RELATOS

Una vez iniciado el movimiento supe que no habría marcha atrás, sería difícil regresar a aquello que fui. Hoy soy otro ser: curtido, compañero del esfuerzo, amante de mis kilómetros. Sólo el fin de mis días debería obligarme a parar: ese es mi pequeño sueño.

miércoles, 8 de abril de 2015

ADIOS NEW BALANCE HOLA SAYONARA. REPASO DE LAS ZAPAS QUE HE USADO



Los inicios con Mizuno
 
 
Cuando regresé a esto del running ya de forma más en serio decidí calzar Mizuno, concretamente las Mizuno Wave Precision. Corría finales del año 2010 y de ahí hasta finales de 2011 gasté dos pares de este modelo. Las primeras fueron las rojas que se ven en la imagen, versión 10, que recuerdo bien que me estaban algo apretadas padeciendo mi imprecisión el dedo gordo de sendos pies.
 
 
 
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Por aquel entonces no entrenaba tanto como ahora pero en esos trece meses calculo que haría unos 1800 kilómetros. El segundo par fue ya también de la versión 10, justamente el que se ve en la imagen. Que puedo decir de este modelo, una mixta muy duradera, de poca amortiguación, ideal para correr sin talonar, justamente como no corría yo. Zapatilla que se hacía querer siempre y cuando no tuvieras que realizar tiradas de muchos kilómetros.
 
 
 
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Desgasté tanto el segundo par de mis Mizuno que allá por diciembre me resultaba incómodo correr con unas zapatillas tan duras (habían perdido las propiedades y corría el riesgo de lesionarme).
 
 
 
Entran en mi vida las NB
 
Por ello a finales de aquel diciembre, cuando ya llevaba cuatro meses preparándome para mi primera maratón, la de Estocolmo, me compré las New Balance 880 v2, que la verdad es que resultaron cómodas pero me costó adaptarme a tanta amortiguación y también me provocaron algunas molestias, tales como la cintilla (que nunca sabré si apareció por las zapas o por el aumento de kilómetros).
 
 
 
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 Un par de semanas después me compraba el tercer par de Mizuno Wave Precision, versión 12,  con la idea de correr la maratón con ellas y rodar con las NB...
 
 
 
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 ....pero cuando me las probé no me convencieron y dí un nuevo giro comprándome unas NB 890v2 a utilizar para competir. Eran algo llamativas y tenían un tacto totalmente distinto a lo que había usado antes.
 
 
 
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De esta forma murió mi relación con Mizuno y nació mi idilio con NB, con mis 880 para entrenar y las 890 para exprimirme. Fue con las 890 con las que bajé mis marcas. Con ellas corrí en Estocolmo, 3:21, bajé de 40´en un 10.000 por primera vez, y como resultaron bien repetí la jugada: dos pares, una de 880 y otra de 890:
 
 
 
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Fueron las usadas en los entrenos y competiciones hasta mi segunda maratón, la de Valencia. Las 880 seguián sin convencerme del todo, pero eran cómodas para mis tiradas largas. Con las 890 a finales de 2012 corría ya la Maratón de Castellón en 03:04, el 10000 en 37´pelados y llegaba 2013 con Roma a la vista. De nuevo decidí renovar por pares mis 880V2 y mis 890v2 con estos colores en esta ocasión:
 
 
 
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En la primavera de ese año coseché todo lo mejor: 01:21 en media, 03:58 en maratón y 36´32´´ en 10 kilómetros, las tres marcas con la zapatilla gris que véis. Ya a finales de abril me compré mi cuarto par de 890, versión V3:
 
 
 
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...Y con ellas comenzó el declive. Con un tacto similar a la v2, había algo en ellas que no me hacía bien, ya que comencé a sentir molestias en mis isquios y en mis tibiales (nunca sabré cuánta culpa tuvieron las zapas y cuánta fue de pasarme en mis entrenos y correr con mala técnica). A pesar de ello mi segunda mejor marca en media las hice con este modelo: 1:22:05
 
 
 
Un breve escarceo con Adidas
 
 
El caso es que en verano le cogí gusto a la montaña y me hice de unas Adidas Kanadia, zapas de trail:
 
 
 
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Lentas, tanques, que para los caminos no iban mal pero rodar con ellas rápido era más bien difícil. Con ellas fracasé en mi primer intento a la Madrid-Segovia, aunque probablemente no tuvieran la culpa. Era otoño de 2013. Después vino una de mis peores elecciones movido quizá por la ambición me compré unas Adidas Adizero Mana, justamente esas que véis.
 
