13,1 kilómetros que consiste en ir por la Carretera de San Carlos del Valle hasta coger el Camino de las Casa de Santa María y vuelta por el Camino de Don Bernardo. Las sensaciones no eran malas al comienzo, algo que siempre mido muy mucho últimamente, porque en función de como de suelta hallo la cintura estimo cómo se dará el entreno. En cualquier caso comencé algo lento con la idea de calentar. Una vez que dejé la carretera comencé con mis intervalos, en esta ocasión de 200 zancadas rápidas y 200 lentas, pero con poca diferencia de ritmos. Comencé a sentirme cómodo y los cambios no costaban en exceso, así que simple y llanamente me sentí feliz por poder medio disfrutar un entreno más sin grandes problemas. El regreso por el Camino Don Bernardo es duro al principio con dos repechones terribles, pero luego tiende hacia abajo y prácticamente es favorable en pendiente hasta llegar a casa, así que esta fase fue la más rápida y la de mejores sensaciones. Piqué en 1 hora y 3 minutos, pero si deduzco el tiempo de calentamiento, que fue de unos 20 minutos, el ritmo medio haciendo cambios fue bastante bueno.


miércoles, 9 de diciembre de 2015

MARATÓN DE MÁLAGA 2015: DE MERCEDES Y OTRAS CASUALIDADES



La Maratón de Málaga de 2013: "De Mauricio y otras emociones"

Así titulé la entrada en mi blog que narraba lo ocurrido en aquella maratón. ¡Altas expectativas mayor probabilidad de desastre!, ¿por qué digo esto?.. llegaba de atravesar un vergel pero un principio de lesión pondría mi ego bien en su sitio de forma que la realidad me dio una bofetada y me quedé con los isquios deshechos en el kilómetro 12. El caso es que tirando no sé si de valentía o de insensatez decidí terminarla... Ver como te adelantan 1500 corredores enseña mucho y también ayuda a dejar la soberbia a un lado y vivir una maratón desde su esencia, con todos los sentidos despiertos  y el único reto de llegar a meta ganándole la partida al dolor y a la impotencia. La sorpresa me esperaba en el kilómetro 30...Mauricio iba más despacio que yo y mostraba muy mala cara; estaba a punto de suceder algo que marcaría para mi un antes y un después...El hecho de que le acompañase hasta el final a buen seguro que fue un calvario para él porque tuvo que aguantar mis sermones y arengas cuando lo que más le pedía su cuerpo era detenerse y retirarse. Entre trotes lentos, estiramientos y paseos fuimos avanzando hasta atravesar el arco de meta juntos parando el crono en 4 horas 12 minutos, 1 hora y 14 minutos más que mi marca de Roma de unos meses antes, pero la experiencia se había quedado grabada para siempre y casí sin quererlo me había echado en la mochila un buen amigo al que, por cierto,  no había vuelto a ver hasta ayer.





La casualidad de conocer a Mercedes

Si conocer a Mauricio fue fruto de la casualidad, también lo fue lo de mi mujer. En febrero habrá llovido por 15 cortos años desde aquella noche de domingo cuando ella en Linares y yo en Valdepeñas nos metíamos en un uno de esos chats que comenzaban a proliferar en un incipiente internet. Metidos en una sala en la que ninguno de los dos solíamos entrar, aburridos por falta de conversación, pero justo en el instante en el que me iba a desconectar, decidido a no volver jamás a chat tan insulso, se abre un mensajito en el que ella  me pregunta por lo bueno de los vinos de Valdepeñas. Muchos nos hemos tomado juntos desde entonces y ya sabe que no le mentí sobre sus bondades. No nos hemos separado nunca y fruto de aquel encuentro casual viene todo lo demás: dos niños, dos periquitos latosos, y muchos kilómetros por detrás y los que aún tenemos que hacer juntos

Lo imposible hecho realidad

Que yo comenzase a correr nuevamente cumplidos los 40 era algo posible, aunque poco probable. Imposible es que los dos seamos hoy maratonianos; hace apenas unas decenas de meses que se le había pasado por la cabeza una tarde calzarse sus zapatillas de tenis y tratar de completar una lenta y sufrida vuelta al parque. Ella no sabía que acababa de abrir la caja de Pandora. Los números a veces muestran extraños caminos: hace 3 años yo corrí mis primeros 42 kilómetros el año que cumplía los 42 y en 2015 mi mujer ha corrido su primera maratón también con sus 42 añitos recién cumplidos, ¡y eso ha ocurrido sin planificarlo!.

