El jueves no estaba previsto descansar, y sí el viernes. El caso es que tuve que pegarme un madrugón tremendo para ir dos días a Cuenca capital por una cuestión laboral. Estuve todo el día ocupado y ya a la noche, cuando tenía pensado corretear, estaba diluviando. Me acosté y no me dió tiempo a cerrar los ojos, ya estaba sonando el despertador a eso de las 07:00. Era el momento de ponerme las zapatillas e irme a pasar frio en tierras conquenses...
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