 
 
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Voladoras que me provocaron graves molestias: mi primera retirada en una media, la de Benidorm en noviembre con un latigazo en los isquios de mi pierna derecha; como no tuve bastante, intenté dos semanas después correr la Maratón de Málaga, también con ellas, de nuevo se me agarraron los isquios e hice 2/3 de la maratón cojeando y a paso de tortuga. La última vez que me las puse (de las cinco veces que las calcé) fue en un entreno suave donde me volvió a dar un "meneo" en la misma zona y fue entonces cuando me rompí del todo y también cuando las jubilé (están en el armario con no más de 70 kilómetros).
 
 
NB en varios modelos
 
Mi siguiente objetivo, aparte de recuperarme, fue la Maratón de Sevilla, y para poder participar, ya que me quedé fuera de cupo, me tuve que comprar las NB 890v4, porque con la compra de las mismas daban algunos dorsales y así pude correr en febrero de 2014.
 
 
 
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La experiencia sólo fue regular: la maratón un desastre, pero no por culpa de las zapatillas y sí por culpa de mi estado de forma, 3:30. En cualquier caso en ningún momento me dejaron satisfecho y por ello dejé de utilizarlas en competición y las comencé a utilizar para rodar. Para competir me compré unas voladoras, las NB 1400 RC, que aún conservo y que utilizo para 10000 y medias (la última media en 01:22 la he hecho con ellas). Zapas rápidas, que se dejan querer pero que cómodas, cómodas no son...
 
 
 
 
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Ya en primavera me había comprado mi segundo par de NB 890V4, básicamente para rodar:
 
 
 
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Pruebo las Salomon
 
 
Y hoy por hoy he de decir que no las recomiendo para ello, puesto que su durabilidad deja mucho que desear. Eso sí, son cómodas. 2014 fue el año de la montaña y por ello me compré mis primeras y últimas Salomon, las Speedcross en su versión 2:
 
 
 
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Muy cómodas por caminos, por terrenos irregulares, no tanto en terrenos muy técnicos. Bajo mi punto de vista, la durabilidad no fue su punto fuerte, porque me cargué los tacos con relativa facilidad. Pero aún así, con ellas tengo gratos recuerdos.
 
Se acercaba la Madrid-Segovia y tuve que buscar algo bueno, y vaya si lo encontré, las NB 1210 MT Leadville. Unas zapas de ultrafondo que se dejan querer por pistas y terrenos irregulares:
 
 
 
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Pedazo de zapatilla hipercómoda, ligera y con otras mil cualidades. Con ella disfruté mi segunda Madrid-Segovia hasta el final, 102 kilómetros de gozada auténtica para mis pies. Con ellas salgo a rodar a veces y a penas se nota que no están hechas para ritmos muy rápidos.
 
En otoño se acercaba la Maratón de Valencia, mi segunda maratón en la ciudad de la paella (la primera no la terminé dos años antes), y por ello me compré un par exactamente igual que el que me hizo bajar de las 3 horas en Roma:
 
 
 
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Y la verdad es que volvieron a cumplir y la maratón fue discreta, 03:11, pero de nuevo he de decir lo mismo: corren las piernas no las zapatillas. En la actualidad las tengo reservadas para competiciones de maratón ya que son una versión antigua y ya no se fabrican.
 
