Ayer martes logré acumular otros 14 kilómetros que me han permitido a la cifra de 91 kilómetros en tan sólo 4 días, sin duda todo un récord de acumulado para mi (a casi 23 kilómetros diarios). Todo se ha hecho con el fin de dejar el jueves y el sábado lo más despejado posible, de esta forma hoy espero realizar unos 11 kilómetros de cuestas que me permitirían irme a los 102, de forma que la salida del jueves sea meramente testimonial y con el fin de mover un poco las pierans. Cenamos y siguiendo la costumbre que hemos arraigado en el último mes, nos fuimos a correr por "los caminos de Dios" otra noche más. Cuando se le coge el gusto se hace agradable, aunque como he comentado en anteriores entradas, lo que más cuesta es justo arrancar cuando todavía estas digiriendo la cena. Cogimos por el Camino de Membrilla hasta que en el kilómetro 5 y pico tiramos hacia el Oeste para tras cruzar varios caminos acabar en la vía de servicio de la AIV por donde regresamos a casa. A Mercedes la ví bien, a buen ritmo, sin sufrir, salvo el último kilómetro donde comenzó a sentir molestias en su rodilla. Tardamos 1 hora y 19 minutos para 14 kilómetros lo que nos da una media por debajo de 6´el kilómetro.
RELATOS
Una vez iniciado el movimiento supe que no habría marcha atrás, sería difícil regresar a aquello que fui. Hoy soy otro ser: curtido, compañero del esfuerzo, amante de mis kilómetros. Sólo el fin de mis días debería obligarme a parar: ese es mi pequeño sueño.
miércoles, 6 de agosto de 2014
MARTES 5: POR LA NOCHE DE NUEVO CON MERCEDES
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JAVIER AYUSO
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martes, 5 de agosto de 2014
LUNES 4: CORRIENDO EN EL PANTANO DEL VICARIO
El lunes era festivo local, así que aprovechamos para irnos los cuatro a la zona recreativa del Pantano del Vicario, al lado de Ciudad Real capital.
Curiosa iniciativa al tratarse de unas piscinas muy grandes tratadas con sal marina en lugar de con cloro, lo que por una parte se agradece en tanto en cuanto es todo más natural y por otra rompe menos con el medio ambiente. Cuando pasamos por la capi paramos en una gran superficie y compramos nuestra comida, básicamente empanada, y para hacernos unos sandwiches, y hasta aquí todo estupendo, pero vamos a lo que nos ocupa...
Tras la comida tenía pensado salir a correr para entrenar un doble concepto: correr recién comido, algo que ya vengo haciendo por las noches pero con el añadido del calor, que ayer hacía y bastante. A eso de las 15 horas, sin más ropa que el bañador, el crono y las Salomon, incluso sin calcetines, con más fe que el Alcoyano Club de Fútbol, salí por el camino que llevaba al pantano dispuesto a dejarme la piel. En unos pocos minutos llegué al mencionado pantano, atravesé la carretera de la presa y bajé por unas escaleras que me llevaban a una senda que tenía buena pinta. Así que discurrí por la misma siguiendo el curso del río sin saber muy bien hasta donde llegaría por dicho camino. El calor era casi insoportable y me imagine en plena zona de la Barranca a 8 kilómetros de Cercedilla a eso de las 13:30 de la tarde, con la diferencia de que ayer no llevaba kilómetros sobre mis piernas, y en la Madrid-Segovia si los llevaré a esas alturas de la carrera. Me costó avanzar y el ritmo no es que fuese muy vivo, pero eso era lo menos importante. No dejé el curso del río, por la senda que acabo convirtiéndose en camino, hasta que llegué a un puente por el cruza la CM 412 entre Ciudad Real y Porzuna. Subí por la senda hasta la carretera y estaban en obras. Había un trabajador con una señal parando vehículos y me miró perplejo como diciendo "¿dónde demonios vas con la que está cayendo?". En unos metros cogí nuevamente otro camino que me regresaba hacia el lugar de donde había partido, pero por la otra margen del río. Pasé por la Bodega Pago del Vicario (también es hotel y restaurante), que bien conozco ya que es propiedad de una empresa en la que trabajé hace ya algunos años.