Málaga y la mariposa que vuela

El vuelo de una mariposa allá en el otro lado del globo acabará afectándote de una manera u otra, tarde o temprano. ¿puede explicar la mariposita el chat aburrido, Mauricio en Arroyo de la Miel, mi exceso de peso y mi afán por desperezarme del sofá, sus zapatillas de tenis? . Al final va a ser que conocemos a Mauricio y hemos vivido esta Maratón de Málaga gracias al vuelo desinhibido de una mariposa llena de colores. Como no todo va a ser casualidad decidimos planificar Málaga con esmero: ella correría su segunda maratón y lo haría sola, en esta ocasión yo no sería su fiel escudero; por mi parte me enfrentaría a mis miedos y trataría de filmar una secuela de aquella primera película de 2013 rodada en Málaga, y en esta ocasión pretendía que no fuera una peli de aventuras y sí de acción, se trataría de correrla a todo lo que dieran mis piernas. 

No tires cuentas que luego no salen

Famoso dicho el de mi madre al que nunca he dado mucho crédito tan planificador como soy yo, pero he de reconocer que se cumple en demasiadas ocasiones. La pubalgia se instaló en mi cintura y tuvimos que unir sendos retos y dejarlos en uno solo, y ya puestos nos inventamos un aliciente extra: "Merche te entreno durante 3 meses para ver si bajamos los dos juntos del 4:12 que hice con Mauricio". Dicho y hecho: buen plan, menos accidentado que el de Helsinki, menos calor, ¡pero ahí el frío!, y justo cuando se acerca el día D, vuelve a resonar la voz de mi madre con su "no tires cuentas que..." y va y se me lesiona. Debió ser una mariposa de colores increibles en sus alas que trajo la desgracia cuando chocando contra una de las ventanas de la fábrica de New Balance encandiló a aquella operaria vietnamita, así ocurrió que pensando en tan bello ejemplar se abstrajo demasiado cuando estaba cortando la suela de la zapatilla derecha de mi mujer, no lo hizo de la forma exacta y eso provocó un desajuste que a su vez ha provocado que tras un número considerable de kilómetros de desgaste por uso los dos grados de desviación hayan derivado en la sobrecarga de la fascia lata de mi querida mujer. 

Mercedes no es Zatopek, ni tan siquiera se le parece pero....

Había leído mientras investigaba sobre los beneficios del tapering (periodo final de bajada de intensidad de cara al gran evento) que el bueno de Emily Zatopek era famoso por su régimen de vida espartano y por los durísimos entrenos que se autoexigía. Parece ser que en 1950 cuando se preparaba para los Europeos, sufrió una infección dos semanas justo antes del inicio lo cual le obligó a hospitalizarse y guardar estricto reposo. Fue dado de alta justo antes del campeonato y contra la opinión de los médicos, participó en los 5.000 y 10.000 metros. Ganó las 2 carreras con récords, a pesar de no haber “entrenado” durante esos días que tuvo que estar obligatoriamente en la cama. "Merche, tú no eres Zatopek pero si funciona para un cuerpo de un crack igual funciona también para mi cuerpo preferido, ¿no crees?. Así que descanso obligado y ni un sólo kilómetro durante 9 días, esa es la orden".


40%-60%

Pensando en porcentajes le dije a mi mujer que no le daba más de un 40% de probabilidad de que terminase la maratón. La cintilla es una lesión muy fastidiosa y cuando aparece el dolorcillo va in crecendo hasta que la mayoría de las veces te obliga a parar. ¿en que estaba pensado aquella chica vietnamita?.