 
Me enamoro de la novia fea que abandoné
 
Así fue como me encontré con la necesidad al comienzo de este año de comprarme unas zapas para rodar, ya que las NB 890V4 azules oscuras estaban ya muy gastadas, con tan sólo 500 kilómetros. Para mi regocijo una buena mañana me reencontré con las Mizuno Wave Precision 12 que había arinconado:
 
 
 
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¿las recordáis?, y a lo tonto a lo tonto, con ellas he vivido tres meses estupendos de entrenos rápidos, con mi nueva técnica de carrera que trata de ir de metatarso. Ayer las tuve que tirar a la basura totalmente rajadas y maltrechas, con unos 1100 kilómetros encima, y ya no he logrado encontrar un modelo como este en internet, puesto que ya no se hacen. Es decir, ¡renace mi amor por las Mizuno!, y por ello me he comprado unas Mizuno Wave Sayonara 2:
 
 
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Por lo que he leído son rápidas, más que las Precision, y se pueden utilizar de mixtas, pero no son para tiradas muy largas. Ahora que acumulo cuatro pares: las NB 1400 RC (cañeras para competiciones cortas), las NB 1210 mt (para ultrafondo, montaña y tiradas largas), las NB 890V2 (reservadas para maratón), llegan estas mizuno que no sé si serán las candidatas para correr en Helsinki, utilizando para el día a día las 890v2, o viceversa.
 
 
 

SÁBADO 4: SUFRIENDO UNA ESFORZADA TIRADA

Los 102 kilómetros acumulados en la semana que terminaba me habían dejado un regusto dulce, ya que además este aumento de kilometraje venía tras una semana previa que había resultado floja en cuanto a acumulación: unos 75; aunque si algo he conseguido en este nuevo año es ser regular clavando semana tras semana los 90, salvo en un par de excepciones, una de ellas la ya comentada. Ahora bien, superar los 100 kilómetros no es uun hito que sea desconocido para mi, ya que en muchas otras ocasiones he superado hasta los 105. El día estuvo caracterizado por la vuelta en coche de nuestras minivacaciones en Calpe, y durante todo el viaje iba pensando en la obligación de tener que realizar "la tirada de los sábados".  Eso justamente fue lo que ocurrió: a las 19 horas salía a correr con una temperatura que rozaba el calorcillo, 23 grados. Desde el comienzo con ritmo alegre, sin Garmin, sin crono ni tan siquiera, sin ganas de medirme, pero obligado a meter ritmo. Los excesos de Calpe se dejaron notar y es que suelto lo que se dice suelto no iba, pero como mi estado de forma es bastante bueno no me costó mantener la cadencia. Ya en mitad de la sesión noté los efectos del calor, pero esto también hay que entrenarlo ya que con un poco de mala suerte nos tocará correr en Helsinki con más de 20 grados. Lo que aún no sé es como podré entrenar en Valdepeñas en julio de forma intensiva cuando durante el día se alcanzan los 40 grados en un montón de ocasiones. La última parte se me hizo un poco pesada pero finalmente pude completar los algo menos de 21 kilómetros en un tiempo que no sabría concretar pero que creo que rondó el 01:36 a juzgar por mi hora de llegada según el reloj de la cocina. Tuve que emplearme a fondo en mis ejercicios de estiramientos para lograr descargar un poco, de hecho este entreno me ha pasado factura todos estos días, no sé si como algo bueno propio de una correcta asimilación y adaptación o como una simple y llana queja de mi cuerpo ante la dureza de la sesión.


domingo, 5 de abril de 2015

VIERNES 3: REMATANDO LA SEMANA CON MUY BUENOS NÚMEROS

En Calpe han habido excesos en forma de comidas y cenas copiosas, y uno se siente mal por ello; ¿cómo somos tan exigentes las maratonianos?. En cualquier caso lo que no se puede decir es que no hayamos entrenado. El viernes tocaba salir de nuevo y Mercedes no lo dudó ni un segundo, a pesar de que ya había entrenado viernes, sábado, domingo, lunes, martes y jueves, es decir, en cinco sesiones de seis posibles. En plena tarde pero sin hacer mucho calor cogimos la carretera que lleva a Benissa. A ritmo más bien lento pero con la idea de disfrutar de nuevas vistas. Cuando llevábamos una media hora de sesión cogimos un camino que pronto se convirtió en senda y fue entonces cuando disfrutamos un montón corriendo entre la naturaleza. Unos quince minutos después volvimos a coger la carretera y regresamos sobre nuestros pasos hasta el apartamento. Unos 13 kilómetros bastante interesantes con los que yo he podido terminar la semana en 102 kilómetros y Merche a su vez en unos muy dignos 58 kilómetros, su récord semanal. Sus molestias no fueron muy puñeteras en esta ocasión y parece ser que entrenar más a menudo no le ha ido mal.