Después tiré por un camino por donde se disponen la gran inmensidad de parrales de esta bodega, hasta que conseguí coger nuevamente el camino de la margen del río. Llevando unos 45 minutos comencé a sentir una rozadura grande en el pie izquierdo, fruto sin duda del calor y de no llevar calcetines, así que fui aguantando la molestia a cada zancada, deseando llegar. Alcancé nuevamente la presa cuando llevaba una hora justa corriendo y llegué al complejo de ocio a los 65 minutos. Sin duda había entrenado lo que pretendía porque había corrido en unas condiciones bastante duras. Haría unos 11 kilómetros aproximadamente.
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lunes, 4 de agosto de 2014
DOMINGO 3: COMPLETANDO 66 KILÓMETROS EN 36 HORAS
A cinco días de la Maratón Nocturna Trail Camins de Cabres, yo no estoy haciendo tapering, más al contrario, en estoy en un momento álgido de acumulación de kilómetros. La semana en curso, que termina este viernes, me tendría que llevar hasta los 108 kilómetros, pero claro, la cita del sábado es importante y exigente, mereciendo bien una buena recarga de hidratos. Por ello la idea es llegar al jueves con casi todos los deberes hechos para realizar ese día un entreno relajado y descansar el viernes. Pues bien, hoy Merche y yo hemos hecho casi 14 kilómetros en los que me he sentido como sí no hubiera corrido ayer, es decir genial; puede que no esté rápido pero he ganado en recuperación muscular de forma que puedo alargar entrenos de hasta 5 horas y al día siguiente estr fresco; ese es mi principal activo hoy por hoy. Sí mañana lunes, que es festivo, agarro un entreno de unos 18 kilómetros, habré acumulado en tres días 84 kilómetros, y entre el martes, miércoles y jueves haría los 24 restantes sin problemas. Esa es la idea de un mini tapering improvisado.
En cuanto al entreno de hoy, sensaciones inmejorables, ganas de correr rápido incluidas. Tan sólo tengo algo más que molestias en la espalda, fruto del tirón comentado en la entrada de ayer, pero no estoy muy preocupado. Merche ha corrido bien y sin apenas molestias, así que doble alegría.
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sábado, 2 de agosto de 2014
SÁBADO 2 DE AGOSTO: RÉCORD DE ENTRENO 51.800 METROS
Lo que me queda de año está salpicado de retos consistentes en volver a intentar saltar sobre listones que ya fueron derribados: véase la Madrid-Segovia o la Maratón de Valencia. El entreno de hoy lo tenía entre ceja y ceja, y es que el año pasado ya intenté hacerlo y resultó un desastre: se me rompió la bolsa de la camelbak, me perdí, salieron muchos menos kilómetros, llegué con la rodilla hecha papilla fruto del síndrome de la cintilla y sembró un montón de dudas. Por tanto, tenía ganas de quitarme esa espina clavada. Para ello planifiqué todo cuidadosamente: preparé mis potingues, el iphone para echar fotos, mp3, pañuelo, frutos secos, ..., todo, pero con anticipación, el viernes. Saqué la chuleta ese mismo día con los puntos que me servirían de guía, y lo hice con la idea de darme un supermadrugón como así fue...
El recorrido era el siguiente: Camino de Ruidera hasta que en el punto 9,7 bajaba por un camino para atravesar la 412 (Carretera de Villanueva de Infantes), y seguir bajando hasta la Carretera de Cózar, kilómetro 15,5, coger ésta hasta el carreterín que me llevaría a la Presa del Pantano de la Cabezuela, kilómetro 21,5, coger un camino hasta el Hotel La Caminera y su pijo campo de golf, kilómetro 26,2, llegar a la localidad de Torrenueva, y de ahí coger caminos hasta Valdepeñas, total, 49,5 sin pasar por la gasolinera de Torrenueva, o 51 pasando (lo cual era lo más probable porque pensaba que me quedaría sin agua). Ya adelanto que no todo ha salido bien del todo, pero desde luego que estoy muy satisfecho...
Sonó el despertador a las 04:45 y me levanté sin vacilar. Un café y tres galletas fueron testigos de mi no abundante desayuno (no quería recargar bien temprano mi sistema digestivo). Saqué las dos botellitas con mi mejunge, una de ellas totalmente hecha un bloque de hielo tras haber estado toda la noche en el congelador, y me apresuré a iniciar el ritual de la puesta del pañuelo, colocarme el mp3, calzarme las Salomon, etc. Como iba a llevar el Iphone para echar fotos, me demoré más de lo previsto en la selfie inicial, y es que no salía bien en ninguna:
Quede constancia que eran las 05:35 cuando pulse mi pulgar hacia arriba.