El sábado fue el día de no querer pensar en el desastre y aún así no pude evitar pensar en él. Tratamos de distraernos compartiendo una tarde soleada con buenos amigos, con Eli y su hermano Alberto Menchero, al que le debo que me metiera en eso del ultrafondo y que paradojícamente dos años atrás me adelantaba a la altura del Estadio de La Rosaleda cuando yo bregaba con mis isquios.... Por tanto no todo fue pensar en negativo, también disfrutamos del previo y de una magnífica y acogedora ciudad












Cuando me acosté aquella noche pensé en 5 horas; quizá consigamos terminarla andando en ese tiempo. Por supuesto no le dije nada a Mercedes.


Hoy puede ser un gran día si la mariposa no....

Madrugamos y mucho, giramos el botoncito y nos pusimos en modus maratonianos.





Mi dorsal 220 indica que aún vivo de las rentas de Roma, pero obviamente el cajón de la aventura iba a ser el morado. ¿Que puñetas hacíamos en el morado, sub 4 horas, si en el mejor de los casos habría previsto para ella 4:10?. Más aún, ¿qué demonios hacíamos en un cajón cuando lo más probable es que mi mujer no pudiera terminarla?

En cualquier caso, ahí estábamos, bastante expectantes. La idea era salir a 5:55, ¡vaya idea!. (no tires cuentas que luego no salen). Nos pusimos con Gregorio, un corredor de nuestro club  al que no conocíamos porque era de la sección de duatlon y que tenía ante sí su primera maratón. Cuando nos dijo que también estaba lesionado pensé que tanta negatividad no traería nada bueno. Demasiadas malas señales.

La cintilla es eso que te martillea y te dice que para que pimientos corres

Parece que han dado el pistoletazo porque vemos que la gente comenza a andar, y un par de minutos después pasamos por encima de la alfombra, ¡ya está!, ¡en marcha!. Salida cómoda, sin codazos, suave, Merche con buena cara y avanzamos los tres. Kilómetro 1, 2, 3 y las cuentas no salen porque vamos más rápido de lo previsto: 5:49, 5:46 y 5:51, pero bueno, que mas da, intuyo que no llegaremos a meta y la historia de Mauricio tendrá una secuela desastrosa en las salas cinematográficas. 



Me intereso en el cuarto kilómetro por su rodilla y ella me dice "no me preguntes", ya sé que el dolor ha llegado, y lo ha hecho para quedarse. La veo moverse ágil, con fluidez, sé que sus piernas van solas, gracias a los entrenos y también al secreto de Zatopek, pero esto va a ir a peor, no nos cabe la menor duda. El martilleo marca el ritmo de mi mujer y aún así los tiempos mejoran: 5:44, 5:42 y nos movemos en esa cadencia que no estaba escrita en nuestro plan. Gregorio va cómodo con nosotros y pronto se une un corredor del Atletismo Bolaños, "los manchegos se juntan a comer gachas y migas o a correr maratones". La ida hacia el Palo es larga, sin cuestas pero eterna, y marcamos cronos que se mueven siempre entre 5:40 y 5:50, pero Merche no va bien, va sufriendo. En ese tramo de la carrera voy convencido de que no la terminaremos. Para colmo le tengo que coger la cartuchera cargada de geles, porque se le va escurriendo. "¡Que más me da llevártelo!, bastante tienes ya con lo tuyo".






Lo mejor de esos kilómetros es cruzarnos con los corredores de delante, los keniatas y...¡ahí va como una moto el corredor de nuestro club Fernando Mora!. ¡Dios mío! es su primera maratón y ha salido a por todas, ¿no será un suicidio? (no lo fue, 2:39 y catorce de la clasificación). Siento envidia sana, pero me consuelo pensando que mi pelvis me habría castigado demasiado a ritmos altos, tampoco estaba preparado para ello. Veo a Marcelo otro corredor de Valdepeñas que va a muy buen ritmo y entre tanta animación las piernas van solas, bueno, en el caso de ella no tanto.



En el 16 la cosa se pone más fea aún si cabe y tengo que administrar un ibuprofeno a la sufridora del día. Pienso que yo en su lugar ya me habría retirado. Sin embargo, pese al dolor estamos marcando unos cronos magnificos: por ejemplo, el 12 en 5:40 y el 14 en 5:41. 




¿Quién inventó el ibuprofeno?.