JUEVES 2: SUBIENDO AL PEÑÓN DE IFACH

Tras comer en Villena, continuamos nuestra ruta hacia Calpe hasta que abandonamos la autovía y comenzamos a hacer zig zags por carreteras muy sinuosas, tanto así que Merche se puso mala y tuvimos que parar para que pudiera recuperarse. Llegamos a nuestro apartamento y todavía nos dio tiempo a ir al spa. Tras esto, nos cambiamos y nos fuimos a correr, para no perder la costumbre. Hacía viento y casi frío, pero se podía ir en camiseta y pantalón cortos, al menos yo. Nos fuimos acercando al imponente Peñón de Ifach sin saber muy bien si se podría acceder para subir al mismo y de ser así, por dónde se podría. Seguimos a un runner al cual finalmente le preguntamos y nos dijo que se podía subir, pero que tuviéramos cuidado con la roca lavada (entonces no sabíamos a qué se estaba refiriendo). Encontramos el camino de subida y comenzamos la ascensión

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Al principio de tierra, y pronto se nos puso ante nosotros un camino de piedra que hacía continuos zig zags hacia la cumbre. Conforme subíamos veíamos gente que bajaba andando, e incluso un par de corredores que venían de lo alto, así que seguimos con lo nuestro, aunque a Merce le comenzó a costar la pronunciada cuesta. 

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Tras unos minutos intensos y muy buenos para nuestras piernas alcanzamos un tunel escabado en la piedra y decidimos entrar, pese a la oscuridad. Entendimos a qué se había referido el runner con lo de la piedra lavada, ya que el suelo de piedra resbaladiza estaba muy húmedo y las zapatillas se escurrían. Tras unos 50 metros caminando alcanzamos la otra parte del peñón y allí había un montón de gente contemplando las vistas. Estaba a punto de caer la noche y el camino ahora dejaba de ser tal, y sí una especie de senda muy pedregosa y abrupta, con lo que decidimos no seguir hasta la cima y dar media vuelta.

Bajamos con prudencia para no lesionarnos y disfrutamos un montón con las vistas en el anochecer. Ya allí abajo cogimos un poco de ritmo y fuimos por el paseo marítimo hasta el apartamento con la sensación de que habíamos disfrutado un montón nuestra pequeña excursión, de unos 7 kilómetros, calculo.

Lástima no haber llevado el móvil para haber echado unas fotillos.












jueves, 2 de abril de 2015

MIÉRCOLES 1: COMIENZA ABRIL Y VAMOS A POR ÉL

Abril, mayo, junio y julio, eso es lo que nos queda a Merche a mi para toparnos con nuestro objetivo en Helsinki. Cuatro meses y medio es mucho, lo sé, pero no hemos de olvidar que para ella es su primera maratón y que creo que fui rápido y un poco inconsciente al darle al clic de la inscripción de mi mujer. Este tiempo que media entre tan importante evento, será muy importante y en función de como lo aprovechemos y de cómo hagamos las cosas dependerá en gran medida que pueda disfrutar la maratón el mayor tiempo posible y sobre todo que pueda finalizarla. En cuanto a mi, el problema es bien distinto: me sobra tiempo y no sé si estoy cogiendo el pico de forma demasiado pronto. Aún así mi objetivo es ambicioso, 02:55, sólo tres minutos menos del crono que hice en marzo de 2013 en Roma, y encima soy dos años más viejo. Creo que estoy en la buena senda pero todavía me queda trabajo por hacer y sobre todo afinar los ritmos; lo peor va a ser el calor que se avecina.

