Aquel martes Merche se encontraba ya en disposición de salir a correr pese al esfuerzo del domingo, así que nos fuimos a hacer el circuito de los olivos. Ya por el Paseo del Cementerio se nos puso a llover, al principio más suave, pero luego con más fuerza; tanto es así que fuimos apretando el ritmo y subiendo por el camino que lleva al Peral la cosa se puso fea, con una lluvía fría e intensa. En unos pocos minutos nos pusimos como dos sopas, y pese a todo disfrutamos bastante. El ritmo era vivo para Merche y salieron 9 kilómetros y medio muy majos.
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