Quizá fue un científico mentiroso que decía justo lo que no pensaba y así creó un medicamento que te dice que corras cuando lo que deberías hacer es parar. La pierna se le adormece, el dolor no ha cesado pero ahora es algo más llevadero. Unos minutos antes el agarrotamiento ya le había llegado al glúteo y le había sido muy complicado dar zancadas; a pesar de todo había mantenido el ritmo. El Sr. inventor del Ibuprofeno y sus sabias mentiras nos devuelven la esperanza, mejor dicho, compramos un poco de ilusión durante unos kilómetros más. El 17, 18, son kilómetros en torno a 5:40, concretamente 5:39 el 19. El 21, a 5:37 y a Merche se le vé tan ágil como cuando comenzó pero el sufrimiento, ahora atenuado por la química, va por dentro. Pasamos la media justo en 2 horas, y eso es un pasote, creo que nos estamos colando y que de aguantarle la rodilla le llegará el otro mal, el tio del mazo, pero también pienso que probablemente no la terminemos y no le veremos la cara a ese mamarracho







Se nos ha quedado el corredor de Bolaños y Gregorio sigue con nosotros, pero no va cómodo. Su lesión también le está fastidiando. Seguimos creciendo, adelantando gente, y pedimos que esto continue unos kilómetros más, ¡por favor!. Entonces se me ocurre decirle a mi esposa que la probabilidad de terminar ahora ya no es del 40% sino del 60%. Esboza una sonrisa y parece que esa tontería le ha animado.

Larga avenida es la del suplicio

Sólo nos hacía falta una larga recta, monótona, de esas que provocan que los corredores se coman el coco. Yo trato de que Gregorio y Merche no piensen, no miren hacia el horizonte, tan sólo lleven el ritmo y se fijen en el asfalto. Voy marcando pequeños hitos tales como "en dos kilómetros te doy el siguiente gel", o "el siguiente avituallamiento está ahí a unos minutos". Los gestos de dolor de ambos son ostensibles, pero allá por el 24 a la vista de que mantenemos sin dificultad el ritmo comienzan a surgir de mi interior brotes verdes de esperanza y optimismo (como los de Zapatero). ¡Ahora estamos corriendo por debajo de 5:40! y los vamos clavando. Gregorio se nos queda y miro a Merche; ella me dice sin decirme nada que tenemos que seguir...pienso en un 70% de probabilidad de éxito, y así poco a poco divisamos el Estadio Municipal de Atletismo picando el 27 en 5:37 y el 28 en 5:34. El hecho de ir recogiendo cadáveres, cuando ya lleva 2 horas y media soportando el dolor le hace más fuerte. 



¡¡¡Agua por favor!!

Buena organización la de la maratón, pero les faltaron vasos. Se trataba de un obstáculo más en esta carrera a la que no le iban a faltar eso, los obstáculos. Así que Mercedes tuvo que beber hasta en tres avituallamientos directamente de la garrafa (mientras el voluntario/a de turno se la alzaba a pulso). Yo por mi parte, puse mi granito de arena cogiendo un par de botellitas medio llenas del suelo, no importando quién hubiera bebido antes; también en una ocasión paré para  llenar con vasos de isotónica otra de las botellitas. Así que tocó esprintar para volver a pillar a mi mujer que iba como una locomotora, de las lentas, pero como una locomotora. Y pasada la zona del polígono, bastante complicada por no haber sombra, ser fea y no haber animación llegamos al 30.

Llegado al 30 sólo cabe mejorar  sobre todo si ha costado tanto llegar hasta aquí

"La maratón comienza siempre en el 30", sabía afirmación. Si llegas con fuerza a ese kilómetro tienes mucho ganado, si no es así lo más probable es que pierdas todo lo que no perdiste antes. Las frías calles del polígono han dejado paso a la avenida poblada de palmeras y llena de sombra que nos adentra en el caso urbano. Hemos reconquistado la ciudad, ya estamos cobijados por los edificios y Merche sigue ahí, al mismo ritmo. El 31 en 5:41, el 32 en ¿5:31?, ¡Dios mío como sufre esta chica!. Es entonces cuando me doy cuenta de que la va a terminar y también comienzo a creer que la marca va a ser buena, muy buena, mucho mejor de lo que nunca hubiéramos soñado. Se me ocurre decirle "porque vamos en marcha si no te daba un beso ahora mismo". Segunda sonrisa y segundo subidón.