Ayer dimos descanso a Mercedes y yo salí a correr unos minutos antes del anochecer. Hacía fresco y así da gusto correr, pero la propuesta era la de correr a ritmos exigentes, por debajo de 4´30´´. Desde el comienzo no me sentí muy entero, así que para no agobiarme tomé la decisión de apagar el crono y guiarme por sensaciones; sin duda una buena idea. Cogí la Carretera de San Carlos del Valle y casi siempre en subida tendida no la abandoné hasta llegar al Paraje de las Aguas. Allí cogí por el camino que se empina duramente unos 300 metros y que me lleva a la bifurcación que tan bien conozco y que a la izquierda me regresa al pueblo y a la derecha me lleva por un camino asfaltado al Peral; hice esto último ya cuando el ritmo era vivo y las sensaciones habían crecido lo suficiente como para arrepentirme de haber apagado mi reloj. Una vez llegado al paraje comentado giré a la izquierda para subir por el camino transitorio de unos 2 kilómetros que muere en el Camino del Peral y de ahí hasta casa las piernas siguieron fluyendo aunque en ningún momento logré encontrarme fino del todo. Finiquité 13,5 kilómetros a buenos ritmos, pero no sé la media por el motivo comentado. Fin al segundo entreno de calidad de la semana y logro acumular 82 kilómetros en cinco días, lo que sale a casi 16 kilómetros y medio por día, con un doblaje por medio y tres entrenos de calidad (no me extraña que me encontrase ayer algo cansado). Los dos días que me quedan para terminar esta semana servirán para disfrutar de la playa, pero también saldremos a correr, si puede ser por la arena de Calpe.





miércoles, 1 de abril de 2015

MARTES 31: MARZO SE ESFUMA CON BUENOS NÚMEROS

Se nos ha ido marzo, y para mi ha sido un buen mes: por fin regresa el buen tiempo, las tardes se alargan, y sobre todo, me estoy encontrando bien; enero y febrero supusieron la siembra y marzo ha sido el de recogida de los primeros frutos. Ahora sí sé dónde han ido todas aquellas noches frías que me tocó vivir, muchas veces corriendo sin ganas, sin norte. Sí, un mes más se nos va y miramos abril con nuevos ojos, esperando que la rueda siga girando y que no haya muchos obstáculos en el camino. Llevo cuatro años y medio sin dejar de correr: en 2012 cogí el hábito de entrenar 5 veces por semana, ese hábito cambio a partir de 2013 pasando a 6 sesiones, pero en este invierno no he tenido descansos pasivos, y no puedo decir que me haya ido mal.

En esta semana estoy consiguiendo añadir bastantes kilómetros en el saco, en gran medida debido a la buena acumulación hecha este fin de semana pasado y también a que me encuentro de vacaciones. En los primeros 4 días que van del sábado al martes he logrado sumar unos 68, lo que me deja el camino allanado para lograr los 100. Hoy toca salir y debo hacer una tirada media-larga a poder ser en progresión. El jueves y el viernes estaremos en Calpe, en la playa, y alli también habrá que correr, si puede ser sobre la arena.

Pero hablemos de ayer. Mercedes estaba convencida para volver a correr en lo que suponía su quinto día seguido entrenando (estoy tratando de evaluar si esto le va peor a su pequeña lesión o por el contrario supone una forma de recuperar). Así que salimos antes del anochecer con la idea de hacer unos 10 kilómetros. Salimos suavito en lo que para mi iba a ser un descanso activo, y pronto me dí cuenta de que estaba bastante cansado tras el muy buen entreno del día anterior. Mercedes no iba mal, pero en mitad de la sesión comenzó a sentir la punzadita que se le pone, ya no en la cadera, sino ahora se le ha trasladado a la ingle, en la zona del abductor. Fuimos cogiendo ritmo hasta ponernos en 5´45´´ ya bajando por el Camino del Peral y luego tiramos por el camino que rodea el cementerio y fue allí donde el dolor se le agudizó a mi mujer. Tuvimos que parar y estirar unos segundos, y ya pudo seguir aguantando un poco la molestia. Hicimos finalmente poco más de 10 kilómetros en una media discreta de 6´03´´, pero como digo, todo suma.

Merche hoy se encuentra bien de nuevo, ya que en reposo le deja de molestar para luego surgir la molestia a los 30-40 minutos de comenzar. Hemos aprendido que entrenando a diario no va a más, de hecho, como decía, el dolor ha cambiado de sitio y ya no le molesta la cadera, lo cual era mucho más incómodo, sino que donde siente el problema es en la parte del abductor.

Habrá que seguir viendo la evolución, pero Helsinki, sin estar a la vuelta de la esquina, comienza a acercarse.