Comencé algo aletargado, no me extraña. Los dos primeros kilómetros a una media de 6´15´´, pero me daba igual, porque sabía que poco a poco iría entrando en faena. El Camino de Ruidera se puso ante mi y yo me dediqué a robarle metros, uno a uno, avanzando en la noche sin ningún tipo de testigos, más allá de algún buho despitado y el gato de una finca. Alcancé el kilómetro 9,7 justo donde llegaba al cruce y tenía que girar a la derecha. El camino se ponía pronto en pendiente negativa, sobre todo tras cruzar la Carretera de Infantes, y la luz natural ya había hecho acto de presencia, así que apagué la linterna frontal. El ritmo había mejorado, de forma que la media comenzó a quedarse por debajo de 6´ y las sensaciones a esas alturas habían crecido un montón (había empezado a disfrutar de verdad). El protocolo de avituallamiento el mismo que el de las pasadas dos semanas: beber cada 15 minutos, comer y beber cada 45 minutos, y bebía aunque no tenía sed debido al fresquito que hacía. La foto que os pongo es de aproximadamente el kilómetro 13, bajando en busca de la Carretera de Cózar:
Merecía la pena haber madrugado para disfrutar así del sábado...
Alcancé la carretera mencionada según lo previsto en el 15,5. Para entonces la media había bajado a unos estupendos 5´56´´. Las piernas iban redondas y yo me sentía genial. El tramo de la carretera no se me hizo especialmente aburrido
Llegué al carreterín que me llevaría a la presa, cuatro kilómetros por delante, y estos si se me hicieron más largos, disfruté menos. Casi siempre subiendo.
Había programado una parada técnica en el pantano para quitarme el frontal, ponerme las gafas de sol y tomarme las sales y los aminoácidos y se hizo rogar, pero finalmente llegué al punto esperado. Esas fotos son de ese momento (lo que se ve blanco es el agua, y el camino del final es que tenía que coger)
Ya llevaba una media maratón y el ritmo se había quedado en 5´57´´, pero volvía a la tierra, y seguro que mis Salomon lo iban a agradecer. Así fue, en esta ocasión no me equivoqué de camino como ocurriera el año pasado, pasé por todos los sitios descritos en la chuleta, subí algún repecho grande hasta que alcancé el campo de golf del Complejo "La Caminera", una inversión hecha por empresarios catalanes que no sé si finalmente ha resultado como esperaban. Demasiadas zonas sin regar en las hierba alrededor de los hoyos, creo yo.
Las sensaciones eran buenas, y fue dejando atrás hoyo tras hoyo hasta que pasé cerca del hotel:
Desde ahí, cinco kilómetros de carreterín asfaltado hasta llegar a Torrenueva, y en esta fase de mi entreno disfruté también mucho, porque mantuve el ritmo sin problemas, reteniendo. Alcancé el cementerio a la entrada de la localidad y unos metros más allá, casi en el 31 hice una segunda para técnica: había consumido la primera botellita, me tomé la bebida de 5 horas de energía y comencé a callejear por el pueblo. Había decidido no ir a la gasolinera (que estaba en sentido contrario), estando seguro de que con una botellita me bastaría para llegar a casa. El ritmo ya había bajado de 5´55´´ y las piernas iban genial, también mi estómago. Sin embargo surgió una dificultad: sentía un tirón en el músculo del trapecio, en mi espalda; era bastante incómodo, aunque soportable, así que cambié la botella llena de sitio, poniéndomela en el derecho para que me aliviara.
Encontré sin problemas el camino a casa, pasé por la Ermita del pueblo y me preparé para el arreón final, los últimos 18 kilómetros, o eso creía...