Mucha gente andando, mucho corredor con menos ritmo, y casi todos a nuestro alrededor con menos moral que nosotros. Comienzo a echar cuentas, y aunque mi Garmin desfasa (los tiempos que os he dado son los del Garmin de ella), sé que de continuar así podemos bajar de las 4 horas, pero esa marca no estaba destinada a mi mujer, no es propia de ella, ¿qué está pasando?. ¿será el clima?, ¿será Don Ibuprofeno?, la distancia va bien medida, no faltan metros, así que la única razón es: Mercedes y su pundonor, bueno, y que su estado de forma es mejor del que había previsto su entrenador, que soy yo.

Y toca la cuenta atrás

Nos mantenemos firmes, cada metro que pasa más convencidos, más fuertes, aunque toque seguir sufriendo. ¡Por fin animación! y eso ayuda, ¡como ayuda!. Ni la larga cuesta que lleva al Estadio de la Rosaleda puede con ella, aunque picamos ese kilómetro en 5:49. Arengo, voceo, grito, le digo que es nuestra, que la probabilidad de terminarla es ya del 100%, pero ella niega con la cabeza, es prudente.

Superamos la cuesta y enfilamos los últimos cuatro kilómetros, los números de mi Garmin me dicen que podemos hacer 3 horas y 59 minutos de seguir así, pero echando cálculos estimo que el desfase en distancia nos supondrá recorrerlo más de un minuto, ¡mala leche!. El 39 en 5:43, Merche va deshecha, no siente la pierna derecha pero aún así no ceja en su braceo y en su zancada, cuesta favorable ahora, 5:37 el 40, pasamos por una zona muy concurrida, el castillo, bajamos, la bajada duele, vaya si duele (a mi también en mi cintura), pero ya no nos puede parar nadie. Ella no muestra alegría en su rostro, sólo concentración, no quiere que se le escape y sé que está tirando de corazón. El 41 es frenético, 5:32 y tras esto bajamos por la famosa Calle Larios, llena de gente, se hace eterna, miro el Garmin, ¡no podremos!, no bajaremos de 4 horas. 

 




Giramos la esquina y a lo lejos vemos el primer arco, unos 500 metros, la cadencia aumenta, nos aceleramos y nos ponemos en modus sufrimiento. Oigo a Gregorio Ruiz de Valdepeñas arengarnos (vaya carrerón que se marcó con 2:57)...doscientos metros y miro el crono a lo lejos, si apretamos un poco lo dejamos en 4 horas peladas, pero no, picamos en 04 horas 01 minuto y 10 segundos, tiempo del chip. El último kilómetro trescientos lo hemos hecho a 5´23´´ y  Merche, la cachonda, me dice que está mareada, ha sufrido casi toda la prueba y no hay palabras para describir lo orgulloso que estoy de ella. La voluntaria me otorga el honor de la puesta de medalla y yo se la cuelgo todo honrado. No necesita sentarse, está muy satisfecha y eso contrarresta su cansancio, se ha vaciado.




Yo me siento indispuesto y vomito agua, casi que estoy peor que ella, aunque pronto la veo sin poder dar un paso, lleva la pierna tiesa, así que pienso que hay que irse al apartamento cuanto antes. Hablamos con algún conocido, como Paqui Taviro, del Extenuación Valdepeñas, que es una crack y se ha marcado un 3:55 en su primera experiencia maratoniana, también hablamos con Marcelo, ¡vaya tío!, a sus 60 sigue pulverizando sus registros, ha hecho 03:21. Nos preocupa Gregorio el del Pozo Norte, que comenzó con nosotros, no sabemos si terminará (luego nos enteramos que sí la finalizó en 5 horas y 2 minutos, y tuvo que tirar de épica). Falta alguién, ¿dónde está Jorge?, pedimos un móvil y le llamamos pero no nos responde llamada, pese a la preocupación nos vamos andando despacito hacia la Calle Larios y al llegar al apartamento aparece nuestro hijo montado sobre su patinete, ¡no se nos ha perdido y todo ha salido bien!. ¡Gracias Sr. Ibuprofeno!, gracias incluso a la mariposa y a la operaria vietnamita, que aportaron para que todo esto fuera muy "hardcore" como dice mi hijo.