Por cierto, eché una foto de mis piernas, eso sí, sin querer; aquí queda documentado el hecho:
El camino era llano y rápido y el ritmo fue mejorando. Tan sólo había un problema: la chuleta ya no cuadraba, y eso era porque no había ido a la gasolinera de forma que descuadraban los puntos kilómetricos. Así ocurrió que en una bifurcación ante mis ojos, identifiqué la misma en el papel, teniendo que girar a la izquierda, aunque tenía muchas dudas. Lo hice casi sabiendo que me equivocaba, y me equivocaba ciertamente. Pero el error me hizo disfrutar un montón porque el camino se puso muy técnico, salvaje, y las Salomon comenzaron a trabajar a destajo. Tan sólo las molestias de la espalda empañaban un poco el disfrute. El ritmo se hizo irregular, pero vivo, típico de las trail, vaya, disfrutando al máximo. Cayeron los kilómetros y llegué al 38, justo cuando me cruzaba con una todoterreno que hice parar y le pregunté si iba bien a Valdepeñas; ¡bien sabía yo que no!. "Mira, te has equivocado de camino, pero sigue por este, y si luego coges a la izquierda llegarás a la Carretera que te lleva a Valdepeñas". ¡Más carretera no por favor!. No tenía más remedio, así que eso hice, seguir. La foto que os pongo es del kilómetro 40 aproximadamente, cerca de la carretera mencionada.
Alcancé la carretera cuando el calor ya comenzaba a apretar, y pronto ví el punto kilométrico 7; ¡pero eso significa que me quedan 7 más los 3 y medio desde la circunvalación!.
Eso significaba que finalmente iba a realizar casi 52 kilómetros; pues nada, a hacerlos. Los siguientes minutos fueron quizá los más complicados, por una carretera con repechos, con el calor dando, y el terreno duro; sin embargo no fue para tanto, y poco a poco fui destruyendo kilómetros hasta que alcancé la circunvalación de Valdepeñas justo cuando me tocaba beber pero ya no quedaba nada que echarme a la boca. Pasé por el complejo deportivo de Virgen de la Cabeza y aproveché una fuente de agua para hacer la tercera y última parada técnica. Guardé el Iphone, tiré los restos que me sobraban de envoltorios, bebí agua, me mojé la cara y me dispuse a liquidar los metros finales yendo por la calle principal de Valdepeñas; la gente me miraba pensando a dónde iría ese loco con esas pintas, pero a mi, como os podéis imaginar, me da igual. A un kilómetro de casa llamé a mi mujer para que salieran los niños a recibirme, y allí estaban justo cuando llegaba al umbral de la puerta, parando el Garmin cuando había recorrido 51770 metros, a un ritmo medio de 5´52´´ en 5 horas y 3 minutos, todo esto sin tener en cuenta las paradas técnicas que calculo que habrán supuesto 15 minutos, y en las cuales paraba el aparato.
Las piernas no están doloridas, me encuentro prácticamente con ganas de correr de nuevo y mañana intentaré hacer una tirada media para conseguir acumular 66 kilómetros en 24 horas.
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QUINTA SEMANA DEL PLAN PARA LA MADRID-SEGOVIA
Fabulosa quinta semana en la que cumplí con creces todas las expectativas previstas. Buen kilometraje, 107,5, que son muchos para estar en julio, y buenas sesiones, sobre todo la supertirada del sábado y el entreno del martes. Este es el resumen:
- Sábado 26: 47,2 kilómetros en los que no sólo hice la tirada de entrenamiento más larga jamás realizada, sino que siguieron las buenas sensaciones musculares y digestivas. Sobró el calor del final.
- Domingo 27: corrí con Merche de tarde-moche y disfrutamos bastante haciendo más de 14 kilómetros, aunque fueron suavitos.
- Lunes 28: el peor día de la semana, me hallaba cansado muscularmente y falto de fuerzas, hice interval 1,5-2,5 que pesó como una losa.
- Martes 29: pedazo de entreno con varias subidas al Cerro del Ángel campo a través en plena noche y con un circuito posterior lleno de frenético ritmo, acabando en 3´45´´ de media los últimos tres kilómetros.
- Miércoles 30: tirada larga de 14,5 kilómetros a ritmo moderado y que me ayudó a acumular más kilómetros.
- Jueves 31: otro entreno nocturno, como el del martes y el miércoles, en esta ocasión más corto y suave, con Mercedes.