Esa medalla está bien ganada, sin lugar a dudas. No es de plata ni olímpica, pero no hace falta tanto para sentir el honor de tenerla. La mía, la del escudero vale mucho menos sin lugar a dudas.



 

Los fríos números

Estos son los datos que conseguimos en la web de la organización:





















La 1735 de un total de 2800 llegados, la 29 de su categoría, la 118 de más de 400 mujeres que participaron, y ganamos casi 500 puestos desde la media maratón hasta meta. Perdonadme que no pueda dejar de echar flores a mi mujer. Yo es que la he visto en sus comienzos en el parque y cuesta creérmelo.

De Mauricio, Mercedes y otras casualidades





Finalmente el lunes, antes de volver a casa, quedamos con Mauricio. Resultó que finalmente había corrido también la maratón (algo que no me esperaba porque estaba lesionado y no iba a participar). Resultó que el tío, como quién no quiere la cosa, se marcó un 3:31 (se nota que ya pasa de geles), y echamos un rato muy agradable en la Ciudad Deportiva Carranque donde sus dos hijas que son unas cracks, entrenaban en la gran escuelas deportiva que se ha creado y que es un auténtico vivero de jóvenes valores. Por ahi andaba entrenando un tal Borja Vivas, que no es ni más ni menos que el nuestro seis veces Campeón de España de Peso, Subcampeón de Europa en 2014  y olímpico en Londres. Así que con esta reunión, fruto de tantas casualidades pusimos rumbo a casa y dimos por terminada esta gran aventura que sólo deja como sabor agridulce la lesión que se le ha quedado a Mercedes y que le impedirá correr durante bastante días.

 
Y he decidido dejar ya de escribir que este testamento se alarga ya demasiado. Pero antes quiero dar la gracías con MAYÚSCULAS a tod@s por vuestro apoyo y cariño recibido en estos meses. Se cierra una etapa y espero que se abran otras que traigan momentos tan estupendos como este que os relatado.

jueves, 3 de diciembre de 2015

MIÉRCOLES 2: ME RESIENTO DEL ESFUERZO PERO MI ÁNIMO NO DECAE

Ayer miércoles no fue un entreno tan dulce como el que tuve la suerte de disfrutar el lunes. El del día anterior, martes, había sido bueno pero nada que ver con áquel. Es decir, en dos días he ido empeorando en sensaciones, pero al menos sigo acumulando entrenos de calidad, que es de lo que se trata. 

En principio el miércoles iba ser el día de una sesión regenerativa, pero la ambición me pudo y decidí apretarme nuevamente. De forma que me dispuse a hacer un circuito de 10,70 kilómetros que incluía un par de vueltas en el Parque Cervantes y desde el comienzo no me permití el lujo de relajarme demasiado, yendo algo por debajo de los 5´el kilómetro. En las zonas más irregulares del camino no quise forzar mucho mi cintura y bajé un poco el pistón, pero cuando cogí la vía de servicio de la AIV hacia el parque la zancada fluyó más. En el parque dí las antes mencionadas dos vueltas (dos kilómetros) a buen ritmo y sin más dilaciones me fuí a casa. 53 minutos pelados, con una media de 4´57´´. El pubis se quejó un poco pero yo no le hice apenas caso.