Esta es la tabla:
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JUEVES 31: TERMINANDO LA SEMANA Y TERMINANDO JULIO
Estupendo mes de julio el que me ha salido. Nunca en los cuatro años anteriores había conseguido sacar tanto fruto a este mes como en esta ocasión. Han sido los retos propuestos los que me han llevado a no relajarme ni un ápice, en una época del año en la que en mi tierra cuesta horrores salir a correr. El jueves rematé la semana con una "Mercedes Session" tras la cena, dicho en plata: salir a correr muy de noche con mi señora. Pronto descubrí dos cosas: que hacía bastante calor esa noche y que mi mujer iba más a gusto que yo, ya que me sentía mareado por haber cenado tanto. Fuimos por el Camino del Peral para desembocar pronto en un camino hacia el noreste y derivar a otra vía que desconocía (tenía ganas de experimentar cuando el día anterior me había perdido por lo mismo). En esta ocasión no hubo sorpresas y el camino terminó donde sabía que terminaba, a 5 kilómetros de casa cerca de la Carretera de La Solana. Regresamos por el Camino del Peral y desistí de la idea de pasar rodeando los muros del cementerio, porque tenía unas ganas locas de teminar y porque a mi mujer le daba algo de yu-yu. Antes de llegar al carril bici comenzaron los fuegos artificiales propios de la inauguración de la feria, y fuimos estupendos espectadores en movimiento de esa magia. Estuvieron tirando cohetes casi 20 minutos, se nota que el año que viene es año de elecciones, y llegamos a casa cinco minutos después de que se hiciera el silencio. Merche estaba contenta porque sus rodillas se habían portado bien y yo también porque había terminado una fabulosa semana y porque el viernes, al día siguiente, tocaba un merecido descanso.
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MIÉRCOLES 30: PERDIDO POR LOS CAMINOS DE DIOS
Siempre que utilizo la expresión "los caminos de Dios" a mi mujer le hace gracia. La primera vez que la oyó salir de mis labios me preguntó si era una dicho manchego (ella es andaluza); no le supe decir si realmente provenía de La Mancha o si simplemente la había adoptado una vez oída en algún momento de mi vida. Pues a colación de esto el miércoles tenía claro que nuevamente iba a correr por esos caminos que rodean Valdepeñas, y también que lo haría después de cenar (lo que comenzó siendo una medida de urgencia ante un tremendo día de calor se ha convertido poco a poco en una costumbre veraniega en mis entrenos). Como viene ocurriendo me costó arrancar, sobre todo ponerme las zapatillas, mentalizarme, pero una vez que me puse en marcha se me olvidó todo. En esta ocasión salí con las olvidades Adidas Kanadia (con las que corrí la Madrid-Segovia de la edición del año pasado) y que ya tienen sus kilómetros. La razón no fue otra que detectar una rajita en la tela de mis Salomon y por ello tuvimos que ponerle un poquito de pegamento para sellar la hemorragia. La verdad es que las Salomon también tienen ya sus kilómetros, y es que a este ritmo pronto se hacen 700 sin haberte dado cuenta, nada, en 7 u 8 semanas. Me fui por el Camino del Peral y pronto sentí cierto malestar digestivo propio de la digestión, pero me gusta pensar que estoy entrenando el correr tras comer, algo que también ocurre siempre en el ultrafondo. En cualquier caso las sensaciones fueron creciendo, fruto del fresquito y de lo que comienza a consolidarse como un buen momento de forma, y que dure. Regresé por el camino que llamo de la Vega y cuando quedaban algo más de 4 kilómetros para llegar a casa, para hacer los algo más de 10 que tenía planificados, se me ocurrió coger un camino que salía a la derecha y que tengo ubicado en el plano pero nunca había pisado. De esta forma me fui alejando por el norte a la espera de encontrar un camino que me llevase al oeste para regresar a mi hogar, pero esto no ocurría por más que pasaban y pasaban los minutos. Sabía con casi total certeza donde terminaba esa vía, pero lo que no esperaba era agotarla hasta el final, cosa que ocurrió, así que cogí el camino de vuelta, que esta vez bien conocía, en un punto situado a 6 kilómetros y medio de casa, con lo cual supuso un considerablemente alargamiento de la sesión, pero no me importó porque iba cómodo. Lo peor estaban siendo las zapatillas, un poco duras ya, y no sentía confort en mis pies. Como no podía se de otra forma llegué a casa sin más incidencias tras haber hecho 14 kilómetros y medio en una hora y 17 minutos. ¡Bienvenidos sean!
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