miércoles, 2 de diciembre de 2015

MARTES 1: CUATRO DÍAS INTENSOS SEGUIDOS Y LAS PIERNAS LO NOTAN

No era la idea meterme caña ayer, pero siento que tengo que recuperar mucho espacio en poco tiempo y me entran las prisas, que ya se sabe lo que se dice: no son buenas consejeras. Con menos frío que la noche del gran entreno del lunes salí con la motivación ganada por tan buenas sensaciones, pero pronto me dí cuenta de que dos días seguidos tan buenos iba a ser imposible. Con las piernas algo cargadas, pero sin molestias me fui dando algún rodeo hacia el camino que atraviesa la zona de La Aguzadera y termina en el vía de servicio de la AIV. Las sensaciones no eran malas, eran mejores en cualquier caso que lo ha venido siendo este otoño, pero claro, compararlas con lo del lunes no era buena idea. Cuando llegué a la falda del Cerro del Ángel comencé la ascensión por el carreterín, para acto seguido subir por el camino tan empinado que se abre a la derecha y que termina 200 metros más arriba. Las piernas se resintieron entonces, pero la cintura iba bien, y eso era lo importante. La bajada costó también mucho; la segunda y la tercera y última subida fueron algo mejor. tras esto regresé a casa con buen ritmo pero bastante cargado por tantos esfuerzos seguidos. Una vez en mi hogar me metí una buena sesión de estiramientos y abdominales para seguir fortaleciendo la zona que tan afectada he tenido. Unos 10.400 metros y aproximadamente 1 hora de sesión en movimiento.

En cuanto a Mercedes, se acercó a la piscina para hacer ejercicios en el agua y después estiramientos. Hemos decidido que no acumule ni un sólo kilómetros hasta la maratón del domingo, y espero que no nos equivoquemos. El lunes se quedó en casa haciendo algunos ejercicios de gomas, y ahora lo más importante es que gane en seguridad.




martes, 1 de diciembre de 2015

LUNES 30: ME DESPIDO DE NOVIEMBRE. ¿ME DESPIDO TAMBIÉN DE MI LESIÓN?

Hay que ver cómo cuando no hay alegrías con que poco bueno que suceda le sale a uno la sonrisa. Ayer noche era de esas en las que salir a correr hiela los huesos con sólo pensarlo, pero hace unos días que decidí darle un mordisquito al barrote de mi jaula y con ello quise iniciar un nuevo ciclo, así que cuando me estaba cambiando de ropa en mi dudosa disposición para salir a entrenar, pensé en ello : "soy un hamster que trata de escapar de su celda, aunque sea royendo el hierro". Parece mentira, pero eso me espoleó y salí a la calle con predisposición para entrenar con ganas. Ataviado con camiseta térmica, polo, mallas, guantes, pañuelo y braga, los males del frío son menos, y sobre todo cuando te pones en movimiento y tu calor corporal empieza a compensar la temperatura ambiente. Fue dar las primeras zancadas y ya supe en gran medida cómo iba a ser mi entreno, porque cuando al iniciar la carrera me siento bien, de veces las menos, sé que será una buena sesión, sé que la cosa no se va a torcer. Afortunadamente iba a tratarse de un buen entreno porque mi cintura no me decía nada: ni bueno ni malo y porque me hallaba suelto. Tanto es así que ya desde el comienzo cogí buen ritmo para acometer la sesión de interval de 400 zancadas rápidas, 200 más lentas. La pena fue que no le dí al crono y no soy capaz de saber el ritmo final, pero desde el kilómetro 2 yendo por el Camino de los Ladrones,  cuando comencé con los cambios, las buenas sensaciones empezaron a bailar a mi alrededor, lo que provocó una sonrisa interna que ya no me abandonó en todo el entreno. Fue de esas situaciones en las que vas rápido, como hacía tiempo que no ibas, que no molesta nada, puedes apretar, pero sabes que no hay que tentar la suerte y te reservas, no vaya a ser que por hacer alardes des un paso atrás. Y en un pis pas, me ví regresando a casa por el Camino Membrilla, y alcanzado este acometí la cuesta tendida de dos kilómetros como si no hubiera pendiente que salvar, con cambios rápidos que eran más rápidos de lo que últimamente venía haciendo, y con cambios lentos que no eran tal. ¡Ya no recordaba algo así!, quizá el último entreno similar fue allá en marzo o abril. La bajada por el asfalto fue casi como flotar, sin dolor, sin costarme y llegué a casa, contento, entero y sin molestias. Calculo que había bajado ampliamente de 50´ para los 11.160 metros del recorrido, pero no puedo asegurarlo. En cualquier caso no importa mucho, me quiero quedar con esta mejora, este al menos a día hoy, paso adelante. Nos despedimos de noviembre y también querría decir "adiós para siempre" a esta puñetera lesión que tanto me ha minado la moral.